Lunes, 28 de marzo de 2011
Nota del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz sobre la corrupci?n y sus implicaci?n seg?n la Doctrina Social de la Iglesia.
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La  lucha contra la corrupci?n
La lucha contra la corrupci?n
1. Los d?as 2 y 3 de junio de 2006 se llev? a cabo en el Vaticano la Conferencia Internacional organizada por el Pontificio Consejo ? Justicia y Paz ? sobre el tema: ? La lucha contra la corrupci?n ?. En ella participaron altos funcionarios de Organismos Internacionales, estudiosos e intelectuales, embajadores ante la Santa Sede, profesores y expertos. El objetivo de la Conferencia, como afirm? el Cardenal Renato Raffaele Martino [1], era tener un mejor conocimiento del fen?meno de la corrupci?n, precisar los m?todos mejores para contrarrestarlo y clarificar la contribuci?n que la Iglesia puede dar para llevar a cabo esta empresa. Diversos e ilustres relatores, estudiosos y expertos del fen?meno en cuesti?n, ayudaron a los participantes a tener un cuadro m?s amplio de lo que es la corrupci?n y de lo que a nivel mundial se hace para contrarrestarla (Antonio Maria Costa) [2], tanto en el sector privado (Fran?ois Vincke) [3] como en el p?blico (David Hall) [4], en la sociedad civil (Jong-Sung You) [5], en los pa?ses ricos y en los pa?ses pobres (Eva Joly) [6], poniendo en evidencia el fuerte impacto de este fen?meno en los pa?ses pobres del mundo (Cobus de Swardt) [7] y las caracter?sticas de una cultura de la corrupci?n (Paul Wolfowitz) [8]. S.E. Monse?or Giampaolo Crepaldi [9] present? las l?neas de lo que la doctrina social de la Iglesia ense?a sobre tal cuesti?n.

2. El fen?meno de la corrupci?n siempre ha existido, sin embargo es s?lo desde hace pocos a?os que se ha tomado conciencia de ?l a nivel internacional. En efecto, el mayor n?mero de las convenciones contra la corrupci?n y de los planes de acci?n, redactados por los Estados de manera particular, por grupos de Estados y por Organismos Internacionales en los ?mbitos del comercio internacional, en la disciplina de las transacciones internacionales y especialmente en el ?mbito de las finanzas, pertenecen a los ?ltimos tres lustros. Esto significa que la corrupci?n se ha convertido ya en un fen?meno relevante, pero tambi?n que se est? difundiendo a nivel mundial su valoraci?n negativa y consolid?ndose una conciencia nueva de la necesidad de combatirlo. Para este fin, se han elaborado instrumentos de an?lisis emp?rica y evaluaci?n cuantitativa de la corrupci?n que nos permiten conocer mejor las din?micas propias de las pr?cticas ilegales a ella vinculadas, con el objetivo de predisponer instrumentos m?s adecuados, no s?lo de tipo jur?dico y represivo, para combatir estos fen?menos. Este cambio reciente se produjo, en particular, por dos grandes acontecimientos hist?ricos. El primero ha sido el fin de los bloques ideol?gicos despu?s de 1989 y, el segundo, la globalizaci?n de las informaciones. Ambos procesos han contribuido a poner m?s en evidencia la corrupci?n y a tomar una conciencia adecuada del fen?meno. La apertura de las fronteras a consecuencia del proceso de la globalizaci?n permite que la corrupci?n sea exportada con mayor facilidad que en el pasado, pero tambi?n ofrece la oportunidad de combatirla mejor, a trav?s de una colaboraci?n internacional m?s estrecha y coordinada.

3. La corrupci?n es un fen?meno que no conoce l?mites pol?ticos ni geogr?ficos. Est? presente en los pa?ses ricos y en los pa?ses pobres. La entidad de la econom?a de la corrupci?n es dif?cil de establecer en manera precisa y, en efecto, sobre este punto los datos con frecuencia no coinciden. De cualquier forma se trata de enormes recursos que se sustraen a la econom?a, a la producci?n y a las pol?ticas sociales. Los costos recaen sobre los ciudadanos, ya que la corrupci?n se paga desviando los fondos de su leg?tima utilizaci?n.

La corrupci?n atraviesa todos los sectores sociales: No se puede atribuir s?lo a los operadores econ?micos ni s?lo a los funcionarios p?blicos. La sociedad civil tampoco est? exenta. Es un fen?meno que ata?e tanto a cada uno de los Estados como a los Organismos Internacionales.

