Lunes, 28 de marzo de 2011
No se pide a nadie que renuncie a su propia cultura, sino que se deje penetrar del carisma, para que con la cultura que haya recibido, exprese el carisma
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Interculturalidad
Interculturalidad
Fenomenolog?a actual.
La vida consagrada es por s? din?mica. La misi?n a la que est? llamada1 la lleva a buscar siempre formas nuevos y nuevos lugares para testimoniar el seguimiento a Cristo y las verdades escatol?gicas que dicho seguimiento comporta. Esta dinamicidad la abre por tanto a confrontarse constantemente con culturas diversas de las que le han dado origen. Tal ha sido la historia de diversos Institutos religiosos que a lo largo de los a?os han sabido aceptar en su seno a personas provenientes de muy distintas culturas, amalgam?ndose todas ellas, sin perder su identidad, en una sola cultura.

Dicho fen?meno, por lo menos en Occidente, ha sufrido un cambio dr?stico, dando origen a un fen?meno completamente nuevo. Si anteriormente la simbiosis de culturas se realizaba en forma paulatina y los elementos culturales externos o ajenos a la cultura de origen se incorporaban en forma lenta y pausada, permitiendo una asimilaci?n mutua de forma que el carisma pudiera expresarse en la nueva cultura y a su vez, la cultura pudiera aportar elementos novedosos al carisma, con la finalidad de desarrollarlo2 y llevarlo a la plenitud, hoy el fen?meno de inculturaci?n es diverso.

Partiendo de una realidad emergente como era, y es, la falta de vocaciones en Europa, muchas congregaciones e institutos religiosos, durante los a?os pasados, se dieron a la tarea de buscar vocaciones en culturas diversas a las de la cultura de origen. La asimilaci?n mutua de la cultura al carisma y del carisma a la cultura que anteriormente se llevaba en forma paulatina, espont?nea y reducida, ahora se lleva acabo, o se trata de llevar a cabo en forma r?pida, forzada y ampliada.3 R?pida porque las nuevas generaciones est?n cubriendo un hueco dejado por las personas consagradas ancianas y el relevo debe llevarse a cabo sin dilataci?n de tiempo, interrumpiendo la sabia andadura del tiempo, que ayuda a las personas a madurar y a asimilar una cultura diferente a la propia. Forzada, pues en muchos casos no se da un espacio adecuado de libertad en d?nde la persona pueda expresar de la mejor manera posible su propia cultura. No debemos olvidar que algunas de esas instituciones, haciendo caso omiso de las indicaciones dadas por el Magisterio de la Iglesia, realizan la primera formaci?n no en la cultura de origen, sino en una cultura muy diversa. Si el hecho de adaptarse a las exigencias de la vida consagrada llega a ser dif?cil, en muchos casos esta dificultad es aumentada por la necesidad que la persona tiene de adaptarse a una cultura distinta a la suya. Y por ?ltimo, la asimilaci?n cultural se est? llevando a cabo en una forma ampliada, pues si antes eran pocas las personas que proven?an de una cultura diversa a la cultura de origen del carisma, ahora son muchas, y j?venes, las personas de proveniencia diversa que deben adaptarse a la cultura del carisma, creando fuerte tensiones.

Adem?s de las tensiones ya enunciadas, no debemos olvidar que al factor de la interculturalidad se a?ade el fen?meno de la intergeneracionalidad, del que ya hemos hablado en otro de nuestros art?culos. En la mayor?a de los casos, las personas que provienen de una cultura diversa a la cultura de origen del carisma son j?venes y tienen que convivir con personas m?s bien ancianas. Muchas de estas ancianas no est?n preparadas para relacionarse con personas j?venes, o les cuesta mucho el salir de un esquema propio para abrirse a otras personas, a otras culturas. Son persons quiz?s que han dado su vida por la congregaci?n y que no entienden, ya sea porque no pueden o porque no quieren entender, las nuevas t?cticas de la congregaci?n. Por otra parte, las mismas religiosas j?venes, provenientes de otra cultura, adem?s del ya mencionado problema de la inculturaci?n, tienen que enfrentar el problema de adaptarse a convivir con personas que en muchos casos triplican o cuadriplican su edad.


Los retos de la interculturalidad.
Los retos a los que se enfrenta la vida consagrada, de acuerdo a la fenomenolog?a que hemos presentado representan uno de los puntos prioritarios en el gobierno de las congregaciones y en la vida diaria de las comunidades. No es posible pensar en congregaciones o comunidades divididas por la cultura, la raza o la lengua. O?r hablar de religiosas de cierta nacionalidad de una congregaci?n que no pueden relacionarse con sus mismas hermanas de congregaci?n de otra nacionalidad, resulta una realidad chocante y aberrante, adem?s de ser en s? contradictoria de lo que deber?an ser las personas consagradas en relaci?n a la asimilaci?n cultural, es decir, personas expertas en la comuni?n4

Estos retos suponen una coordinaci?n de esfuerzos en forma coral para lograr la integraci?n cultural de las religiosas, as? como la adaptaci?n del carisma a la cultura de estas religiosas. Para que un organismo se adapte a los cambios, debe permanecer fiel a s? mismo. La congregaci?n no puede renunciar a su propio carisma, si quiere vivir de acuerdo a su propia identidad. La capacidad de adaptaci?n est? en funci?n de la propia identidad, pues quien sabe qui?n es, quien conoce su propia identidad, se adaptar? a todas las circunstancias si dejar de ser ?l mismo.

