Jueves, 24 de marzo de 2011

La inautenticidad es una nota desafinada en la sinfon?a del hombre aut?ntico, o como una grieta en la pared del hombre maduro. Se da por muchas causas.


a. El "respeto humano"

La inautenticidad causada por el "qu? dir?n" consiste en adecuar el comportamiento a lo que los dem?s esperan de uno y no a lo que dictan las convicciones y opciones personales. No cabe duda de que est? bien y es un acto de caridad pensar en el efecto que el propio obrar tiene sobre los dem?s. El peligro est? en absorber o incorporar comportamientos falsos, como si se tratara de ponerse una m?scara para representar un papel.

El "respeto humano" es una de las formas m?s comunes de inautenticidad. Su causa se encuentra en una falta de valor personal, por la cual las convicciones se quebrantan ante la presencia de los dem?s. Cuando esto ocurre, el comportamiento ya no sale de lo profundo, sino del "qu? dir?n" de los dem?s. Como aquellos cristianos que rehuyen profesar su fe en p?blico por miedo al "que dir?n" o al simple hecho de ser ridiculizados.

La inautenticidad es un escollo muy sutil, por eso el esfuerzo de superaci?n tiene que ser constante. ?sta se puede dar en personas consagradas que hacen mucho en nombre de Dios, pero realmente act?an movidas s?lo por la estima de los dem?s, para no ser menos que los dem?s, o para sentirse realmente entregados o realizados en su misi?n, capaces, sobre todo cuando hay alguien que les observe. La manera real de superar este defecto es la autoconvicci?n arraigada en la opci?n por amar a Dios sobre todas las cosas. Se trata de un esfuerzo continuo y consciente de amar a Dios en la vida cotidiana de tal manera que ?l sea el criterio habitual del obrar.


b. El conformismo

El segundo tipo de inautenticidad brota del conformismo: cuando el cristiano, al margen de la propia opci?n por Cristo, se conforma con valores, actitudes y comportamientos del medio ambiente y de las pasiones. Podemos distinguir entre el conformismo de las costumbres y el conformismo de las ideas aunque en la realidad los dos se entremezclan. En el primer caso, tenemos las personas que siguen la moda: vestidos, comportamientos, coches, h?bitos, etc. En el caso de un cristiano este conformismo puede darse en la adaptaci?n a una conducta inspirada en modelos mundanos, en su comportamiento, en su manera de juzgar la realidad, etc.

El otro tipo de conformismo es todav?a m?s insidioso. Se da entre j?venes y adultos inmaduros. En el joven hay un af?n de autoafirmarse; querr?a inventar todo de nuevo; quiere ser diferente, lo cual es muy bueno en s?. Ahora bien, el conformismo ocurre cuando este af?n viene aprovechado por intereses y fuerzas ajenas al joven mismo. Se convierte as? en un conformista ideol?gico de tipo pol?tico, social o simplemente en un rebelde.

Dicho esto, es preciso a?adir que el esfuerzo por evitar el conformismo y por actuar seg?n principios personales e ?ntimos no significa caer en una rigidez cerrada. Se trata de tener una base de convicciones que servir?n como plataforma para relacionarme con el mundo y no para romper el contacto con los dem?s.


c. La falta de identidad de vida

Hay personas que no se entregan plenamente a lo que son y a lo que profesan. Por eso crean en s? mismos un vac?o que tienen que llenar, puesto que carecen de una identidad; esto les conduce a adoptar papeles falsos o a buscar notoriedad de diversas maneras.

En el primer caso, se encuentra el tipo literato, el tipo culto, el tipo art?stico, el tipo m?sico, el tipo social, el tipo fil?sofo, el tipo intelectual, el tipo pr?ctico, el tipo incomprendido, el tipo piadoso, aun el tipo m?stico. S?, claro que estos tipos se dan o se pueden dar en personas aut?nticas como una caracter?stica fundamental bien identificada con su vocaci?n. La inautenticidad aparece cuando se adoptan estos papeles como compensaciones inmediatas, pero falsas, que crean la inautenticidad de vida. S?lo pueden acabar en el fracaso ya que no llenan un vac?o sino que s?lo consiguen taparlo.

El segundo tipo se da en personas que buscan llamar la atenci?n de los dem?s hasta llegar a un comportamiento que contradice su propio credo ?ntimo. Es siempre una obra del "yo" que busca afirmarse y ser tenido en cuenta por los dem?s. Los caminos son innumerables: el h?bito sistem?tico de opinar diversamente de los dem?s, un comportamiento social muy obsequioso, la ubicaci?n dentro de un grupo selecto de personas cerrado a los dem?s, la b?squeda constante de modos de destacar dentro del grupo, etc. Una persona que vive de una manera habitual en desacuerdo con su opci?n no puede ser aut?ntica.

Habiendo visto ya qu? es la autenticidad y cu?les son sus principales enemigos, podemos resumir todo lo dicho en esta frase "ser t? mismo y no una m?scara".

Ciertamente hay que precisar, porque puede interpretarse como una invitaci?n a dar curso libre a todo lo que se siente, tesis que rechazamos. Se trata de conocer al hombre, su fin, y actuar coherentemente seg?n eso. Por supuesto, no es una tarea que se pueda llevar a cabo sin actitudes de sinceridad vital, de coherencia l?gica en el comportamiento, de introspecci?n profunda, de autosuperaci?n. Esto no se adquiere en un d?a, sino a trav?s del esfuerzo diario y sereno. Hay que ir poco o poco conoci?ndose y obrando con veracidad, sabiendo bien que "la verdad os har? libres".

El que de veras quiere formarse percibir? la necesidad de conocerse bien a s? mismo. No se puede comenzar a trabajar en forma alocada y ciega. Se requiere, para conseguirlo, un conocimiento del fin y de la base donde se parte. El fin est? marcado por la identidad del cristiano maduro. El punto de partida y la base sobre la cual se ha de construir la personalidad madura son propios de cada uno y para llegar a conocerlos se requiere una seria labor de introspecci?n. Entran en juego aqu? los elementos de la conocida tr?ada: con?cete, ac?ptate, sup?rate.


Publicado por mario.web @ 9:07
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