S?bado, 19 de marzo de 2011


El verdugo desea el mal de la v?ctima. Ultrajar, golpear, herir, matar a un hombre inocente y desarmado es posible s?lo desde un odio profundo, desde un anhelo perverso de da?o.

Pero la v?ctima posee un alma, un coraz?n, una interioridad, que ning?n verdugo podr? tocar. Sus certezas, sus convicciones, sus amores, son capaces de vencer el deseo de mal, de mirar la misma muerte con esperanza gozosa, de ofrecer un gesto de perd?n al asesino.

S?crates afront? su muerte con una serenidad envidiable. Quienes le condenaron a la pena capital deseaban librarse de ?l, arrojarlo a sufrimientos denigrantes. S?crates, en cambio, puso su confianza en la divinidad, acogi? el ?destino? con la certeza de que la muerte no puede da?ar al inocente, porque si la permite Dios ser? para otorgar un bien m?s profundo.

Muchos cristianos de todos los siglos han afrontado el martirio con una paz profunda, quiz? superior a la de S?crates. Al aceptar la muerte, al ofrecer su cuello a la espada o su pecho a las balas asesinas, pon?an la propia vida en manos de un Dios que es misericordia, que acoge a sus hijos, que no permite que el mal derrote a sus amigos.

El recuerdo de los miles de m?rtires en Espa?a y en el mundo entero abre un horizonte inmenso de esperanza. Para quien conf?a en Dios, para quien acepta que la vida es un pre?mbulo de un cielo inmensamente bello y justo, la muerte cobra un sentido nuevo, es acogida en un clima de paz serena.

De modo especial, el perd?n ofrecido por tantos m?rtires a sus verdugos testimonia la existencia de un amor superior, de caminos de justicia y de concordia. Porque el mal no se elimina a costa de odios desatados, sino desde corazones abiertos, gracias a los cuales v?ctima y verdugo pueden abrazarse, m?s all? de la muerte, como hermanos.

Existe, es la fe sincera de cada m?rtir, un Dios que ayuda y acoge a quienes optaron por el perd?n, a quienes decidieron ser fieles a un Cristo que les ense?? a vencer el mal con un gesto de amor sincero.

Desde entonces, la v?ctima vence al verdugo. Por eso el odio merece ser olvidado, mientras que la ?nica memoria que llega a lo profundo de la historia humana es la de quien se une a un Crucificado que muri? diciendo: ?Padre, perd?nalos, porque no saben lo que hacen?.


Publicado por mario.web @ 8:46
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