Domingo, 27 de marzo de 2011

Fuente: Vatican.va
Autor: Papa Benedicto XVI

MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACI?N DE LA
JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 ENERO 2008

FAMILIA HUMANA, COMUNIDAD DE PAZ


1. Al comenzar el nuevo a?o deseo hacer llegar a los hombres y mujeres de todo el mundo mis fervientes deseos de paz, junto con un caluroso mensaje de esperanza. Lo hago proponiendo a la reflexi?n com?n el tema que he enunciado al principio de este mensaje, y que considero muy importante: Familia humana, comunidad de paz. De hecho, la primera forma de comuni?n entre las personas es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente para construir juntos una nueva familia. Pero tambi?n los pueblos de la tierra est?n llamados a establecer entre s? relaciones de solidaridad y colaboraci?n, como corresponde a los miembros de la ?nica familia humana: ? Todos los pueblos -dice el Concilio Vaticano II- forman una ?nica comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el g?nero humano sobre la entera faz de la tierra (cf. Hch 17,26); tambi?n tienen un ?nico fin ?ltimo, Dios ?[1].

Familia, sociedad y paz

2. La familia natural, en cuanto comuni?n ?ntima de vida y amor, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer[2], es el ? lugar primario de ??humanizaci?n’’ de la persona y de la sociedad ?[3], la ? cuna de la vida y del amor ?[4]. Con raz?n, pues, se ha calificado a la familia como la primera sociedad natural, ? una instituci?n divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organizaci?n social ?[5].

3. En efecto, en una vida familiar ? sana ? se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la funci?n de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros m?s d?biles, porque son peque?os, ancianos o est?n enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. No ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia. Por tanto, cuando se afirma que la familia es ? la c?lula primera y vital de la sociedad ?[6], se dice algo esencial. La familia es tambi?n fundamento de la sociedad porque permite tener experiencias determinantes de paz. Por consiguiente, la comunidad humana no puede prescindir del servicio que presta la familia. El ser humano en formaci?n, ?d?nde podr?a aprender a gustar mejor el ? sabor ? genuino de la paz sino en el ? nido ? que le prepara la naturaleza? El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a ?l es necesario recurrir siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. En la inflaci?n de lenguajes, la sociedad no puede perder la referencia a esa ? gram?tica ? que todo ni?o aprende de los gestos y miradas de mam? y pap?, antes incluso que de sus palabras.

4. La familia, al tener el deber de educar a sus miembros, es titular de unos derechos espec?ficos. La misma Declaraci?n universal de los derechos humanos, que constituye una conquista de civilizaci?n jur?dica de valor realmente universal, afirma que ? la familia es el n?cleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado ?[7]. Por su parte, la Santa Sede ha querido reconocer una especial dignidad jur?dica a la familia publicando la Carta de los derechos de la familia. En el Pre?mbulo se dice: ? Los derechos de la persona, aunque expresados como derechos del individuo, tienen una dimensi?n fundamentalmente social que halla su expresi?n innata y vital en la familia ?[8]. Los derechos enunciados en la Carta manifiestan y explicitan la ley natural, inscrita en el coraz?n del ser humano y que la raz?n le manifiesta. La negaci?n o restricci?n de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz.

5. Por tanto, quien obstaculiza la instituci?n familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea fr?gil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal ? agencia ? de paz. ?ste es un punto que merece una reflexi?n especial: todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educaci?n de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz. La familia tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad dom?stica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria b?sica para todos. Cuando la sociedad y la pol?tica no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz. Concretamente, los medios de comunicaci?n social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoci?n del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza.

La humanidad es una gran familia

6. La comunidad social, para vivir en paz, est? llamada a inspirarse tambi?n en los valores sobre los que se rige la comunidad familiar. Esto es v?lido tanto para las comunidades locales como nacionales; m?s a?n, es v?lido para la comunidad misma de los pueblos, para la familia humana, que vive en esa casa com?n que es la tierra. Sin embargo, en esta perspectiva no se ha de olvidar que la familia nace del ? s? ? responsable y definitivo de un hombre y de una mujer, y vive del ? s? ? consciente de los hijos que poco a poco van formando parte de ella. Para prosperar, la comunidad familiar necesita el consenso generoso de todos sus miembros. Es preciso que esta toma de conciencia llegue a ser tambi?n una convicci?n compartida por cuantos est?n llamados a formar la com?n familia humana. Hay que saber decir el propio ? s? ? a esta vocaci?n que Dios ha inscrito en nuestra misma naturaleza. No vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas. Por eso es esencial que cada uno se esfuerce en vivir la propia vida con una actitud responsable ante Dios, reconociendo en ?l la fuente de la propia existencia y la de los dem?s. Sobre la base de este principio supremo se puede percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, as?, poner las premisas para la construcci?n de una humanidad pacificada. Sin este fundamento trascendente, la sociedad es s?lo una agrupaci?n de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas, llamados a formar una gran familia.

