Domingo, 27 de marzo de 2011
S?ntesis de espiritualidad cat?lica con relaci?n al trabajo y la caridad.
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El crecimiento en la caridad IV: El trabajo
El crecimiento en la caridad IV: El trabajo
4? PARTE

El crecimiento en la caridad IV

4. El trabajo


AA.VV., Spiritualit? del lavoro nella catechesi dei Padri del III-IV secolo, Roma, LAS 1986; J. M. Aubert, Humanisme du travail et foi chr?tienne, ?La Vie spirituelle?, Supplement (1981) 231-255; G. Campanini, Introduzione a un?etica cristiana del lavoro, ?Riv. di Teologia Morale? 3 (1971) 357-396; P. Chauchard, Travail et loisirs, Tours, Mame 1968; M. D. Chenu, Spiritualit? du travail, Par?s 1941; Hacia una teolog?a del t., Barcelona, Estela 1960; J. Daloz, Le t. selon S. J. Crisostome, Par?s, Lethielleux 1959; J. L. Illanes, La santificaci?n del trabajo, Madrid, Palabra 1980,7? ed.; H. Rondet, El?ments pour une th?ologie du t., ?Nouv. Rev. Th?ologique? 77 (1955) 27-48,123-143; J. Todol?, Filosof?a del t., Madrid, Inst. Le?n XIII 1954; Teolog?a del t., ?Rev. Espa?ola de Teolog?a? 12 (1952) 559-579; C. V. Truhlar, Labor christianus, Madrid, Raz?n y Fe-Fax 1963.

V?ase tambi?n Juan Pablo II, enc. Laborem exercens 14-IX-1981: DP 1981,170.

En la creaci?n ambivalente

El pesimismo metaf?sico sobre las criaturas, tan frecuente en el mundo antiguo, es ajeno a la tradici?n b?blica. Por eso el cristiano por el trabajo se adentra sin miedo alguno en la maravillosa creaci?n de Dios, como un ni?o entra en la casa o en el huerto de su padre. El Se?or ?es cari?oso con todas sus criaturas? (Sal 144,9); ??l mismo es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas; en ?l vivimos y nos movemos y existimos? (Hch 17,25. 28). Trabajar en el mundo es colaborar con el Dios que constantemente lo cultiva y desarrolla, es cuidar con Dios de unas criaturas que El mismo declar? ser ?muy buenas? (G?n 1,31).

El trabajo es una bendici?n, un poder, un impulso originario, una misi?n que Dios le dio al hombre para que dominara sobre todas las criaturas de la tierra (28,30). Es el Se?or quien hace al hombre se?or de la creaci?n, someti?ndola toda bajo sus pies (Sal 8,7).

Ahora bien, la misma Revelaci?n que nos manifiesta el trabajo humano en toda su grandeza, nos da a conocer el pecado del hombre, y la maldici?n de la tierra y el trabajo: ?Por ti ser? maldita la tierra, con trabajo comer?s de ella todo el tiempo de tu vida, te dar? espinas y abrojos, con el sudor de tu rostro comer?s el pan? (G?n 3,17-19).

Por eso hoy el trabajo es bendito y maldito, es para el hombre un gozo y una penosa servidumbre, en ?l afirma su grandeza primera y por ?l se aplica al mundo creado, que est? ahora sujeto ?a la servidumbre de la corrupci?n? (Rm 8,21-22). El trabajo y todo lo creado es ahora ambiguo. Como dice el concilio Vaticano II, ?los diferentes bienes de este mundo est?n marcados al mismo tiempo con el pecado del hombre y la bendici?n de Dios? (AG 8).

Visi?n mundana del trabajo

Penalidad, rentabilidad y materialidad son rasgos dominantes en la visi?n mundana del trabajo, que ve m?s en ?ste la maldici?n que la bendici?n. Dif?cilmente se considera como trabajo la actividad realizada con gusto y afici?n (no-penosa), sin retribuci?n econ?mica (no-pagada), y que produce bienes espirituales (no-materiales).

Penalidad. -En muchas utop?as, tambi?n en la de Moro, un ideal social es la reducci?n extrema de los horarios laborales. Cuanto menos se trabaje, mejor. La misma etimolog?a refuerza y expresa esta concepci?n: trabajo signific? primero sufrimiento, y design? despu?s la actividad laboral. Tripalium, la palabra latina de donde procede, significaba un instrumento de tortura compuesto por tres palos. Tambi?n en otras lenguas una misma palabra significa sufrimiento y trabajo: en griego ponosou; en franc?s travail (?tre en travail equivale a estar de parto, acepci?n tambi?n existente en el labour ingl?s).

Rentabilidad. -Este aspecto es a?n m?s definitivo en el concepto humano del trabajo. Un ama de casa no trabaja, puesto que no le pagan. Una empleada de hogar, que hace lo mismo, trabaja, puesto que le pagan -y adem?s porque se supone que esa labor es m?s penosa para la empleada que para el ama-. Van Gogh, por m?s que se dedic? con toda su alma a pintar cuadros, era un fain?ant, pues no vendi? ninguno -bueno, s?lo uno-, y adem?s hac?a lo que le gustaba. Su hermano, el vendedor de cuadros que le manten?a, ?se s? era un trabajador. (Hace poco el cuadro de Van Gogh Los girasoles se adquiri? por 5.049 millones de pesetas, batiendo todos los records).

Materialidad. -Se considera trabajo verdadero el que transforma el mundo material. As? Jes?s fue trabajador en Nazaret; pero ya en su vida p?blica dej? de trabajar. Los Ap?stoles, mientras pescaban peces, eran trabajadores; pero dejaron de serlo cuando se hicieron ?pescadores de hombres? (Mc 1,17).

