Lunes, 28 de marzo de 2011

Elementos esenciales de la vida religiosa
Autor: Vaticano

Cap?tulo 3: Algunas normas fundamentales

El nuevo C?digo de Derecho Can?nico transcribe en normas can?nicas las ricas ense?anzas conciliares y posconciliares de la Iglesia acerca de la vida religiosa. Junto con los documentos del Concilio Vaticano II y las declaraciones de los ?ltimos Papas, fija la base, sobre la cual se funda la praxis actual de la Iglesia con relaci?n a la vida religiosa. La evoluci?n natural, necesaria para la vida de cada d?a, continuar? siempre; pero el per?odo de experimentaci?n especial para los institutos religiosos, establecido por el Motu Proprio Ecclesiae Sanctae termin? con la celebraci?n del segundo Cap?tulo General ordinario, a partir del Cap?tulo Especial de renovaci?n. Ahora, el nuevo C?digo de Derecho Can?nico es la norma fundamental jur?dica de la Iglesia para la vida religiosa, tanto para la evaluaci?n de la experiencia realizada, cuanto en lo que concierne el futuro. Las normas fundamentales siguientes son una s?ntesis de la actual legislaci?n de la Iglesia.

I. VOCACI?N Y CONSAGRACI?N

l. La vida religiosa es una forma de vida a la cual algunos cristianos, ya cl?rigos ya laicos, son libremente llamados por Dios para que gocen de un don peculiar de gracia en la vida de la Iglesia y puedan contribuir, cada cual a su propio modo, a la misi?n salv?fica de la Iglesia (cf LG 43).

2. El don de la vocaci?n religiosa est? enraizado en el don del bautismo, pero no es dado a todo bautizado. Es dado gratuitamente y sin m?ritos; es concedido por Dios a aquellos a quienes ha escogido libremente de entre su pueblo y para el bien de su pueblo (cf PC 5).

3. Al aceptar el don de Dios, la vocaci?n, los religiosos responden a un llamamiento divino: morir al pecado (cf Rm 6, 11) renunciando al mundo y viviendo s?lo para Dios. Sus vidas est?n completamente dedicadas a su servicio y ellos buscan y aman sobre todo a ? Dios que nos ha amado primero ? (cf 1 Jn 4, 10; PC 56). Punto focal de sus vidas es el seguir m?s de cerca a Cristo.

4. La dedicaci?n de la vida entera del religioso al servicio de Dios constituye una consagraci?n especial (cf PC 5). Es una consagraci?n total de la persona, que manifiesta el desposorio admirable establecido por Dios en la Iglesia, signo de la vida futura. Esta consagraci?n se realiza por votos p?blicos, perpetuos, o temporales que han de renovarse al vencer el plazo. Con sus votos, los religiosos se comprometen a observar los tres consejos evang?licos, se consagran a Dios por el ministerio de la Iglesia (cc. 607, 654), y se incorporan a su instituto con los derechos y obligaciones definidos por la ley.

5. Las condiciones para la validez de la profesi?n temporal, la duraci?n de este per?odo, y la posibilidad de prolongarlo, se hallan determinados en las constituciones de cada instituto, siempre en consonancia con el derecho com?n de la Iglesia. (cc. 655, 658).

6. La profesi?n religiosa se hace con la f?rmula de votos aprobada por la Santa Sede para cada instituto. La f?rmula es com?n, porque todos los miembros contraen las mismas obligaciones y, cuando se incorporan plenamente, tienen los mismos derechos y deberes. El religioso, individualmente, puede agregar una introducci?n o una conclusi?n, si la autoridad competente lo aprueba.

7. Considerando su car?cter y sus fines espec?ficos, cada instituto debe definir en sus constituciones la manera con que los consejos evang?licos de castidad, pobreza y obediencia, han de observarse en su estilo peculiar de vida (c. 598 ? 1).

