S?bado, 19 de marzo de 2011

La muerte siempre ha estado de moda. Asalta y llena un buen espacio de los peri?dicos, de los noticieros de televisi?n, de las conversaciones de millones de personas.

La muerte, sin embargo, es y permanece un misterio. Un misterio quiz? m?s grande para los que nos quedamos a este lado de la orilla que para los que parten. Los que pasan ese umbral ?resuelven?, en cierto sentido, el sentido de este momento, pero no nos dicen nada a los que lloramos su partida.

La muerte es tema de actualidad por las discusiones que suscita la eutanasia. A todos nos gustar?a morir en paz. A todos nos gustar?a morir sin dolor. Pero a veces ese ?momento? que cortar? todos los lazos con la vida se presenta bajo el ropaje de una enfermedad larga, cruel, llena de amargura y no pocas veces de soledad.

Morir es un misterio. Pero, como dec?a un conocido sacerdote periodista, Mart?n Descalzo, ?morir s?lo es morir: morir se acaba?. El abrazo de la muerte no puede dejar tranquilos a quienes entran en el ?inicio del fin?. El enfermo ?terminal? se acerca, en medio de un gran dolor y, muchas veces, de una gran soledad, hacia ese abrazo. Su inquietud es la nuestra, su dolor es tambi?n nuestro.

Ante el proceso dram?tico de la propia destrucci?n, no puede caber una defensa de la eutanasia, como tampoco es justo querer absorber toda la atenci?n y todos los tratamientos m?dicos en una lucha sin sentido, cuando lo m?s correcto deber?a ser una humilde y sencilla rendici?n.

Todos los d?as avanzamos hacia el encuentro de la muerte. Cada hora de desgaste es un peque?o zarpazo del final. S?lo queda, frente a la conclusi?n inevitable, aprovechar bien el presente, vivir con intensidad y con amor cada momento de nuestra vida. Larga o corta, siempre resulta una nueva ocasi?n para renovar afectos o para pedir perdones.

Anticipar la propia muerte o la de otros con una compasi?n falsa e hip?crita que tiene mucho de cobard?a y de ego?smo no ser? nunca una soluci?n ante el misterio de las agon?as prolongadas. En ellas s?lo cabe, de nuevo, tomar decisiones en favor de lo que cuenta: el amor. Y mientras pueda durar un poco la lucha del enfermo, el amor suyo y el de sus familiares y amigos debe mantener encendida una vela, pobre y dolorosa, pero con su llama palpitante, que iluminar? alg?n rinc?n de nuestra tierra ennegrecida.


Publicado por mario.web @ 8:56
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios