Lunes, 28 de marzo de 2011

Elementos esenciales de la vida religiosa
Autor: Vaticano

Cap?tulo 1: La vida religiosa: una forma particular de Consagraci?n a Dios

5. La consagraci?n es la base de la vida religiosa. Al afirmarlo, la Iglesia quiere poner en primer lugar la iniciativa de Dios y la relaci?n transformante con El que implica la vida religiosa. La consagraci?n es una acci?n divina. Dios llama a una persona y la separa para dedic?rsela a Si mismo de modo particular. Al mismo tiempo, da la gracia de responder, de tal manera que la consagraci?n se exprese, por parte del hombre, en una entrega de s?, profunda y libre. La interrelaci?n resultante es puro don: es una alianza de mutuo amor y fidelidad, de comuni?n y misi?n para gloria de Dios, gozo de la persona consagrada y salvaci?n del mundo.

6. Jes?s mismo es Aquel a quien el Padre consagr? y envi? en el m?s alto de los modos (cf. Jn 10, 86). En El se resumen todas las consagraciones de la antigua Ley, que simbolizaban la suya y en El est? consagrado el nuevo Pueblo de Dios, de ah? en adelante misteriosamente unido a El. Por el bautismo Jes?s comparte su vida con cada cristiano; cada uno es santificado en el Hijo; cada uno es llamado a la santidad; cada uno es enviado a compartir la misi?n de Cristo, con capacidad de crecer en el amor y en el servicio del Se?or. Este don bautismal es la consagraci?n fundamental cristiana y viene a ser ra?z de todas las dem?s.

7. Jes?s vivi? su consagraci?n precisamente como Hijo de Dios: dependiendo del Padre, am?ndole sobre todas las cosas y entregado por entero a su voluntad. Estos aspectos de su vida como Hijo son compartidos por todos los cristianos. A algunos, sin embargo, para bien de todos, Dios da el don de seguir m?s de cerca a Cristo en su pobreza, su castidad y su obediencia por medio de la profesi?n p?blica de estos consejos con la mediaci?n de la Iglesia. Esta profesi?n, a imitaci?n de Cristo, pone de manifiesto una consagraci?n particular que est? ? enraizada en la consagraci?n del bautismo y la expresa con mayor plenitud ? (PC 5).

La expresi?n ? con mayor plenitud ? nos hace pensar en el dominio de la Persona divina del Verbo sobre la naturaleza humana que asumi? y nos invita a una respuesta como la de Jes?s: un don de s? mismo a Dios de una manera que s?lo El puede hacer posible y que es testimonio de su santidad y de su ser absoluto. Una tal consagraci?n es un don de Dios: una gracia gratuitamente dada.

8. Cuando la consagraci?n por la profesi?n de los consejos es confirmada, como respuesta definitiva a Dios, con un compromiso p?blico tomado ante la Iglesia, pertenece a la vida y santidad de la Iglesia (cf. LG 44). Es la Iglesia quien autentica el don y es mediadora de la ,consagraci?n. Los cristianos as? consagrados se esfuerzan por vivir desde ahora lo que ser? la vida futura. Una vida semejante ? manifiesta m?s cumplidamente a todos los creyentes la presencia de los bienes.celestiales ya en posesi?n aqu? abajo ? (LG 44). De esta manera, tales cristianos ? dan un testimonio contundente y excepcional de que el mundo no puede ser transfigurado y ofrecido a Dios sin el esp?ritu de las bienaventuranzas ? (LG 31).

9. La uni?n con Cristo por la consagraci?n, mediante la profesi?n de los consejos, puede ser vivida en medio del mundo, puede actuar con obras del mundo y expresarse a la manera del mundo. Esta es la vocaci?n especial de los institutos seculares, definidos por P?o XII como ? consagrados a Dios y a los otros ? en el mundo y ? con los medios del mundo ? (Primo felic?ter, V y II). Por s? mismos los consejos no separan necesariamente del mundo. En efecto, es un don de Dios a la Iglesia que la consagraci?n mediante la profesi?n de los consejos pueda tomar la forma de una vida para ser vivida como fermento escondido. Los cristianos as? consagrados realizan su obra de salvaci?n comunicando el amor de Cristo, por medio de su presencia en el mundo y de su santificaci?n desde dentro del mundo. Su estilo de vida y presencia no se distingue externamente del de los otros cristianos. Su testimonio se da en el ambiente com?n de sus vidas. Esta forma discreta de testimonio proviene de la misma naturaleza de su vocaci?n secular y forma parte del modo propio con que su consagraci?n debe vivirse (cf. PC 11).

