Domingo, 27 de marzo de 2011
El Compendio de la Doctrina social de la Iglesia dentro del contexto social y eclesial de Am?rica
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El Compendio de la Doctrina Social y las Am?ricas
El Compendio de la Doctrina Social y las Am?ricas
M?XICO, D.F., 21 de noviembre de 2005.


?La Iglesia, ya a las puertas del tercer milenio cristiano y en unos tiempos en que han ca?do muchas barreras y fronteras ideol?gicas, siente como un deber ineludible unir espiritualmente a?n m?s a todos los pueblos que forman este gran Continente y, a la vez, desde la misi?n religiosa que le es propia, impulsar un esp?ritu solidario entre todos ellos..."

Este pasaje del discurso de Juan Pablo II durante la inauguraci?n de la 4a. Conferencia general del episcopado latinoamericano en Santo Domingo, expresa bien el sentido del evento que nos convoca en M?xico, al rededor del Compendio de la doctrina social de la Iglesia2. Dentro de su di?logo con el mundo contempor?neo, a cuarenta anos del Concilio Vaticano segundo, la Iglesia Cat?lica siente m?s que nunca la urgencia de la unidad y de la solidaridad. Desde los S?nodos continentales, incluido aquel que en 1997, tuvo por objeto a la Am?rica, la Iglesia Cat?lica toma a?n m?s conciencia de su deber de aportar al mundo el evangelio de Cristo as? como de ense?ar "...un humanismo integral y solidario, que pueda animar un nuevo orden social, econ?mico y pol?tico, fundado sobre la dignidad y la libertad de toda persona humana, que se act?a en la paz, la justicia y la solidaridad" (C 19).

La publicaci?n de Compendio de la doctrina social de la Iglesia es una etapa importante para la difusi?n de este humanismo integral con fundamento en Cristo. Este Compendio facilita el acceso a una doctrina ampliamente meditada en relaci?n con sus fundamentos y profundamente actual gracias a las respuestas que ofrece a los retos que impone la situaci?n vigente de la humanidad en proceso acelerado de globalizaci?n.

Este Compendio no aporta nuevos elementos dentro de la ense?anza social de la Iglesia, la cual se ha enriquecido progresivamente a partir de la publicaci?n de la enc?clica Rerum Novarum en 1891. Sin embargo, al presentar los diversos aspectos de esta ense?anza de una manera sistem?tica, el Compendio nos conduce necesariamente a una comprensi?n m?s profunda de la l?gica interna y de la importancia de la misma.

En efecto, los diversos textos donde la ense?anza social de la Iglesia Cat?lica ha sido expresada han sido redactados para aclarar algunas situaciones precisas y algunas circunstancias particulares y por ello, no siempre ofrec?an la posibilidad de exponer los fundamentos de las decisiones del Magisterio. El Compendio ofrece una visi?n de conjunto sint?tica que permite comprender mejor y profundizar dichos fundamentos.


Am?rica atraviesa actualmente una coyuntura favorable para la recepci?n de la ense?aza social de la Iglesia, as? como para su promoci?n en todo el planeta, a pesar de la influencia dominante del sistema conocido como el "neo liberalismo" (EA 56). Pensemos por un solo momento en la concentraci?n excepcional de la poblaci?n cat?lica en su territorio, en su liderazgo mundial en el plano econ?mico y pol?tico, en la ca?da ideol?gica del comunismo y en las nuevas posibilidades de desarrollo de una din?mica mas constructiva y solidaria entre el Norte y el Sur del continente.

