Jueves, 24 de marzo de 2011

Cuando era ni?o me gustaba escuchar hablar a mis hermanos sobres sus amores plat?nicos. Apenas pod?a comprender al mayor de todos: con s?lo 16 a?os ya ten?a 10 amores plat?nicos y en la lista 3 cantantes, 4 actrices de moda y tres de sus profesoras.

    - ?C?mo puedes amar a las diez al mismo tiempo?

    - No te preocupes, enano ?respond?a con aire de don Juan- cuando seas grande comprender?s.

A?os m?s tarde comprend?. El amor plat?nico es aquel que se va tan r?pido como viene, el amor sin interlocutor y del cual te averg?enzas cuando llegas a la edad madura. El amor idealista.

Peno no s?lo aprend? eso. Supe que hay amores ideales, amores plat?nicos que llegaron a ser realidad.

Bruno, el protagonista de esta historia lo cuenta as? a sus amigos:

    - Hoy, hace 27 a?os, en una tarde de verano, Isabel pas? por primera vez delante de mis ojos, para quedarse por siempre en mi coraz?n. Ella, joven bien educada, de familia burguesa, rostro angelical. Yo, muchacho loco en servicio militar?

    Recuerdo ?continua Bruno- que aquella misma noche fui con Nuestra Se?ora, para decirle: ?Madre, esta joven ser? mi mujer?. Y as? fue. Una primera palabra, un primer encuentro, dos a?os de noviazgo, un matrimonio de ensue?o.

?Cu?l es la diferencia entre Bruno y tantos otros hombres y mujeres que juegan al amor plat?nico?, ?qu? le falta al amor?, ?qu? nos falta a nosotros?

Yo s? lo que falta. Le falta determinaci?n, le falta ese acto de voluntad por el que yo escojo a alguien como objeto de mi amor. Le falta identificaci?n con la persona amada hasta el don de s? mismo. Es este el verdadero amor conyugal. Para los romanos el amor conyugal era ese lazo de amistad creado por la semejanza de costumbres. El cristianismo lleva este amor m?s lejos, hasta la identificaci?n en una sola carne de una mujer y de un hombre. S?lo quien est? dispuesto a perderse en el amado, a hacerse uno con lo que se ama, est? listo para iniciar el combate del amor.

Si tienes un novio o una novia, preg?ntale: ?ser?as capaz de morir por m?? Si me muero en este instante, ?me guardar?as en tu coraz?n eternamente, sin buscar a nadie m?s, esperando con ansiedad el d?a de tu muerte para encontrarme de nuevo? Son preguntas radicales, pero cuando se trata de amar no hay extremos. Los amores epid?rmicos, las promesas de amor eterno bajo la luna, son amores idealistas si s?lo buscan aprovecharse del otro. Si la luna hablara, cu?ntas verdades nos dir?a a cerca de tantas mentiras.

La nueva realidad de este amor de dos hecho uno, exige un paso de compromiso. El que ama busca los medios m?s propicios, el ambiente donde el amor continuar? creciendo. Propio del amor conyugal es el estar protegido por un pacto. La alianza es la culminaci?n de mi elecci?n y el paso natural para quien ama verdaderamente.
Quienes ven el matrimonio un enemigo de la libertad, niegan al mismo tiempo la sinceridad de sus sentimientos. En pocas palabras, quien dice: ?Quiero una relaci?n libre? est? diciendo: ?T? has tomado una parte de mi libertad, no quiero que vayas a manipularme completamente?.

Esta misma realidad se aplica a los hombres y mujeres unidos por un matrimonio donde no hay verdadero amor. Tan falso es el amor sin compromiso como el compromiso sin amor.

El matrimonio es s?lo una etapa. El compromiso ratifica el amor, al mismo tiempo que lo abre a la realidad de la comuni?n. El amor conyugal se convierte en caridad conyugal por el ejercicio cotidiano de la entrega. Las palabras, los gestos, las actitudes, todo cuenta en esta nueva realidad entre dos. Una llamada durante una gira de trabajo, una confidencia, una sonrisa? todos los detalles encienden el fuego de la caridad conyugal. Y por supuesto, el matrimonio abre el amor a los hijos.

He aqu? el camino recorrido por Bruno: elecci?n, identificaci?n, compromiso y don de s?. Gracias Bruno por tu ejemplo. Gracias a todos los hombres y mujeres casados que nos edifican con su fidelidad en la entrega de todos los d?as.


Publicado por mario.web @ 10:50
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