II. LA COMUNIDAD

8. La vida de comunidad que es una de las caracter?sticas de un instituto religioso (c. 607 ? 2) es propia de toda familia religiosa. Re?ne a todos los miembros en Cristo y debe ser definida de modo que se convierta en fuente de ayuda mutua para todos, sosteniendo a cada uno en la plena realizaci?n de su vocaci?n religiosa. Debe adem?s ofrecer un ejemplo de reconciliaci?n en Cristo y de comuni?n, enraizada y fundada en su amor (cf c. 602).

9. Para los religiosos, la vida comunitaria se vive en una casa legalmente erigida, bajo la autoridad de un superior designado por la ley (c. 608). Las casas son erigidas con la previa aprobaci?n escrita del obispo diocesano (c. 609) y deben ser capaces de proveer suficientemente a las necesidades de sus miembros (c. 610 ? 2), dando a la vida comunitaria la posibilidad de expandirse y desenvolverse con una comprensi?n y cordialidad tal, que alimente la esperanza (cf ET 39).

10. Cada casa debe tener, al menos, un oratorio en el que pueda celebrarse y reservarse la Eucarist?a, de modo que verdaderamente sea al centro de la comunidad (c. 608).

11. En todas las casas religiosas, en conformidad con el car?cter y misi?n del instituto y seg?n las prescripciones del derecho propio, debe haber una parte reservada exclusivamente para los miembros de la comunidad (c. 667 ? 1). Esa forma de separaci?n del mundo, que ha de estar de acuerdo con la finalidad del instituto, viene a ser parte del testimonio p?blico que el religioso da de Cristo y de su Iglesia (cf c. 607 ? 3). Adem?s es necesaria para el silencio y el recogimiento, que hacen posible la oraci?n.

12. Los religiosos deben vivir en su propia casa religiosa, observando la vida com?n. No deben vivir solos sin motivos graves, y no deben hacerlo si hay una comunidad de su instituto razonablemente cercana. No obstante, cuando resulte necesaria una ausencia prolongada, el superior mayor, con el consentimiento de su consejo, puede autorizar a un religioso vivir fuera de las casas del instituto por una causa razonable, dentro de los l?mites fijados por el derecho com?n (c. 665 ? 1).

III. IDENTIDAD

13. Los religiosos deben considerar el seguimiento de Cristo propuesto en el Evangelio y expresado en las Constituciones de sus institutos como suprema regla de vida (c. 662).

14. La naturaleza, fin, esp?ritu y car?cter del instituto, como fueron establecidos por el fundador o fundadora y aprobados por la Iglesia, deben ser salvaguardados por todos, junto con las sanas tradiciones del instituto (c. 578).

15. Para salvaguardar la vocaci?n propia y la identidad de los institutos en particular, las constituciones de cada instituto deben establecer las normas fundamentales relativas al gobierno del mismo, al modo de vida de sus miembros, a su incorporaci?n y formaci?n y al objeto propio de los votos (c. 587 ? 1). Adem?s de los asuntos a que se alude en el n?mero anterior.

16. Las constituciones son aprobadas por la autoridad eclesi?stica competente. Para los institutos diocesanos, ?sta es el Ordinario local; para los institutos de derecho pontificio, la Santa Sede. Las modificaciones subsiguientes e interpretaciones aut?nticas est?n reservadas a la misma autoridad (c. 576, 587 ? 2).

17. Por su profesi?n religiosa, los miembros de un instituto se comprometen a observar las constituciones fielmente y con amor, porque reconocen en ellas el modo de vida aprobado por la Iglesia para el instituto y la expresi?n aut?ntica de su esp?ritu, tradici?n y ley.

IV. CASTIDAD

18. El consejo evang?lico de la castidad, abrazada por el Reino de los cielos, es signo del mundo futuro y fuente de fecundidad m?s abundante en un coraz?n indiviso. Lleva consigo la obligaci?n de la perfecta continencia en el celibato (c. 599).

19. Debe observarse la necesaria discreci?n en todo aquello que pueda resultar peligroso para la castidad de la persona consagrada (cf. PC 12; c. 666).