La corrupci?n se favorece por la escasa transparencia en las finanzas internacionales, la existencia de para?sos fiscales y la disparidad de nivel en las formas de combatirla, con frecuencia restringidas al ?mbito de cada Estado, mientras que el ?mbito de acci?n de los actores de la corrupci?n es con frecuencia supranacional e internacional. Es tambi?n favorecida por la escasa colaboraci?n entre los Estados en el sector de la lucha contra la corrupci?n, la excesiva diversidad en las normas de los varios sistemas jur?dicos, la escasa sensibilidad de los medios de comunicaci?n con respecto a la corrupci?n en ciertos pa?ses del mundo y la falta de democracia en varios pa?ses. Sin la presencia de un periodismo libre, de sistemas democr?ticos de control y de transparencia, la corrupci?n es indudablemente m?s f?cil.

Hoy la corrupci?n despierta mucha preocupaci?n ya que tambi?n est? vinculada con el tr?fico de estupefacientes, el reciclaje de dinero sucio, el comercio ilegal de armas y con otras formas de criminalidad.

4. Si la corrupci?n es un grave da?o desde el punto de vista material y un enorme costo para el crecimiento econ?mico, sus efectos son todav?a m?s negativos sobre los bienes inmateriales, vinculados m?s estrechamente con la dimensi?n cualitativa y humana de la vida social. La corrupci?n pol?tica, como ense?a el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, ? compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relaci?n entre gobernantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones p?blicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la pol?tica y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones ? (n. 411).

Existen nexos muy claros y emp?ricamente demostrados entre corrupci?n y carencia de cultura, entre corrupci?n y l?mites de funcionalidad del sistema institucional, entre corrupci?n e ?ndice de desarrollo humano, entre corrupci?n e injusticias sociales. No se trata s?lo de un proceso que debilita el sistema econ?mico: la corrupci?n impide la promoci?n de la persona y hace que las sociedades sean menos justas y menos abiertas.

5 La Iglesia considera la corrupci?n como un hecho muy grave de deformaci?n del sistema pol?tico. El Compendio de la doctrina social de la Iglesia la estigmatiza as?: ? La corrupci?n distorsiona de ra?z el papel de las instituciones representativas, porque las usa como terreno de intercambio pol?tico entre peticiones clientelistas y prestaciones de los gobernantes. De este modo, las opciones pol?ticas favorecen los objetivos limitados de quienes poseen los medios para influenciarlas e impiden la realizaci?n del bien com?n de todos los ciudadanos ? (n. 411). La corrupci?n se enumera ? entre las causas que en mayor medida concurren a determinar el subdesarrollo y la pobreza ? (n. 447) y, en ocasiones, est? presente tambi?n al interno de los procesos mismos de ayuda a los pa?ses pobres.

La corrupci?n priva a los pueblos de un bien com?n fundamental, el de la legalidad: respeto de las reglas, funcionamiento correcto de las instituciones econ?micas y pol?ticas, transparencia. La legalidad es un verdadero bien com?n con destino universal. En efecto, la legalidad es una de las claves para el desarrollo, en cuanto que permite establecer relaciones correctas entre sociedad, econom?a y pol?tica, y predispone el marco de confianza en el que se inscribe la actividad econ?mica. Siendo un ? bien com?n ?, se le debe promover adecuadamente por parte de todos: todos los pueblos tienen derecho a la legalidad. Entre las cosas que se deben al hombre en cuanto hombre est? precisamente tambi?n la legalidad. La pr?ctica y la cultura de la corrupci?n deben ser sustituidas por la pr?ctica y la cultura de la legalidad.

6. Para superar la corrupci?n, es positivo el paso de sociedades autoritarias a sociedades democr?ticas, de sociedades cerradas a sociedades abiertas, de sociedades verticales a sociedades horizontales, de sociedades centralistas a sociedades participativas. Sin embargo, no est? garantizado que estos procesos sean positivos autom?ticamente. Es necesario estar muy atentos a que la apertura no socave la solidez de las convicciones morales y la pluralidad no impida v?nculos sociales s?lidos. En la anomia de muchas sociedades avanzadas se esconde un serio peligro de corrupci?n, no menor que en la rigidez de tantas sociedades arcaicas. Por un lado se puede verificar c?mo la corrupci?n se ve favorecida en las sociedades muy estructuradas, r?gidas y cerradas, incluso autoritarias tanto en su interior como hacia el exterior, porque en ellas es menos f?cil darse cuenta de sus manifestaciones: corruptos y corruptores, a falta de transparencia y de un verdadero y propio Estado de derecho, pueden permanecer escondidos y hasta protegidos. La corrupci?n puede perpetuarse porque puede contar con una situaci?n de inmovilidad. Pero, por el otro lado, f?cilmente se puede notar tambi?n c?mo en las sociedades muy flexibles y m?viles, con estructuras ligeras e instituciones democr?ticas abiertas y libres, se esconden peligros. El excesivo pluralismo puede minar el consenso ?tico de los ciudadanos. La babel de los estilos de vida puede debilitar el juicio moral sobre la corrupci?n. La p?rdida de los confines internos y externos en estas sociedades puede facilitar la exportaci?n de la corrupci?n.

