Martes, 22 de marzo de 2011

El problema tiene muchas ra?ces y se produce por motivos distintos. En algunos casos, es debido a errores de los padres en la educaci?n de sus hijos. En otros, a un problema surgido entre los mismos hermanos en un momento puntual de su desarrollo infantil o juvenil. En otros, a conflictos que aparecen ya en la edad adulta: peleas por la herencia, puntos de vista opuestos respecto a la religi?n o la pol?tica, disconformidad por el piso o el trabajo escogido por el otro, etc.

Cada situaci?n merecer?a ser tratada de un modo espec?fico. Quisi?ramos ahora hacer una breve reflexi?n sobre la necesidad de suscitar, cuidar y acrecentar el amor entre los hermanos.

Lo primero es suscitar o promover. Un grave error en la vida familiar es suponer que por vivir en la misma casa y tener la misma sangre surgir? de modo espont?neo el afecto y cari?o entre los hermanos. La realidad es que el amor se construye d?a a d?a, a base de educaci?n, de renuncia al propio ego?smo, de apertura al otro, por medio de un trato que vaya m?s all? de los saludos habituales entre quienes viven bajo el mismo techo.

Los padres tienen una responsabilidad enorme en esta tarea. Desde que los ni?os son peque?os, buscan darles lo mejor y lograr que cada uno se sienta igual de amado que los otros. Este esfuerzo es un primer paso muy importante, pero hay que ir m?s all?: hay que conseguir que cada hijo aprecie, respete y ame a sus hermanos.

Desde el amor, los padres pueden ayudar mucho a que entre los hijos se promueva un clima de respeto. Es l?cito que cada uno tenga su peque?o espacio de autonom?a (donde las dimensiones de la casa lo permitan...). Pero es m?s importante educar a cada hijo a no encerrarse en su peque?o mundo y a abrirse a sus hermanos con el mismo cari?o, o incluso superior, con el que se abren y tratan con sus amigos de escuela o de barrio.

Es muy hermoso, en ese sentido, ver c?mo el padre o la madre se sientan junto a la hija de 10 a?os para explicarle que su hermano adolescente est? pasando por una edad dif?cil, que necesita comprensi?n, que hay que respetar sus cosas, que hay que rezar por ?l. O que hablan con la hija universitaria para pedirle que nunca le grite al hermanito peque?o por el caos que provoca en casa, sino que m?s bien sepa buscar momentos para ayudarle en sus deberes, para ense?arle a ordenar las cosas en la habitaci?n, para motivarle a participar en las mil tareas de casa.

Lo segundo, en parte ya mencionado, es cuidar el amor. La vida familiar implica continuos roces. La ni?a quiere poner la m?sica a todo volumen mientras que el ?ni?o? (ya tiene 15 a?os...) ha pedido silencio por las tardes para sacar sus problemas de matem?ticas. O el hermano mayor no quiere saber nada de ayudar a limpiar platos, mientras la hermana que le sigue en edad considera eso una injusticia machista que debe desaparecer cuanto antes.

Que haya conflictos es lo m?s normal del mundo. Pero saber superarlos con paciencia y, sobre todo, con un respeto que nace del cari?o y que va m?s all? de las simples reglas de justicia, lleva a restablecer en seguida los lazos que unen a los hermanos entre s?.

Habr? ocasiones en que antes de ir a misa los padres pedir?n a sus hijos que si alguno tiene rencor o rabia hacia alg?n hermano, antes de ir al altar pida perd?n y ofrezca su perd?n. S?lo as? tiene sentido pleno participar en la misa como familia verdaderamente cristiana.

Lo tercero es acrecentar el amor. Si en casa ha sido promovido el amor; si el amor ha sido preservado y custodiado, a veces tambi?n ?curado?, a lo largo de los meses; si padres e hijos se sienten no s?lo miembros de una misma familia, sino realmente amigos que se quieren y se ayudan... Entonces este tesoro de cari?o, que es un don maravilloso de Dios, necesita incrementarse con el tiempo.

El paso de los a?os lleva, como consecuencia normal, a que cada hijo haga su propia vida. Escoge su carrera, busca un trabajo, empieza el noviazgo, llega al d?a de bodas, vuela del nido. Pero ese momento no debe convertirse en una despedida o una ruptura. Se trata m?s bien de un paso hacia la madurez, hacia la creaci?n de una nueva familia, que no debe significar un perder el tesoro de cari?o que existe entre los hermanos.

En el respeto a la autonom?a normal de cada adulto, es muy hermoso interesarse por el hermano que tiene problemas en su trabajo, que no sabe c?mo atender a un hijo nacido con una enfermedad peligrosa, que no alcanza a pagar la mensualidad para su piso... Las situaciones son infinitas, y los tipos de ayuda que se pueden ofrecer var?an mucho de caso a caso.

Es cierto que quien est? necesitado no puede ?abusar? de sus hermanos ni pedir continuamente dinero u otras ayudas. Pero tambi?n es cierto que existen muchas maneras de mostrar y vivir el cari?o mutuo, especialmente cuando los problemas son m?s graves y uno necesita sentirse apoyado por quienes son de la misma sangre y, sobre todo, por quienes han aprendido a vivir unidos como ?buenos hermanos?.

En la oraci?n se encontrar?n f?rmulas para lograr esa armon?a que hace tan hermosa la vida familiar. El amor entre los hermanos ser?, entonces, el mejor fruto de la siembra paterna, la mejor manera de vivir el cari?o hacia unos padres que supieron promover, en un hogar que quiso vivir con alegr?a el Evangelio, ese amor en el que cada uno deja de lado sus gustos para servir al pr?jimo m?s pr?jimo: el propio hermano.


Publicado por mario.web @ 11:17
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