La posici?n de Yves Simon en esta cuesti?n es un ejemplo significativo: ?La actividad de contemplaci?n, como no posee ninguna de las caracter?sticas metaf?sicas de la actividad laboriosa, est? evidentemente exclu?da de la categor?a de trabajo. En ning?n sentido puede decirse que los religiosos contemplativos sean trabajadores. En cuanto al trabajo del esp?ritu es preciso juzgar de modo diferente seg?n que tenga por funci?n preparar la contemplaci?n o dirigir el trabajo manual. El trabajo manual, arquetipo de la actividad laboriosa en sentido metaf?sico, es tambi?n su arquetipo en el plano ?tico-social. Campesinos y obreros son los trabajadores por excelencia. La actividad pol?tica no pertenece a la categor?a de trabajo? (Trois le?ons sur le travail, Par?s 1938,17-18).

Visi?n cristiana del trabajo

Esa visi?n que el mundo tiene del trabajo es completamente inaceptable. La visi?n cristiana del trabajo es mucho m?s positiva y hermosa, porque es m?s verdadera.

Los hombres, en cuanto im?genes de Dios en este mundo, colaboran con Dios por medio del trabajo. Como hace notar Juan Pablo II, ?el trabajo es una de las caracter?sticas que distinguen al hombre del resto de las criaturas, cuya actividad, relacionada con el mantenimiento de la vida, no puede llamarse trabajo. S?lamente el hombre es capaz de trabajar. Este signo determina su caracter?stica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza? (Laborem exercens, intr.).

Im?genes de Dios. -El hombre, trabajando por su inteligencia y su voluntad, es imagen de la Trinidad divina. En efecto, el hombre ?obra por la idea concebida en su entendimiento, y por el amor de su voluntad referido a algo; tambi?n Dios Padre produjo las criaturas por su Verbo, que es el Hijo, y por su Amor, que es el Esp?ritu Santo? (STh I,45,6). De ah? que un hombre ignorante (sin idea), y ocioso, sin energ?a para obrar positivamente en el mundo (sin amor), apenas da la imagen de Dios. Tal hombre no se muestra se?or del mundo, sino siervo suyo, a merced de la naturaleza, sujeto a unas fuerzas creaturales que ni conoce ni domina.

La Escritura nos revela que el hombre fue creado ?a imagen de Dios? (G?n 1,27), y que su Creador le dio potencia y misi?n para ?someter la tierra? (1,28). Relacionando ambos datos, Juan Pablo II ense?a que ?el hombre es imagen de Dios, entre otros motivos, por el mandato recibido de su Creador de someter y dominar la tierra. En la realizaci?n de este mandato, el hombre, todo ser humano, refleja la acci?n misma del Creador del universo? (Laborem exercens 4). El hombre en los seis d?as de trabajo refleja la imagen del Dios que act?a en su creaci?n, y en el domingo se hace imagen del Dios eterno celestial. La misma Biblia indica este paralelismo (Ex 20,9-11)

Colaboradores de Dios. -El Se?or, ?l solo cre? el mundo, pero quiso crear al hombre-trabajador para seguir actuando en el mundo con su colaboraci?n. Y esto, es evidente, no porque Dios tuviera necesidad de colaboradores que le ayudasen a perfeccionar ?la obra de sus manos? (Sal 8,7), sino ?nicamente por amor, para comunicar al hombre sabidur?a y poder, para unirlo m?s a S? mismo al asociarlo a su acci?n en el mundo. En efecto, ?el hombre, creado a imagen de Dios, mediante su trabajo participa en la obra del Creador, y en cierto sentido, contin?a desarroll?ndola y la completa? (Laborem exercens 25; +GS 34).

Como observa Santo Tom?s, ?mayor perfecci?n hay en una cosa, si adem?s de ser buena en s? misma, puede ser causa de bondad para otras, que si ?nicamente es buena en s? misma. Y por eso Dios de tal modo gobierna las cosas, que hace a unas ser causas de las otras en la gobernaci?n. Si Dios gobernara ?l solo, se privar?a a las criaturas de la perfecci?n causal? (STh I,103,6 in c.et ad 2m). Por el trabajo humano, la Causa primera universal da virtualidad eficaz a los hombres, y de este modo ?las causas segundas son las ejecutoras de la divina Providencia? (Contra Gentes III,77).

Y advi?rtase aqu?, por otra parte, que esta colaboraci?n de Dios con las causas segundas no se refiere s?lo a la humanidad, en su conjunto. Por el contrario, Dios activa y dirige la actividad de cada persona humana. Y ?ste, como hace notar Santo Tom?s, es uno de los privilegios m?s excelsos de la criatura humana, como ser personal: ?Unicamente las criaturas racionales reciben de Dios la direcci?n de sus actos no s?lo colectivamente, sino tambi?n individualmente? (III, 113). Dios, que mueve a las criaturas irracionales seg?n su naturaleza, la que ?l les dio, mueve al hombre no s?lo seg?n su naturaleza humana, colectivamente, sino tambi?n atendiendo a su persona.

En Cristo Salvador. -Con la luz y fuerza del Esp?ritu que desde el Padre nos ha dado Jesucristo, podemos trabajar en el mundo en cuanto im?genes de Dios, es decir, como colaboradores filiales del Se?or del universo. En Cristo Redentor, todos aqu?llos -obreros, administrativos, madres de familia, sacerdotes, investigadores, campesinos, artistas- que, con una dedicaci?n habitual, cooperamos a las obras de Dios en el mundo, somos verdaderos trabajadores, cada uno aplicado a sus labores propias, y ?todas estas cosas las obra el ?nico y mismo Esp?ritu, que distribuye a cada uno seg?n quiere? (1 Cor 12,11).

Los fines del trabajo

El trabajo cristiano pretende en este mundo la glorificaci?n de Dios, la santificaci?n del hombre y el perfeccionamiento de la tierra.

