S?bado, 19 de marzo de 2011
Parece que s?lo est?n invitados a participar en los debates morales quienes previamente renuncien a la posibilidad de tener raz?n
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Los derechos de lo invisible
Los derechos de lo invisible
Los debates morales contempor?neos parecen entablarse con la, acaso impremeditada, intenci?n de alfombrar el paso al error. En ocasiones, parece que s?lo est?n invitados a participar en ellos quienes previamente renuncien a la posibilidad de tener raz?n.

S?lo son admitidos quienes renuncian a tenerla (al menos, hasta que se decida por mayor?a). Se tratar?a as? de decidir cu?l es el error dominante o mayoritario. Las reglas de juego generalmente aceptadas representan el triunfo de uno de los participantes en los debates: una mezcla de consecuencialismo, emotivismo y relativismo.

La pretensi?n de verdad es estigmatizada como signo perverso de dogmatismo e intolerancia.

Por este camino, quienes se opusieron a la esclavitud deber?an haber tolerado la moral particular de los negreros. Un m?dico que prescribe un tratamiento correcto no es intolerante; s?lo lo es si obliga al paciente a tratarse por la fuerza. La tolerancia no se nutre del error, sino del respeto a quien se equivoca.

El caso de los debates bio?ticos resulta especialmente penoso. Las cuestiones m?s acuciantes para la dignidad de la persona y el valor de la vida se debaten entre la ciencia y la pol?tica. Pero la ciencia no puede proporcionar ninguna soluci?n moral, sino s?lo los t?rminos del problema.

La ciencia y la t?cnica suministran el problema; nunca la soluci?n.

La pol?tica, si se trata de una democracia, puede consagrar la soluci?n preferida por la mayor?a, pero no la preferible en s? misma.

El sufragio universal no dirime cuestiones de verdad, bondad o belleza.

La filosof?a moral queda convertida en silente convidada de piedra al fest?n de la ?bio?tica?

S?lo el cient?fico, el pol?tico o el votante tienen la palabra. La verdad moral no existe. No es extra?o que vayamos un tanto a la deriva (por no hablar de absoluto y letal naufragio).

La reciente Ley Espa?ola de Investigaci?n Biom?dica consagra la indignidad del embri?n, de la vida humana en su primera etapa; es decir, de aquello que fuimos todos un d?a. Al final, clonar seres humanos no estar? mal en s? mismo; todo depender? del fin. El fin de la curaci?n justifica el medio de la eliminaci?n de embriones. El fin de la fecundaci?n "in vitro" justifica el medio de la destrucci?n de los embriones sobrantes o su utilizaci?n como mercanc?a.

Ya se anuncia la venta de un "nuevo" anticonceptivo que impide la menstruaci?n. Toda una revoluci?n hormonal. La naturaleza es vuelta del rev?s, a la vez que se le rinde un tributo reverencial. Pero si damos la espalda a la naturaleza, ella terminar? por volvernos la espalda.

No estamos ante un enfrentamiento entre creyentes y ateos, o entre cristianos y quienes no lo son. Hay, sin duda, un ideal cristiano de vida, cuyo modelo es Jes?s de Nazaret, pero no hay algo as? como una bio?tica (o una ?tica) cristiana, sino un orden moral universal que debe ser debatido y descubierto (pero no arbitrariamente creado) a trav?s de la raz?n.

El di?logo es entonces un m?todo (no el ?nico) para el descubrimiento y discernimiento de la verdad moral, del que nadie de buena fe debe ser excluido, pero no para su arbitraria determinaci?n por mayor?a o por unanimidad.

Omitiremos los nombres para excluir el ensa?amiento intelectual. Hay "eminentes" cient?ficos y moralistas, con c?tedra en universidades de caducado prestigio, que sostienen, al parecer en serio, que un gran simio tiene m?s derechos "humanos" que un ni?o de dos a?os. O que la vida, esta vez s?lo la humana, posee dignidad y merece protecci?n s?lo cuando es autoconsciente y puede sufrir en su autoestima. La consecuencia es que los ni?os de menos de dos a?os, los enfermos terminales, o incluso quienes duermen, carecen de la protecci?n del derecho a la vida. Incluso hay quien piensa que el durmiente deja de ser la persona que era y al despertar pasa a ser otra distinta. Paradojas del seudoempirismo radical.

La protecci?n del embri?n resultar? entonces para ellos pura irrisi?n. Tampoco faltan argumentos falaces, como el que pretende que si el mal ya est? hecho en el propio pa?s o en otro vecino, no queda m?s remedio que perseverar en la senda del mal y del error.

La verdad es que la cosa ya empez? con la aceptaci?n de la fecundaci?n "in vitro" y continu? con la legalizaci?n del aborto. Como no cabe, por lo visto, dar marcha atr?s, hay que continuar con la huida mortal hacia delante. En este sentido, se argumenta que no cabe oponerse a la clonaci?n terap?utica por la raz?n de que ya se eliminan embriones en la fecundaci?n "in vitro" o en los abortos provocados.

Por lo dem?s, lo usual o lo mayoritario no es sin?nimo de lo bueno. Vivimos todav?a moralmente de los restos de un universalismo que no nos pertenece sino del que somos herederos y depositarios y al que renunciamos. Pero al defenderlo, no nos justificar?amos a nosotros mimos, sino a una presencia y realidad superiores y anteriores. Esclavos de lo visible, ignoramos que, como ha afirmado Robert Spaemann, "entregarse a la realidad, es entregarse a lo invisible". No hacemos aqu? sino reivindicar los derechos de lo invisible.

Publicado por mario.web @ 18:42
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