Pero el aprovechar este ?momentum? como es debido, depender? de la manera de afrontar los desaf?os actuales que el Compendio enumera: "El primero de estos desaf?os, es el de la verdad misma de ser-hombre. El l?mite y la relaci?n entre naturaleza, t?cnica y moral son cuestiones que interpelan fuertemente la responsabilidad personal y colectiva en relaci?n a los comportamientos que se deben adoptar respecto a lo que el hombre es, a lo que puede hacer y lo que debe ser. Un segundo desaf?o es el que presenta la comprensi?n y la gesti?n del pluralismo y de las diferencias en todos los ?mbitos: de pensamiento, de opci?n moral, de cultura, de adhesi?n religiosa, de filosof?a del desarrollo humano y social.. El tercer desaf?o es la globalizaci?n, que tiene un significado m?s amplio y m?s profundo que simplemente econ?mico, porque la historia se ha abierto una nueva ?poca, que ata?e al destino de la humanidad"(C 16).

Creemos que Am?rica es capaz de afrontar esos desaf?os si decide acoger con mayor profundidad la novedad permanente de la revelaci?n cristiana con sus implicaciones sociales y si decide aprender, con la ayuda de la Iglesia, a orientar su din?mica social interna y su influencia planetaria en funci?n de una globalizaci?n de la solidaridad (EA 55). El Compendio puede ayudar en tal empresa, como un ?til de referencia dentro de las instituciones de formaci?n cristiana y apost?lica. Ofrecemos aqu? muy brevemente algunos elementos esenciales de su contenido, seguidos de indicaciones sociol?gicas sumarias que delimitan el marco y la urgencia de su recepci?n de cara a la nueva evangelizaci?n en Am?rica.

l. Visi?n sint?tica de algunos elementos esenciales del Compendio

A. El fundamento trinitario

El Compendio inicia su primer cap?tulo con una exposici?n sint?tica del Designio del amor de Dios por la humanidad, que reposa sobre la revelaci?n del amor trinitario en Jesucristo: "El amor gratuito de Dios por la humanidad se revela, ante todo, como amor originario del Pare de quien todo proviene; como comunicaci?n gratuita que el Hijo hace de este amor, volvi?ndose a entregar al Padre y entreg?ndose a los hombres"(cf. Rm 5,5) (C 31).

"Por las palabras, las obras, y de manera plena y definitiva, por su muerte y su resurrecci?n5, Jesucristo revela a la humanidad que Dios es Padre y que nosotros estamos llamados por la gracia a convertirnos en sus hijos en el Esp?ritu (Rm 8, 15; Ga 4, 6), en consecuencia, hermanos y hermanas entre nosotros. Esta es la raz?n por la cual la Iglesia cree firmemente que "la clave, el centro y el fin de toda historia humana se encuentra en su Se?or y Maestro".

Pero se debe agregar que en sus relaciones con los humanos, Dios ha escogido libremente vividas por amor bajo el signo de la vulnerabilidad, por medio de la encarnaci?n y la crucifixi?n de Jes?s quien "siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes" (II Cor 8,9). El Padre y el Esp?ritu Santo est?n involucrados en la muerte del Hijo, esta muerte es el signo del compromiso de las tres personas divinas que se solidarizan con la vulnerabilidad, el sufrimiento y la pobreza de los seres humanos. El llamado del Papa Juan Pablo II al comienzo del tercer milenio, a ?recomenzar desde Cristo?, toma aqu? plena importancia y significa una nuevo modo de arraigarse en el misterio del Amor trinitario. La Eucarist?a pertenece esencialmente a este nuevo comienzo desde Cristo. Hay que reconocer la pobreza del Compendio a este respecto y la necesidad de completarlo eventualmente. Basta una ojeada al ?ndice para darse cuenta.

Cada una de nuestras celebraciones eucar?sticas nos une al misterio trinitario de amor de Dios que se nos entrega y que nos compromete a hacer de nosotros mismos los artesanos de la paz y de la comuni?n. El ?ltimo s?nodo de Obispos lo ha reafirmado con ah?nco y el pr?ximo Congreso eucar?stico internacional que ser? celebrado en Qu?bec en 2008 tendr? justamente como ?La Eucarist?a, don de Dios para la vida del mundo ?. Este don eucar?stico del amor trinitario nos incita y nos habilita para acoger este Don de Dios y para convertimos su imagen y semejanza, en don de amor de los unos por los otros.