Familia, comunidad humana y medio ambiente

7. La familia necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Para la familia humana, esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. Hemos de cuidar el medio ambiente: ?ste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano est? por encima de toda la creaci?n. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea m?s importante que el hombre. Quiere decir m?s bien que no se la considera de manera ego?sta, a plena disposici?n de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen tambi?n el derecho a obtener beneficio de la creaci?n, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros. Y tampoco se ha de olvidar a los pobres, excluidos en muchos casos del destino universal de los bienes de la creaci?n. Hoy la humanidad teme por el futuro equilibrio ecol?gico. Ser?a bueno que las valoraciones a este respecto se hicieran con prudencia, en di?logo entre expertos y entendidos, sin apremios ideol?gicos hacia conclusiones apresuradas y, sobre todo, concordando juntos un modelo de desarrollo sostenible, que asegure el bienestar de todos respetando el equilibrio ecol?gico. Si la tutela del medio ambiente tiene sus costes, ?stos han de ser distribuidos con justicia, teniendo en cuenta el desarrollo de los diversos pa?ses y la solidaridad con las futuras generaciones. Prudencia no significa eximirse de las propias responsabilidades y posponer las decisiones; significa m?s bien asumir el compromiso de decidir juntos despu?s de haber ponderado responsablemente la v?a a seguir, con el objetivo de fortalecer esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.

8. A este respecto, es fundamental ? sentir ? la tierra como ? nuestra casa com?n ? y, para ponerla al servicio de todos, adoptar la v?a del di?logo en vez de tomar decisiones unilaterales. Si fuera necesario, se pueden aumentar los ?mbitos institucionales en el plano internacional para afrontar juntos el gobierno de esta ? casa ? nuestra; sin embargo, lo que m?s cuenta es lograr que madure en las conciencias la convicci?n de que es necesario colaborar responsablemente. Los problemas que aparecen en el horizonte son complejos y el tiempo apremia. Para hacer frente a la situaci?n de manera eficaz es preciso actuar de com?n acuerdo. Un ?mbito en el que ser?a particularmente necesario intensificar el di?logo entre las Naciones es el de la gesti?n de los recursos energ?ticos del planeta. A este respecto, se plantea una doble urgencia para los pa?ses tecnol?gicamente avanzados: por un lado, hay que revisar los elevados niveles de consumo debidos al modelo actual de desarrollo y, por otro, predisponer inversiones adecuadas para diversificar las fuentes de energ?a y mejorar la eficiencia energ?tica. Los pa?ses emergentes tienen hambre de energ?a, pero a veces este hambre se sacia a costa de los pa?ses pobres que, por la insuficiencia de sus infraestructuras y tecnolog?a, se ven obligados a malvender los recursos energ?ticos que tienen. A veces, su misma libertad pol?tica queda en entredicho con formas de protectorado o, en todo caso, de condicionamiento que se muestran claramente humillantes.

Familia, comunidad humana y econom?a

9. Una condici?n esencial para la paz en cada familia es que se apoye sobre el s?lido fundamento de valores espirituales y ?ticos compartidos. Pero se ha de a?adir que se tiene una aut?ntica experiencia de paz en la familia cuando a nadie le falta lo necesario, y el patrimonio familiar -fruto del trabajo de unos, del ahorro de otros y de la colaboraci?n activa de todos- se administra correctamente con solidaridad, sin excesos ni despilfarro. Por tanto, para la paz familiar se necesita, por una parte, la apertura a un patrimonio trascendente de valores, pero al mismo tiempo no deja de tener su importancia un sabio cuidado tanto de los bienes materiales como de las relaciones personales. Cuando falta este elemento se deteriora la confianza mutua por las perspectivas inciertas que amenazan el futuro del n?cleo familiar.