V. POBREZA

20. El consejo evang?lico de la pobreza a imitaci?n de Cristo, exige una vida pobre de hecho y de esp?ritu, sujeta al trabajo, sobria y desprendida de los bienes materiales. La profesi?n por voto lleva consigo para el religioso la dependencia y limitaci?n en el uso y disposici?n de los bienes temporales, en conformidad con el derecho propio del instituto (c. 600).

21. Por el voto de pobreza, los religiosos renuncian al libre uso y disposici?n de los bienes que tienen valor material. Antes de la primera profesi?n, ceden la administraci?n de sus bienes a quien lo deseen y. a menos que las constituciones determinen otra cosa, disponen libremente de su uso y usufructo (c. 668 ? 1). Todo lo que el religioso adquiere con su propio trabajo, por donaci?n o en cuanto religioso, es adquirido para el instituto; todo lo adquirido a modo de pensi?n, subsidio o seguro, es tambi?n adquirido para el instituto, a no ser que el derecho propio establezca otra cosa (c. 668 ? 3).

VI. OBEDIENCIA

22. El consejo evang?lico de la obediencia, vivido en la fe es un seguimiento amoroso de Cristo, que se hizo obediente hasta la muerte.

23. Por el voto de obediencia, los religiosos aceptan someter su voluntad a los leg?timos superiores (c. 601) en conformidad con las constituciones. Las mismas constituciones determinan qui?n puede dar un precepto formal de obediencia y en qu? circunstancias.

24. Los institutos religiosos est?n sometidos a la suprema autoridad de la Iglesia de manera particular (c. 590 ? 1). Todos los religiosos est?n obligados a obedecer al Santo Padre, como a su superior supremo, en virtud del voto de obediencia (c. 590 ? 2).

25. Los religiosos no pueden aceptar cargos u oficios fuera de sus propios institutos, sin autorizaci?n del leg?timo superior (c. 671). Al igual que los cl?rigos, no pueden aceptar cargos p?blicos que lleven consigo ejercicio del poder civil (c. 285 ? 3; tambi?n c. 672 con los c?nones adicionales a que hace referencia).

VII. ORACI?N Y ASC?TICA

26. La primera y principal obligaci?n de los religiosos es la constante uni?n con Dios en la oraci?n. Participan a diario, en cuanto sea posible, en el Sacrificio Eucar?stico y se acercan al sacramento de la Penitencia con frecuencia. Parte integrante de la oraci?n de los religiosos son: la lectura de la Sagrada Escritura, el tiempo de meditaci?n, la digna celebraci?n de la Liturgia de las Horas, de acuerdo con las prescripciones del derecho propio, la devoci?n a la Sant?sima Virgen y un tiempo especial para el retiro anual (c. 663, 664, 1174).

27. La oraci?n debe ser tanto personal como comunitaria.

28. Un ascetismo generoso es constantemente necesario para la diaria conversi?n el Evangelio (cf Poenitemini, II-III, 1, c). Por esta raz?n, las comunidades religiosas deben ser no solamente grupos orantes, sino tambi?n comunidades de ascetismo en la Iglesia. Adem?s de ser interna y personal, la penitencia debe ser tambi?n externa y comunitaria (cf DmC 14; SC 110).

VIII. EL APOSTOLADO

29. El apostolado de todos los religiosos consiste en primer lugar en el testimonio de su vida consagrada, que ellos deben alimentar con la oraci?n y la penitencia (c. 673).

30. En los institutos dedicados a obras de apostolado, la acci?n apost?lica forma parte de su propia naturaleza. La vida de sus miembros debe estar imbu?da de esp?ritu apost?lico y toda actividad apost?lica debe estar imbu?da de esp?ritu religioso (c. 675 ? 1).

31. La misi?n primordial de los religiosos que ejercen actividades apost?licas es la proclamaci?n de la palabra de Dios ante todos los que encuentra en su camino, de modo que los atraiga a la fe. Tal gracia requiere una ?ntima uni?n con Dios, que haga capaz al religioso de transmitir el mensaje del Verbo Encarnado, en t?rminos que el mundo de hoy sea capaz de entender (cf ET 9).

