Martes, 22 de marzo de 2011

A veces lo damos por supuesto, pero si nos detuvi?semos a reflexionar cada vez que observamos un avi?n en el cielo nos percatar?amos que si vuela es por algo y que no va a pasarse todo el tiempo en medio de las nubes. O lo que es lo mismo, que si vuela es porque despeg? de un lugar, porque tiene gasolina, porque alguien lo maneja por una ruta marcada y porque se dirige hacia un destino.

Algo parecido sucede cuando nos topamos con titulares de prensa que nos hablan de la igualdad entre los gorilas y los hombres, de los derechos de la naturaleza, de la conveniencia de la eutanasia, del derecho al aborto, de la tolerancia hacia todas las manifestaciones culturales y religiosas, de la relatividad de la verdad, etc. Los congresos, conferencias, programas de televisi?n y publicaciones que promueven ideas afines est?n a la orden del d?a. Cada vez es m?s frecuente encontrarnos con personas que defienden todo esto aun sin saber qu? implica. S?, vivimos viendo aviones y no nos detenemos a considerar de d?nde salieron, qu? ruta siguen y hacia d?nde van.

Cuando finalizaron los grandes conflictos b?licos mundiales del siglo pasado (1? y 2? guerra mundial y la guerra fr?a), el mundo estaba ansioso de un cambio: pasar de un caos producido por el odio, la guerra y la muerte a uno de fraternidad, vida y paz. Los beneficios econ?micos de la globalizaci?n empezaban a ensanchar algunas carteras as? que aprovech?ndose de la buena disposici?n, algunos grupos vieron la posibilidad de instaurar un nuevo orden mundial donde todo girara en torno a sus intereses aunque haciendo ver todas las ?mejoras? como aparentes beneficios para la humanidad. Hab?a que empezar por alg?n lado as? que el plan de partida fue construir una nueva ?tica mundial, en relaci?n con las normas y los valores, que fomentase una nueva visi?n del mundo que a ellos les favoreciesen. Infiltrados en la Organizaci?n de las Naciones Unidas (ONU) comenzaron a promover su ideolog?a organizando una serie de conferencias de car?cter planetario donde se abordaban puntos neur?lgicos que les ayudasen a producir ese cambio: la educaci?n (Jomtien, 1990), la infancia (Nueva York, 1990), el medio ambiente (R?o de Janeiro, 1992), los derechos humanos (Viena, 1993), la poblaci?n (El Cairo, 1994), el desarrollo social (Copenhagen, 1995), la mujer (Beijing, 1995), el h?bitat (Estambul, 1996) y la seguridad alimenticia (Roma, 1996).

Si bien toda esa serie de conferencias no logr? de una vez su cometido, s? sembr? la semilla necesaria para hacer surgir cr?dulos adeptos y ver nacer nuevas organizaciones focalizadas en la lucha por la implantaci?n y aplicaci?n de la nueva ideolog?a. Sab?an de d?nde partir (imponer una nueva ?tica mundial) y a d?nde quer?an llegar (a un nuevo orden mundial), pero el medio, las conferencias, no les hab?a dado los frutos esperados, as? que el paso m?s importante fue encontrar otra hoja ruta, otro instrumento.

La carta de la tierra es el veh?culo utilizado para cumplir el fin que pretenden. En ella se agrupan todos los temas abordados durante las conferencias auspiciadas por la ONU, de 1990 a 1996, bajo tres puntos neur?lgicos: nuevos derechos humanos, desarrollo sustentable y conservaci?n del medio ambiente.

Uno de los puntos a favor que se han ganado los promotores del nuevo orden mundial es la confusi?n generada y la aceptaci?n pasiva de gran parte de la humanidad. ?Qu? hay de malo en que se declaren nuevos derechos para el hombre? En todo caso ser?a m?s un beneficio con el cual nos ver?amos favorecidos. ?Qu? inconvenientes hay en qu? respetemos y promovamos las manifestaciones culturales y religiosas diversas a la nuestra? Ser?a intolerancia no respetarlas e imponerles nuestra verdad. ?Qu? problemas hay en la defensa de la naturaleza, en la equiparaci?n de derechos respecto a los simios? En definitiva -piensan algunos- ?aunque todo eso fuera malo, si a m? no me perjudica, pues me da lo mismo?.

Utilizando un lenguaje ambiguo y sustituyendo unas palabras por otras se ha conseguido el desconcierto. Procedamos por puntos. Cuando en 1948 se aprob? la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos se hac?a sobre una base natural: la libertad del hombre y su dignidad inalienable. Esa declaraci?n no era resultado de un consenso sino el fruto del reconocimiento (los derechos naturales no se fabrican, se reconocen y declaran). Cuando se habla de ?nuevos derechos? en realidad se est? haciendo referencia a m?s concesiones sin fundamento ampar?ndose en presupuestos subjetivos y conveniencias arbitrarias. Entre esos ?nuevos derechos? que se buscan est?n, por ejemplo, los as? llamados reproductivos que no son otra cosa que permisos para matar abortando. ?Pues no que todos los seres humanos eran iguales? ?No que se estaba buscando un mundo de paz donde se proteja al m?s d?bil y de derechos para todos? ?Que el ser humano, diminuto e indefenso, que se esconde en el seno femenino no tiene los mismos derechos que cualquier otro hombre? ?Existe alg?n derecho a matar?

