Viernes, 25 de marzo de 2011
Documento del Dr. Andreas B?hmler en el que habla de la manipulaci?n, la naturaleza de la acci?n comunicativa, su dimensi?n ?tica y el terrorismo verbal actual.
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Comunicaci?n, violencia y poder
Comunicaci?n, violencia y poder


No se quiere negar con esto que el uso del lenguaje no sea de por s? cierta ?manipulaci?n?. Toda influencia es, en cierta medida, acci?n manipuladora.


Depende de c?mo se entienda este concepto. Tambi?n la comunicaci?n donal es manipuladora en el sentido de que nos hace cambiar. Cambiar aprendiendo, sin embargo, es connatural al hombre, porque para ser lo que nunca es plenamente: humano, tiene que crecer, en todos los aspectos.

En definitiva, la pretensi?n de no influir es un imposible antropol?gico; querer influir, disponiendo unos medios artificiales para ello, no es nada malo en s?; al contrario, es bueno y necesario siempre cuando suscita un crecimiento en habilidad (virtud), no en incapacidad (vicio). Investiguemos ahora un poco el impacto que tiene el lenguaje l?gico-formal en tal proceso de aprendizaje.

Las ciencias y junto a ellas todos los ?mbitos sociales implican ?organizaci?n?; usan para su desarrollo del lenguaje l?gico: el ?logos proposicional?; este contrasta con el lenguaje hist?rico o natural: el ?logos sem?ntico?, como ya dijimos al comienzo de esta exposici?n.

El lenguaje l?gico-formal, sin embargo, pretende algo que elevado a dogma es un imposible: establecer una relaci?n universal un?voca, o sea: inequ?voca, entre el significado (sentido) de un t?rmino y lo designado por un t?rmino (referencia).

Tal empresa parece, en principio, connatural al proceso cultural; el proceso ling??stico representa cierta racionalizaci?n o mayor definici?n, o sea, busca una mayor correspondencia entre ?signo? (t?rmino), ?sentido? (significado cognoscitivo del t?rmino) y ?referencia? (la realidad designada por el t?rmino).

No obstante, la din?mica entre signo, sentido y referencia no se deja clausurar. Tal pretensi?n de la ciencia A. Llano califica de ?ficci?n de objetividad?. Por este procedimiento, el ?logos proposicional? (la ciencia) se autoclausura, se acerca tendencialmente al ?impasse? (callej?n sin salida) o lugar incomunicado. Arraig?ndose en esta ?ficci?n? las diferentes ramas del saber se han hecho incomunicables entre s?.

Cada una hace un ?acto de fe? en sus propios hechos designados por un lenguaje formal estricto. Pero los hechos son ficticios, en el sentido de que no son reales m?s que en el sujeto o grupo social que los establece. Las estad?sticas son un clamoroso ejemplo de esta (inter-) subjetividad o parcialidad. En este sentido, el discurso f?ctico es un discurso del poder: de su conquista y su conservaci?n (cfr. A. Llano: ?El demonio es conservador?).

Por el contrario, el lenguaje hist?rico o natural, o sea, la comunicaci?n que se da naturalmente entre los hombre, siempre est? manteniendo una pluralidad de relaciones, una tensi?n o din?mica vital, entre lo significado (sentido) y lo designado (referencia) por un t?rmino (signo).

El hombre procede as? inconscientemente porque sabe intuitivamente acerca de la inagotabilidad de la referencia (la realidad designada por un t?rmino). Hasta se podr?a decir que el lenguaje cient?fico es mucho m?s ficticio que el lenguaje propiamente figurado (literatura); que es m?s verdadera la literatura que la ciencia; que carece de fundamento decir que las met?foras sean menos precisas que otras palabras.

Por lo dem?s, la palabra (signo) sin referencia al conocimiento expresado por ella (sentido) ni es verdad ni falsedad, porque es el uso o la contextualizaci?n del signo en un ?logos? (una comunidad de convicciones) como se puede investigar el verdadero ser de las cosas (cfr. A. McIntyre: ?Three rival versions of moral enquiry?, pp. 60-62).

En definitiva, tal comprensi?n ayuda a evitar el que se caiga en el unilateralismo dial?ctico al uso entre las dimensi?nes sem?ntica (adecuaci?n) y pragm?tica o ret?rica (uso reflexivo de la adecuaci?n); al contrario, ofrece la posibilidad de una aut?ntica y viable conversi?n entre lenguaje, conocimiento y ser, o sea, entre signo, sentido y referencia, respetando la inagotabilidad de esta ?ltima. Es esta inagotabilidad, y el respeto ante ella, que asegura, en ?ltimo t?rmino, el crecimiento posible de la comunicaci?n.

Desde esta perspectiva distinta, hemos intentado mostrar de nuevo la importancia categorial de la correcta conversi?n de los trascendentales ser, verdad y bien: la comunicaci?n est? en el ser por donaci?n.