B) La dimensi?n antropol?gica
: devenir hijos e hijas de Dios en la verdad del amor" EI mandamiento del amor mutuo, que constituye la ley de vida del pueblo de Dios, debe inspirar, purificar y elevar todas las relaciones humanas dentro de la vida social y pol?tica: "Humanidad significa llamado a la comunicaci?n interpersonal", porque la imagen y semejanza de Dios trino son la ra?z de "todo el ethos humano... cuyo v?rtice es el mandamiento del amor.

El Compendio sit?a as? toda la doctrina social de la Iglesia y el modelo de la unidad que ella propone a la humanidad a la luz de aquello que se podr?a llamar la antropolog?a trinitaria: "El moderno fen?meno cultural, social, econ?mico y pol?tico de la interdependencia, que intensifica y hace particularmente evidentes los v?nculos que unen la familia humana, pone de relieve una vez m?s, a la luz de la Revelaci?n, "un nuevo modelo de unidad del g?nero humano, en el cual debe inspirarse en ?ltima instancia la solidaridad. Este supremo modelo de unidad, reflejo de la vida intima de Dios, Uno en tres personas, es 10 que los cristianos expresamos con la palabracomuni?n. (C 33).

Toda la reflexi?n subsiguiente acerca de la persona humana ? imago Dei? (C 108-123), acerca de sus m?ltiples perfiles (C 124-151) y acerca de sus derechos inalienables (C 152-159) remite a la fuente ultima de esta"comuni?n". Igualmente, el primer cap?tulo de la segunda parte, muy extenso, sobre la familia como c?lula vital de la sociedad (C 209-254). Sin embargo, hubiera podido estar m?s expl?citamente unido a la antropolog?a trinitaria de Juan Pablo II, en particular a la luz de Familiaris Consortio, de Mulieris Dignitatem et de la Carta a las Familia. A pesar de ello, esta secci?n responde bien a la confusi?n ?tica y a la crisis antropol?gica que se manifiestan en el crecimiento de la homosexualidad y en las nuevas legislaciones sobre el matrimonio (C 215-245).

En fin, en esta antropolog?a de la comuni?n se encuentra el fundamento m?s profundo de la opci?n preferencial por los pobres (C 164-184) que no es "facultativa", sino m?s bien parte integrante de nuestra identidad cristiana. Esta opci?n adquiere una importancia capital en una Am?rica en la cual los pobres se cuentan a?n en centenas de millones. Es solamente el recordar en la fe cual Dios nos ha creado y cual la vida que ?l nos ha ofrecido, que nos puede ayudar a promover una solidaridad verdadera entre el Norte y el Sur del continente (C370 - 374).

Adem?s, como lo subraya el Compendio en el n?mero 52, f citando la Ep?stola a los Galatas (3,8) as? como Gaudium et Spes (11) y Octagesima Adveniens (37)J la redenci?n de Cristo se desarrolla y realiza progresivamente a trav?s de la historia y viene a rescatar no solamente cada persona individual sino tambi?n las relaciones sociales entre los seres humanos. Es imposible amar al pr?jimo y perseverar en esta v?a sin la firme decisi?n de trabajar por el bien de todos y de cada uno, porque nosotros somos responsables los unos de los otros (C 43). La b?squeda de rendimientos econ?micos y la sed de poder son dos de los obst?culos los m?s frecuentes para este compromiso por el bien com?n (C 115-119).

Concluimos este aparte subrayando el nexo entre la promoci?n humana y la evangelizaci?n, siguiendo al papa Pablo VI en su enc?clica Evangelii nuntiandi (29 et 31): al predicar su ense?anza social, la Iglesia cumple una parte de su misi?n de evangelizaci?n, ya que el anuncio del Evangelio busca no solamente convertir el coraz?n de los individuos sino tambi?n transformar las relaciones entre los seres humanos y entre los pueblos (C 66).

