Lunes, 28 de marzo de 2011


Fuente: www.edufamilia.com
Autor: Tom?s Melendo

Padre y madre son, por naturaleza, los primeros e irrenunciables educadores de sus hijos? aunque en los momentos actuales a veces d? la impresi?n de que pretenden ignorarlo, con m?s o menos consciencia (es un primer indicio de que educamos ?m?s bien mal?).

Con todo, esta especie de resistencia resulta comprensible. Y es que la misi?n paterno-materna de educar no es nada sencilla. Est? llena de contrastes en apariencia irreconciliables, y hoy, si cabe, m?s agudizados.

Por tal motivo, antes de se?alar algunas de esas dificultades, copio el diagn?stico de la (disminuci?n de la) ?capacidad educativa? de la familia media actual, realizado por Fernando Sebasti?n. Aunque las reflexiones establecen como punto de partida la ense?anza de la fe en el seno del hogar cristiano, pienso que constituyen una buena toma de contacto con el problema en su conjunto:

?El cambio no est? ?nicamente en que los padres no eduquen cristianamente, sino que, en realidad, la familia, los padres, han perdido buena parte de su capacidad educadora en general.

En el estilo actual de vida, los padres no tienen tiempo para convivir tranquilamente con sus hijos. Los hijos est?n muy poco tiempo con sus padres. No hay apenas espacios tranquilos, ociosos, en los que puedan surgir temas de inter?s. El trabajo de la mujer fuera de casa se ha introducido r?pidamente sin tener apenas en cuenta la funci?n de la madre en la vida familiar, sin una suficiente atenci?n a las exigencias de una adecuada educaci?n de los hijos.

Tanto el padre como la madre tienen sus tareas espec?ficas, adem?s de las comunes, en ese delicado y decisivo proceso que es la educaci?n y la maduraci?n afectiva y personal de los hijos. Puede ser que no est?n siendo suficientemente respetadas por el modelo de vida vigente en nuestra sociedad ni las del padre ni las de la madre.

Hay adem?s un concepto equivocado de la educaci?n, que favorece comportamientos equivocados. El objetivo de una buena educaci?n no es que el hijo ?est? contento?, que no le falte nada, sino que se desarrolle como persona en el conocimiento y en su comportamiento, en sus convicciones y sus actitudes, enriquecido con las virtudes cardinales y teologales.

[?] Para que una persona perciba la llamada de la fe y la acoja positivamente hace falta que tenga una actitud vital determinada: que est? abierto a los mensajes de la realidad y no est? encerrado en el mundo estrecho de sus gustos, de sus preferencias, que se sienta recibido en un mundo m?s amplio que ?l, que no se sienta el centro del mundo, que no est? cerrado sobre s? mismo, ni por ego?smo, ni por temor o resentimiento.

Para dar el paso de la fe hace falta sentir y vivir la realidad como un seno acogedor, amable, en el que nuestra vida tiene que ser posible, en donde podemos vivir seguros. Hace falta adem?s vivir la propia vida como respuesta, con responsabilidad frente a la realidad, a nuestra realidad y la realidad de los dem?s, hace falta percibir y vivir la propia libertad como respuesta positiva a una realidad buena y acogedora, y hace falta que seamos sensibles al don del amor y a la interpelaci?n del amor, ?vivimos del amor de los dem?s, pero a este amor tenemos que responder lealmente con m?s amor?.

Estas actitudes de realismo, responsabilidad, generosidad son fruto de una buena educaci?n. La renuncia a educar puede privar de estas disposiciones a un hijo desde sus primeros a?os.

Quien ha crecido encerrado en el gusto de las propias apetencias, sin sentir el valor de la vida como don y respuesta en el amor, ser? incapaz de entender lo que es ?creer? en Dios, ni creer en nadie. Hace falta percibir las consecuencias de una vida dialogante, compartida, recibida. Cuando un ni?o sabe que vive del amor de los dem?s, y que el amor recibido merece y reclama una respuesta de amor, entender? mejor las explicaciones y los testimonios acerca del buen Padre de Dios y de la necesidad de tenerle en cuenta en su vida.?

Y paso ahora a exponer algunos de?

Los contrastes


1. A lo largo de toda su existencia, los padres han de acoger a cada hijo ??nico e irrepetible, en virtud de su condici?n personal? tal como es, aun cuando en ocasiones no responda a sus expectativas? o incluso ?les caiga mal?.
(Tal ?antipat?a? ?e incluso un inicial rechazo? no deber?a asustar a nadie, pues es perfectamente humana y compatible con el amor m?s puro, que reside en la voluntad y no es propiamente un sentimiento.

Y esto, tanto de manera habitual, que habr? que intentar vencer, como en momentos de particular enfado. En un estupendo escrito sobre educaci?n, Nancy Samalin recuerda que bastante a menudo ?? los padres normales se enfurecen con sus hijos normales. Es inevitable llegar a sentir una rabia intensa hacia los ni?os, con independencia del amor que sintamos hacia ellos.?)

2. Han de saber comprender, pero tambi?n exigir, sin ceder inoportunamente.

3. Respetar la libertad de los chicos y hacerla crecer? ?siempre!, superando todo af?n de posesi?n y sobreprotecci?n; pero, a la vez, deben guiarles y corregirles.

4. Ayudarles en sus tareas, pero sin sustituirlos ni evitarles el esfuerzo formativo y la satisfacci?n que el realizarlas lleva consigo, y que robustece su autoconocimiento y su autoestima? ?y su capacidad de desenvolverse en la vida, sin depender siempre de sus mayores!

5. Y otro sinf?n de dificultades y de aparentes contradicciones que ser?a largo enumerar y que ir?n apareciendo a lo largo del escrito.

Una primera aproximaci?n se encuentra en estos sensatos p?rrafos de Murphy-Witt, que no tienen desperdicio:

?En la actualidad, los ni?os ya no crecen espont?neamente. Han cambiado demasiadas cosas en nuestra sociedad. No hace mucho tiempo se dec?a: ?Lo que llegue, bien recibido ser?. Pero hoy en d?a pr?cticamente no quedan familias con una visi?n tan distendida. Abuelas que prefieren viajar por todo el mundo en lugar de ocuparse de sus nietos, pisos peque?os y condiciones adversas para los ni?os, falta de oferta para cuidarlos y una presi?n continua, tanto en t?rminos de tiempo como de rendimiento, para combinar trabajo y familia: ?los padres de hoy en d?a no lo tienen precisamente f?cil!

No solo falta un apoyo ?til, sino que tambi?n la vida diaria de las familias es cada vez m?s complicada: comida r?pida y falta de ejercicio f?sico, culto a las marcas y consumismo, televisi?n publicitaria y videos violentos, Internet y juegos de ordenador, conductas agresivas en el parque y mobbing en el colegio, dificultades para leer y d?ficit de atenci?n, trastornos alimentarios y ?xtasis: el mundo de nuestros hijos es multiproblem?tico.

En este contexto nuestros reto?os necesitan una buena l?nea directriz, instrucciones intensivas y pautas inamovibles para encontrar su camino. La responsabilidad que los padres tienen sobre sus hombros es grande. Se exige mucho de las madres y los padres, m?s bien un trabajo a tiempo completo que una ocupaci?n temporal. Muchas parejas j?venes opinan que se puede ir aprendiendo sobre la marcha, que se consigue de alg?n modo. Pero, por desgracia, las cosas se tuercen con demasiada frecuencia. Cada vez m?s familias se ven atrapadas en el estr?s de la educaci?n. Los problemas se convierten en dominantes y las disputas continuas envenenan el ambiente en el hogar. A?o tras a?o aumenta la demanda de asesoramiento educativo. Y cada vez hay m?s familias que no pueden solucionar solas sus conflictos.?

M?s escueto, pero tambi?n m?s esencial, es el panorama que ofrece Diego Maci?:

?La tarea de educar supone esforzarse por comprender, respetar y enriquecer al ?otro? y esto en una sociedad como la nuestra, siempre con prisas, dificultades de comunicaci?n, horarios de trabajo incompatible con los hijos, etc., no siempre resulta f?cil. De hecho, parte del precio que estamos pagando los seres humanos por el progreso de nuestra sociedad es dejar en segundo plano las relaciones amorosos entre padres e hijos, fundamentales para que estos alcancen una personalidad madura e independiente.?

Y que, como es l?gico, concuerda casi a la letra con el de otros dos especialistas en psicolog?a y educaci?n (Fern?ndez Mill?n y Buela-Casal):

?Si algo es importante en la educaci?n de los hijos, es conocerlos y que ellos conozcan a sus padres. Desgraciadamente la sociedad en la que vivimos nos roba una gran parte del tiempo que deber?amos usar para hablar entre los miembros familiares; tiempo que empleamos en el trabajo, el desplazamiento, la televisi?n, etc. Se ha dejado de contar cuentos a los m?s peque?os o trasmitir las historias de nuestros antepasados (es sorprendente como muchos ni?os apenas conocen la vida de sus abuelos), las sobremesas son fugaces o individuales, llegamos muy cansados del trabajo o el hijo debe de hacer los deberes de clase?, hay miles de excusas para no sentarse y dialogar, empezando por escuchar.?

De ah? que los padres tengan que aprender por s? mismos a serlo? y desde muy pronto

Capacitarse

En ning?n oficio la capacitaci?n profesional comienza cuando el aspirante alcanza puestos de relieve y tiene entre sus manos encargos muy comprometidos o de alto riesgo. No ocurre as? ni en la alba?iler?a, la mec?nica, las artes gr?ficas o el dise?o; tampoco en medicina, arquitectura, ingenier?a, inform?tica, derecho, en la carrera militar o pol?tica, en la administraci?n o en el seno de una empresa?

?Por qu? en el ?oficio de padres? deber?a ser de otra forma? ?Tal vez porque su responsabilidad es menor que la de quienes trabajan en una profesi?n convencional? Da la impresi?n de que no, sino m?s bien al contrario: en fin de cuentas, educar es poner los medios para que una persona llegue a ser feliz, y ?existe algo de m?s trascendencia que ?eso??

?Acaso, entonces, porque se trata m?s de un arte que de una ciencia? Aunque se pudiera estar de acuerdo en este ?ltimo extremo, en ning?n arte bastan la inspiraci?n y la intuici?n; es menester tambi?n instruirse, formarse, ejercitarse? como confirman justamente los artistas que en apariencia trabajan sin apenas esfuerzo: cuanto m?s ?natural? parece la obra maestra, m?s trabajo (en ocasiones, previo y sedimentado a modo de habilidades) ha llevado consigo.

Cuanto m?s ?natural? parece la obra maestra, m?s trabajo suele encerrar en su seno

Llegar al fondo

Por otro lado, aprender el ?oficio? de padre y educador no consiste en proveerse de un conjunto de recetas o soluciones ya dadas e inmediatamente aplicables a los problemas que van surgiendo. Ni tampoco de un racimo de t?cnicas infalibles.

Tales recetas y t?cnicas no existen. Hay, por el contrario, principios o fundamentos de la educaci?n, que iluminan las distintas situaciones: los padres deben conocerlos muy a fondo, hasta hacerlos pensamiento de su pensamiento y vida de su vida ??ser de su propio ser!?, para con ellos, y casi sin necesidad de deliberaciones, encarar la pr?ctica diaria.

Y no se trata, tampoco, de una labor sencilla: comporta mucha atenci?n a los hijos, mucha reflexi?n y cambio de impresiones de los esposos entre s? y mucho sacrificio para saber prescindir del propio bienestar ?incluso del necesario y no caprichoso? en pro del bien de los hijos.

Tal como explica Maci?, ?? educar en el sentido m?s amplio es, sin duda, una tarea compleja. Educar de forma responsable a los hijos requiere responsabilidad, respeto, conocimiento y ejemplo. Ser padres es una oportunidad maravillosa que nos proporciona la naturaleza, pero es tambi?n ?un oficio?, ?una profesi?n? que hay que aprender. Por tanto, requiere de un proceso de instrucci?n que supone reflexi?n, adquisici?n de conocimientos te?ricos y puesta en pr?ctica de los mismos. El oficio de ser padres se puede aprender y mejorar.?

Una mejora y aprendizaje que se resume en lograr que, de forma espont?nea y habitual, impere la siguiente m?xima:

El t? de la persona amada debe prevalecer siempre sobre el propio yo: ?he aqu? la regla de oro de toda labor educativa, de la vida entera? y de la aut?ntica felicidad!

Teniendo esto claro, y sin demasiadas pretensiones, ofrecer? un memorando, el m?s accesible y concreto que se me ocurre, de los principales criterios y sugerencias sobre ?el arte de las artes?, como ha sido llamada la educaci?n.

En la confluencia de tres amores

Si planteamos el asunto del modo m?s hondo y radical posible, las claves de la educaci?n, y de todas las tareas que lleva consigo, se encierran en un solo t?rmino y misi?n ?amar (amar ?bien!)?? y en los dos corolarios que de ah? se siguen:

1. ?Aprender a amar inteligentemente!, sin nunca, nunca, dar por supuesto que uno ya sabe hacerlo, en contra de lo que a menudo sucede (?? el amor debe ir a la escuela?, me gusta recordar con Benavente).

2. Y sin imaginar tampoco que va a lograrlo como por arte de magia, sin poner de su parte cuanto fuere necesario para querer cada vez mejor (lo cual supone, como vengo diciendo, esforzarse por ser mejor persona).

1. Amor a los hijos

El requisito ineludible


La primera cosa que los padres necesitan para educar es un verdadero y cabal amor a sus hijos: querer efectiva y eficazmente su bien, el de ?cada uno de todos? ellos.

Seg?n escribe G. Courtois en El arte de educar a los muchachos de hoy, la educaci?n requiere, adem?s de ?un poco de ciencia y de experiencia, mucho sentido com?n y, sobre todo, mucho amor?.
Algo similar sostienen Charles y Laura Robinson, animando a los padres a asumir su tarea educadora:

?Pod?is hacer de ellos unos seres fundamentalmente felices; pod?is darles el gran impulso inicial para la carrera de la vida. Ese impulso, en el ser humano tendr? que constar, en buena parte, de una gran dosis de amor.

Porque el amor es la suprema actividad humana y la que tiene m?s virtud para equilibrar y potenciar a los hombres.?

Con otras palabras, es preciso dominar algunos principios pedag?gicos y obrar con sensatez, pero sin suponer que baste aplicar una bonita teor?a para obtener seguros resultados. Todo ello ser?a insuficiente sin el elemento indispensable de un amor aut?ntico y cabal? y hondamente enraizado en lo m?s ?ntimo de nuestro ser.

[Esto se aplica tanto a los padres como a los educadores ?de profesi?n?: maestros y profesores. As? lo muestran las siguientes palabras de Francisco G?mez Ant?n, Catedr?tico con muchos a?os de experiencia universitaria. Cuando le preguntaron por el ?secreto? de su triunfo en las aulas, contest?: ?Para dar una buena clase hay que hacer muchas cosas. La primera de ellas, querer mucho a los alumnos?.]

Lo primero que los padres necesitan para educar es un verdadero amor a sus hijos

Amor clarividente?

?Por qu?? Entre otros muchos motivos, porque ?cada ni?o ?justo por su condici?n de persona? es una realidad absolutamente irrepetible?, distinta de todas las dem?s.

Antes que nada, en contra de lo que impl?citamente pensamos? o ni siquiera pensamos, pero gu?a a menudo nuestros comportamientos, estamos ante un ni?o: no ante una suerte de mini-adulto o de adulto virtual y en construcci?n, que necesita ser tratado ?como si fuera mayor? para lograr la plenitud que le corresponde? ?o para que no turbe la tranquilidad en que nos hemos instalado!

Parece absurdo decirlo y, sin embargo, resulta de capital importancia: un ni?o es? un ni?o. Y tiene el derecho y el deber de vivir como ni?o, justo para despu?s dejar de serlo y transformarse en el var?n o la mujer cumplidos, a trav?s de ese amargo trago en que nos empe?amos que sea la adolescencia.

El ni?o piensa como ni?o, imagina como ni?o, percibe el tiempo y el espacio ?tambi?n el propio cuerpo? como ni?o, se relaciona con el mundo, con sus semejantes ?y con Dios! como ni?o, y un muy extenso etc?tera.

Y respetuoso

Y los adultos, en lugar de agostar esa condici?n con nuestras pretensiones ?de mayores?, deber?amos dedicarnos a contemplarlo, para aprender de ?l ?m?s a menudo de lo que suponemos? en qu? consiste ser humanos (aunque tambi?n sin ingenuidades a lo Rousseau).

Lo sostiene, bella y agudamente, Bartolom? Mench?n: el ?? estudio del hombre en la etapa inicial de su vida [?] nos indica ?con sus capacidades y sus necesidades? el camino adecuado para su educaci?n, o, mejor dicho, para su formaci?n. Porque para poder acertar a guiarle, hay primero que dejarse guiar por ?l; es decir, observarle con atenci?n para ayudarle a desarrollar sus capacidades y poder responder a sus necesidades.?

Y concreta despu?s: ?? todo lo que s? de importancia sobre los ni?os lo he aprendido de ellos; y podr?a decir, tambi?n, que observ?ndolos y reflexionando he aprendido muchas cosas sobre m?. La relaci?n con los hijos hace profundizar enormemente en el conocimiento de qui?nes son ellos y qui?nes somos nosotros.?

Ideas similares a las que resume, con plasticidad un tanto agresiva, Murphy-Witt:

?Los ni?os no son peque?os adultos. Esto es algo que los padres olvidan a veces, por desgracia. Sobre todo cuando su reto?o es tranquilo, est? adaptado y da pocos problemas, lo desbordan r?pidamente con una raci?n demasiado grande de vida adulta: mundos relucientes de consumismo en lugar de un espacio para jugar, espacios de cemento en lugar de experiencias en la naturaleza, restaurantes ruidosos en lugar de comidas agradables en la mesa familiar. Conversaciones de adultos en lugar de amigos de la misma edad.

Todo ello exige demasiado de los peque?os. No pueden explotar su af?n natural por moverse, no se pueden manchar, los visten con ropa de moda con la que no pueden andar dando saltos, tienen que estar sentados en un rinc?n callados. Cuando no hay otra posibilidad, los sientan delante del televisor o de un video. As? por lo menos dejan de molestar. De este modo, los padres tienen siempre a un ni?o limpio y pulcramente vestido que los sigue. Sin embargo, estas condiciones vitales no son en absoluto adecuadas para los ni?os. Despu?s, que no se sorprendan mam? y pap? cuando en alg?n momento su reto?o salga de la jaula de oro y quiera ser un ni?o de una vez.?
Y concluye, con buen humor:

?As? pues, ?se acab? la obligaci?n de tener que jugar al miniadulto! Los ni?os se hacen mayores y se ven enfrentados a la cruda realidad.

Conced?mosles tantos hermosos d?as y experiencias infantiles como sea posible. Dejemos que jueguen, correteen y tambi?n se ensucien en funci?n de su edad. A arregl?rselas en el mundo de los adultos tienen que aprender de todos modos bastante pronto.?

El ni?o piensa como ni?o, imagina como ni?o, percibe el tiempo y el espacio como ni?o, se relaciona con el mundo, con sus semejantes ?y con Dios! como ni?o?

Que no siempre lo es

Mas, como veremos m?s tarde, es frecuente que los adultos, despu?s de sofocar al ni?o que deber?a pervivir en nosotros ?y precisamente por ello?, impidamos a nuestros hijos vivir su infancia como tal.

En este contexto pueden leerse las advertencias de Robinson:

?Todo ser humano tiene tambi?n su marcha, su velocidad de crucero. Como padres, ten?is que conocerla bien y luego tratar de lanzarles a esa velocidad, pero sin pretender forzar su marcha.
Forzar su marcha ser?a insensato. No conseguir?ais otra cosa que estropear su maquinaria y dejarles expuestos a serias aver?as.?
Aunque m?s directa resulta, de nuevo, la exposici?n de Mench?n:

?Os preguntaba por vuestra infancia ?observa, en un di?logo imaginario?, porque la madurez humana consiste en ir pasando de una etapa a otra de la vida llevando con nosotros los mejores recuerdos; lo que es tanto como decir que no son im?genes de un pasado que se fue, sino momentos constituyentes de nuestra personalidad, de nuestro ser m?s profundo, y que est?n presentes en la actualidad. Si fuimos aut?nticamente ni?os nunca dejaremos de serlo.?

Y no solo por los recuerdos, me atrever?a a a?adir, sino por el conjunto de h?bitos que ?nicamente en la infancia pueden forjarse.
De ah? que quepa proseguir: ?? todos hemos sido ni?os, pero se puede decir de algunas personas que no han tenido infancia.?

Y explicar, con sugerente met?fora:

?La armon?a afectiva y espiritual es el eco que va resonando en el interior del ni?o al comp?s de las acciones que va realizando; y esos ecos interiores tienen que ser ordenados, matizados, amplificados o moderados por los padres. Va surgiendo as? una maravillosa melod?a. De otra forma, ser?n sonidos inconexos o ruidos que se lleva el viento. La armon?a afectiva y espiritual del ni?o necesita de unos maestros m?sicos, que son los padres. Si me permit?s seguir con el s?mil de la m?sica, os dir?a que al pentagrama en blanco de la vida del ni?o van llegando todo tipo de notas que, si no se integran en una melod?a, se pierden en gran parte; y, as?, cuando crecemos, desaparece la m?sica de nuestra infancia.?

Para concluir: ?Viendo el modo de hablar y actuar de muchas personas adultas, metidas en un mundo de ambiciones demasiado humanas, de ansias de poder y dinero, es dif?cil descubrir en ellas a los ni?os que fueron, quiz? porque los adultos les ayudaron muy poco a serlo.?

Y si no le permitimos ser ni?o durante su infancia, es muy probable que el resto de su vida arrastre ese d?ficit, que, en ocasiones, le impedir? incluso ser un joven y un adulto cabal
Amor, por tanto, clarividente y respetuoso
Por otro lado, admitida, fomentada y consolidada su condici?n infantil, jam?s se tratar? de un caso m?s entre muchos. De ah? que ning?n manual sea capaz de explicarnos ese presunto ?caso? concreto.

Hay que aprender, pues, a modular los principios a tenor del temperamento, la edad y las circunstancias en que se encuentren los chicos, teniendo en cuenta que lo que en este preciso instante puede resultar oportuno e incluso imprescindible para uno de ellos, en otro momento y en otra situaci?n ha de ser evitado a toda costa? para ese mismo hijo.

Pero solo el amor permite conocer a cada uno de nuestros hijos tal como es hoy y ahora y actuar en funci?n de ese conocimiento: aun concediendo la parte de verdad que encierra el dicho de que ?el amor es ciego?, resulta mucho m?s profundo y real sostener que es agudo y perspicaz, clarividente; y que, trat?ndose de personas, solo un amor aut?ntico nos capacita para conocerlas con hondura y tratarlas en consecuencia.

Solo el amor permite ?andarse con contemplaciones? ?conocer a cada uno de nuestros hijos tal como es hoy y ahora? y actuar de acuerdo con ese conocimiento
Jugar las mejores bazas?

De hecho, ser? el amor el que ense?e a los padres a poner en pr?ctica una de las claves m?s importantes de la educaci?n. Lo que suele llamarse ?educar en positivo?, cuyo principio fundamental consiste quiz?, una vez anclados con fuerza en la condici?n personal de cada uno de ellos, en:

1. Descubrir y, si es necesario, poner por escrito ?con sus nombres propios, para que queden bien claras y para repasarlas y perfilarlas todav?a m?s cuantas veces fuere conveniente?, las cualidades que sus hijos ya poseen y deben ser potenciadas.

2. Procurar no insistir mon?tona, reiterativa y exclusivamente:

2.1 En la correcci?n de sus defectos.

2.2. O en los que lleva anejos el papel o funci?n en que ?siguiendo una mala costumbre tremendamente extendida? lo hemos encasillado: tozudo, holgaz?n, manazas, payaso, desordenado, cachaza, intransigente, protest?n, desali?ado?
(Defectos que, precisamente por serlo, resultan dif?ciles de vencer. Atender, por el contrario, a sus puntos fuertes, y solicitar en esos campos mejoras asequibles, permitir? a los chicos:

1. Ir obteniendo peque?as victorias, con la alegr?a que a ellas va aparejada.

2. Aumentar de esta forma la propia estima y las ganas de luchar.

3. Ponerse, con el crecimiento conjunto de su persona, en condiciones de superar unos defectos que antes eran invencibles.)
De igual modo, el amor llevar? a los padres a advertir el momento m?s adecuado para ?estar? ?de forma m?s o menos activa, o simplemente ?estar?? y para ?desaparecer?, para hablar y para callar; el tiempo para jugar con los ni?os e interesarse por sus problemas sin someterlos a un interrogatorio y el de respetar su necesidad de estar a solas? con su propia intimidad; las ocasiones en que conviene ?soltar un poco de cuerda? y ?no darse por enterados?, frente a aquellas otras en las que procede intervenir con decisi?n e incluso con resuelta viveza y una pizca de agresividad fingida?

Y, seg?n dec?a, en todo este dif?cil arte los padres resultan irreemplazables: porque solo quien ama con locura ?incondicional, incondicionada e incondicionablemente? es capaz de descubrir los tesoros inauditos de grandeza que cualquier persona encierra en lo m?s ?ntimo de su ser y prestarle el vigor y el apoyo imprescindibles para hacer que despunten, se desarrollen, maduren y alcancen su plenitud.
Un matrimonio muy agobiado por su trabajo profesional buscaba en una tienda de juguetes un regalo para su ni?o: ped?an algo que lo divirtiera, lo mantuviese tranquilo y, sobre todo, le quitara la sensaci?n de estar solo.

Una dependiente inteligente les explic?: ?lo siento, pero no vendemos padres?

Pues nadie lo har? en nuestro lugar?

Como ya apunt?, la experiencia muestra que normalmente insistimos m?s en los defectos de nuestros hijos que en sus atributos positivos.

Escribe Nancy Samalin: ?Nosotros nos fijamos demasiado en las correcciones rojas del trabajo de Historia, en la palabra mal escrita, en el resultado equivocado del problema de Matem?ticas o en los acentos que faltan. Tenemos la costumbre de fijarnos en lo "malo", en lugar de hacerlo en lo "bueno", de nuestros hijos, no solo en el ?mbito escolar, sino tambi?n en otros aspectos de la vida. Si usted es capaz de romper este esquema [?] y fijarse en lo positivo, su hijo mostrar? una mayor motivaci?n, cooperaci?n y seguridad en s? mismo.?

Y algo semejante suelen hacer los dem?s: casi sin pretenderlo, advierten lo m?s negativo.

Una de las m?s tristes consecuencias de este modo de obrar es que los chicos pueden pasar muchos a?os ignorando no solo su grandeza constitutiva e inalienable ??amigos potenciales de Dios!?, sino tambi?n aquellas cualidades en las que, con un m?nimo de esfuerzo, podr?an sobresalir y apoyarse para mejorar el conjunto de su persona.
Lo ilustran estas sensatas ?y tal vez un tanto excesivas? reflexiones de Faber y Mazlish:

?Parece ser que elogiar un comportamiento cabal no brota espont?neamente. La mayor?a de nosotros somos prontos en criticar y tardos en aplaudir. Como padres, tenemos la obligaci?n de invertir ese orden. [?]

El lector habr? constatado que el mundo exterior no es muy proclive a las alabanzas. ?Cu?ndo fue la ?ltima vez que otro conductor le dijo: ?Gracias por ocupar solamente una plaza de aparcamiento. As? cabr? tambi?n mi coche?? Nuestros esfuerzos de colaboraci?n se dan por sentados. Si en cambio sufrimos un desliz, la condena ser? virulenta.

Seamos diferentes en nuestros hogares. Recordemos que adem?s de proporcionarles alimento, refugio y vestido, tenemos otro deber con nuestros hijos, y es consolidar sus mejores ?atributos?. El mundo entero les afear? los defectos, con vigor e insistencia. Nuestra funci?n es darles a conocer su parte buena.?

Y resulta imprescindible

?El hombre ?apunta de nuevo Robinson? es un ser que necesita absolutamente del aprecio de los dem?s. Esta sensaci?n ?ntima de que uno es acogido y estimado es un art?culo de primera necesidad para el ser humano; lo mismo que el aire, el agua, el alimento y el calor.?
Y precisa, certeramente:

?La aprobaci?n debe estar m?s dirigida a aquellos que m?s necesitan de ella y en aquellos sectores que la necesitan. A un muchacho que suele traer malas notas, el saber apreciar las veces que las trae buenas, ser? acertar en una de las teclas m?s profundas de su esp?ritu, ser?, quiz?, remover un des?nimo persistente y profundo, abrirle una hermosa esperanza, afirmarle en la confianza en s? mismo.

El alabar con oportunidad la superaci?n, siquiera sea moment?nea, de un defecto, ser? m?s eficaz que reprimendas y muchos castigos.?
Insistir en sus defectos e ignorar sus cualidades puede llevar al ni?o a desconocer cu?les son las aut?nticas armas con las que cuenta para desarrollarse y triunfar en la vida

2. Amor mutuo

Amor entre los c?nyuges


La primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre s? (es decir, como esposos).

?Hacemos que no le falte de nada, estamos pendientes hasta de sus menores caprichos, y sin embargo??

Expresiones como esta las o?mos a menudo, proferidas por tantos padres que parecen volcarse sobre sus hijos ?alimentos sanos, reconstituyentes y vitaminas, juegos m?s y m?s sofisticados, vestidos y dem?s prendas de marca, vacaciones junto al mar o en la nieve, diversiones sin tasa ni de tiempo ni de precio, resoluci?n de problemas o de gestiones que deber?an realizar los hijos, trasportes en coche cuando lo mejor es que tomaran el autob?s, etc.?, pero se olvidan de la cosa m?s importante que precisan los cr?os: que los propios padres se amen y est?n unidos? como esposos (repito con plena voluntariedad, pues solo luchando por mejorar su condici?n de esposos podr?n llegar a ser buenos padres).

El cari?o mutuo de los padres es el que ha hecho que los hijos vengan al mundo. Y el mismo afecto rec?proco debe completar la tarea comenzada, ayudando al ni?o a alcanzar la plenitud y la felicidad a que se encuentra llamado.

