S?bado, 19 de marzo de 2011

Cuando un hombre y una mujer se casan prometen fidelidad hasta la muerte. El ?hasta la muerte? no hay que entenderlo en sentido literal, como si uno puede dejar de ser fiel cuando el otro o la otra haya muerto. Se trata de algo mucho m?s profundo y dif?cil: ser fiel hasta el sacrificio, hasta la renuncia total, hasta la p?rdida del propio bienestar econ?mico o de los planes m?s fuertemente acariciados...

Por desgracia, siempre han existido infidelidades. Son especialmente dram?ticas cuando ?l o ella dejan el hogar y abandonan a la otra parte, tal vez incluso con ni?os peque?os.

Es duro, de la noche a la ma?ana, descubrir que el esposo se fue. Quiz? con otra, quiz? lejos, quiz? sin una nota de despedida o una promesa de ayuda en los gastos que implica el cuidar a los hijos. La esposa (o el esposo) abandonada queda sola, con un dolor y una herida que es dif?cil de describir, que s?lo conocen quienes han pasado por una experiencia parecida.

Duele el ver c?mo alguien que un d?a prometi? amor fiel y eterno, ?en la salud y en la enfermedad?, rompa de la noche a la ma?ana con todo y se marche a buscar nuevos amores y aventuras. Duele el ver que la vida cambia, de repente, por la fuga de quien era parte del calor de la familia. Duele el ver que los hijos no comprenden, no aceptan, no se resignan a que pap? (o mam?) se haya ido lejos, sin despedirse, sin explicar una huida que tiene muy poco de comprensible o de justificable.

A la parte abandonada le quedan diversas opciones. Hay quienes ?se vengan? y buscan un nuevo compa?ero de camino, aunque sea claro que ya no se trata de un matrimonio ?con todas las de la ley?. Hay quienes ven c?mo crece en su coraz?n un rencor y una rabia que casi hacen imposible cualquier posible reconciliaci?n, si el fugitivo alg?n d?a volviese a llamar a casa. Hay quienes caen en una depresi?n profunda, con la necesidad de ayudas de todo tipo (psicol?gicas, sociales, medicinas antidepresivas), sin que lleguen a aceptar una soledad de la que son v?ctimas, por culpa del ego?smo de la otra parte.

Hay quienes, en fin, por dignidad, por los hijos, e incluso por un amor que raya en lo heroico hacia quien ha roto el matrimonio, optan por trabajar, por luchar, por hacer todo lo posible para sostener a los hijos y para mantener el hogar digno y abierto. Abierto a quien se fue, y que puede, si sabe tener la suficiente humildad para pedir perd?n, volver otra vez a la vida de familia.

Es dif?cil, es duro, ser abandonados. Quiz? tambi?n tendr?amos que decir que es triste, es cobarde, dejar a los que son de la propia carne y de la propia sangre. Pero es infinitamente grande el coraz?n que sabe vencer, con amor, lo que el ego?smo quiso herir y destruir en un triste d?a de la historia familiar.

Hay que recordar que ?el amor es m?s fuerte que la muerte?, m?s fuerte que la infidelidad. El amor puede gritar, a quienes viven de sus caprichos y pasiones, que no es grande el que rompe su palabra y termina con sus promesas matrimoniales para seguir rumbos ?liberadores?, sino el que sabe amar tambi?n cuando sangra el coraz?n, cuando hay que vivir en la soledad del abandono, entre el silencio y las l?grimas que quiz? alguna vez descubren los hijos peque?os...

Hay infidelidades que pueden destruir una vida. Y hay fidelidades que pueden hacer renacer la esperanza. Quien vuelve despu?s de una aventura desleal y se siente perdonado por Dios y por su esposa (o su esposo) no puede sino sentirse ganado por un amor que no cerr? la puerta a la esperanza. Y quien acoge al esposo (o la esposa) arrepentido crece e ilumina este planeta con un rayo de bondad que vale m?s que todos los descubrimientos de la ciencia...


Publicado por mario.web @ 18:55
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