Si en todos nuestros pa?ses de Am?rica nosotros estamos confrontados, por diversas razones, a una nueva evangelizaci?n, esta evangelizaci?n no podr? prescindir de un compromiso resuelto por la justicia social y por la solidaridad entre los pueblos. Perm?tanos subrayar de paso que los misioneros de mi pa?s, Canad?, quienes comparten la vida de los pueblos de Am?rica Central y de Am?rica del Sur, han ligado siempre estrechamente la predicaci?n del Evangelio y el soporte del desarrollo social. Me atrevo a a?adir que los misioneros del Sur, cada vez mas numerosos, que van hacia el Norte, llevan igualmente consigo una conciencia social inseparable de la evangelizaci?n.

C. Los cuatro principios b?sicos de la ense?anza social de la Iglesia

A partir de esta visi?n extensa y profunda de Dios y de la vida de amor que ?l nos entrega y comparte, el Compendio recuerda como la ense?anza social de la Iglesia se articula sobre cuatro principios b?sicos que precisan ser enunciados:

1) La dignidad indestructible de la persona humana, de toda persona, de todo pueblo. La persona es siempre un fin y no un medio que se pueda manipular (C 124ss) por razones econ?micas o pol?ticas. Esta dignidad es la misma para todos los individuos y para todos los pueblos.

2) El deber de las personas y de los gobernantes es el de buscar el bien com?n. Este bien com?n implica que se reconoce el destino universal de todos los bienes de la tierra. Ciertamente cada persona tiene derecho a la propiedad privada de esos bienes, pero a esta propiedad viene atada, seg?n la expresi?n de Juan Pablo Il, una "hipoteca social" (Sollicitudo rei socialis, 42). Nosotros no podemos replegamos sobre la posesi?n tranquila de nuestras riquezas olvidando los hermanos y hermanas que nos rodean y que no tienen lo necesario para vivir una vida plenamente humana(C 164-184).

3) El principio de subsidiaridad que exige que el Estado no debe restringir la formaci?n de grupos y de asociaciones que constituyen la sociedad civil, sino que por el contrario, debe favorecer su existencia y las responsabilidades que les son propias(C 185-189). Este principio supone una actitud positiva de ayuda y respeto de parte del Estado; no sustituye los grupos y organismos de la sociedad civil aun cuando debe ejercer cierta funci?n de suplencia (C 187-188).

4) El principio de solidaridad como virtud propia de la vida social, que se ha convertido en algo esencial por la interdependencia de los individuos y de los pueblos. Esta virtud de la vida social ha. sido llamada con diversos nombres por los papas a trav?s de la historia y fue finalmente consagrada con el t?rmino "solidaridad", al que Juan Pablo II otorg? t?tulos de nobleza (C 192-196).



II. El contexto social de Am?rica, lugar en el cual estamos convocados a poner en pr?ctica estas ense?anzas.

Es preciso recordar que el papa Juan Pablo II tom? una opci?n razonada al convocar un s?nodo de obispos de toda la Am?rica y al escribir una exhortaci?n apost?lica que utiliza la palabra "Am?rica" en singular. Citamos a continuaci?n: ?...la elecci?n de utilizar la palabra en singular deseaba expresar no solamente la unidad ya existente bajo ciertos aspectos sino tambi?n el nexo m?s estrecho al cual aspiran los pueblos del continente y que la Iglesia quiere fortalecer dentro del marco de su misi?n, lo cual tiende a promover la comuni?n de todos en el Se?or? (EA 5). Am?rica es ahora el continente que cuenta con el mas alto n?mero de bautizados cat?licos y ese n?mero deber?a continuar aumentando r?pidamente. Existe en consecuencia un llamado particular y la responsabilidad de poner en pr?ctica, sobre nuestro propio territorio, el Evangelio del amor y de la solidaridad al cual nosotros nos adherimos.

De hecho, en el plano sociol?gico, se tiene a?n la tentaci?n de hablar siempre de "las Am?ricas". Se ve en la manera diversa como se divide a la Am?rica de un autor a otro. Canad? y Estados Unidos versus Am?rica Latina en algunos. Am?rica del Norte versus Am?rica Central y versus Am?rica del Sur en otros.

Es innegable que los diferentes tratados comerciales y de libre comercio contribuyen a una integraci?n de intercambios econ?micos que tiene repercusiones sociales y culturales. Acuerdo de Libre Comercio Norte Americano (TLCN), la ?rea de Libre Comercio de las Am?ricas (ALCA) en negociaci?n, MERCO SUR y otros... Globalmente, estos tratados han estimulado los intercambios comerciales y aumentado la prosperidad econ?mica de los pa?ses miembros.

Sin embargo, los lazos "que la Iglesia quiere fortalecer" son mucho m?s profundos que los econ?micos. Ellos se refieren m?s que todo a la ayuda mutua y a la solidaridad.


De hecho, es un verdadero desaf?o que el papa propone a los dos pa?ses ricos del norte, siempre tentados a replegarse sobre su confort o a preocuparse solamente de sus propios problemas sociales, bien reales pero relativos si se considera el conjunto del continente. El desastre reciente de la Nueva Orleans ha mostrado de manera cruda que la pobreza existe a?n en los Estados Unidos; aquella de Canad?, menos visible, es as? mismo real. Sin embargo, la lucha contra la pobreza interna no deber?a distraer a estos dos pa?ses de su deber de solidaridad con los pa?ses vecinos.

Para aclarar mejor las exigencias de esta solidaridad, resaltamos los datos siguientes:

El crecimiento demogr?fico contin?a siendo m?s intenso en Am?rica Latina (1.41 por a?o de 2000 a 2005, con una proyecci?n de 1.25% de 2005 a 2006) que en Canad? y en los Estados Unidos (1 % de 2000 a 2005, con una proyecci?n de 0.94% de 2005 a 2010). No es sorprendente entonces que el 30.9% de la poblaci?n de Am?rica Latina tenga menos de 15 a?os, mientras que el porcentaje es de 21.2% en Canad? y en los Estados Unidos.
La presi?n demogr?fica continua entonces siendo aguda en los pa?ses del sur, acompa?ada de una migraci?n continua hacia las grandes ciudades, aquello que produce las metr?polis entre las m?s pobladas del mundo (Sao Pablo, R?o e Janeiro, M?xico, Lima, Bogot?) en las cuales dicho crecimiento demogr?fico no estaba planeado (EA 21). En estas ciudades los barrios pobres son inmensos.

El decenio 1990 - 2000 ha visto el fin de muchos reg?menes autoritarios en Am?rica Latina. Por ello, una democracia formal se ha ya instalado en la gran mayor?a del Continente. Como consecuencia de lo anterior, se ha notado una mejor?a en el respeto de los derechos humanos despu?s de periodos de guerrilla, de represi?n y de cuasi guerra civil en ciertos pa?ses (EA 19). De ello, debemos indudablemente regocijamos.

Esto no quiere decir sin embargo, que esta democracia se traduzca r?pidamente en una reducci?n de las desigualdades sociales. Mientras que una persona no tenga respuesta a sus necesidades esenciales, el ejercicio de la libertad y la elecci?n democr?tica de los dirigentes contin?a siendo fr?gil.

Ciertamente, de manera general, la riqueza producida en determinados pa?ses ha aumentado considerablemente, pero como est? repartida esta riqueza entre la poblaci?n? Las cifras del "producto interno bruto" son un indicador com?nmente empleado para medir la riqueza producida por una naci?n. Fi?ndose ?nicamente de esta cifra, se puede afirmar que pa?ses como Brasil y M?xico son ahora unos jugadores econ?micos importantes del continente y del planeta. Pero estas cifras no nos dicen nada acerca de la repartici?n de la riqueza entre la poblaci?n. Los observadores concuerdan en decir que las diferencias sociales no han disminuido en la mayor?a de los pa?ses.

En todos los pa?ses, la poblaci?n aut?ctona (frecuentemente llamada "ind?gena") vive en condiciones socio?-econ?micas dificiles y debe luchar por un reconocimiento de sus derechos. Este es tambi?n el caso de la poblaci?n de origen africano, numerosa en ciertos pa?ses. En este dominio, la Iglesia Cat?lica, a pesar de los diversos atropellos del pasado...ha hecho reales esfuerzos por la reconciliaci?n y la sanaci?n. Ella desea solidarizarse con estos grupos particularmente fr?giles (EA 64).

La pobreza y la esperanza de una vida mejor siguen siendo las mejores razones por las cuales, cada a?o, millones de latinoamericanos intentan entrar clandestinamente a los Estados Unidos. Regularmente arrestados y rechazados, estos inmigrante s intentan de nuevo, en la primera ocasi?n, atravesar la frontera. Aquello nos recuerda que los tratados entre las naciones buscan la libre circulaci?n de bienes, pero a?n estamos lejos de la libre circulaci?n de las personas!! La poblaci?n hispana de los Estados Unidos, con o sin estatus legal, sobrepasa ahora los 25 millones. Este hecho cambia profundamente la cara de la sociedad norteamericana...y de la Iglesia.

Ecclesia in America resalta algunos problemas adicionales que afligen una buena parte de los pa?ses de la Am?rica: el peso de la deuda externa que impide invertir recursos en el desarrollo (22 et 59) as? como la corrupci?n expandida y el comercio de la droga (23-24 et 60-61). Sobre la primera cuesti?n, las intervenciones repetidas del papa y de diversos grupos influyentes condujeron a un perd?n parcial de la deuda de ciertos pa?ses, pero a?n falta mucho camino por recorrer.

Durante el curso de los ?ltimos decenios, la ense?anza social de la Iglesia ha reflexionado frecuentemente acerca de los desaf?os particulares propuestos por la globalizaci?n de los intercambios entre los pueblos, intercambios comerciales ante todo, pero que tienen necesariamente efectos sobre las mentalidades, las culturas y las pol?ticas sociales. El juicio efectuado sobre este fen?meno es matizado, puesto que se reconocen sus efectos positivos sobre el crecimiento econ?mico y sobre la interdependencia de las naciones. Sin embargo, la globalizaci?n comporta tambi?n riesgos como la p?rdida de soberan?a real, la toma de decisiones ?nicamente en t?rminos econ?micos y burocr?ticos y ?ltimamente, la ampliaci?n de la brecha entre los ricos y los pobres.

Am?rica est? en el coraz?n de este proceso, con sus efectos positivos y negativos. Los cristianos deben ser cuidadosos y aportar su reflexi?n, su toma de posici?n y su influencia. La cuesti?n fundamental es aquella ya mencionada: guardar la persona humana concreta en el centro de las decisiones que favorecen el bien com?n de todos y no simplemente el enriquecimiento de una minor?a. Los cristianos convencidos que tienen puestos de responsabilidad pol?tica y econ?mica pueden jugar un rol importante dentro de esas cuestiones. Este es por dem?s, un aspecto particularmente significativo del compromiso de los laicos en el mundo.


III. El contexto eclesial de la nueva evangelizaci?n

Am?rica se ha convertido en el continente donde el n?mero de cat?licos es el m?s grande; en consecuencia, es muy probable que los miembros de nuestra Iglesia, en particular los j?venes, tendr?n una influencia creciente sobre el perfil del catolicismo frente al mundo contempor?neo. C?al ser? la figura del catolicismo en Am?rica? La imagen de los cat?licos ser? entonces la de personas vibrantes de fe en Dios encarnado, implicadas en comunidades vivas, comprometidas por la justicia social y concientes de dar testimonio a Cristo resucitado? La publicaci?n del Compendio confiere una nueva urgencia y actualidad a esta cuesti?n, as? como la conclusi?n del reciente S?nodo de Obispos acerca de la Eucarist?a, fuente y v?rtice de la vida y de la misi?n de la Iglesia.

La palabra clave para describir la misi?n de la Iglesia en Am?rica es aquella de la nueva evangelizaci?n como ha repetido con frecuencia el papa Juan Pablo II. Nuestras iglesias locales, de la cuales muchas tienen m?s de 400 a?os de existencia, poseen una rica tradici?n de fe y de obras de educaci?n, de salud y de asistencia social. Solo una observaci?n sesgada enfatizar?a las deficiencias de esas obras y olvidar?a que sirvieron para construir no solamente las comunidades eclesiales sino tambi?n la sociedad civil de nuestros pa?ses (EA 18, 70-71).

Por tanto, se siente la necesidad de ?recomenzar desde Cristo? o ?volver a fundarse en Cristo?, de tomar a?n m?s conciencia de la identidad cat?lica, que no consiste en un vago sentimiento religioso, ni en la relaci?n con un Dios lejano al cual se le reza ocasionalmente, sino en una vida de disc?pulo, dirigida vitalmente hacia su Maestro y centrada especialmente en la Eucarist?a que hace a la Iglesia.

El florecimiento de sectas de or?gen cristiano o relacionadas con un nuevo paganismo, sobretodo en Am?rica Latina pero tambi?n en Canad? y en Estados Unidos, plantea un grave problema. A pesar de los reproches que les podemos hacer, se debe reconocer que estas sectas atraen por ciertas caracter?sticas que nosotros deber?amos encontrar en nuestras comunidades cristianas: intensidad de la vida fraternal, expresi?n muy visible de la fe, cuidado de responder a las necesidades concretas de las personas. Nada de esto es extra?o al catolicismo pero nos hemos dejado quiz?s debilitar algunas de estas caracter?sticas.

Con seguridad, hay aspectos en los cuales no debemos entrar a competir con las sectas, por ejemplo una agresividad por convertir las personas que asemeja a veces a un "lavado de cerebro" con poco respeto de la libertad. Pero en aquello que concierne a la justicia, a la caridad, a la fidelidad al Evangelio, nosotros estamos llamados a la conversi?n permanente como la mejor manera de conservar la uni?n de los fieles con nuestras parroquias y con nuestras comunidades cat?licas.


C o n c l u s i ? n

El mensaje social del Compendio, parte integrante de la nueva evangelizaci?n

Se concluye claramente del Compendio de la Doctrina social de la Iglesia que la ense?anza social de la Iglesia tiene sus ra?ces en una visi?n muy profunda del misterio de Dios y del hombre que aclara la situaci?n actual y la vocaci?n misionera de Am?rica. La antropolog?a cristiana de l?imago Dei devela el fundamento ?ltimo de la dignidad de la persona humana y de sus relaciones constitutivas, familiares y sociales. Ella aporta una luz liberadora a la cultura vigente en Am?rica, marcada por el individualismo, el relativismo y la violencia.

Esta visi?n antropol?gica ayuda a comprender el porqu? y el c?mo poner en marcha la nueva evangelizaci?n junto a la promoci?n de la doctrina social de la Iglesia. Estas dos dimensiones de la evangelizaci?n son inseparables y pertenecen a la misi?n esencial de la Iglesia en el alba del tercer milenio. Ellas pueden y deben tener un impacto decisivo para la salvaguarda de la verdad del hombre y para el futuro del planeta.

Es entonces no solamente deseable sino necesario que esta ense?anza se comunique y se reciba mejor dentro de las escuelas, las universidades, los seminarios y en todo aquel lugar en el cual los cristianos se forman y se preparan para un apostolado religioso o laico. En efecto entre mejor conozcamos al Dios de Jesucristo y a la antropolog?a trinitaria que emana de la revelaci?n, tanto mejor ser? el compromiso de los cristianos en construir un mundo justo y solidario y tanto m?s evidente parecer? a 10 ojos del mundo la grandeza del ser humano y la exigencia del respeto a la vida, a la persona y a la familia, dentro de un proyecto de civilizaci?n fundado sobre el amor, la libertad y la solidaridad.

Publicado por mario.web @ 14:18
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