Glorificaci?n de Dios. -?Ya com?is, ya beb?is, ya hag?is cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios? (1 Cor 10,31; +Rm 12,1; 15,16). El trabajo humano es ofrenda espiritual a Dios porque es obediencia a su mandato: ?Seis d?as trabajar?s? (Ex 20,9). ?El trabajo profesional, dec?a P?o XII, es para los cristianos un servicio de Dios; es para vosotros, los cristianos sobre todo, uno de los medios m?s importantes de santificaci?n, uno de los modos m?s eficaces para uniformaros a la voluntad divina y para merecer el cielo? (25-IV-1950). Pero el trabajo humano es ofrenda religiosa, ense?a el Vaticano II, no s?lo porque ?considerado en s? mismo responde a la voluntad de Dios?, sino tambi?n porque colabora a que ?con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo? (GS 34a). M?s a?n, el trabajo del hombre de alguna manera prepara la manifestaci?n escatol?gica de la gloria de Dios. El Esp?ritu divino mueve a los hombres a diversos trabajos, para que ?as? preparen el material del reino de los cielos. A todos libera para que, con la abnegaci?n propia y el empleo de todas las energ?as terrenas en pro de la vida humana, se proyecten hacia las realidades futuras, cuando la propia humanidad se convertir? en oblaci?n acepta a Dios? (38a).

Santificaci?n del hombre. -?La actividad humana, dice el concilio Vaticano II, as? como procede del hombre, as? tambi?n se ordena al hombre. Pues ?ste con su acci?n no s?lo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a s? mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se transciende. Tal superaci?n, rectamente entendida, es m?s importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse. El hombre vale m?s por lo que es que por lo que tiene? (GS 35a). Aqu? vemos, una vez m?s, que la glorificaci?n de Dios coincide con el perfeccionamiento y santificaci?n del hombre, y que ambos valores han de lograrse por el trabajo.

Por eso mismo el ocio vano e injusto impide tanto el bien del hombre. Esto lo comprendieron desde siempre los maestros espirituales. San Juan Cris?stomo escribe: ?Nada hay, absolutamente nada, en las cosas humanas que no se pierda por el ocio. Porque la misma agua, si se estanca, se corrompe, y si corre, yendo de ac? para all?, conserva su virtualidad. Y el hierro, si no se emplea, si est? ocioso, se reblandece y deteriora y se resuelve en herrumbre; pero si se ocupa en los trabajos se hace mucho m?s ?til y elegante y no brilla menos que la plata. Y bien se ve que la tierra ociosa nada provechoso produce, sino malas hierbas y pinchos y cardos y ?rboles est?riles; en cambio, la que se cultiva con mucho trabajo, rinde abundantes frutos de lo sembrado y plantado. En fin, todas las cosas se corrompen con el ocio, y se hacen m?s ?tiles emple?ndose adecuadamente? (MG 51,195-196).

Perfeccionamiento de la tierra. -Los hombres ?con su trabajo desarrollan la obra del Creador? (GS 34b). Ellos fueron creados por Dios como cultivadores inteligentes de toda la creaci?n. El trabajo m?s valioso ser? aqu?l que m?s directamente perfeccione al hombre mismo -labor de padres, sacerdotes, educadores, psic?logos, m?dicos, pol?ticos-. Pero como el crecimiento espiritual de los hombres est? tan vinculado al grado de conocimiento y dominio de la naturaleza, todos los trabajos que actualizan las potencialidades ocultas de la tierra sirven al hombre y glorifican a Dios.

Por supuesto, no cualquier trabajo perfecciona la tierra. Ya vimos que el trabajo es ante todo una colaboraci?n con Dios, y as? perfecciona la tierra aquel trabajo que est? hecho con Dios, seg?n Dios, obedeciendo sus divinas leyes naturales: ?se es el trabajo realmente ben?fico, que acrecienta en el mundo el bien, el conocimiento, la libertad, la salud, la belleza, la armon?a. Por el contrario, el trabajo del hombre corrompe la tierra cuando no se ajusta a la voluntad de Dios, sino que sirve a los errores y ego?stas deseos de los hombres. Entonces el hombre, cuanto m?s trabaja, m?s esclaviza la naturaleza, sujet?ndola a ?la servidumbre de la corrupci?n?, hasta el punto de que ?la creaci?n entera hasta ahora gime y siente dolores de parto? (Rm 8,21-22). Ese es el trabajo mal?fico que agota los campos, infecta los mares, tala los bosques, envilece a los trabajadores, pone inmensos medios econ?micos y esfuerzos al servicio de la mentira y el vicio, de la injusticia y de la guerra, mientras que no se aplica lo suficiente para remediar la ignorancia, el hambre y la enfermedad de tantos hombres.

((En este sentido, es un error grosero pensar que el trabajo, sin m?s, perfecciona al hombre y a la tierra. Depende de qu? trabajo se haga, cu?les sean sus motivaciones, sus medios y sus fines. El trabajo dignifica al hombre y a la tierra en la medida en que es realizado seg?n Dios. No olvidemos, sin embargo, que, en su amor providente por los hombres, Dios tambi?n saca bienes de trabajos malos, de manera que muchas veces la ansiosa b?squeda de enriquecimientos, las investigaciones para la guerra, el deseo orgulloso de dominar la tierra, las exploraciones con fines de explotaci?n, al mismo tiempo que causan grandes males, dan ocasi?n a que se produzcan grandes beneficios para la humanidad.

En la misma l?nea del error antes se?alado, hoy se aprecia en ciertas tendencias de espiritualidad una tendencia a valorar sobre todo el trabajo por el resultado externo conseguido, cuando la verdad es que este fin tercero, siendo tan valioso, es el m?s ambiguo. El buen trabajo siempre glorifica a Dios y perfecciona al hombre, pero no siempre da los buenos frutos pretendidos, por resistencias u omisiones ajenas, por desastres naturales, por hostilidades pol?ticas o ideol?gicas. Por tanto no se debe centrar en el perfeccionamiento de la tierra la espiritualidad del trabajo cristiano, sino en los dos primeros fines se?alados, en Dios y en el mismo trabajador. Cuando se dice, por ejemplo, que un constructor urbanista ?hace cosmos partiendo del caos?, que un periodista es ?v?nculo de comunicaci?n entre los hombres?, que un agente de bolsa ?prepara de alg?n modo el advenimiento del Reino?, o que quienes construyen una gran casa de lujo ?hominizan la materia por el trabajo?... se hacen afirmaciones tan ampulosas como ambiguas. Este fin tercero puede frustrarse hasta en los trabajos hechos con m?s perfecci?n objetiva y honestidad subjetiva: por ejemplo, pensemos en el laborioso cultivo de un campo, cuya cosecha se pierde finalmente por una tormenta.

Teilhard de Chardin, en Science et Christ, dice: ?Gozo de poder pensar que Cristo espera el fruto de mi trabajo -el fruto, enti?ndaseme bien, esto es, no s?lo la intenci?n de mi acci?n, sino tambi?n el resultado tangible de mi obra: "opus ipsum et non tantum operatio"-. Si esta esperanza est? fundada, el cristiano debe obrar, y obrar mucho, y obrar con un empe?o tanto m?s fuerte que el del m?s empe?oso obrero de la Tierra, para que Cristo nazca siempre m?s en el mundo en torno a ?l. M?s que cualquier no creyente, ?l debe venerar y promover el esfuerzo humano, el esfuerzo en cualquiera de sus formas, y sobre todo el esfuerzo humano que m?s directamente contribuye a acrecentar la conciencia -esto es, el ser- de la Humanidad; y quiero decir con eso la investigaci?n cient?fica de la verdad y la promoci?n organizada de mejores relaciones sociales? (Oeuvres IX, Par?s, Seuil 1965,96-97).))

Dios se goza con el buen fruto de nuestro trabajo. Es cierto. Pero esta hermosa verdad, para ser perfectamente verdadera, ha de afirmarse unida a otras verdades tambi?n importantes.

Nos dice San Juan de la Cruz: ?El alma que ama no espera el fin de su trabajo, sino el fin de su obra; porque su obra es amar, y de esta obra espera ella el fin y remate, que es la perfecci?n de amar a Dios. El alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otro galard?n de sus servicios sino la perfecci?n de amar a Dios? (C?ntico 9,7). Y algo semejante ense?a Gandhi: ?Renunciar a los frutos de la acci?n no significa que no haya frutos. Pero no debe emprenderse ninguna acci?n buscando sus frutos? (G. Woodcock, Gandhi, Barcelona, Grijalbo 1973, 117-118).))

Espiritualidad del trabajo

Jesucristo, ?la imagen del Dios invisible? (Col 1,15), ?que siendo Dios se hizo semejante a nosotros en todo, dedic? la mayor parte de los a?os de su vida terrena al trabajo manual, junto al banco del carpintero? (Laborem exercens 6; +Mc 6,3; Mt 13,55). Y trabaj? tambi?n tres a?os como Maestro de los hombres, profesi?n m?s dura y peligrosa, que finalmente le ocasion? la muerte. Pues bien, de los rasgos fundamentales del trabajo de Cristo ha de participar el trabajo del cristiano.

Colaboraci?n con Dios. -La clave de la espiritualidad cristiana del trabajo est? en la conciencia amorosa de colaborar con Dios: ?Mi Padre trabaja siempre, y por eso yo tambi?n trabajo? (Jn 5,17). Todo el inmenso esfuerzo laboral -en campos, mares, talleres, oficinas, casas y hospitales, f?bricas y bibliotecas-, todo est? impulsado por la energ?a del Creador providente, que, unido al hombre trabajador, despliega en la historia las maravillas de la creaci?n. Los hombres, en efecto, trabajamos con Dios, ?l es el Obrero principal del universo. Y trabajamos seg?n Dios, conociendo y observando las leyes naturales que ?l imprime en el dinamismo del cosmos. Por eso nos exhorta San Pablo: ?Todo cuanto hac?is de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Se?or Jes?s, dando gracias a Dios Padre por ?l. Todo cuanto hici?reis, hacedlo de coraz?n, como obedeciendo al Se?or y no a los hombres? (Col 3,17. 23).

En tiempos de la cultura rural la espiritualidad del trabajo fue m?s intensa que hoy. La mediaci?n laboral del hombre era entonces tan simple, que, con algo de fe que hubiera, f?cilmente se ve?a el trabajo como colaboraci?n con Dios, y los frutos del mismo como dones de Dios. Es Dios quien hace las manzanas, y no hace falta una fe muy fuerte para verlo: ?es Dios quien da el crecimiento? (1 Cor 3,7). Por el contrario, en tiempos de cultura industrial la espiritualidad del trabajo est? debilitada -justamente cuando m?s se ha afirmado doctrinalmente la espiritualidad de los laicos-, porque la mediaci?n laboral humana es tan compleja y preciosa, que el hombre se siente la causa ?nica de sus obras. Es el hombre quien hace un autom?vil, y hace falta una fe bastante viva para ver ah? la acci?n de Dios. Por eso en ?poca rural y campesina los cristianos en el trabajo ven la acci?n de Dios, pero quiz? no dan al esfuerzo humano el valor debido -bendicen los campos, pero no progresan en sus t?cnicas agr?colas-. Mientras que en ?poca industrial los cristianos valoran su esfuerzo en el trabajo, pero ignoran la acci?n de Dios -mejoran las t?cnicas agrarias, pero no bendicen los campos ni dan gracias a Dios-. Por lo que a nuestro tiempo se refiere, la espiritualidad del trabajo ser? profunda cuando los cristianos vean la acci?n de Dios y la del hombre con las misma facilidad, tanto en la producci?n de una manzana como en la de un autom?vil.