10. En cambio, no puede decirse lo mismo de aquellos a quienes la consagraci?n por la profesi?n de los consejos constituye como religiosos. La naturaleza misma de la vocaci?n religiosa lleva consigo el testimonio p?blico de Cristo y de la Iglesia. La profesi?n religiosa se realiza mediante votos que la Iglesia recibe como p?blicos. La forma estable de vida com?n en un instituto can?nicamente erigido por la autoridad eclesi?stica competente, manifiesta en forma visible la alianza y comuni?n que la vida religiosa expresa. Desde el momento mismo del ingreso en el noviciado, una cierta separaci?n de la familia y de la vida profesional, habla potentemente de lo absoluto de Dios; pero al mismo tiempo, se establece un v?nculo nuevo y m?s profundo en Cristo con la familia que se ha dejado. Este v?nculo se refuerza a?n m?s cuando el desprendimiento de otras relaciones, ocupaciones y formas de diversi?n en s? leg?timas, siguen reflejando p?blicamente en la vida lo absoluto de Dios.

Otro aspecto de la naturaleza p?blica de la consagraci?n religiosa est? en el apostolado de los religiosos que, en cierto sentido, es siempre comunitario. La presencia religiosa es visible tanto en las formas de actuar, como en las de vestir o en el estilo de vida.

11. La consagraci?n religiosa se vive dentro de un determinado instituto, siguiendo unas Constituciones que la Iglesia, por su autoridad, acepta y aprueba. Esto significa que la consagraci?n se vive seg?n un esquema espec?fico que pone de manifiesto y profundiza la propia identidad. Esa identidad proviene de la acci?n del Esp?ritu Santo, que constituye el don fundacional del instituto y crea un tipo particular de espiritualidad, de vida, de apostolado y de tradici?n (cfr. MR 11). Cuando se contemplan las numerosas familias religiosas, queda uno asombrado ante la riqueza de dones fundacionales. El Concilio insiste en la necesidad de fomentarlos como dones que son de Dios (cf PC 2b). Ellos determinan la naturaleza, esp?ritu, fin y car?cter, que forman el patrimonio espiritual de cada instituto y constituyen el fundamento del sentido de identidad, que es un elemento clave en la fidelidad de cada religioso (cf ET 51).

12. En el caso de institutos dedicados a obras de apostolado, la consagraci?n religiosa presenta a?n otra caracter?stica: la participaci?n en la misi?n de Cristo en forma espec?fica y concreta.Perfecta Caritatis recuerda que la naturaleza misma de estos institutos exige ? la actividad apost?lica y las obras de caridad ? (PC 8). Por el mero hecho de su consagraci?n, los miembros de estos institutos est?n dedicados a Dios y disponibles para ser enviados. Su vocaci?n implica la proclamaci?n activa del Evangelio por medio de ?obras de caridad, confiadas al instituto por la Iglesia y realizadas en su nombre? (PC 8). Por esta raz?n, la actividad apost?lica de tales institutos no es simplemente un esfuerzo humano para hacer el bien, sino ? una acci?n profundamente eclesial? (EN 60) que hunde sus ra?ces en la uni?n con Cristo, enviado por el Padre para realizar su obra y que expresa una consagraci?n por parte de Dios, que env?a a los religiosos para servir a Cristo en sus miembros de determinadas maneras (cf EN 69), de acuerdo con los dones fundacionales del instituto (cf MR 15). ? Toda la vida de tales religiosos debe estar imbu?da de esp?ritu apost?lico y toda su actividad apost?lica de esp?ritu religioso ? (PC 8).


Publicado por mario.web @ 19:48
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