S?bado, 19 de marzo de 2011

Si yo tuviera que pedirle a Dios un don, un solo don, un regalo celeste, le pedir?a, creo que sin dudarlo, que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que m?s envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de las expresiones humanas.

Hay, ya lo s?, sonrisas mentirosas, ir?nicas, despectivas y hasta ?sas que en el teatro rom?ntico llamaban ?risas sard?nicas?. Son ?sas de las que Shakespeare dec?a en una de sus comedias que ?se puede matar con una sonrisa?. Pero no es de ellas de las que estoy hablando. Es triste que hasta la sonrisa pueda pudrirse. Pero no vale la pena detenerse a hablar de la podredumbre.

Hablo m?s bien de las que surgen de un alma iluminada, ?sas que son como la crester?a de un rel?mpago en la noche, como lo que sentimos al ver correr a un corzo, como lo que produce en los o?dos el correr del agua de una fuente en un bosque solitario, ?sas que milagrosamente vemos surgir en el rostro de un ni?o de ocho meses y que algunos humanos -?poqu?simos!- consiguen conservar a lo largo de toda su vida.

Me parece que esa sonrisa es una de las pocas cosas que Ad?n y Eva lograron sacar del para?so cuando les expulsaron y por eso cuando vemos un rostro que sabe sonre?r tenemos la impresi?n de haber retornado por unos segundos al para?so. Lo dice estupendamente Rosales cuando escribe que ?es cierto que te puedes perder en alguna sonrisa como dentro de un bosque y es cierto que, tal vez, puedas vivir a?os y a?os sin regresar de una sonrisa?. Debe de ser, por ello, muy f?cil enamorarse de gentes o personas que posean una buena sonrisa. Y ?qu? afortunados quienes tienen un ser armado en cuyo rostro aparece con frecuencia ese fulgor maravilloso!

Pero la gran pregunta es, me parece, c?mo se consigue una sonrisa. ?Es un puro don del cielo? ?O se construye como una casa? Yo supongo que una mezcla de las dos cosas, pero con un predominio de la segunda. Una persona hermosa, un rostro limpio y puro tiene ya andado un buen camino para lograr una sonrisa fulgidora. Pero todos conocemos viejitos y viejitas con sonrisas fuera de serie. Tal vez las sonrisas mejores que yo haya conocido jam?s las encontr? precisamente en rostros de monjas ancianas: la madre Teresa de Calcuta y otras muchas menos conocidas.

Por eso yo dir?a que una buena sonrisa es m?s un arte que una herencia. Que es algo que hay que construir, pacientemente, laboriosamente.

?Con qu?? Con equilibrio interior, con paz en el alma, con un amor sin fronteras. La gente que ama mucho sonr?e f?cilmente. Porque la sonrisa es, ante todo, una gran fidelidad interior a s? mismos. Un amargado jam?s sabr? sonre?r. Menos un orgulloso. Un arte que hay que practicar terca y constantemente. No haciendo muecas ante un espejo, porque el fruto de ese tipo de ensayos es la m?scara y no la sonrisa.

Aprender en la vida, dejando que la alegr?a interior vaya iluminando todo Cuanto a diario nos ocurre e imponiendo a cada una de nuestras palabras la obligaci?n de no llegar a la boca sin haberse chapuzado antes en la sonrisa, lo mismo que obligamos a los ni?os a ducharse antes de salir de casa por la ma?ana.

Esto lo aprend? yo de un viejo profesor m?o de oratoria. Un d?a nos dio la mejor de sus lecciones: fue cuando explic? que si ten?amos que decir en un serm?n o una conferencia algo desagradable para los oyentes, que no dej?ramos de hacerlo, pero que nos oblig?ramos a nosotros mismos a decir todo lo desagradable sonriendo.

Aquel d?a aprend? yo algo que me ha sido infinitamente ?til: todo puede decirse. No hay verdades prohibidas. Lo que debe estar prohibido es decir la verdad con amargura, con afanes de herir. Cuando una sola de nuestras frases molesta a los oyentes (o lectores) no es porque ellos sean ego?stas y no les guste o?r la verdad, sino porque nosotros no hemos sabido decirla, porque no hemos tenido el amor suficiente a nuestro p?blico como para pensar siete veces en la manera en la que les dir?amos esa agria verdad, tal y como pensamos la manera de decir a un amigo que ha muerto su madre. La receta de poner a todos nuestros c?cteles de palabras unas gotitas de humor sonriente suele ser infalible.

Y es que en toda sonrisa hay algo de transparencia de Dios, de la gran paz. Por eso me he atrevido a titular este comentario ha- blando de la sonrisa como de un sacramento. Porque es el signo visible de que nuestra alma est? abierta de par en par.


Publicado por mario.web @ 8:50
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