Sin apegos ni tensiones. -Si el hombre en su trabajo quiere de verdad colaborar con Dios, trabajar? sin apegos desordenados, y sin las tensiones y ansiedades que de ellos se derivan. Nuestro trabajo es carnal cuando trabajamos solos, sin Dios, partiendo de nosotros mismos, marcando plazos, modos y grados de calidad, alegr?ndonos cuando logramos realizar nuestra voluntad, impacient?ndonos cuando se frustran nuestros planes, pretendiendo unos ciertos bienes temporales con voluntad asida. No es as? el trabajo cristiano.

Nuestro trabajo es espiritual, est? hecho en el Esp?ritu de Jes?s, cuando trabajamos con Dios, en cuanto colaboradores suyos, humildemente, aceptando nuestra condici?n de criaturas, de hijos, sin querer ser como Dios, omnipotentes -?nuestro Dios est? en el cielo, y lo que quiere lo hace? (Sal 113,3)-, sin enojarnos cuando no resulta nuestra voluntad, sino la suya. Esto es importante: En el trabajo, por su misma estructura, nuestra voluntad se aplica a conseguir ciertos bienes temporales. Pues bien, debe hacerlo guardando siempre los principios de la asc?tica cristiana de la voluntad -que ya estudiamos-.

El coraz?n cristiano en el trabajo debe mantenerse ?desnudo de todo, sin querer nada? (2 Subida 7,7), recordando que ?no hay de qu? gozarse sino en si se sirve m?s a Dios? (3 Subida 18,3). Esto es en el trabajo ?dejar el coraz?n libre para Dios? (20,4). As? es como se trabaja en paz, m?s, mejor y con menos cansancio.

Ofrenda espiritual. -Cada d?a, en la Misa, al presentar los dones, ofrecemos el pan y el vino como ?frutos de la tierra y del trabajo del hombre?. Cada d?a los cristianos hemos de hacer de nuestros trabajos una oblaci?n espiritual directamente integrable en la ofrenda cultual de la Eucarist?a, y siempre vivificada por ?sta. El diario ofrecimiento de obras puede afirmar en nosotros esta espiritualidad, que es la de la liturgia: ?Se?or, que tu gracia inspire, sostenga y acompa?e nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin? (Or. jueves Ceniza).

Trabajo bien hecho. -Si el trabajo cristiano es colaboraci?n con Dios y ha de ser ofrenda cultual, ha de estar bien hecho. ?No ofrecer?is nada defectuoso, pues no ser?a aceptable? (Lev 22,20). La Iglesia quiere que los cristianos ?con su competencia en los asuntos profanos y con su actividad elevada desde dentro por la gracia de Cristo, contribuyan eficazmente a que los bienes creados, de acuerdo con el designio del Creador y la iluminaci?n del Verbo?, sirvan al bien de todos (LG 36b). La chapucer?a laboral es propia de quienes s?lo buscan en el trabajo la ventaja econ?mica. El trabajo cristiano en cambio, por su motivaci?n y sus fines, es un trabajo -dentro de lo posible- bien hecho.

Trabajo firme y empe?oso. -?Esforz?os por llevar una vida quieta, laboriosa en vuestros asuntos, trabajando con vuestras manos como os lo he recomendado, a fin de que viv?is honradamente a los ojos de los extra?os y no padezc?is necesidad? (1 Tes 4,11-12). ?Mientras estuvimos con vosotros, os advertimos que el que no quiere trabajar que no coma. Porque hemos o?do que algunos viven entre vosotros en la ociosidad, sin hacer nada, s?lo ocupados en curiosearlo todo. A ?stos tales les ordenamos y rogamos por amor del Se?or Jesucristo que, trabajando en paz, coman su pan? (2 Tes 3,10-12; +Ef 4,28). El ocio frena el dinamismo laborioso que Dios quiere activar en la persona, y as? la echa a perder.

Una se?ora, por ejemplo, piadosa pero ociosa -pues tiene quien haga su trabajo-, no ir? adelante en el camino de la perfecci?n mientras no se decida a trabajar en serio. Tambi?n los jubilados por la ley civil, en cuanto les sea posible, deben trabajar en cosas ?tiles a la comunidad civil o religiosa. Sin el trabajo las personas se hacen triviales, chismosas, desordenadas, inestables, vac?as, in?tiles, aprensivas, susceptibles y quiz? neur?ticas. Con el trabajo, en cambio, el hombre agrada a Dios, sirve a los hermanos, y se perfecciona en todas las virtudes.

Santa Teresa, en el locutorio, en la recreaci?n, siempre se ocupaba en labores manuales, y as? lo prescribi? a sus religiosas (Constituciones 6,8), aconsej?ndolo con insistencia: ?Es cosa important?sima? (Cta.76-12K, 9); ?ponga mucho en los ejercicios de manos, que importa infinit?simo? (76-9L, 10).

Trabajo en caridad. -El trabajo es uno de los medios m?s importantes que el hombre tiene para realizar diariamente el don de s? mismo a Dios y al pr?jimo. Todas las virtudes que la caridad impera e informa -justicia, fortaleza, constancia, paciencia, amabilidad, servicialidad, obediencia, pobreza, abnegaci?n-, todas hallan cada d?a en el trabajo su prueba, su posibilidad y su est?mulo para el crecimiento.

Por lo que se refiere concretamente al amor al pr?jimo, cuando trabajamos Cristo en nosotros ama a los hermanos: en el sacerdote, en la madre, en el m?dico, en el funcionario, ama a los hombres, les hace el bien. Y al mismo tiempo, cuando trabajamos, amamos a Cristo en el pr?jimo: la madre ama a Jes?s amando y cuidando a su ni?o, el m?dico, el obrero, el sacerdote, el funcionario, aman al Se?or sirviendo a los hermanos. Nos lo asegura el mismo Cristo: ?En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a m? me lo hicisteis? (Mt 25,40; +GS 67b).

