Viernes, 25 de marzo de 2011

? No os aflij?is como los hombres sin esperanza ? (1 Ts 4,13). En este caso aparece tambi?n como elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vac?o. S?lo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero tambi?n el presente.

CONOCER EL EVANGELIO ES CAMBIAR NUESTRA MANERA DE VIVIR

Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicaci?n de cosas que se pueden saber, sino una comunicaci?n que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva.

NO SOMOS ESCLAVOS DE LAS LEYES NATURALES

No son los elementos del cosmos, la leyes de la materia, lo que en definitiva gobierna el mundo y el hombre, sino que es un Dios personal quien gobierna las estrellas, es decir, el universo; la ?ltima instancia no son las leyes de la materia y de la evoluci?n, sino la raz?n, la voluntad, el amor: una Persona. Y si conocemos a esta Persona, y ella a nosotros, entonces el inexorable poder de los elementos materiales ya no es la ?ltima instancia; ya no somos esclavos del universo y de sus leyes, ahora somos libres.

LA FE NOS HACE VIVIR HOY EL FUTURO

La fe no es solamente un tender de la persona hacia lo que ha de venir, y que est? todav?a totalmente ausente; la fe nos da algo. Nos da ya ahora algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para nosotros una ? prueba ? de lo que a?n no se ve. ?sta atrae al futuro dentro del presente, de modo que el futuro ya no es el puro ? todav?a-no ?. El hecho de que este futuro exista cambia el presente; el presente est? marcado por la realidad futura, y as? las realidades futuras repercuten en las presentes y las presentes en las futuras.

NO QUEREMOS MORIR, PERO TAMPOCO QUEREMOS VIVIR ETERNAMENTE

?Por un lado, no queremos morir; los que nos aman, sobre todo, no quieren que muramos. Por otro lado, sin embargo, tampoco deseamos seguir existiendo ilimitadamente, y tampoco la tierra ha sido creada con esta perspectiva. Entonces, ?qu? es realmente lo que queremos? Esta paradoja de nuestra propia actitud suscita una pregunta m?s profunda: ?qu? es realmente la ? vida ?? Y ?qu? significa verdaderamente ? eternidad ???

LA MUERTE NO ES UNA DESGRACIA, ES UN REMEDIO

Seguir viviendo para siempre ?sin fin? parece m?s una condena que un don. Ciertamente, se querr?a aplazar la muerte lo m?s posible. Pero vivir siempre, sin un t?rmino, s?lo ser?a a fin de cuentas aburrido y al final insoportable. Esto es lo que dice precisamente, por ejemplo, el Padre de la Iglesia Ambrosio en el serm?n f?nebre por su hermano difunto S?tiro: ? Es verdad que la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituy? la muerte desde el principio, sino que nos la dio como un remedio [...]. En efecto, la vida del hombre, condenada por culpa del pecado a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenz? a ser digna de l?stima: era necesario dar un fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida hab?a perdido.

UNA REALIDAD DESCONOCIDA QUE NOS ATRAE E IMPULSA

De alg?n modo deseamos la vida misma, la verdadera, la que no se vea afectada ni siquiera por la muerte; pero, al mismo tiempo, no conocemos eso hacia lo que nos sentimos impulsados. No podemos dejar de tender a ello y, sin embargo, sabemos que todo lo que podemos experimentar o realizar no es lo que deseamos. Esta ? realidad ? desconocida es la verdadera ? esperanza ? que nos empuja y, al mismo tiempo, su desconocimiento es la causa de todas las desesperaciones, as? como tambi?n de todos los impulsos positivos o destructivos hacia el mundo aut?ntico y el aut?ntico hombre.

BACON, KANT, ENGELS: LA ESPERANZA SE CAMBIA POR ?LA FE EN EL PROGRESO?

Al haber desaparecido la verdad del m?s all?, se tratar?a ahora de establecer la verdad del m?s ac?. La cr?tica del cielo se transforma en la cr?tica de la tierra, la cr?tica de la teolog?a en la cr?tica de la pol?tica. El progreso hacia lo mejor, hacia el mundo definitivamente bueno, ya no viene simplemente de la ciencia, sino de la pol?tica; de una pol?tica pensada cient?ficamente, que sabe reconocer la estructura de la historia y de la sociedad, y as? indica el camino hacia la revoluci?n, hacia el cambio de todas las cosas.

