Jueves, 24 de marzo de 2011

En algunos lugares de Occidente, como en Italia, asistimos a un florecimiento de iniciativas de voluntariado tremendo. Las ganas de trabajar y de hacer algo por los dem?s, especialmente por los m?s necesitados ha suscitado en todos, especialmente en los j?venes, iniciativas de diverso g?nero. Pero existe una diferencia fundamental entre voluntariado y apostolado. En el voluntariado, el joven o el adulto se compromete en una acci?n buena, de ayuda al pr?jimo, pero que parte del hombre para llegar al hombre mismo. No es, si lo podemos llamar de este modo trascendental, es decir no inicia m?s all? del hombre, no llega m?s all? del hombre y utiliza medios humanos.

Ha sido ?ste quiz?s uno de los errores que con m?s frecuencia han cometido los agentes de la pastoral de la caridad. Se han quedado quiz?s en el hombre, pero no han pasado a la humanidad del hombre, es decir a su parte espiritual, que forma parte integrante de la humanidad del hombre. ?Por lo que se refiere al servicio que se ofrece a los que sufren, es preciso que sean competentes profesionalmente: quienes prestan ayuda han de ser formados de manera que sepan hacer lo m?s apropiado y de la manera m?s adecuada, asumiendo el compromiso de que se contin?e despu?s las atenciones necesarias.

Un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por s? sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siempre algo m?s que una atenci?n s?lo t?cnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atenci?n cordial. Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo m?s conveniente en cada momento, sino por su dedicaci?n al otro con una atenci?n que sale del coraz?n, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Por eso, dichos agentes, adem?s de la preparaci?n profesional, necesitan tambi?n y sobre todo una ? formaci?n del coraz?n ?: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su esp?ritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al pr?jimo ya no sea un mandamiento por as? decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual act?a por la caridad. El verdadero apostolado se presenta como un movimiento del coraz?n del hombre hacia el coraz?n de Dios, para desde ah? amar a los hombres.

No se trata por tanto de ense?ar a hacer apostolado. Si bien es cierto que las necesidades son muchas y que siempre urgir? la posibilidad de hacer el bien, la obra de apostolado no se reduce a una acci?n. Podemos afirmar que el apostolado es el reflejo, la manifestaci?n concreta de toda una experiencia espiritual, suscitada por Dios en la persona y de la que se desprende, de una forma casi natural y obligada, diversas manifestaciones concretas, entre las que sobresalen las obras de apostolado. Se trata por lo tanto no de hacer apostolado, sino de ser ap?stoles. No se trata de dar una soluci?n humana a una necesidad apremiante. Esto podr?a hacerlo cualquier persona desde diversos puntos de vista. Se trata m?s bien de salir al encuentro del Cristo que sufre en la necesidad apremiante. Sigue siendo una necesidad real, encarnada en hombres, mujeres, ni?os o adolescentes, pero la transformaci?n que opera la experiencia del Esp?ritu en esa necesidad apremiante, permite penetrar espiritualmente dicha necesidad, dicha realidad, y ver a Cristo en esa misma necesidad apremiante de la Iglesia.

Esta relaci?n personal con Cristo, permite establecer una escuela de apostolado muy espec?fica en la que sus m?todos, sus directivas, sus indicaciones no deber?n ser considerados como emanados de la inventiva o genio humano, sino que ser?n producto de la experiencia espiritual personal, y de la comprensi?n espec?fica del evangelio o del misterio de Dios. De esta manera, se logra abstraerse de la dimensi?n del tiempo y del lugar en la que ha nacido la necesidad apremiante, para pasar a la dimensi?n sobrenatural de dicha necesidad apremiante, dando origen a la misi?n. Las personas con sus necesidades humanas o espirituales pasan a ser partes del Cristo que sufre, ya sea en el cuerpo o en el alma, a lo largo del tiempo y en diversas circunstancias.

Para formar estos ap?stoles, se deber? cultivar en los laicos un celo ardiente por la salvaci?n de las almas, alimentado incesantemente en el trato ?ntimo y personal con Cristo, de forma que los laicos puedan preguntarse en su interior lo que har?n por Cristo y las almas. No se trata de una labor de convicci?n para que los laicos ayuden en un determinado apostolado o ayuden en una determinada acci?n. Si el laico no siente que su coraz?n se hace pedazos al contemplar la necesidad de los hombres, podemos decir que no se habr? formado a?n al ap?stol. Se trata de llevar al laico para que se ponga delante de Jesucristo y pueda formularse en el interior de su alma la pregunta sobre la que har? por Cristo y por sus hermanos.

Si no se logra que el laico se formule esta pregunta y la responda de cara a Cristo, no estar? formando al verdadero ap?stol y se deber? contentar tan s?lo con el triste y muy humano espect?culo de ver un grupo de almas piadosas que realizan obras buenas, pero no un grupo de verdaderos ap?stoles que trabajan por Cristo comprometidos dentro de su estado laical en la construcci?n de la Iglesia.


Publicado por mario.web @ 9:30
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios