Lunes, 28 de marzo de 2011

Se impone lo material. Con todas sus fuerzas. No se adormece. En todas las estaciones. Siempre est? en temporada. Los cuerpos a la carta. Para eso est?n los salones de belleza, gimnasios, cl?nicas de cirug?a est?tica, y dem?s santuarios de placeres. Nos lanzan sus cebos, con el mismo cuidado y mimo, que lo hac?a mi abuelo cuando iba a pescar truchas al r?o Sil. El bombardeo publicitario nos engancha. Es un negocio redondo. Lo refrendan las estad?sticas que nos sit?an a la cabeza de este mercado en la Uni?n Europea. Estar a la ?ltima moda y lucir un buen tipo se ha convertido, para muchos, en el salvoconducto para alcanzar el cl?max del gusto y vivir del cuento. Un placer que, por otra parte, a veces, nos deja m?s sinsabores que sabores placenteros. El de ser dominados, por ejemplo. Para hacernos ver otra cosa est? la tele y las revistas del cotilleo. Que sientan c?tedra, por desgracia. Nos proponen estereotipos corporales que nos encienden la ilusi?n.

El cuerpo ya no se considera como realidad t?picamente personal, como se?al de identidad. Se reduce a pura materialidad y apariencia. No importan los retoques con tal de saborear las mieles del goce. Ya mismo surge una nueva hipoteca. La del cuerpo. Y los bancos y entidades crediticias ser?n due?os de nosotros, a?n m?s si cabe. Claro. Los arreglitos valen un ri??n y parte del otro. Haber si por lo menos desgrava en Hacienda. Somos cuerpos vendidos. Y todo por una boca bien dibujada y carnosa para seducir y rejuvenecer el look. O por unos pechos llenos de silicona. Encima no son de oro, ?jolines! Hasta es posible cambiar la mirada. Es la imagen de una felicidad encerrada en el c?rculo vicioso del deseo m?s instintivo, que, para m?s INRI, promueve la esbeltez como sin?nimo de salud y est?tica, mientras que la obesidad se relaciona con lo insano y antiest?tico. Para colmo de males, nos ofrecen el peso perfecto, las medidas perfectas... Consecuencia de todo ello, la anorexia. Los j?venes, ya se sabe, necesitan tener modelos a imitar. Lo f?sico es la guinda. Luego resulta que, con tantas chapuzas corporales, chapoteo de tatuajes y dem?s pluscuamperfectos colgantes, ni nos reconocemos en el cuarto de ba?o. Otro gallo nos cantar?a, s? los figurines no cotizasen en exclusiva. Hemos perdido el m?s com?n de los sentidos, el de mirarse a s? mismo con buenos ojos, aceptar lo que uno es, y lo que tiene, y decirse todos los d?as, lo que el enamorado dice a la flor. Es la mejor medicina para la salud y el bienestar.

Lo malo de todo este tinglado, es que hemos convertido los cuerpos serranos en serran?as de carne. En pura materia, donde todo se compra y se vende. Olvidamos que somos m?s que un cuerpo bonito. La persona humana no puede renunciar a ser ella misma. Los modelos que nos presentan los poderosos medios de comunicaci?n, no son, la verdad, muy aconsejables. Vivimos unos momentos donde todo vale, como cultura y cultivo. Incluido el culto al cuerpo. La publicidad es tan pujante y repetitiva que, no pocas personas, piensan que se es m?s feliz en funci?n del grado de belleza f?sica alcanzado. Siempre juvenil y sin arrugas. No se acepta que pasen los a?os y el cuidado corporal llega a convertirse en algo obsesivo y en un valor absoluto. Hemos ca?do en la trampa de considerar la vida del ser humano como una mercanc?a de consumo. Cuesti?n grave para vivir a coraz?n abierto. Todas estas contradicciones y situaciones parad?jicas de bellezas exteriores, son s?ntomas de falta de armon?a entre la l?gica del bienestar y la l?gica de los valores ?ticos fundados en la dignidad de la persona.

La nueva plasticidad del cuerpo, se ha puesto de moda. Poco importa lo espiritual. Lo f?sico, lo que entra por los ojos a primera vista, cada d?a es menos aut?ntico. ?Qui?n lo dir?a? Las distintas cl?nicas son capaces de metamorfosearnos, y escapar, as?, de nuestro cuerpo biol?gico. ?Qu? cara! ?Y si yo me gusto, por qu? cambiar? Prefiero ser un don Quijote y cambiar la sociedad. Para que se fije m?s en lo interno. En lo del coraz?n verdadero. En lo de la poes?a en los labios. Y en lo de respirar el aroma de una mirada inocente que se injerta en el alma, con todo el amor del universo. ?Esto s? que me libera y me asciende a las alturas!

La felicidad no la da un cuerpo dotado de hermosura, sino otros valores como pueden ser la entrega incondicional a los dem?s. La donaci?n de uno mismo. Eso es lo que hay que fortalecer y reforzar. Lo que no se hace. Cada d?a, a poco que miremos a nuestro alrededor, notaremos la sed de alegr?as, a pesar de tantos festines. La diversi?n verdadera es aquella que nos engrandece. Nos pone majos. Como si llev?semos un ?ngel a nuestro lado. Esos rostros de belleza s? que imprimen encanto. Esa dulzura, estilo y buen gusto, no es posible conseguirla en ninguna cl?nica o sal?n de belleza.

Muchos de nuestros contempor?neos han perdido el verdadero sentido de la vida y lo buscan en suced?neos, en operaciones externas, en cambios de imagen y hasta de sexo, en un desenfrenado consumismo, en comilonas donde corre la droga, el alcohol o el erotismo a dos bandas: la homosexual (tan de moda hoy) y heterosexual. ?Hay que probarlo todo?, leo en un anuncio por palabras. Buscan la placidez, pero el resultado es siempre una profunda tristeza, un vac?o del coraz?n y muchas veces la desesperaci?n. No se gustan por fuera porque han olvidado asearse por dentro. Ciertamente no es f?cil. El capitalismo salvaje nos puede tanto, que nos atonta. Hasta hacernos perder la raz?n de ser, nuestra identidad y car?cter, nuestros modales intr?nsecos que nos vigorizan y vivifican, sobre todo en lo de ser una se?orita de buen ver o un se?or de buen vivir. Que no pasa, desde luego, por tener solamente un cuerpo diez. En cualquier caso, si deseamos llegar a la consecuci?n de la alegr?a y ser un poco m?s felices, estoy convencido de que hemos de avanzar en una rigurosa asc?tica personal que nos haga m?s de los afectos (fondos) y menos de los aspectos (formas). Lo m?s gozoso es quererse uno antes por lo que se es, una persona en busca de la verdad y de sus creencias. Lo dem?s son aditamentos que nos atrapan y nos esclavizan.


Publicado por mario.web @ 9:29
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