7. Para evitar estos peligros, la doctrina social de la Iglesia propone el concepto de ? ecolog?a humana ? (Centesimus annus, 38), apto tambi?n para orientar la lucha contra la corrupci?n. Los comportamientos corruptos pueden ser comprendidos adecuadamente s?lo si son vistos como el fruto de laceraciones en la ecolog?a humana. Si la familia no es capaz de cumplir con su tarea educativa, si leyes contrarias al aut?ntico bien del hombre ?como aquellas contra la vida? deseducan a los ciudadanos sobre el bien, si la justicia procede con lentitud excesiva, si la moralidad de base se debilita por la trasgresi?n tolerada, si se degradan las condiciones de vida, si la escuela no acoge y emancipa, no es posible garantizar la ? ecolog?a humana ?, cuya ausencia abona el terreno para que el fen?meno de la corrupci?n eche sus ra?ces. En efecto, no se debe olvidar que la corrupci?n implica un conjunto de relaciones de complicidad, oscurecimiento de las conciencias, extorsiones y amenazas, pactos no escritos y connivencias que llaman en causa, antes que a las estructuras, a las personas y su conciencia moral. Se colocan aqu?, con su enorme importancia, la educaci?n, la formaci?n moral de los ciudadanos y la tarea de la Iglesia que, presente con sus comunidades, instituciones, movimientos, asociaciones y cada uno de sus fieles en todos los ?ngulos de la sociedad de hoy, puede desarrollar una funci?n cada vez m?s relevante en la prevenci?n de la corrupci?n. La Iglesia puede cultivar y promover los recursos morales que ayudan a construir una ? ecolog?a humana ? en la que la corrupci?n no encuentre un h?bitat favorable.

8. La doctrina social de la Iglesia empe?a todos sus principios orientadores fundamentales en el frente de la lucha contra la corrupci?n, los cuales propone como gu?as para el comportamiento personal y colectivo. Estos principios son la dignidad de la persona humana, el bien com?n, la solidaridad, la subsidiaridad, la opci?n preferencial por los pobres, el destino universal de los bienes. La corrupci?n contrasta radicalmente con todos estos principios, ya que instrumentaliza a la persona humana utiliz?ndola con desprecio para conseguir intereses ego?stas. Impide la consecuci?n del bien com?n porque se le opone con criterios individualistas, de cinismo ego?sta y de il?citos intereses de parte. Contradice la solidaridad, porque produce injusticia y pobreza, y la subsidiaridad porque no respeta los diversos roles sociales e institucionales, sino que m?s bien los corrompe. Va tambi?n contra la opci?n preferencial por los pobres porque impide que los recursos destinados a ellos lleguen correctamente. En fin, la corrupci?n es contraria al destino universal de los bienes porque se opone tambi?n a la legalidad, que como hemos ya visto, es un bien del hombre y para el hombre, destinado a todos.

Toda la doctrina social de la Iglesia propone una visi?n de las relaciones sociales totalmente contrastante con la pr?ctica de la corrupci?n. De aqu? deriva la gravedad de este fen?meno y el juicio fuertemente negativo que la Iglesia expresa de ?l. De aqu? deriva tambi?n el gran recurso que la Iglesia pone a disposici?n para combatir la corrupci?n: toda su doctrina social y el trabajo comprometido de cuantos se inspiran en ella.

9. La lucha contra la corrupci?n requiere que aumenten tanto la convicci?n ?a trav?s del consenso dado a las evidencias morales?, como la conciencia que con esta lucha se obtienen importantes ventajas sociales. Es ?sta la ense?anza social que encontramos en la Centesimus annus: ? El hombre tiende hacia el bien, pero es tambi?n capaz del mal; puede trascender su inter?s inmediato y, sin embargo, permanece vinculado a ?l. El orden social ser? tanto m?s s?lido cuanto m?s tenga en cuenta este hecho y no oponga el inter?s individual al de la sociedad en su conjunto, sino que busque m?s bien los modos de su fructuosa coordinaci?n ? (n. 25). Se trata de un criterio realista bastante eficaz. ?ste nos se?ala que: debemos apostar por los rasgos virtuosos del hombre, pero tambi?n incentivarlos; pensar que la lucha contra la corrupci?n es un valor, pero tambi?n una necesidad; la corrupci?n es un mal, pero tambi?n un costo; el rechazo de la corrupci?n es un bien, pero tambi?n una ventaja; el abandono de pr?cticas corruptas puede generar desarrollo y bienestar; los comportamientos honestos se deben incentivar y castigar los deshonestos. En la lucha contra la corrupci?n es muy importante que las responsabilidades de los hechos il?citos salgan a la luz, que los culpables sean castigados con formas reparadoras de comportamiento socialmente responsable. Es importante tambi?n que los pa?ses o grupos econ?micos que trabajan con un c?digo ?tico intolerante con los comportamientos corruptos sean premiados.