10. Una consideraci?n parecida puede hacerse respecto a esa otra gran familia que es la humanidad en su conjunto. Tambi?n la familia humana, hoy m?s unida por el fen?meno de la globalizaci?n, necesita adem?s un fundamento de valores compartidos, una econom?a que responda realmente a las exigencias de un bien com?n de dimensiones planetarias. Desde este punto de vista, la referencia a la familia natural se revela tambi?n singularmente sugestiva. Hay que fomentar relaciones correctas y sinceras entre los individuos y entre los pueblos, que permitan a todos colaborar en plan de igualdad y justicia. Al mismo tiempo, es preciso comprometerse en emplear acertadamente los recursos y en distribuir la riqueza con equidad. En particular, las ayudas que se dan a los pa?ses pobres han de responder a criterios de una sana l?gica econ?mica, evitando derroches que, en definitiva, sirven sobre todo para el mantenimiento de un costoso aparato burocr?tico. Se ha de tener tambi?n debidamente en cuenta la exigencia moral de procurar que la organizaci?n econ?mica no responda s?lo a las leyes implacables de los beneficios inmediatos, que pueden resultar inhumanas.

Familia, comunidad humana y ley moral

11. Una familia vive en paz cuando todos sus miembros se ajustan a una norma com?n: esto es lo que impide el individualismo ego?sta y lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su coexistencia armoniosa y la laboriosidad org?nica. Este criterio, de por s? obvio, vale tambi?n para las comunidades m?s amplias: desde las locales a la nacionales, e incluso a la comunidad internacional. Para alcanzar la paz se necesita una ley com?n, que ayude a la libertad a ser realmente ella misma, en lugar de ciega arbitrariedad, y que proteja al d?bil del abuso del m?s fuerte. En la familia de los pueblos se dan muchos comportamientos arbitrarios, tanto dentro de cada Estado como en las relaciones de los Estados entre s?. Tampoco faltan tantas situaciones en las que el d?bil tiene que doblegarse, no a las exigencias de la justicia, sino a la fuerza bruta de quien tiene m?s recursos que ?l. Hay que reiterarlo: la fuerza ha de estar moderada por la ley, y esto tiene que ocurrir tambi?n en las relaciones entre Estados soberanos.

12. La Iglesia se ha pronunciado muchas veces sobre la naturaleza y la funci?n de la ley: la norma jur?dica que regula las relaciones de las personas entre s?, encauzando los comportamientos externos y previendo tambi?n sanciones para los transgresores, tiene como criterio la norma moral basada en la naturaleza de las cosas. Por lo dem?s, la raz?n humana es capaz de discernirla al menos en sus exigencias fundamentales, llegando as? hasta la Raz?n creadora de Dios que es el origen de todas las cosas. Esta norma moral debe regular las opciones de la conciencia y guiar todo el comportamiento del ser humano. ?Existen normas jur?dicas para las relaciones entre las Naciones que componen la familia humana? Y si existen, ?son eficaces? La respuesta es s?; las normas existen, pero para lograr que sean verdaderamente eficaces es preciso remontarse a la norma moral natural como base de la norma jur?dica, de lo contrario ?sta queda a merced de consensos fr?giles y provisionales.

13. El conocimiento de la norma moral natural no es imposible para el hombre que entra en s? mismo y, situ?ndose frente a su propio destino, se interroga sobre la l?gica interna de las inclinaciones m?s profundas que hay en su ser. Aunque sea con perplejidades e incertidumbres, puede llegar a descubrir, al menos en sus l?neas esenciales, esta ley moral com?n que, por encima de las diferencias culturales, permite que los seres humanos se entiendan entre ellos sobre los aspectos m?s importantes del bien y del mal, de lo que es justo o injusto. Es indispensable remontarse hasta esta ley fundamental empleando en esta b?squeda nuestras mejores energ?as intelectuales, sin dejarnos desanimar por los equ?vocos o las tergiversaciones. De hecho, los valores contenidos en la ley natural est?n presentes, aunque de manera fragmentada y no siempre coherente, en los acuerdos internacionales, en las formas de autoridad reconocidas universalmente, en los principios del derecho humanitario recogido en las legislaciones de cada Estado o en los estatutos de los Organismos internacionales. La humanidad no est? ? sin ley ?. Sin embargo, es urgente continuar el di?logo sobre estos temas, favoreciendo tambi?n la convergencia de las legislaciones de cada Estado hacia el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales. El crecimiento de la cultura jur?dica en el mundo depende adem?s del esfuerzo por dar siempre consistencia a las normas internacionales con un contenido profundamente humano, evitando rebajarlas a meros procedimientos que se pueden eludir f?cilmente por motivos ego?stas o ideol?gicos.