El complemento natural de la procreaci?n, la educaci?n, ha de estar movido por las mismas causas que engendraron al hijo: el amor de los esposos

Sentirse protegidos y tener un punto de referencia

Hace ya bastantes siglos que se dijo que, al salir del ?tero materno, donde el l?quido amni?tico lo proteg?a y alimentaba, el ni?o reclama imperiosamente otro ??tero? y otro ?l?quido?, sin los que no podr?a crecer y desarrollarse; a saber, los que originan el padre y la madre al quererse de veras.

Adem?s, cualquier chico o chica necesitan un modelo vivo al que imitar, aunque sea remotamente y de acuerdo con sus propias peculiaridades, para poder desplegar las riquezas de su propia personalidad.

Por eso, cada uno de los esposos ha de empe?arse en un combate constante de mejora personal, seg?n antes apunt?, al que los hijos puedan contemplar y referirse; y, como fruto de su amor rec?proco, debe asimismo:

1. Mostrar con delicadeza, tambi?n para que los chicos lo adviertan, el cari?o hacia su marido o su mujer (probablemente nada resulte m?s gratificante y educativo para un hijo que advertir c?mo se quieren sus padres).

2. Y, adem?s, y como consecuencia:

2.1. Engrandecer la imagen del otro ante los hijos.

2.2. Evitar cuanto pueda hacer disminuir el cari?o de estos hacia su c?nyuge.

Promover el amor de cada hijo hacia el otro c?nyuge

Lo anterior puede concretarse, de momento, en los siguientes preceptos.

Desde que los cr?os son muy peque?os:

1. Adem?s de manifestar prudente pero claramente el afecto que los une, con gestos y palabras (?nunca agradecer? lo bastante a mis padres el que se besaran con cari?o delante de m??, me comentaba el otro d?a una chica de unos 25 a?os).
2. Los padres han de prestar atenci?n:

2.1. A no hacerse reproches mutuos ni comentarios ir?nicos delante de ellos
.
2.2. A no permitir uno lo que el otro proh?be (la pregunta refleja, ante una consulta del hijo o la hija ha de ser: ??qu? te ha dicho pap? o mam???, aunque luego, si opinaran de manera distinta, deban hablar a solas para ponerse de acuerdo).

2.3. A evitar de plano ciertas aberrantes recomendaciones al ni?o, que le llevar?a a desconfiar del otro c?nyuge: ?esto no se lo digas a pap? o a mam?, etc.

Cualquier ruptura o disminuci?n de la armon?a entre los c?nyuges, cualquier asomo de acritud, es inmediatamente advertido por los hijos, hace que les falte el aire que respiraban y provoca, junto a indecibles sufrimientos normalmente inconfesados, una detenci?n o una contrahechura en su desarrollo personal.

Espl?ndida es la explicaci?n de Mench?n:

?El problema es que a los ni?os peque?os las desavenencias de los padres les generan inseguridad. No tienen capacidad de intervenir en una situaci?n que les desconcierta y se encierran en s? mismos. Si las ri?as son frecuentes, les costar? abrirse a sus padres con sencillez porque aprecian una cierta amenaza que no saben identificar. La cuesti?n es a?n peor si piensan que ellos son la causa de los problemas. El equilibrio del ni?o se empieza a romper. Por el contrario, cuando la relaci?n de los padres es profundamente cordial, los hijos se manifiestan ?cada uno seg?n su car?cter? con gran espontaneidad y alegr?a.?

Al salir del ?tero materno, donde el l?quido amni?tico lo proteg?a y alimentaba, el ni?o reclama otra protecci?n y alimento sin los que no podr?a crecer y desarrollarse: los que originan el padre y la madre al quererse de veras

3. Ense?ar a querer

Principio y meta


Como acabamos de ver:
1. El principio radical de la educaci?n es que los padres se quieran entre s? y, como consecuencia de ese amor, que quieran de veras a sus hijos.

2. El fin o meta de esa educaci?n es que los hijos, a su vez, vayan aprendiendo a querer, a amar? pues esa es la actividad m?s propia y que m?s perfecciona a cualquier persona y, como consecuencia, la que los har? feliz.

Lo expresan con hondura y fluidez Charles y Laura Robinson:

?Amar a los dem?s es lo m?s grande y lo m?s importante que puede hacer un ser humano en toda su vida. Fomentar y desarrollar en vuestros hijos la capacidad de amar es llevarles a la cumbre de su personalidad. Todas las dem?s capacidades y cualidades tendr?n sentido si ese ser humano sabe amar. Si no es capaz de amar mucho a sus semejantes, las dem?s cualidades que posea se insertar?n en su ego?smo y har?n de ?l un inadaptado, un fracasado, quiz? un tirano, un criminal, un monstruo.?

Curiosamente y en compendio, educar es amar, y amar es ense?ar a amar: pues no es otro el destino del ser humano ni la clave de su felicidad.

Por consiguiente, educar equivale a ense?ar a amar

Un ser-para-el-amor


Seg?n afirma Philippe, ?en el plano psicol?gico y espiritual la necesidad m?s profunda del hombre es el amor: amar y ser amado.?

