Lunes, 28 de marzo de 2011

El ser ap?stol en forma eficaz, en forma profesional, como el laico se desempe?a en su vida ordinaria, no est? re?ido con el ejercicio de la caridad cristiana, al contrario, la eficiencia puede ser el signo de una exquisita forma de ejecutar el apostolado.

Formar el coraz?n del ap?stol significa tambi?n, buscar lo mejor para el amor, no tener miedo a escoger los medios m?s eficaces para llevar a cabo el apostolado que mejor responde a la experiencia del Esp?ritu. En consecuencia, lo mejor para el apostolado podr?a ser la acci?n m?s eficiente en el tiempo y con profundidad. No tener miedo de ponderar las obras que se deben poner en pie, que mejor expresen el amor a Dios y al pr?jimo, a trav?s de la experiencia del Esp?ritu.

Pero siempre convendr?, en igualdad de circunstancias irse formando en el criterio de eficiencia, que es escoger aquella obra que puede ofrecer mejores frutos para el amor. Muchos de los apostolados, bajo este tamiz de la eficiencia no responder?an plenamente a la experiencia del Esp?ritu y convendr?a cerrarlos o transformarlos.

Es necesario aprender a diferenciar entre la eficacia, que se reduce a hacer bien las cosas y la eficiencia, que es hacer bien las cosas que convienen hacer. Esta conveniencia depender? l?gicamente de muchas circunstancias, pero quien es ap?stol debe convencerse, especialmente en algunas regiones del planeta que los tiempos no est?n para hacer y llevar a cabo cualquier obra. Deber? poner en pie aquel apostolado que le lleve a hacer m?s por el amor en menos tiempo. Ello nos lleva a ponderar la importancia del tiempo en el ejercicio de la caridad. Siendo el tiempo un don que Dios da para realizar el amor, como uno de los talentos de la par?bola, es conveniente aprender el arte de utilizar el tiempo para hacer m?s y mejor en menos tiempo, lo cual comporta una adecuada programaci?n, auspiciada por la enc?clica Deus caritas est.

Al ver los campos en los que el hombre se afana por conseguir un bien material o un placer ef?mero y constatar como ese af?n lo lleva a sofisticaciones y preparaciones minuciosas en la administraci?n y programaci?n del tiempo, resulta parad?jico que quienes deber?an dar lo mejor al amor, se contentan con darle las migajas del tiempo. Migajas, no porque sea poco el tiempo que dedican a las actividades caritativas, sino porque no lo saben utilizar con inteligencia. ?Por qu? hacer en una semana lo que podr?a hacerse en pocas horas? Aprender a programar el tiempo para ser ap?stol es una forma de ejercer la caridad, esta es la inteligencia de la caridad.

De esta forma una de las labores m?s importantes en la transmisi?n del apostolado es la formaci?n del ap?stol, no s?lo de la formaci?n del coraz?n del ap?stol, sino de la formaci?n de la manera de hacer apostolado.

Debe darse en primer lugar la formaci?n de unas virtudes caracter?sticas, las mismas virtudes que se hayan aplicado a las primeras obras de apostolado. Sin el ejercicio de dichas virtudes se corre el riesgo que el ap?stol termine por ser un mercenario que trabajo s?lo bajo paga o s?lo por complacer a los dem?s. Bien sabemos que los tiempos que corren son duros y que est?n hechos para personas que sepan llevar el peso de las dificultades. Por ello, adem?s de las virtudes espec?ficas de cada apostolado, se deber? buscar formar a los ap?stoles en la virtud de tenacidad, consciente de que uno de los males que m?s da?a a los ap?stoles es la debilidad de la voluntad, la sensualidad, el sentimentalismo y la inconstancia en el trabajo de la santificaci?n y en la actividad apost?lica.

Hay que ayudarle a los laicos a reflexionar con seriedad y profundidad en la obra en la que se quieren empe?ar de forma que perseveren en sus empresas hasta culminarlas del todo, esforz?ndose por evitar las derrotas en el campo espiritual, intelectual y apost?lico. Como base de esta tenacidad y constancia, se deber? ayudar a los laicos a formar una voluntad firme y bien disciplinada, fundada s?lidamente en las virtudes teologales y en el dominio de los propios sentimientos, emociones e impresiones. Da pena contemplar a tantas obras de apostolado que han quedado incompletas por falta de una voluntad perseverante de quien la deb?a llevar a cabo.

Otro aspecto en el que se debe formar al ap?stol ser? en el orden y la eficacia, ense??ndoles el arte de la programaci?n, en forma tal que el apostolado no se lleve a cabo a base de golpes de buena suerte, sino con un programa previamente trazado de acuerdo a un plan concreto, una gu?a y un calendario. Es ense?arles el arte de la eficacia, de la realizaci?n completa, de ganar tiempo al tiempo, de hacer m?s en menos tiempo. Es ense?ar a los laicos la par?bola de los talentos, de forma que sus posibilidades de hacer el bien vayan consumi?ndose d?a a d?a, de manera infructuosa, por la improvisaci?n, la pereza, la mediocridad y el desorden.

El apostolado no es un sentimiento, sino un arte. Por este motivo se debe ayudar al laico a considerar que la vida es una y s?lo se vive una vez, ense??ndole a adquirir un esp?ritu esforzado, de laboriosidad, de conquista y de perseverancia, enraizado en un apasionado amor a Jesucristo y en un ardiente celo por las almas. Los laicos est?n llamados tambi?n a reproducir en s? mismos la misma creatividad, la misma santidad y la misma audacia que los fundadores. Esta audacia y creatividad debe llevarles a extirpar toda forma de pereza espiritual, intelectual, apost?lica y f?sica, que acabe con las cobard?as, la falsa prudencia y la comodidad, que les anime a estar permanentemente en actitud de servicio, desechando toda amargura, insatisfacci?n o lamentaci?n est?ril, y les haga desear el desgastarse por Cristo y por su Reino.

Se debe animar y motivar constantemente a los miembros para hacerles ver la grandeza de la misi?n, del apostolado, de forma que los laicos vayan plasmando en s? mismos al hombre l?der cristiano, gu?a de sus hermanos, eficaz en su labor, atento a las oportunidades, magn?nimo de coraz?n, luchador infatigable, realista en sus objetivos, tenaz ante las dificultades, sobrenatural en sus aspiraciones. Debe ayudarlos a desterrar en el apostolado cuanto tenga que ver con la irresponsabilidad, el ego?smo, la pusilanimidad, la pereza, la cobard?a, la timidez y el desaliento.

Por ?ltimo, si se quiere en verdad inculcar todas estas virtudes en la formaci?n de los ap?stoles, uno mismo deber? transformarse en un verdadero formador de ap?stoles, a ejemplo de su fundador. Por ello deber? aprender a hacer, entreg?ndose totalmente a su misi?n, en forma organizada y eficiente. Deber? tambi?n aprender a hacer hacer, logrando corresponsabilizar a los laicos, cultivando su celo apost?lico, su amor por Dios, la Iglesia y las almas y propiciando la participaci?n activa de ellos en los diversos apostolados. Por ?ltimo, como San Juan Bautista, aprender? a dejar hacer, no poniendo obst?culos, fomentando y estimulando la iniciativa y la acci?n de los laicos, sin abdicar a su propia responsabilidad de formador de ap?stoles, ni pretender realizar todo por s? mismo.


Publicado por mario.web @ 9:16
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