10. La lucha contra la corrupci?n en el ?mbito internacional requiere que se act?e para aumentar la transparencia de las transacciones econ?micas y financieras y para armonizar o uniformar la legislaci?n de los diversos pa?ses en este campo. En la actualidad resulta f?cil ocultar los fondos que provienen de la corrupci?n y de gobiernos corruptos, que f?cilmente logran trasladar capitales ingentes con la ayuda de m?ltiples complicidades.

Dado que el crimen organizado no tiene fronteras, es necesario tambi?n aumentar la colaboraci?n internacional entre los gobiernos, al menos en campo jur?dico y en materia de extradici?n. La ratificaci?n de convenciones contra la corrupci?n es muy importante y es deseable que los pa?ses ratificatorios de la Convenci?n de la ONU aumenten. Adem?s queda por afrontar el problema de la verdadera y propia aplicaci?n de las Convenciones, dado que por motivos pol?ticos ?stas no se siguen al interno de muchos pa?ses, incluso firmantes. Adem?s, es necesario que en el ?mbito internacional se encuentre un acuerdo sobre procedimientos para confiscar y recuperar todo lo recibido ilegalmente, puesto que hoy las normas que regulan estos procedimientos existen s?lo al interno de cada naci?n.

Muchos se auguran la constituci?n de una autoridad internacional contra la corrupci?n, con capacidad de acci?n aut?noma, pero en colaboraci?n con los Estados, y en grado de verificar los reatos de corrupci?n internacional y sancionarlos. En este ?mbito puede ser ?til la aplicaci?n del principio de subsidiaridad en los diversos niveles de autoridad en el campo del combate a la corrupci?n.

11. Se debe tener una atenci?n particular con respecto a los pa?ses pobres. ?stos deben ser ayudados, como se dec?a antes, all? donde manifiesten carencias a nivel legislativo y no posean a?n las instituciones jur?dicas para luchar contra la corrupci?n. Una colaboraci?n bilateral o multilateral en el sector de la justicia ?para mejorar el sistema carcelario, adquirir competencia para la investigaci?n, lograr la independencia estructural de la magistratura de los gobiernos? es muy ?til y se debe incluir plenamente entre las ayudas para el desarrollo.

La corrupci?n en los pa?ses en v?as de desarrollo muchas veces es causada por compa??as occidentales o incluso por Organismos estatales o internacionales, otras veces es iniciativa de oligarqu?as corruptas locales. S?lo con una postura coherente y disciplinada de los pa?ses ricos ser? posible ayudar a los gobiernos de los pa?ses m?s pobres para que adquieran credibilidad. Una v?a maestra, seguramente deseable, es la promoci?n de la democracia en estos pa?ses, de medios de comunicaci?n libres y vigilantes y de la vitalidad de la sociedad civil. Programas espec?ficos, pa?s por pa?s, por parte de los Organismos Internacionales pueden obtener buenos resultados en este campo.

Las Iglesias locales est?n comprometidas fuertemente en la formaci?n de una conciencia civil y la educaci?n de los ciudadanos para una verdadera democracia; las Conferencias episcopales de muchos pa?ses, en repetidas ocasiones han intervenido contra la corrupci?n y a favor de la convivencia civil bajo el gobierno de la ley. Las Iglesias locales tambi?n deben colaborar v?lidamente con los Organismos Internacionales en la lucha contra la corrupci?n.


Ciudad del Vaticano, 21 de septiembre de 2006
Fiesta de San Mateo, Ap?stol y Evangelista
Renato Raffaele Card. Martino
Presidente
+ Giampaolo Crepaldi
Secretario


Notas
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1 Presidente del Pontificio Consejo ? Justicia y Paz ? y del Pontificio Consejo para la Pastoral de Emigrantes e Itinerantes.
2 Director Ejecutivo, Oficina de las Naciones Unidas para la Fiscalizaci?n de Drogas y Prevenci?n del Delito (UNODC).
3 Presidente, Comisi?n Anticorrupci?n de la C?mara Internacional de Comercio (ICC).
4 Director, Public Services International Research Unit (PSIRU), Escuela de Negocios, Universidad de Greenwich.
5 Kennedy School of Government, Universidad de Harvard.
6 Consejera Especial para combatir la corrupci?n y el reciclaje de dinero, Noruega.
7 Director de Programas Mundiales, Transparencia Internacional.
8 Presidente del Banco Mundial.
9 Secretario del Pontificio Consejo ? Justicia y Paz ?.

Publicado por mario.web @ 9:24
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