S?bado, 19 de marzo de 2011

Revisando viejos papeles que deber?a haber destruido hace muchos a?os, encuentro la copia de una instancia que envi? a un Coronel en mayo de 1964.

Me pregunto si todav?a existen las instancias y si los m?s j?venes saben de qu? estoy hablando.

El Diccionario de la Academia dice que "instancia" equivale a "solicitud", pero no precisa m?s. Se quedan cortos nuestros sesudos acad?micos: la instancia fue todo un g?nero literario administrativo de car?cter mendicante y barroco con el que los ciudadanos trat?bamos de conseguir gracias o mercedes de nuestros superiores. Tambi?n serv?a para reclamar derechos, pero siempre con el mismo tono resbaladizo y sumiso.

Las instancias ten?an tres apartados bien definidos: en el primero se consignaba el nombre y las circunstancias del peticionario. Luego ven?a la parte expositiva, en la que, a golpe de gerundio, se describ?a el fundamento de la solicitud; y en tercer lugar la s?plica, que conclu?a as?: "es gracia que espera alcanzar del recto proceder de vuecencia, cuya vida guarde Dios muchos a?os". Apabullado por tanto incienso, el recipiendario se licuaba de placer y por regla general se mostraba magn?nimo.

Me interrumpe Kloster para asegurarme que las instancias todav?a existen y a?n se escriben en esos t?rminos.

? ?Est?s seguro?

? Completamente.

Es un consuelo. Habr?a jurado que ya nadie se atreve a "suplicar", a implorar "gracias" y mucho menos a confiar en el recto proceder de un Excelent?simo Se?or desconocido.

Y es que, desde hace veinte o treinta a?os, ya no se pide nada, ni se solicita, ni se ruega, ni ?faltar?a m?s? se suplica. Ahora, para estos menesteres, se conjuga el verbo "exigir".

"Los pilotos de Iberia exigen no pernoctar en Buenos Aires" ?leo en un peri?dico?; "los empleados de Sintel exigen una respuesta del gobierno"; "los sinpapeles exigen papeles", "los consumidores exigen garant?as sobre la calidad de la carne"; "las asociaciones de padres exigen la gratuidad de los libros de texto"; "el jefe de la oposici?n exige la dimisi?n del ministro de?"

Sin entrar en el contenido mismo de tales exigencias, es evidente que en ocasiones se llega a niveles poco razonables. As?, por ejemplo, con motivo de un atentado terrorista en el parking del aeropuerto, un ciudadano indignado dijo en la tele que hab?a que exigir al gobierno que los coches estuviesen suficientemente alejados los unos de los otros para evitar tales cat?strofes.

El problema es que vivimos en una sociedad de derechos. Nos han repetido, hasta la saciedad y sin matices, que tenemos derecho a la salud, y en consecuencia, al primer ataque de tos exigimos una pasta a la tabacalera. Y como tambi?n tenemos derecho al trabajo, al descanso, a las vacaciones, al bienestar, a una atm?sfera limpia, a catorce pagas al a?o, a comer alimentos sanos y a vivir pl?cida y serenamente arropados por un Estado benefactor?, el resultado est? a la vista: ha nacido una generaci?n incapaz de entender que en esta vida hay muy pocas cosas exigibles; que la mayor parte de los favores que recibimos son gratuitos: nos llegan porque Dios es misericordioso y los hombres algunas veces tambi?n. La me generation, o "generaci?n del yo" que dir?a el profesor Llano, nos ha salido respondona e impertinente. Cree completamente en serio que puede exigir el Para?so "a quien corresponda" y se pasa la vida de morros reclam?ndolo a sus semejantes. Es una tribu de adolescentes cr?nicos, aunque muchos hayan cumplido los 60.


Parece una contradicci?n

Hace a?os, un veterano pol?tico met?a levemente la pata en una rueda de prensa. La joven periodista que le interrogaba se lo hizo notar, y el pol?tico mascull? en voz baja:

? Usted, perdone: me he equivocado.

La periodista quiso a?adir algo, apenas un matiz, pero el pol?tico la cort? en seco casi gritando:

? ?Se?orita, ya le he dicho que me perdone! ?Le exijo que me perdone!

Esta sorprendente "exigencia" de perd?n me recuerda al bueno de mi gasolinero que, cada vez que llena el dep?sito, exige su propina con gesto inequ?voco e implacable. Hace d?as tuve que disculparme porque no llevaba suelto. Me perdon? la vida; pero desde entonces ando inquieto, con cierto complejo de culpa.

Termino contemplando la vieja instancia que escrib? hace tantos a?os. La guardo como una reliquia: no es que me entusiasme el estilo literario, pero tambi?n a m? me gustar?a que, alguna vez, me digan eso tan bonito de "cuya vida guarde Dios muchos a?os".


Publicado por mario.web @ 8:55
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