A lo que a?ade C. Singer: ?El amor es lo que queda cuando ya no queda nada m?s. En lo m?s hondo de nosotros, todos lo recordamos cuando ?m?s all? de nuestros fracasos, de nuestras separaciones, de las palabras a las que sobrevivimos? desde la oscuridad de la noche se eleva, como un canto apenas audible, la seguridad de que, por encima de los desastres de nuestras biograf?as, m?s all? incluso de la alegr?a, de la pena, del nacimiento, de la muerte, existe un espacio que nadie amenaza, que nadie ha amenazado nunca y que no corre ning?n peligro de ser destruido: un espacio intacto que es el del amor que ha creado nuestro ser? (es decir, el amor rec?proco de nuestros padres).

Y, en cierto modo como resumen, y en la esfera de la gracia, explica Alfonso Mar?a de Ligorio: ??Ojal? que todos entendieran esta verdad, que solo una cosa es necesaria! No es necesario allegar en la tierra muchos caudales, ni granjearse la estima de los dem?s, ni llevar vida regalada, ni escalar las dignidades, ni ganar reputaci?n de sabio; una soca cosa es necesaria: amar a Dios y cumplir su voluntad. Para este ?nico fin nos cre? y conserva la vida, y solamente por este camino llegaremos un d?a a conquistar el para?so.?

Todo el esfuerzo educativo de los padres ha de dirigirse, pues, en ?ltima instancia, a incrementar la capacidad de amar de cada hijo y a desterrar cuanto lo torne m?s ego?sta, m?s cerrado y pendiente de s?, menos capaz de descubrir, querer, perseguir y realizar el bien de los otros.

Solo as? contribuir?n eficazmente a hacerlos felices, puesto que la dicha ?como muestran desde los fil?sofos cl?sicos hasta los m?s certeros psiquiatras contempor?neos? y la experiencia sincera de cada uno de nosotros? no es sino el efecto no buscado de engrandecer la propia persona, de mejorar progresivamente: y esto solo se consigue amando m?s y mejor, dilatando las fronteras del propio coraz?n? con objeto de que, al t?rmino de nuestro paso por este mundo, ?nos quepa m?s Dios en ?l? y seamos, consiguientemente, mucho m?s dichosos.

El empe?o educativo de los padres ha de dirigirse a incrementar la capacidad de amar de cada hijo y a evitar cuanto lo torne m?s ego?sta

Educar para la felicidad

Con otras palabras. Pese a cualquier apariencia en contrario, la felicidad es directa y exclusivamente proporcional a la capacidad de amar de cada persona, expresada en obras:

1. Quien ama mucho, es muy feliz.

2. Quien tiene un amor mediocre, nunca alcanzar? una dicha completa.

3. Y quien no sabe o no quiere amar, por m?s que triunfe en los restantes aspectos de la existencia humana, ser? un aut?ntico desgraciado? aunque a veces pretenda encubrirlo o negarlo: ?cu?ntos famosos acaban por reconocer que llevan una vida insufrible!

De ah? que San Juan de la Cruz pudiera sostener, con expresi?n que casi nunca se cita literalmente (yo tampoco lo hago ahora):

?En el atardecer de nuestra existencia, se nos examinar? del amor?? ?y de nada m?s!

El amor encarnado

En conclusi?n-conclusi?n: cualquier acci?n educativa tendr? validez en la exclusiva medida en que el motor de lo que se aconseja hacer o dejar de hacer, de lo que uno realiza u omite, sea:

1. Un amor aut?ntico e inteligente hacia la persona que se pretende formar.

2. O, con otras palabras, el bien real de esa persona.

2.1. Que siempre habr? de prevalecer sobre el nuestro.

2.2. Y que consiste, a su vez, en que el ser querido est? m?s pendiente del bien de los dem?s que del suyo propio? y no en un sinf?n de concesiones que interpretamos como signo de amor, pero que no son sino trampas en las que caemos con m?s o menos conciencia y con m?s o menos dosis de ego?smo y comodidad.

Certeros y templados, tambi?n por caminar contracorriente, me parecen los siguientes juicios:

?Los padres que adoptan un igualitarismo exagerado, o una permisividad excesiva (??Ya es mayor para hacer lo que quiera!, ?cada uno es libre de tomar sus propias decisiones!?), no proporcionan a sus hijos la clase de apoyo que necesitan.

Muchos padres adoptan esta actitud al no sentirse comprometidos ni implicados en la educaci?n de sus hijos (padres despreocupados, negligentes o con pocos recursos educativos), otros a causa de nociones deformadas (?y muy extendidas!) de c?mo debe establecerse la relaci?n padres-hijos. En familias de clase media se incrementa el riesgo de que los adolescentes presenten conductas socialmente desviadas, consuman drogas, etc., cuando los padres se declaraban partidarios de valores como la individualidad, la comprensi?n de s? mismo, la disposici?n a aceptar cualquier innovaci?n, la necesidad del igualitarismo en la familia, pero que realmente utilizaban dichos valores para eludir sus obligaciones de la responsabilidad educativa que corresponde a los padres.?

El bien m?s radical de cualquier persona ?lo que la perfecciona y hace feliz? consiste en que, olvidada de s?, se ocupe de procurar el bien a quienes la rodean

Tom?s Melendo
Catedr?tico de Filosof?a (Metaf?sica)
Director de los Estudios Universitarios en Ciencias para la Familia
Universidad de M?laga
Comentarios al autor: [email protected]
www.edufamilia.com


Publicado por mario.web @ 9:45
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios