S?bado, 19 de marzo de 2011

Ciudad del Vaticano, 29 de octubre de 2007

Se?or presidente,
Queridos amigos :


Con mucha alegr?a os doy la bienvenida, miembros del Congreso Internacional de Farmac?uticos Cat?licos, con motivo de vuestro vig?simo quinto congreso, que tiene por tema: ?Las nuevas fronteras de la farmacia?. El desarrollo actual de los medicamentos y las posibilidades terap?uticas que se derivan exige que los farmac?uticos reflexionen en las funciones cada vez m?s amplias que est?n llamados a desempe?ar, en particular, como intermediarios entre el m?dico y el paciente; tienen adem?s un papel educativo ante los pacientes en el uso adecuado de los medicamentos y sobre todo a la hora de informar sobre las implicaciones ?ticas de la utilizaci?n de ciertos medicamentos.

En este campo, no es posible anestesiar las conciencias, por ejemplo, ante los efectos de mol?culas que tienen por objetivo evitar la anidaci?n de un embri?n o abreviar la vida de una persona. El farmac?utico debe invitar a cada uno a un despertar de humanidad para que todo ser sea protegido desde su concepci?n hasta su muerte natural, y que los medicamentos cumplan verdaderamente con su papel terap?utico.

Por otra parte, ninguna persona puede ser utilizada, de manera irresponsable, como objeto para realizar experimentos terap?uticos; ?stos tienen que desarrollarse seg?n los protocolos que respetan las normas ?ticas fundamentales. Todo tratamiento o experimento tiene que tener por perspectiva mejorar el bienestar de la persona, y no s?lo la b?squeda de avances cient?ficos. Perseguir el bien para la humanidad no puede hacerse en detrimento del bien de las personas en tratamiento. En el campo moral, vuestra Federaci?n tiene que afrontar la cuesti?n de la objeci?n de conciencia, que es un derecho y que debe ser reconocido a vuestra profesi?n, para que no teng?is que colaborar, directa o indirectamente, en el suministro de productos que tienen por objetivo opciones claramente inmorales, como por ejemplo, el aborto y la eutanasia.

Es necesario, tambi?n, que las diferentes estructuras farmac?uticas, desde los laboratorios hasta los hospitales y la oficinas, as? como el conjunto de nuestros contempor?neos, tengan la preocupaci?n de la solidaridad en el campo terap?utico, para permitir el acceso a los tratamientos y a los medicamentos de primera necesidad a todas las capas de la poblaci?n y en todos los pa?ses, en particular, a las personas m?s pobres.

Que bajo la gu?a del Esp?ritu Santo, como farmac?uticos cat?licos, pod?is sacar de la vida de fe y de la ense?anza de la Iglesia los elementos que os guiar?n en vuestro camino profesional junto a los enfermos, que tienen necesidad de un apoyo humano y moral para vivir en la esperanza y para encontrar los recursos interiores que les ayudar?n en su vida.

Os corresponde, adem?s, ayudar a los j?venes que entran en las diferentes profesiones farmac?uticas a reflexionar en las implicaciones ?ticas cada vez m?s delicadas de sus actividades y decisiones. Para ello, es necesario movilizar y reunir al conjunto de los profesionales cat?licos de la salud y a las personas de buena voluntad, para profundizar en su formaci?n no s?lo a nivel t?cnico, sino tambi?n en lo que afecta a las cuestiones de bio?tica, as? como para proponer una formaci?n al conjunto de la profesi?n.

Dado que el ser humano es imagen de Dios, debe estar siempre en el centro de la investigaci?n y de las opciones en materia biom?dica. Al mismo tiempo, es fundamental el principio natural del deber de aportar tratamientos al enfermo. Las ciencias biom?dicas est?n al servicio del hombre; si no fuera as?, no tendr?an m?s que un car?cter fr?o e inhumano. Todo saber cient?fico, en el campo de la salud, o toda decisi?n terap?utica est?n al servicio del ser humano enfermo, considerado en su ser integral, quien debe ser un socio activo en los cuidados y respetado en su autonom?a.

Al encomendaros tanto a vosotros como a los enfermos a los que est?is llamados a atender a la intercesi?n de Nuestra Se?ora y de san Alberto Magno, os imparto, as? como los miembros de vuestra federaci?n y a vuestras familias, la Bendici?n apost?lica.

BENEDICTUS PP. XVI


Publicado por mario.web @ 18:56
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