S?bado, 19 de marzo de 2011

La Plaza de San Pedro en el Vaticano, presenciar? la proeza. Son muchos los casos de martirio ya reconocidos por la Iglesia para el periodo de los a?os treinta del pasado siglo. Con estos nuevos beatos se acercan ya a los mil (exactamente, 977, entre los cuales, 11 son santos). De unos dos mil est?n ya en marcha los procesos. Y es previsible que se contin?e proponiendo otros muchos casos hasta acercarse, tal vez, a la decena de miles.

Y sin embargo el n?mero aun suena fr?o, despersonalizado, gen?rico. Hay que meterse en la piel de un m?rtir para entender, y apenas de lejos, la heroicidad de este tipo de hombres sostenidos descaradamente por el brazo de Dios.

Basta reanimar una de las im?genes? Es una noche apretada en neblina, huele a p?lvora, se escuchan pasos y tumultos en todas direcciones. Vienen por ti. La fuerza flaquea, la tensi?n se te ha acumulado, las noticias que escuchas no son del todo halag?e?as. Vienen por ti, por vosotros.

Lleg? el tiempo de defender tu familia religiosa, tu patria, tu fe. Has escuchado muchas veces la predicaci?n sobre el martirio. La corona, el cetro, el gran honor; as? le han llamado como cubriendo de gloria ese acto. ?Qu? fortuna estar en la piel de un m?rtir! os dijo una vez el predicador. Ahora esa es tu piel y eres t? el m?rtir. Vienen por ti.

El dedo divino al elegirte y ba?arte con la fe no te incrust? un ADN especial, ni una voluntad m?s valerosa. A decir verdad te asusta bastante tu propia debilidad. Te conoces bien, en el momento decisivo te podr?as echar atr?s, voltear la espalda, y traicionarte a ti mismo. Al fin y al cabo s?lo eres un hombre.

?Tu debilidad es mi fuerza?. ?Tu Gracia, Se?or, me basta?? Esa convicci?n te consuela y te llena, s?, de valor, pero sobre todo de amor. Y en los pr?ximos minutos necesitar?s grandes dosis de ?l. Estar?s entre la bayoneta y la eternidad, la sangre o la humillante hu?da, el Credo o la blasfemia, el muro o la verg?enza, el Evangelio o la apostas?a.

Tendr?s que mirar como nunca el cielo y engancharte a ?l. La tierra te ensucia las manos y atrae la a?oranza de ?quedarte?, y preferir el mundo en vez del para?so, la materia por encima del esp?ritu, la sumisi?n a cambio de la salvaci?n. Est?s pisando la tierra y casi ara?as el cielo. Ves a los que se dicen ?pr?ncipes de este mundo? y al mismo tiempo tu alma ya contempla al rey eterno. Te eludes entre la vida y la muerte o entre la vida y? LA VIDA. S?lo necesitas amar. Amar con pasi?n, con virilidad, con personalidad y altura.

La cristiandad entera ha vivido ya tu historia. Te alientan los primerizos ca?dos de Jerusal?n, los primeros m?rtires del imperio, los gladiadores de Roma que vienen a envalentonarte en este tu coliseo. Ellos han sido tragados por fieras, t? por tus compatriotas.

Solamente el amor te dar? fuerza para resistir, para testimoniar y sobre todo para perdonar. He ah? el gran misterio cristiano. Morir perdonando al propio verdugo. ?Se?or perd?nales porque no saben lo que hacen?

Aqu? est?n. Ya llegaron. Les anuncia el fango en sus botas. Se escuchan las blasfemias, las burlas, los insultos. ?Si al Maestro le persiguieron tambi?n a vosotros os perseguir?n?. La frase te silba en la mente sin siquiera haberla pensado. Poco a poco vas sintiendo una fuerza superior a ti, una gracia fortificante. Eres s?lo un hombre pero est?s hecho un gigante en la esfera del esp?ritu.

Primera amenaza: la fe o la vida. T? respondes: ?Las dos?.

Amenazas, burlas, torturas. Despu?s mentiras y ofrecimientos son barajados como in?tiles intentos. A Dios no se le compra, la fe no se vende.

Queda poco tiempo, Sientes la compa??a, ahora m?s estrecha, de los m?rtires precedentes. Santo Tom?s Moro, santa Mar?a Goretti, defensora de la castidad. San Carlos Lwanga, san Juan Fisher, san Isaac Jogues, misioneros que derramaron la sangre por Cristo. San Cipriano, san Lorenzo, san Justino, san Policarpo, san Ignacio de Antioquia, san Esteban y? s?lo queda otro m?s. El siervo de Yahv?. El motivo y motor de todos los m?rtires. El Cordero cuya sangre da valor al resto de la sangre. El primer m?rtir de la historia, el sacrificado por antonomasia, la cruz, el costado, los clavos, la lanza, las espinas que dan sentido y esperanza al sufrimiento. El Dios, el hombre, el m?rtir, el Cristo. Jesucristo.

En un instante has volado al cielo. Helo ah?, todo ha valido la pena. Es Cristo, eres t? y es un abrazo ETERNO?

A Juan Pablo II los espa?oles le llamaron torero? Es el Papa del ol? a los m?rtires.

Ol? a los m?rtires: Pues la herencia de estos valientes testigos de la fe, son para nosotros: archivos de la Verdad escritos con letras de sangre.

Ol? a los m?rtires: ?Vosotros nos hab?is legado un patrimonio que habla con una voz m?s fuerte que la de la indiferencia vergonzante!

Ol? a los m?rtires por vuestra voz que reclama la urgente presencia en la vida p?blica.

Ol? a los m?rtires. ?Que su recuerdo bendito aleje para siempre del suelo espa?ol cualquier forma de violencia, odio y resentimiento!

Ol? a los M?rtires ?Que su testimonio del Evangelio nos lleve a presentar con naturalidad, pero tambi?n con firmeza su radicalidad, siempre actual, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo!

Y finalmente ol? a los m?rtires, porque estar en su piel es para valientes que se f?an de Dios y aman a Cristo con la profundidad requerida en todos los tiempos? Especialmente hoy.


Publicado por mario.web @ 8:44
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