EL GRAN ERROR DE MARX

El error de Marx no consiste s?lo en no haber ideado los ordenamientos necesarios para el nuevo mundo; en ?ste, en efecto, ya no habr?a necesidad de ellos. Que no diga nada de eso es una consecuencia l?gica de su planteamiento. Su error est? m?s al fondo. Ha olvidado que el hombre es siempre hombre. Ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Crey? que, una vez solucionada la econom?a, todo quedar?a solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es s?lo el producto de condiciones econ?micas y no es posible curarlo s?lo desde fuera, creando condiciones econ?micas favorables.

LAS ESTRUCTURAS NO SON LA SOLUCI?N

El recto estado de las cosas humanas, el bienestar moral del mundo, nunca puede garantizarse solamente a trav?s de estructuras, por muy v?lidas que ?stas sean. Dichas estructuras no s?lo son importantes, sino necesarias; sin embargo, no pueden ni deben dejar al margen la libertad del hombre. Incluso las mejores estructuras funcionan ?nicamente cuando en una comunidad existen unas convicciones vivas capaces de motivar a los hombres para una adhesi?n libre al ordenamiento comunitario. La libertad necesita una convicci?n; una convicci?n no existe por s? misma, sino que ha de ser conquistada comunitariamente siempre de nuevo.

QUIEN NO CONOCE A DIOS NO CONOCE LA VIDA

En este sentido, es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga m?ltiples esperanzas, en el fondo est? sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida (cf. Ef 2,12). La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, s?lo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando ? hasta el extremo ?, ? hasta el total cumplimiento ? (cf. Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que ser?a propiamente ? vida ?.


PEQUE?AS ESPERANZAS QUE NO NOS LLENAN

A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, m?s grandes o m?s peque?as, diferentes seg?n los per?odos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio; la esperanza de cierta posici?n en la profesi?n, de uno u otro ?xito determinante para el resto de su vida. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Est? claro que el hombre necesita una esperanza que vaya m?s all?. Es evidente que s?lo puede contentarse con algo infinito, algo que ser? siempre m?s de lo que nunca podr? alcanzar.

?VALE LA PENA SUFRIR?

Sufrir con el otro, por los otros; sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de humanidad, cuya p?rdida destruir?a al hombre mismo. Pero una vez m?s surge la pregunta: ?somos capaces de ello? ?El otro es tan importante como para que, por ?l, yo me convierta en una persona que sufre? ?Es tan importante para m? la verdad como para compensar el sufrimiento? ?Es tan grande la promesa del amor que justifique el don de m? mismo?

PONER LA VERDAD POR ENCIMA DE LA COMODIDAD

La verdad y la justicia han de estar por encima de mi comodidad e incolumidad f?sica, de otro modo mi propia vida se convierte en mentira.

EL INFIERNO O EL CIELO SON UNA ELECCI?N DE TODA LA VIDA

La opci?n de vida del hombre se hace en definitiva con la muerte; esta vida suya est? ante el Juez. Su opci?n, que se ha fraguado en el transcurso de toda la vida, puede tener distintas formas. Puede haber personas que han destruido totalmente en s? mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. ?sta es una perspectiva terrible, pero en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habr?a ya nada remediable y la destrucci?n del bien ser?a irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno. Por otro lado, puede haber personas pur?simas, que se han dejado impregnar completamente de Dios y, por consiguiente, est?n totalmente abiertas al pr?jimo; personas cuya comuni?n con Dios orienta ya desde ahora todo su ser y cuyo caminar hacia Dios les lleva s?lo a culminar lo que ya son.

LO QUE HACEMOS PUEDE AYUDAR Y CONSOLAR A NUESTROS MUERTOS

Sin embargo, se puede dar a las almas de los difuntos ? consuelo y alivio ? por medio de la Eucarist?a, la oraci?n y la limosna. Que el amor pueda llegar hasta el m?s all?, que sea posible un rec?proco dar y recibir, en el que estamos unidos unos con otros con v?nculos de afecto m?s all? del conf?n de la muerte, ha sido una convicci?n fundamental del cristianismo de todos los siglos y sigue siendo tambi?n hoy una experiencia consoladora. ?Qui?n no siente la necesidad de hacer llegar a los propios seres queridos que ya se fueron un signo de bondad, de gratitud o tambi?n de petici?n de perd?n?

MAR?A, UNA LUZ EN NUESTRO CAMINO

La vida humana es un camino. ?Hacia qu? meta? ?C?mo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudri?amos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta ?l necesitamos tambi?n luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo as? orientaci?n para nuestra traves?a. Y ?qui?n mejor que Mar?a podr?a ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su ? s? ? abri? la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirti? en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plant? su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)?


Publicado por mario.web @ 22:03
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