S?bado, 19 de marzo de 2011

Cuenta la Odisea que Ulises baj? al Hades, el lugar de los muertos, para encontrarse con Tiresias, el ciego vidente. ?ste le explic? c?mo deb?a comportarse en el regreso a casa.

Seg?n la fe cristiana, los santos son aquellos que ya gozan de la visi?n de Dios y est?n unidos a ?l para siempre. Ellos interceden por nosotros desde el Cielo. Santa Teresita de Lisieux dec?a: "Pasar? mi Cielo haciendo bien sobre la tierra". Con el ejemplo de los santos aprendemos c?mo transitar por este mundo, "que es camino para el otro que es morada sin pesar" (Jorge Manrique). Y es que el hombre no es un ser para la muerte, sino para la Vida. Ya antes de la muerte nos importa, ?y mucho!, esta vida, porque en ella servimos a Dios y a los que nos rodean; y, adem?s, porque en esta vida nos ganamos la otra: con la atenci?n a la familia, con el trabajo cotidiano y el empe?o por solucionar las peque?as y grandes cuestiones que nos afectan. Alguien ha comparado ese esfuerzo de la humanidad, al que hace un alumno por resolver un complejo problema de matem?ticas, ante su maestro; poco a poco va consiguiendo algunos ?xitos, pero no llega a la soluci?n final; el maestro le observa y le deja esforzarse, porque sabe que as? se va haciendo m?s capaz de recibir un d?a la soluci?n que s?lo el maestro puede dar.

Hace un a?o por estas fechas se preguntaba Benedicto XVI si el hombre moderno sigue esperando la vida eterna o considera que pertenece a una mitolog?a ya superada. Ciertamente, argumentaba, vivimos tan absorbidos por las cosas de la tierra, que se nos hace dif?cil pensar en Dios como protagonista de nuestra vida. Pero el ser humano no puede suprimir su anhelo por la justicia, la verdad, la felicidad. Ante el enigma de la muerte, ?qui?n no desear?a volver a encontrar a los seres queridos? ?C?mo no esperar un juicio final que restablezca la justicia? ?C?mo renunciar a la felicidad para siempre?

Ahora bien, para nosotros, los cristianos, "vida eterna" no significa s?lo una vida que dura para siempre, "sino tambi?n una nueva calidad de la existencia, sumergida plenamente en el amor de Dios, que libera del mal y de la muerte y nos pone en comuni?n sin fin con todos los hermanos y hermanas que participan en el mismo Amor".

La vida eterna no est? s?lo "despu?s" o "en el m?s all?"; sino que puede comenzar aqu?, en la amistad con Dios que se da con la vida de la gracia.

Esto es lo que proclam? el Concilio Vaticano II y esto es lo que celebramos en la fiesta de todos los santos. Lo explicaba el Papa: todos los cristianos, llamados a la santidad, "tienen los pies en la tierra, pero el coraz?n ya est? en el Cielo, morada definitiva".

En t?rminos parecidos se expresaba San Josemar?a Escriv?, cuando predicaba que hemos de vivir "con la cabeza en el cielo, y los pies en la tierra". La uni?n con Cristo no nos permite "vivir en las nubes", ni encerrarnos en una autosuficiencia o en un c?modo bienestar.

Al contrario, nos lleva a trabajar por todas las personas de la tierra, especialmente los m?s necesitados: los enfermos, los indigentes, los d?biles.

Aspiramos a convertir esta tierra en un "cielo", en la medida que depende de nosotros. Queremos dar a los dem?s lo que de Dios recibimos: una Vida que no muere.


Publicado por mario.web @ 18:56
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