El lenguaje es medio de comunicaci?n porque incorpora pensamiento; no lo fundamenta ni lo agota, con los matizes hechos m?s arriba, porque es cierto -como afirma Llano- que la realidad est? en alguna medida mediada por la propia comunicaci?n y todo esto complica extraordinariamente las cosas.

Lo fundamental, no obstante, es que debe mantenerse la pluralidad de relaciones tanto entre signo y sentido como entre sentido y referencia; porque ni el sentido puede agotar la referencia ni el conocimiento la realidad, algo que pretende el cienticismo positivista.

Comunicar, m?s bien, debe ser una humilde y alegre tarea donal y participadora ante la inagotable grandeza de lo real. Adem?s, si bien el pensamiento (sentido) no puede agotar la realidad (referencia), tampoco es l?cito desvincular la reflexi?n de aquello a que hace referencia; ya defendimos con Polo que el intelecto (verdad) no es lo primario. No cabe una emancipaci?n de la raz?n de la realidad.

Si bien es cierto que tambi?n el aristotelismo defiende frente al idealismo (adecuaci?n veritativa entre realidad y pensamiento sin reflexi?n personal) que la verdad est? en el juicio (reflexi?n), tampoco hay reflexi?n veritativa sin adecuaci?n entre realidad y pensamiento. Si el ?pienso? pretende prescindir de la ?adecuaci?n?, tal intelectualismo acaba por ser un voluntarismo encubierto. El predominio del ?yo pienso? degenera en el dominio del ?yo quiero?.

La sociedad configurada entorno a tal principio metaf?sico-gnoseol?gico es la sociedad liberal-laicista configurada entorno al dinero. El dinero es un tipo de comunicaci?n o lenguaje social basado en su car?cter de poder de omnimediaci?n: dinero es poder. En tal marco te?rico y pr?ctico la comunicaci?n f?cilmente se torna en informaci?n manipuladora, en el sentido negativo del t?rmino.

Comunico como ?verdadero? o ?bueno? lo que a mi, a mi grupo pol?tico, a mi grupo empresarial le conviene. De esta manera, la comunicaci?n pol?tica o empresarial, en su doble acepci?n ?interna? y ?externa?, plantea el problema ?tico por excelencia: la justicia. El derecho natural frente al positivismo jur?dico lo condensa as?: lo justo es lo debido a cada uno. Por consiguiente, la justicia es acci?n donal: dar a cada uno lo suyo, o sea, lo debido a ?l.

Aplicado esta sentencia o principio universal al entramado institucional, el directivo pol?tico y econ?mico tiene que preguntarse, sin frivolidad ni cinismo, pero tampoco con falsos escr?pulos o remordimientos: ?En la comunicaci?n, pretendo dar a cada uno lo suyo (tanto al cliente/elector como al empleado/partidario y a m? mismo)?. ?O se lo doy ?por las buenas y las malas? porque as? me resulta ventajoso, interesante, conveniente o c?modo?

A este respecto, advierte otra sentencia cl?sica: ?iustitia constitit in comunicatione?, la justicia consiste en la comunicaci?n; la comunicaci?n tiene que ser un acto de justicia. N?tese bien que con tal concepto no se pretende establecer una falaz dial?ctica entre ?dar? y ?recibir? (cfr. Polo: ?Tener y Dar?) porque es tanto dando que recibimos como recibiendo que damos.

Sin embargo, lo injusto en la acci?n comunicativa ser?a, no intentar buscar con tenacidad dar lo bueno a cada uno, bienes que lo sean y que, por consiguiente, merezcan ser comunicados.

En la sociedad moderna configurada en torno a la racionalidad econ?mica y el frenes? consumista, lo que uno ve, en la medida que sabe contemplar las caras de la gente, es tedio, aburrimiento, zafiedad, pasotismo, angustia. Todo ello en medio de un activismo desbordante. Los lenguajes propios de la producci?n y del consumo deja sin respuesta interior al hombre por no dirigirse a su conciencia vital.

Cuanto m?s est? configurado su vida entorno a este tipo de informaci?n, m?s vac?o est?. Aumenta la incomunicaci?n social. Pero tal incomunicaci?n se manifiesta como violencia en la misma medida que se refuerza la violencia como sistema de comunicaci?n. A modo de ejemplo, aprovechando el an?lisis de G. de Vicente, se podr?a hablar de un cierto terrorismo de la actividad publicitaria.

El terrorismo no puede ser comprendido s?lo en t?rminos de violencia sino debe ser primariamente comprendido en t?rmino de propaganda. Violencia y propaganda tienen mucho en com?n. La violencia pretende ser la modificaci?n de la conducta y el fin de la propaganda es la persuasi?n. El terrorismo es una continuaci?n de ?mbos.

S?lo hay que mirar a la publicidad actual. Se comunica con agresividad, con violencia. Esto es un fen?meno generalizado, pero el comunicador ?c?nico? incluso lo dice todo a las claras. Hemos entrado en un c?rculo vicioso, del cual es preciso salir cuanto antes.


Publicado por mario.web @ 22:11
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