Domingo, 27 de marzo de 2011
La persona, los valores, la religi?n, la Iglesia, ?c?mo se establece la conexi?n entre todos estos elementos para que el acto comunicativo se torne trascendente y pleno de sentido? El Dr. Andreas B?hmler nos responde.
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Teolog?a de la comunicaci?n
Teolog?a de la comunicaci?n


Por ?ltimo, resulta fruct?fero el esfuerzo por esbozar tambi?n una teor?a teol?gica de la comunicaci?n. La comunicaci?n social humana viene a ser -m?s: deber?a ser- imagen y semejanza de la comunicaci?n divina trinitaria. El ?nico modo de entender la sociabilidad humana radicalmente, o sea, su car?cter de relaci?n, reside en partir de la esencia una y trina de Dios.

La persona es reflejo de esa relaci?n subsistente que no implica ni mera negaci?n (Her?clito, Hegel, etc.) ni mero ser (Parmenides, Averroes, etc.) sino ambas cosas. De tal manera que la persona es tanto individual (unidad indivisible) como social (relaci?n esencial); y s?lo en esta co-principialidad puede subsistir y crecer como humano. El ser personal se afirma en la donaci?n, ?nico modo viable de comunicaci?n. Soy ?yo? poniendome-en-com?n.

Repetimos: la comunicaci?n est? en el ser por donaci?n, con cierto reciclaje: la comunicaci?n perfecciona y enriquece mi ?yo?. La virtudes son lo comunicativo de mi ser.

Dada la fundamentalidad de las virtudes para con la comunicaci?n social, es necesario que la virtud tenga poder social real frente a los poderes f?cticos (estado, mercado). La Iglesia y los muchos organismos intermedios ejerc?an tal contra-poder.

Hoy en d?a, tal contra-poder parece viable s?lo en la medida que logre establecerse dentro de los poderes f?cticos, p.ej.: una cultura empresarial y pol?tica que merezca tal calificativo. Esta exigencia se traduce en la necesidad de santificar el trabajo, es decir, hay que tomar conciencia del imperativo meta-productivo del trabajo del hombre.

En este sentido, adem?s, es obvio que no puede sobrevivir ning?n tipo de sociedad sin aquello que se podr?a llamar ?comunicaci?n incomunicada?, realidad intangible que emana de un trabajo bien hecho, calladamente realizado con esp?ritu de servicio.

La comunicaci?n verdadera no se sustenta en el aparentar (vanidad) sino en el esconderse (modestia). Es el poder de la ?sin-arqu?a?: tal poder es servir. En la pol?tica moderna, por el contrario, la pol?tica se empeque?ece a pol?tica de imagen para mantenerse en el poder. Por tanto, lo ?nico que interesa es la comunicaci?n que consiga darnos buena imagen. La virtud es risible.

La cultura moderna viene a ser caracterizada predominantemente como conquista del espacio exterior frente al espacio interior (o tiempo); en otras palabras, hay una preeminencia del espacio sobre el tiempo vital, de la ?espaciosidad? de la libertad sobre la ?temporalidad? de la libertad.

Consta que la ?cultura objetiva? tiene un enorme poder configurador sobre el pensamiento, tanto respecto de su modo de tratar el espacio (t?cnica) como el tiempo (h?bitos: virtudes o vicios). Lo que ocurre es que la cultura o comunicaci?n moderna se ha desarrollado a-sincronizada con el hombre. Es patente que la cultura objetiva tiene su vida propia al margen de las personas.

Cuando esto pasa la gente se vuelve ?loca? y no lo sabe porque cuando la gente no conoce su propia cultura no sabe lo que les pasa. Y alguien que no sabe habitualmente lo que le pasa es lo que suele llamarse un demente.

Para evitar, por tanto, la locura masiva, la gente debe aprender trascender su cultura para conocerla y, por lo tanto, corregirla y enriquecerla en orden a lo humano. Dicho de modo breve, se puede trascender la cultura objetiva de modo horizontal y vertical. As?, experimentar otras culturas ayuda para aquel prop?sito, pero es insuficiente porque las necesidades superiores del hombre no se satisfacen por una agregaci?n de respuestas valorativas y est?ticas, como si bastar?a con hacer la suma de las culturas existentes. Esto no acaba sino en un relativismo cultural radical.

La comunicaci?n intercultural es ?til y recomendable, pero si no vuelvo a la ?comunicaci?n originaria? (la religi?n como re-ligaci?n), existencialmente anterior a toda comunicaci?n social o cultural, no puedo evitar la locura. Esto es, me parece, lo que les pasaba a los primeros sofistas griegos. Conocer otras culturas significaba para estos hombres una p?rdida del sentido de la verdad de su cultura propia.

El consiguiente relativismo ?tico-cultural ocasion? una quiebra profunda en las polis griegas en el sentido de descomunicaci?n. No obstante, en el caso del mundo griego esta quiebra del sentido de la verdad era necesaria al no ser lo suficientemente radical o fundamental la ?re-ligaci?n? propia de su cultura. La religaci?n cat?lica, al contrario, no peca de esta falta de radicalidad o fundamentalidad.


Publicado por mario.web @ 14:49
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