Es claro que no puede el hombre tener constantemente una conciencia expl?cita y refleja del sentido sobrenatural de su trabajo. Pero la caridad puede actuar aun cuando no haya conciencia refleja de la misma. Estando en gracia de Dios y ?cuando nuestro trabajo es ordenado [seg?n Dios], aunque en ?l no se produzca expl?citamente ning?n acto de caridad, la voluntad, que mueve y dirige el trabajo, lo mueve y dirige juntamente con la forma sobrenatural de la caridad, que lleva impresa; lo cual implica la actuaci?n de la caridad. Esta caridad, ciertamente actual, no es expl?cita, sino impl?cita, y empapa y colorea todo el trabajo movido por la voluntad? (Truhlar 75). Ahora bien, ese h?bito de la caridad debe ser actualizado a veces en actos conscientes, intensos y expl?citos, que son precisamente los que acrecientan la virtud de la caridad.

Trabajo en oraci?n. -La espiritualidad cristiana del trabajo, como ya vimos, consiste en realizarlo en cuanto colaboradores de Dios, con Dios, seg?n Dios, desde Dios, para Dios. Y nuestro trabajo ser? oraci?n en la medida en que, durante la acci?n laboriosa, captemos la presencia amorosa de Dios en nosotros, en las personas y en las cosas. El principiante, en el mejor de los casos, suele acordarse de Dios al comienzo de su trabajo, pero se olvida de ?l en el ajetreo de la actividad. El adelantado recuerda a Dios al comienzo y al fin de la acci?n. Y el perfecto guarda de Dios memoria continua, al comienzo, durante la acci?n, y al t?rmino de la misma. El ideal es ?se, encontrar a Dios siempre y en todo, captar su presencia en nosotros mismos, en las personas y en las cosas, darnos cuenta de manera f?cil y habitual de que hasta ?entre los pucheros anda el Se?or? (Fundaciones 5 ,8).

Errores y males en el mundo del trabajo

El mundo del trabajo est? gravemente oscurecido por el pecado, hasta el punto de que el trabajo puede ser para el hombre, en palabras de P?o XII, un ?instrumento de envilecimiento? diario (4-II-1956). La ra?z de todos sus males suele estar en la avaricia (1 Tim 6,9-10), y los cristianos con frecuencia se encuentran en el mundo laboral -abogados, periodistas, obreros, pol?ticos, m?dicos, constructores- ?como ovejas en medio de lobos? (Mt 10,16).

El mundo laboral est? profundamente desordenado. Est? subjetivamente desordenado en cuanto que la actividad laboriosa muchas veces no se finaliza en la glorificaci?n de Dios y el verdadero bien del hombre, sino en el dinero y el placer, el poder y la ostentaci?n. Y est? objetivamente desordenado cuando est? mal hecho, cuando no se siguen en ?l las ?ntimas leyes estructurales de la obra bien hecha.

((En el trabajo mundano y carnal se disocia f?cilmente el fin de la obra y el fin del agente: el estudiante, por ejemplo, no estudia para saber y poder servir, sino para aprobar y poder ganar. Se hacen las cosas mal, por cumplir, por cobrar, por rutina, sin mirar el servicio del pr?jimo, sin cuidar y mejorar la calidad de la obra, con prisas, con excesiva lentitud, con excesiva minuciosidad perfeccionista, con chapucera irresponsabilidad, cobrando m?s de lo justo, sin orden, dej?ndose llevar por la gana, entrando en complicidades que no tienen excusa, aunque se diga: ?As? es la vida?, ?Lo hacen todos?, ?Hay que vivir?, ?Podr?a perder el empleo?...

A veces la atenci?n del trabajador se polariza en la perfecci?n del medio, con olvido del fin y consiguiente perjuicio del mismo medio; por ejemplo, cuando el profesor, obsesionado en la preparaci?n de su conferencia (medio), no conecta suficientemente con los alumnos (fin), de modo que su perfecta obra resulta pedag?gicamente ineficaz. O el ama de casa que, atenta s?lo a los perfeccionismos de su cocina (medio), est? nerviosa e impaciente, y olvida as? que la alegre cordialidad familiar (fin) es mucho m?s importante en una comida que la puntualidad o el grado exacto de cocci?n.

Otras veces el trabajo es insuficiente, habr?a que trabajar m?s, ser?a preciso dar m?s rendimiento a los talentos (Mt 25,14-30), conseguir que la higuera diera frutos (Lc 13,6-9), sin permanecer ociosos (Mt 20,26; +Prov 6,6). Aunque, concretamente hoy, en una cultura materialista, sujeta a ?la idolatr?a de los bienes materiales? (AA 7c), el trabajo excesivo suele ser un mal m?s frecuente, al menos en muchos lugares: habr?a que trabajar menos. Tras el trabajo excesivo suele haber avidez de ganancias siempre mayores, obstinaci?n en mantener un cierto nivel de vida a costa de lo que sea, deseo de prestigio o de poder, b?squeda de una seguridad econ?mica que permita apoyarse en uno mismo y no en Dios, incapacidad contemplativa, desinter?s por la familia, la amistad, la cultura, el apostolado, el arte, el bien de la comunidad. O tambi?n inmadurez personal: hay quienes s?lamente en el trabajo -?estoy ganando dinero?, ?estoy haciendo algo ?til?- logran una cierta conciencia de su consistencia personal. Por lo dem?s, el que trabaja en exceso estropea su salud, vive inquieto e irritable, pierde la amistad con Dios, con la familia y los amigos, y anda siempre con prisas, ?sin tiempo para nada?, como no sea para su trabajo. Y lo peor es que quienes tienen el vicio del trabajo excesivo f?cilmente lo consideran una virtud, cuando realmente es un vicio, un mal que trae muchos males. Advi?rtase, por otra parte, que muchas veces ese hombre que se dice muy trabajador suele serlo en una determinada direcci?n, pero en otras, a veces m?s importantes, es un perfecto vago, y no se puede contar con ?l para nada.

A ?stos que trabajan en exceso hay que recordarles aquello de Jes?s: ??De qu? le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?? (Mt 16, 25). ?El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del reposo? (Laborem exercens 25; +Ex 20,9-11). El hombre ejercita su dominio sobre la tierra no s?lo sabiendo poseerla mediante el trabajo, sino tambi?n sabiendo dejarla por el descanso.))

Evangelizaci?n del trabajo mundano

La evangelizaci?n del trabajo mundano es la tarea formidable que Cristo ha encomendado a los cristianos, y para la cual les asiste con su gracia divina. Consideremos, pues, fij?ndonos sobre todo en los laicos, las l?neas fundamentales de esta grandiosa misi?n:

-Los cristianos han de reordenar subjetivamente el sentido y la finalidad de los trabajos mundanos, orden?ndolos por la caridad a la gloria de Dios y santificaci?n de los hermanos. ?Cristo Jes?s, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Esp?ritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta. Pues a quienes asocia ?ntimamente a su vida y a su misi?n, tambi?n les hace part?cipes de su oficio sacerdotal con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvaci?n de los hombres? (LG 8).

-Los cristianos han de reordenar objetivamente el trastornado y lamentable mundo del trabajo -al menos en cuanto esto sea posible-, reduciendo el trabajo excesivo, aumentando el insuficiente, perfeccionando tantas deficiencias y procurando en todo la obra bien hecha, realmente buena para el bien com?n y el bien particular.

En efecto, ?los laicos, en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Esp?ritu Santo, son admirablemente llamados y dotados, para que en ellos se produzcan siempre los m?s ub?rrimos frutos del Esp?ritu. Pues todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apost?licas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechas en el Esp?ritu, e incluso las mismas pruebas de la vida, si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (1 Pe 2,5), que en la celebraci?n de la Eucarist?a se ofrecen piadosamente al Padre con la oblaci?n del cuerpo del Se?or. De este modo, tambi?n los laicos, como adoradores que en todo lugar act?an santamente, consagran el mundo mismo a Dios? (LG 8).

-Los laicos deben sufrir con paciencia las miserias y contradicciones de un mundo laboral en no pocos aspectos maligno y pervertido. Un m?dico, por ejemplo, que ha de trabajar en un hospital mal dotado, habr? de llevar la cruz con paciencia, procurando hacer lo mejor posible unas terapias deficientes por falta de personal, de medios, de presupuesto. Y debe recordar que ?las fuentes de la dignidad del trabajo deben buscarse principalmente no en su dimensi?n objetiva, sino en su dimensi?n subjetiva? (Laborem exercens 6).

-Finalmente, se dan situaciones extremas en las que los cristianos deben renunciar a ciertos trabajos malos, no aspirando a conseguirlos o abandon?ndolos si ya los tienen, si de verdad quieren ser fieles a Cristo y a su conciencia. En efecto, cuando un cristiano ve que un trabajo concreto es para ?l, o para otros, camino de perdici?n, y no tiene modo de enderezarlo, debe renunciar a ?l, aunque tal decisi?n le ocasione quiz? graves trastornos familiares o perjuicios econ?micos. Es hora entonces de fiarse de Dios y de su palabra: ?Mejor es ser honrado con poco que malvado en la opulencia; pues al malvado se le romper?n los brazos, pero al honrado lo sostiene el Se?or. Fui joven, ya soy viejo: nunca he visto a un justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan? (Sal 36,16-17. 25). ?Buscad, pues, el Reino y su justicia, y todo eso se os dar? por a?adidura? (Mt 6,33).

En la Iglesia primitiva algunos trabajos estaban prohibidos a los cristianos por ley o por conciencia, ya que no pocos oficios -escultores y pintores, actores y actrices, gladiadores, maestros y pol?ticos- eran pr?cticamente inconciliables con la conciencia cristiana (+Traditio apostolica 16). Y actualmente la situaci?n no presenta para los cristianos problemas menores en las naciones paganas o en los pa?ses descristianizados. Hay c?tedras universitarias o altas funciones en el mundo de la pol?tica econ?mica, educativa o sanitaria que en ciertos lugares est?n moralmente vedadas a los cristianos fieles. De modo semejante, quiz? apenas resulte viable gestionar una librer?a o un kiosko donde no se venda perversi?n intelectual o pornograf?a. Los ejemplos podr?an multiplicarse, y es normal que as? sea. En un mundo paganizado, y consecuentemente corrompido, no pocos trabajos quedan, pues, de hecho prohibidos a la conciencia cristiana.

La cruz del trabajo

El trabajo, de suyo, no dice relaci?n al sufrimiento, s?lo al cansancio, que puede incluso resultar satisfactorio. La relaci?n entre trabajo y sufrimiento procede del pecado, como ya vimos (+G?n 3,17-19), y cuanto m?s pecado haya en el mundo, m?s el hombre sufrir? en su trabajo. El trabajo se hace cruz de muchos modos, cuando ha de hacerse en mala compa??a, en condiciones precarias, sin remuneraci?n justa, con prisa impuesta, en competencia dura o deshonesta... Pues bien, aqu? hay que recordar que ?la obra de salvaci?n se ha realizado a trav?s del sufrimiento y de la muerte en la cruz. Soportando la fatiga del trabajo en uni?n con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redenci?n de la humanidad. Se muestra verdadero disc?pulo de Jes?s llevando a su vez la cruz de cada d?a (Lc 9,23), en la actividad que ha sido llamado a realizar? (Laborem exercens 27; +AA 16g).

Por otra parte, la infidelidad vocacional es una de las causas m?s frecuentes y graves de sufrimiento en el trabajo. El cristiano que no sigue en su trabajo la vocaci?n que Dios quer?a para ?l -por culpa ajena o por culpa propia-, habr? de sufrir muchas penalidades. Este hombre, que ocupa en el Cuerpo social y eclesial un lugar diverso al que Dios le destinaba, es ahora como un miembro dislocado, que no podr? actuar sin dolor y fatiga. Pero tambi?n esta cruz llevada con humildad y paciencia es, como todas, alt?simamente santificante.

La alegr?a del trabajo

El mundo experimenta con frecuencia el trabajo como una necesidad penosa, incluso odiosa. Y de hecho, all? donde disminuye la religiosidad y crece el pecado, se oscurece y se entristece el mundo del trabajo. En este sentido, advert?a P?o XII que ?la t?ctica m?s inhumana y antisocial es hacer odioso el trabajo. El trabajo, aunque es cierto que muchas veces hace sentir la fatiga hasta dolorosa y ?spera, sin embargo, en s? mismo es hermoso y capaz de ennoblecer al hombre, porque prosigue, en cuanto que produce, la labor iniciada por el Creador y forma la generosa colaboraci?n de cada uno en el bien com?n? (27-III-1949).

La sagrada Escritura se alegra en el trabajo, viendo en ?l una colaboraci?n del hombre con Dios. En efecto, es el Se?or quien, con el hombre, cuida la tierra, la riega y la enriquece sin medida (Sal 64,10). Y es el Se?or, con el hombre, quien sacia la tierra con su acci?n fecunda (103,13). De este modo, nuestro Padre sigue obrando, y nosotros con ?l (Jn 5,17). Y as? cada vez el trabajo se parece m?s al juego. Arist?teles entend?a el juego como una actividad realizada por s? misma, sin tensi?n hacia resultados externos. Por eso asimilaba el juego a la felicidad y a la virtud, que se ejercitan m?s por s? mismas que por la imposici?n externa de una obligaci?n o necesidad, lo que es caracter?stico del trabajo (Etica a Nic?maco X,6). Pues bien, el cristiano-hijo en este mundo trabaja-juega con Dios, desde Dios, para Dios, hallando en tal colaboraci?n el fin principal de su trabajo.

La alegr?a del trabajo es fundamentalmente religiosa. Las fiestas del trabajo, en todos los pueblos, son alegres mientras tienen un sentido religioso, es decir, mientras la fecundidad de la tierra y el trabajo de los hombres se ponen en relaci?n lit?rgica con Dios, fuente de todo bien. As? fue en Israel y as? debe ser en la Iglesia de Cristo. ?Celebrar?s la fiesta en honor de Yav?, tu Dios, para que Yav?, tu Dios, te bendiga en todas tus cosechas y en todo trabajo de tus manos, para que te alegres plenamente? (Dt 16,15). Es ?sta la alegr?a del pueblo que sabe alabar a su Dios: ?bendice a Yav? por la buena tierra que te ha dado. Gu?rdate bien de olvidarte de Yav?, tu Dios, dejando de observar sus mandamientos... no sea que cuando comas y te hartes, cuando edifiques y habites hermosas casas, y veas multiplicarse tus bueyes y tus ovejas y acrecentarse tu plata, tu oro y todos tus bienes, te llenes de soberbia en tu coraz?n y te olvides de Yav?, tu Dios... y vengas a decir: ?Mi fuerza y el poder de mi mano me ha dado esta riqueza?. Acu?rdate, pues, de Yav?, tu Dios, que es quien te da poder para adquirirla? (Dt 8,10-14,17-18). Pero cuando se pierde el sentido religioso, se acaban las fiestas del trabajo o se reducen a torvas jornadas de reivindicaci?n amarga.

El cristiano debe procurar hacer su trabajo con alegr?a, sea ?ste cual fuere. Esto es posible y conveniente. Siempre es posible y bueno alegrarse en hacer la voluntad de Dios, sea ?sta cual fuere. Un trabajo, en s? mismo considerado, puede quiz? ser penoso o repugnante, pero el trabajo lo realiza una persona, y el cristiano puede y debe alegrarse personalmente cada d?a m?s en el ejercicio de su trabajo porque lo hace con el Se?or, por amor a la familia y a los necesitados (Dt 14,22-29; Ef 4,28), y en la esperanza de la vida eterna. As? pues, ?alegr?os en el Se?or. Alegr?os siempre en el Se?or; de nuevo os digo: alegr?os? (Flp 3,1; 4,4).

En este punto seamos muy conscientes de que la alegr?a o la tristeza del hombre vienen de su interior, no del exterior circunstancial de su vida. Nos enga?amos, concretamente, cuando atribuimos principalmente nuestra tristeza a circunstancias exteriores, personas, sucesos, trabajos. La alegr?a est? en la uni?n con Dios, y la tristeza en la separaci?n o el alejamiento de ?l. Con Dios podemos estar alegres en la enfermedad, en la pobreza o en los peores trabajos. Sin ?l, todo se va haciendo insoportable. San Pablo, encadenado en la c?rcel, es mucho m?s feliz que un sacerdote de vacaciones en una playa de moda. Un aficionado a la lectura estar?a feliz leyendo siempre, mientras cierto critico literario maldice su obligaci?n de leer libro tras libro. Importa, pues, mucho que, alegr?ndonos siempre en el Se?or, sepamos alegrar con su gracia nuestro trabajo, sea ?ste cual fuere.

El trabajo cristiano lleva al descanso festivo celestial. ?Seis d?as trabajar?s y har?s todas tus obras, pero el s?ptimo es s?bado de Yav?, tu Dios? (Dt 5,13-14). Unos cuantos a?os de vida laboriosa, y despu?s el cielo para siempre. El domingo es imagen del cielo, y los d?as laborables son imagen de la tierra. Al final, cuando vuelva Cristo, ser? el eterno D?a del Se?or. Ser? siempre domingo. ?El mismo Dios ser? con ellos, y enjugar? las l?grimas de sus ojos, y la muerte no existir? m?s, ni habr? duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado. Y dijo el que estaba sentado en el trono: ?He aqu? que hago nuevas todas las cosas?? (Ap 21,3-5).

Publicado por mario.web @ 14:19
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