Lunes, 28 de marzo de 2011
Familia, amor, entrega a los dem?s y Eucarist?a est?n ?ntimamente ligados, reflexi?n de un profesor de Teolog?a Pastoral, de la Universidad de Navarra de la enc?clica del Papa.
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Hacer familia, invertir en solidaridad
Hacer familia, invertir en solidaridad
Un profesor de Teolog?a Pastoral, de la Universidad de Navarra, desgrana la vinculaci?n de la Eucarist?a con la familia y de la familia con la solidaridad entre los hombres. Destaca la importancia del amor, que ha exaltado el Papa en su enc?clica

Benedicto XVI promueve hacer familia, que es invertir en solidaridad. Los primeros cristianos lo hac?an a su manera: celebraban la Eucarist?a y luego ten?an una comida. La liturgia les llevaba al compromiso (en la caridad y en la justicia). Y es que la Eucarist?a reclama el amor; el amor y la justicia reclaman, al mismo tiempo, la Eucarist?a; desde la Eucarist?a, el cristiano se compromete a la vez con Dios y con el mundo. La Eucarist?a es, por eso, semilla para hacer familia en el mundo. Ve?moslo m?s despacio.

1. La Eucarist?a reclama la coherencia del amor. No podemos compartir ese pan divino cotidiano, si no estamos dispuestos a compartir el pan humano de cada d?a y, por tanto, trabajar por un orden justo y fraternal en el mundo, atendiendo especialmente a los pobres, a los enfermos, a los m?s necesitados. Sin el amor ?dec?a Juan Pablo II?, el mensaje del Evangelio podr?a perderse en el mar de las palabras. Seg?n la Beata Teresa de Calcuta, la principal raz?n de la increencia es que, a menudo, los cristianos no somos coherentes. Y san Josemar?a Escriv? hablaba de los pobres como del mejor libro espiritual, el motivo principal para la oraci?n y la compasi?n. En la enc?clica de Benedicto XVI, Deus caritas est, la caridad se pone al mismo nivel que la fe y el culto de los sacramentos; y se recuerda c?mo los primeros cristianos ten?an todo en com?n y repart?an los bienes seg?n las necesidades. Esto hay que ense?arlo y vivirlo como las familias y en las familias y desde las familias.

2. El amor y la justicia reclaman, al mismo tiempo, la Eucarist?a. Como tambi?n Benedicto XVI ha se?alado en su enc?clica, para el cristiano resulta incoherente un servicio meramente filantr?pico. Es la vida nueva de Cristo desde la Eucarist?a la que el cristiano se compromete a extender, con el amor y la justicia, en su propia vida y en la del mundo. De nuevo leemos en Teresa de Calcuta: ?Si no somos capaces de ver a Cristo en el Pan, tampoco lo descubriremos bajo la humilde apariencia de los demacrados cuerpos de los pobres?. Y a la vez vuelve a recordar: ?Nuestra Eucarist?a est? incompleta si no nos lleva a servir y amar a los pobres?. Podr?a ser una celebraci?n narcisista y fragmentaria, insuficiente e incluso indigna. El amor ?ense?aba Juan Pablo II? es el ?nico y definitivo criterio por el que deben juzgarse todos los actos de la vida cristiana y eclesial, que dan gloria a Dios precisamente haciendo plena la solidaridad entre los hombres: ?A Dios le conocemos ?escribi? Dorothy Day? en el acto de partir el pan, y unos a otros nos conocemos en el acto de partir el pan, y ya nunca m?s estaremos solos?. Hacer familia es solidaridad.

3. Dos formas complementarias del compromiso cristiano en el mundo. En primer lugar, las obras de misericordia, espirituales y corporales, que resumen la atenci?n inmediata a los m?s necesitados, y que la Iglesia ha impulsado desde el principio. En segundo lugar, la transformaci?n efectiva de las estructuras sociales, sirviendo tambi?n especialmente a los m?s necesitados. Esto deber?a comenzar en cada familia, donde las personas importan por lo que son, y no por lo que tienen, y desde la familia: porque el cambio m?s radical en las estructuras sociales es hacer familia de la sociedad. Lograrlo exigir?a una masiva inversi?n en la solidaridad.

El voluntariado es un camino de sensibilidad, humana y cristiana. Es un camino que abre a los intereses sociales y culturales, y apost?licos, dinamizando la personalidad de los j?venes que lo recorren. Es as? el gran medio para superar el escepticismo y el aburrimiento existencial, que muchos otros intentan matar con la bebida o la droga. Es tambi?n un camino para sembrar inquietudes, que pueden cuajar en un trabajo profesional cualificado, especialmente para cuidar de los m?s d?biles. Es un semillero de las vocaciones que necesita la Iglesia. Es, en todo caso, una escuela que requiere l?deres espec?ficos, en la Iglesia y en la sociedad civil. L?deres que hay que buscar y preparar.

La familia es el n?cleo y la primera escuela de la solidaridad. En torno al amor de los esposos se edifica la convivencia entre ellos y los hijos, tambi?n con los abuelos, como ?mbito privilegiado para atender y compartir intereses, alegr?as y enfermedades. Tambi?n como parte de la familia de Dios, las parroquias y los grupos eclesiales deber?an garantizar su inversi?n en solidaridad. Es decir, crear espacios donde todos, y especialmente los j?venes, puedan ?aprender haciendo?, creyentes junto con no creyentes, poniendo ese grano de trigo que muere a s? mismo para dar fruto. As? se promocionar?a una cultura del amor y una econom?a diferente, guiada no por el provecho de unos pocos, sino por las necesidades de todos. As? se mostrar?a con un rostro renovado la Humanidad en nuestra ?poca. Y destacar?a cada vez m?s la autenticidad (y por tanto la credibilidad) del cristianismo. Benedicto XVI est? impulsando esta inversi?n en solidaridad, este hacer familia.

Publicado por mario.web @ 9:28
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