Por ello, uno de los retos que hoy m?s que nunca supone la interculturalidad es el reto de la propia identidad. Quien impone su manera de ser, de comportarse, sin conocerse a s? mismo, demuestra el miedo de perder lo que no conoce, lo que no sabe. Quien no sabe qui?n es, al enfrentarse con un ser que conoce perfectamente su identidad, podr? sentirse atra?do por esta personalidad, o podr? luchar denodadamente por mantenerse fiel a algo que no conoce. Pero quien es id?ntico, quien se conoce a s? mismo, no tendr? temor de enfrentarse a una nueva cultura, y lejos de avasallar, de acometer, de opacar, a partir de lo que es, es decir, a partir de su propia identidad, podr? construir puentes de unidad que permitan ser a la otra persona, en su diversidad cultural, y al mismo tiempo podr? inculturar el carisma en esas personas, sin atropellar su propia identidad cultural.

Se habla entonces del reto no ya de la inculturaci?n sino de la multiculturalidad, es decir del pluralismo de culturas cobijadas por un solo carisma. No es la multiculturalidad el refugio a la libre expresi?n de s? mismo, sino que es la posibilidad de convivencia fraterna de identidades a veces opuestas o dis?miles, pero que han aprendido a convivir entre s?, a crear unidad y comuni?n porque han aprendido previamente a vivir el mismo carisma.

El reto se presenta por tanto en la esfera de la formaci?n, una formaci?n eminentemente carism?tica que permita a cada persona expresarse en su propia cultura para desarrollar el mismo carisma. El carisma ser? por tanto el factor que una a todos los miembros de la congregaci?n, pudiendo llegar a hablarse de una unidad que se realiza en un pluralismo de culturas. No se trata por tanto de formar seres uniformes, id?nticos, apocados en su libertad. Se trata de formar seres libres que vivan el propio carisma. Por libertad debemos entender esa capacidad de ser id?ntico a s? mismo, de ser s? mismo y decidir llevar a cabo el plan de Dios sobre la propia vida.5

No se pide a nadie que renuncie a su propia cultura, sino que se deje penetrar del carisma, para que con la cultura que haya recibido, exprese el carisma. De esta forma el carisma ser? ?vivido, custodiado, profundizado y desarrollado? por todos los miembros del Instituto.


NOTAS:

1?A la vida consagrada se conf?a la misi?n de se?alar al Hijo de Dios hecho hombre como la meta escatol?gica a la que todo tiende, el resplandor ante el cual cualquier otra luz languidece, la infinita belleza que, sola, puede satisfacer totalmente el coraz?n humano. Por tanto, en la vida consagrada no se trata s?lo de seguir a Cristo con todo el coraz?n, am?ndolo ? m?s que al padre o a la madre, m?s que al hijo o a la hija ? (cf. Mt 10, 37), como se pide a todo disc?pulo, sino de vivirlo y expresarlo con la adhesi?n ? conformadora ? con Cristo de toda la existencia, en una tensi?n global que anticipa, en la medida posible en el tiempo y seg?n los diversos carismas, la perfecci?n escatol?gica.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 16.

2No debemos olvidar que un carisma no es una pieza de museo para ser contemplada, sino una gracia de Dios que se debe vivir, aplicar y desarrollar constantemente, tal y como lo afirma el Magisterio de la Iglesia: ?El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. test. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne.? Sagrada congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n. 11.

3L?inculturazione della vita consacrata, in Camilo Maccise, Cento temi di vita consacrata, Edizioni Dehoniane Bologna, Bologna 2007, p. 375 ? 378.

4?A la vida consagrada se le asigna tambi?n un papel importante a la luz de la doctrina sobre la Iglesia-comuni?n, propuesta con tanto ?nfasis por el Concilio Vaticano II. Se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente expertas en comuni?n, y que vivan la respectiva espiritualidadcomo ? testigos y art?fices de aquel ?proyecto de comuni?n? que constituye la cima de la historia del hombre seg?n Dios ?.El sentido de la comuni?n eclesial, al desarrollarse como una espiritualidad de comuni?n, promueve un modo de pensar, decir y obrar, que hace crecer la Iglesia en hondura y en extensi?n. La vida de comuni?n ? ser? as? un signo para el mundo y una fuerza atractiva que conduce a creer en Cristo.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 46.

5Amedeo Cencini, Verginit? e celibato oggi, per una sessualit? pasquale, Edizioni Dehoniane Bologna, Bologna 2005, p 167 ? 171.

Publicado por mario.web @ 19:44
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