Respecto a las cultura es innegable reconocer los valores universales que muchas de ellas poseen (la amistad, la honestidad, el respeto a la autoridad, la constancia, etc.). Todas las culturas merecen respeto por la semilla de verdad que llevan. Sin embargo, no queda dicho que todas las manifestaciones propias sean dignas de ?l y mucho menos que debamos promoverlas y tolerarlas. ?Estar?a dispuesto a que se coman a su madre s?lo porque en la cultura de los can?bales eso est? bien visto? ?Permitir?a que apedrearan a su hija porque tuvo una relaci?n fuera del matrimonio s?lo porque esa es una manifestaci?n de la cultura isl?mica? ?Har?a estallar a su esposa s?lo porque en la cultura ?X? inmolarse es una muestra de fe? ?Est? bien que maten a las ni?as s?lo porque en tal cultura prepondera el patriarcado o se pueden tener s?lo cierto n?mero de hijos? Las culturas no son iguales. Unas son m?s perfectas y otras son perfeccionables; unas son ricas y otras pueden enriquecerse. No es imponer el proponer la verdad a quienes a?n no la conocen en plenitud. Al contrario, es un rasgo de solidaridad e inter?s por el hombre.

?Y la defensa de la naturaleza? ?No es de por s? buena? Ciertamente. Los hombres debemos un respeto a la integridad de la creaci?n pues el dominio del hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; est? regulado por el cuidado de la calidad de la vida del pr?jimo comprendidas las generaciones venideras. No obstante, los animales, las plantas y los seres inanimados est?n naturalmente destinados al bien com?n de la humanidad pasada, presente y futura, de ah? que sea leg?timo servirse de ellos para el alimento y la confecci?n de vestidos. Se puede amar a los animales pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido ?nicamente a los seres humanos. Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir in?tilmente a los animales y gastar sin necesidad sus vidas. Pero es igualmente indigno invertir en ellos sumas que deber?an m?s bien remediar la miseria de los hombres. Es l?cito domesticarlos para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos m?dicos y cient?ficos en ellos son pr?cticas moralmente aceptables si se mantienen dentro de l?mites razonables y contribuyen a curar o salvar vidas humanas. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales.

Cuando los propulsores del nuevo orden mundial hablan de respeto a la naturaleza quieren significar algo muy distinto a lo que en el p?rrafo anterior hemos expuesto. Con la carta de la tierra pretenden eliminar toda diferencia y valor ontol?gico entre la persona humana y la vida animal, vegetal y mineral. De esta manera valdr?a lo mismo la existencia de un ser humano que la de cualquier bestia; al ?ser? iguales plantas y hombres, bien podr?a expropiarse la casa de los ind?genas en pro de la conservaci?n de tal esp?cimen vegetal. En el fondo, en el fondo se trata de reservar el mundo para que lo exploten s?lo unos pocos; qui?nes, aquellos que est?n difundiendo esta manera de pensar. Caben algunos interrogantes: ?realmente vale lo mismo un ser racional, capaz de expresar afectos, sentimientos y emociones, que un animal o una planta sin inteligencia? ?Es justo que mientras millones de seres humanos mueren de hambre cada a?o se prodigue de bienes y atenciones a animales a los que se podr?a atender correctamente con menos recursos y seg?n su estatuto animal? Llama la atenci?n que mientras hay quienes defiendan a capa y espada a los orangutanes y osos pandas, pocos se preocupen por aliviar las miserias de los que padecen hambre. Tampoco es que se trate ayudar a unos y dejar a los otros, no. Es un jerarquizar la ayuda dada y procur?rsela a ambos.

Aunque podr?amos abundar m?s, con lo hasta aqu? mencionado podemos formarnos una idea de las consecuencias negativas que ya se empiezan a constatar (y eso que a?n el nuevo orden no est? establecido). Esas consecuencias son especialmente visibles en ?reas importantes para la moralidad de las personas y de las sociedades como la educaci?n y la sanidad. ?Expresiones concretas? Cambio en los contenidos de los planes educativos y en los libros de texto (adoctrinando en nuevas formas de ?familia?, hablando de g?nero o rol en lugar de personas sexuadas, fomentando la promiscuidad), nuevos m?todos en las tomas de decisiones pol?ticas en los parlamentos, c?maras de diputados o senadores, donde ya no importa la verdad sino qu? vota la mayor?a; nuevas escalas de valores donde cada uno es la medida de s? mismo (relativismo moral), programas de salud que promueven la eutanasia, el aborto y el uso de anticonceptivos (e incluso los prescriben), campa?as de esterilizaci?n sin conocimiento y consentimiento de las personas, reveses ling??sticos (progenitores en lugar de padres, de Verdad a mi verdad, de matrimonio a parejas de hecho?), etc.

Ante todo esto, ?qu? debemos hacer? La clave es la educaci?n y la participaci?n activa en la toma de decisiones. Aqu? no hay lugar para la indiferencia pues de alguna u otra manera el hombre es el perjudicado. Debemos saber a qui?n elegimos para que nos gobierne, conocer su plan de gobierno, su ideolog?a, lo que defender? y promover?; estudiar su trayectoria, con qui?n se ha relacionado, qu? le mueve a servir y si es servir lo que realmente quiere. Hay que elegir bien el lugar donde se educa a la infancia pues lo que se le ense?e hoy ser? lo que vivir? el d?a de ma?ana. Hay que saber hablar con ella y formarnos para hacerlo con altura y competencia. Darle a conocer la verdad, que hay un punto de referencia y que en torno a ?l gira todo. Ayudarle a discernir entre el bien y el mal, a ser cr?tico con la informaci?n que recibe y serlo nosotros tambi?n. Crecer en la apreciaci?n de los valores tradicionales que nos heredaron nuestros antepasados y estar abiertos al di?logo con nuestros mayores. Aprender, en definitiva, que todo avi?n en vuelo sali? de un lugar, sigue un rumbo y se dirige hacia un destino? Y no perderlo de vista ni acostumbrarnos a verlos pasar.


Publicado por mario.web @ 2:35
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