Superaci?n de los conflictos y desarme

14. La humanidad sufre hoy, lamentablemente, grandes divisiones y fuertes conflictos que arrojan densas nubes sobre su futuro. Vastas regiones del planeta est?n envueltas en tensiones crecientes, mientras que el peligro de que aumenten los pa?ses con armas nucleares suscita en toda persona responsable una fundada preocupaci?n. En el Continente africano, a pesar de que numerosos pa?ses han progresado en el camino de la libertad y de la democracia, quedan todav?a muchas guerras civiles. El Medio Oriente sigue siendo a?n escenario de conflictos y atentados, que influyen tambi?n en Naciones y regiones lim?trofes, con el riesgo de quedar atrapadas en la espiral de la violencia. En un plano m?s general, se debe hacer notar, con pesar, un aumento del n?mero de Estados implicados en la carrera de armamentos: incluso Naciones en v?as de desarrollo destinan una parte importante de su escaso producto interior para comprar armas. Las responsabilidades en este funesto comercio son muchas: est?n, por un lado, los pa?ses del mundo industrialmente desarrollado que obtienen importantes beneficios por la venta de armas y, por otro, est?n tambi?n las oligarqu?as dominantes en tantos pa?ses pobres que quieren reforzar su situaci?n mediante la compra de armas cada vez m?s sofisticadas. En tiempos tan dif?ciles, es verdaderamente necesaria una movilizaci?n de todas las personas de buena voluntad para llegar a acuerdos concretos con vistas a una eficaz desmilitarizaci?n, sobre todo en el campo de las armas nucleares. En esta fase en la que el proceso de no proliferaci?n nuclear est? estancado, siento el deber de exhortar a las Autoridades a que reanuden las negociaciones con una determinaci?n m?s firme de cara al desmantelamiento progresivo y concordado de las armas nucleares existentes. Soy consciente de que al renovar esta llamada me hago int?rprete del deseo de cuantos comparten la preocupaci?n por el futuro de la humanidad.

15. Hace ahora sesenta a?os, la Organizaci?n de las Naciones Unidas hac?a p?blica de modo solemne la Declaraci?n universal de los derechos humanos (1948-2008). Con aquel documento la familia humana reaccionaba ante los horrores de la Segunda Guerra Mundial, reconociendo la propia unidad basada en la igual dignidad de todos los hombres y poniendo en el centro de la convivencia humana el respeto de los derechos fundamentales de los individuos y de los pueblos: fue un paso decisivo en el camino dif?cil y laborioso hacia la concordia y la paz. Una menci?n especial merece tambi?n la celebraci?n del 25 aniversario de la adopci?n por parte de la Santa Sede de la Carta de los derechos de la familia (1983-2008), as? como el 40 aniversario de la celebraci?n de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008). La celebraci?n de esta Jornada, fruto de una intuici?n providencial del Papa Pablo VI, y retomada con gran convicci?n por mi amado y venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, ha ofrecido a la Iglesia a lo largo de los a?os la oportunidad de desarrollar, a trav?s de los Mensajes publicados con ese motivo, una doctrina orientadora en favor de este bien humano fundamental. Precisamente a la luz de estas significativas efem?rides, invito a todos los hombres y mujeres a que tomen una conciencia m?s clara sobre la com?n pertenencia a la ?nica familia humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez m?s esta convicci?n, de la cual depende la instauraci?n de una paz verdadera y duradera. Invito tambi?n a los creyentes a implorar a Dios sin cesar el gran don de la paz. Los cristianos, por su parte, saben que pueden confiar en la intercesi?n de la que, siendo la Madre del Hijo de Dios que se hizo carne para la salvaci?n de toda la humanidad, es Madre de todos.

Deseo a todos un feliz A?o nuevo.

Vaticano, 8 de diciembre de 2007.

Notas


[1] Decl. Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 1.

[2] Cf. Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 48.

[3] Juan Pablo II, Exhort. ap. Christifideles laici, 40: AAS 81 (1989) 469.

[4] Ib?d.

[5] Cons. Pont. Justicia y Paz, Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 211.

[6] Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 11.

[7] Art. 16/ 3.

[8] Cons. Pont. para la Familia, Carta de los derechos de la familia, 24 noviembre 1983, Pre?mbulo, A.


Publicado por mario.web @ 14:15
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