Lunes, 28 de marzo de 2011
Reflexi?n de Jaime Nubiola Profesor de Filosof?a Universidad de Navarra sobre la verdad en las sociedades democr?ticas.
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La verdad en el debate p?blico
La verdad en el debate p?blico
La verdad y su posesi?n
Los meses de actividad de la comisi?n parlamentaria del 11-M han puesto de nuevo sobre el tapete la cuesti?n de la verdad en el debate p?blico y la manera de alcanzarla. Se trata de una cuesti?n central en una sociedad democr?tica, pues hay muchos campos en los que la verdad no se obtiene por mayor?a de votos. La realidad es independiente ?repet?a el fil?sofo y cient?fico americano Charles Peirce? de lo que usted o yo o cualquier otra persona pensemos acerca de ella.

Los procedimientos para alcanzar la verdad no son los mismos en todos los ?mbitos humanos. Para determinar la verdad de algo muchas veces no sometemos el asunto a votaci?n sino que acudimos al experto, sea el m?dico, el jardinero o el joyero. No tenemos un acceso privilegiado a lo que las cosas son, pero esto no significa que no pueda conocerse lo que son. De ordinario, averiguar la verdad en cualquier campo requiere un esfuerzo y una atenci?n considerables. La ciencia es precisamente ese empe?o colectivo por conocer qu? son las cosas, su naturaleza, sus propiedades, sus leyes. En muchos casos la certeza obtenida tiene un car?cter del todo provisional y va siendo corregida y rectificada conforme se obtienen m?s datos y se logra una interpretaci?n m?s general, m?s plausible y convincente.

Sobre los hechos y los valores
Desde hace a?os se sabe ?gracias sobre todo al trabajo del fil?sofo de Harvard, Hilary Putnam? que la habitual dicotom?a entre hechos y valores es un dogmatismo heredado del positivismo del C?rculo de Viena del todo inaceptable, que tiene como efectos el bloqueo de la discusi?n y la paralizaci?n del pensamiento. Esta distinci?n entre juicios de hecho y juicios de valor es un lugar com?n, heredado de Hume y del empirismo brit?nico, que se torna un sofisma si se invoca como norma suprema del debate. Se trata de una distinci?n tan com?n que hasta el ministro del Interior afirmaba ante la Comisi?n Parlamentaria que "las conjeturas e hip?tesis sobran" y que la polic?a y los jueces "funcionan con hechos y no con juicios de valor". En esa misma l?nea, suele decirse que los hechos no se discuten, sino que se comprueban; que solo se discuten las opiniones, los juicios de valor. Esta afirmaci?n es en el mejor de los casos ingenua, pues ?ha escrito a este respecto el f?sico C?sar G?mez? "el conocimiento de hechos presupone el de valores y (...) esto es as? aun dentro del marco de las ciencias duras, como puede ser la f?sica". Los hechos y los valores est?n interpenetrados, las cuestiones f?cticas est?n entreveradas de ordinario con cuestiones valorativas. Todo el edificio de la ciencia es un conjunto de interpretaciones construido por la inteligencia humana para conferir sentido a los datos de nuestra experiencia. Que la ciencia sea una construcci?n humana no significa que sea falsa, sino que puede ser corregida, mejorada y ampliada.

Distintos pero simultaneos
Descendiendo de las ciencias a nuestras vidas humanas, podemos calificar una conducta como ?cruel? o de ?poco democr?tica? y al usar esos calificativos no solo estamos describiendo la conducta de que se trate, sino que estamos evalu?ndola. Que esto es as?, lo advirti? ya nuestro Ortega en su ?Qu? son los valores?, su lecci?n de 1918 para tomar posesi?n de la Real Academia de Ciencias Morales y Pol?ticas: "Cuando digo rojo me refiero exclusivamente al color de este nombre; cuando digo ?acci?n noble? no me limito a nombrar una cierta clase de actos reales, sino que doy a entender de paso o complementariamente que esa clase de actos reales tiene un valor positivo frente al valor negativo que tiene otra clase de actos reales, a los que llamo ?abyectos?. (...) Por ?noble? entendemos, pues, un determinado valor positivo. Del propio modo, los vocablos ?generoso?, ?elegante?, ?diestro?, ?fuerte?, ?selecto? ?o bien ?s?rdido?, ?inelegante?, ?torpe?, ?d?bil?, ?vulgar??, significan a la vez realidades y valores. Es m?s, si se hiciera una exploraci?n del diccionario con el ?nimo de reunir todas las palabras de sentido completamente estimativo, pasmar?a la fabulosa decantaci?n de caracteres y matices valorales que hay en el idioma usadero". Efectivamente, descripci?n y valoraci?n est?n ?ntimamente ligadas en castellano y en todas las lenguas, pues los seres humanos al hablar describimos y valoramos constantemente, sin que en muchos casos podamos distinguir con claridad esas dos dimensiones: realmente no podemos decir de alguien que es un mal m?dico, pero una buena persona, o al rev?s, que sea un buen m?dico y una mala persona.

El anhelo irrenunciable
Tal como veo yo las cosas, aunque para quien detente el poder resulta muy c?moda esa separaci?n entre ciencia y valores, entre la verdad y la voluntad, mantener un desgarro as? entre lo f?ctico y lo normativo resulta a la postre insoportable. Los seres humanos anhelamos una razonable integraci?n de las diversas facetas de las cosas y quiz? sobre todo de los diversos aspectos de nuestro vivir, mientras que la contradicci?n flagrante desquicia nuestra raz?n, hace saltar las bisagras de nuestros razonamientos y, finalmente, bloquea el di?logo y la comunicaci?n. Por eso, me parece important?simo recuperar el lugar de la verdad en el debate p?blico. Precisamente, la intuici?n central de John Dewey, el fil?sofo de la educaci?n democr?tica, es que las cuestiones ?ticas y sociales no han de quedar sustra?das a la raz?n humana para ser transferidas a instancias religiosas o a otras autoridades. La aplicaci?n de la inteligencia a los problemas morales y sociales es en s? misma una obligaci?n moral. La misma raz?n humana que con tanto ?xito se ha aplicado a las m?s diversas ramas cient?ficas se ha de aplicar tambi?n a arrojar luz sobre la mejor manera de organizar la convivencia social.
Hacia el gobierno de la verdad

Como ha sostenido la fil?sofa canadiense Cheryl Misak, la noci?n de verdad debe regresar al centro de la filosof?a moral y de la vida p?blica. Si no hay verdad, no es posible el debate porque la discusi?n deja de ser un proceso de b?squeda y se transforma meramente en una tramoya del poder. Si no hay verdad no tiene sentido tampoco el pluralismo democr?tico y la mejor actitud ser?a entonces la de optar por un silencio quietista.

Defender el pluralismo no implica una renuncia a la verdad o su subordinaci?n a un perspectivismo culturalista. El genuino pluralismo vive de afirmar no solo que caben diversas maneras de pensar acerca de las cosas, sino adem?s de sostener que entre ellas hay ?en expresi?n de Stanley Cavell? maneras mejores y peores, y que mediante el contraste con la experiencia y el di?logo racional los seres humanos somos capaces de reconocer la superioridad de una opini?n sobre otra. "La esencia de la verdad ?escribi? Peirce? est? en su resistencia a ser ignorada". A m? me gusta a?adir que no es la verdad fruto del consenso, sino que m?s bien es el consenso el fruto de la verdad y que por esta raz?n ha de ser la verdad el foco del debate p?blico.

Publicado por mario.web @ 9:25
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