32. La acci?n apost?lica es realizada en comuni?n con la Iglesia y en nombre y por mandato de la Iglesia (c. 675 ? 3).

33. Superiores y miembros deben conservar fielmente la misi?n y obras propias del instituto. Deben acomodarlas con prudencia a las necesidades de tiempos y lugares (c. 677 ? 1).

34. En las relaciones apost?licas con los obispos, los religiosos se rigen por los cc. 678-683. Tienen especial obligaci?n de estar atentos al magisterio de la jerarqu?a y de facilitar a los obispos el ejercicio del ministerio de la ense?anza y del testimonio aut?ntico de la verdad divina (cf MR 33; LG 25).

IX. TESTIMONIO

35. El testimonio del religioso es p?blico. Este p?blico testimonio de Cristo y de la Iglesia implica separaci?n del mundo en conformidad con el car?cter y fines de cada instituto (c. 607 ? 3).

36. Los institutos religiosos deben esforzarse en dar testimonio, de alg?n modo colectivo, de caridad y pobreza (c. 640).

37. Los religiosos deben llevar el h?bito religioso del instituto, descrito en su derecho propio, como se?al de consagraci?n y testimonio de pobreza (c. 669 ? 1).

X. FORMACI?N

38. Nadie puede ser admitido a la vida religiosa sin una adecuada preparaci?n (c. 597 ? 2).

39. Las condiciones para la validez de la admisi?n, del noviciado, de la profesi?n temporal y perpetua, est?n se?aladas en el derecho com?n de la Iglesia y en el propio del instituto (cc. 641-658). Tambi?n se han de dar normas acerca del lugar, tiempo, programa y modo de llevar el noviciado y de los requisitos para ser maestro de novicios.

40. La duraci?n del per?odo de formaci?n, entre la primera profesi?n y los votos perpetuos, es determinada por las constituciones en conformidad con el derecho com?n (c. 655, 659 ? 2).

41. A lo largo de toda la vida, los religiosos deben continuar su formaci?n espiritual, doctrinal y pr?ctica, aprovechando las oportunidades y tiempo, destinados para ello por los superiores (c. 661).

XI. GOBIERNO

42. Pertenece a la competente autoridad eclesi?stica, constituir formas estables de vida por medio de la aprobaci?n can?nica (c. 576). A esta autoridad le est?n tambi?n reservadas las agregaciones (c. 580) y la aprobaci?n de las constituciones (c. 587 ? 2). Las fusiones, uniones, federaciones, confederaciones, supresiones y cualquier cambio de algo ya aprobado por la Santa Sede, est? reservado a la misma Santa Sede (cc. 582-584).

43. La autoridad para gobernar en los institutos religiosos, reside en los superiores, que deben ejercerla en conformidad con las normas del derecho com?n y propio (c. 617). Esta autoridad se recibe de Dios mediante el ministerio de la Iglesia (c. 618). La autoridad del superior, en cualquier nivel, es personal y no puede ser asumida por un grupo. Por un cierto tiempo y con un fin determinado, puede ser delegada a otra persona.

44. Los superiores deben cumplir su cometido con generosidad, edificando junto con sus hermanos y hermanas, una comunidad en Cristo, en la cual Dios es buscado y amado sobre todas las cosas. En su funci?n de servicio, los superiores tienen la especial obligaci?n de gobernar de acuerdo con las constituciones del instituto y de promover la santidad de sus miembros. En sus personas, los superiores deben ser modelos de fidelidad al magisterio de la Iglesia y a las normas y tradici?n de su instituto.

Deben tambi?n promover la vida consagrada de sus religiosos con su vigilancia y correcci?n, su apoyo y su paciencia (cf c. 619).

45. Los requisitos para la elecci?n o nombramiento, la duraci?n de los per?odos para los diversos superiores y la forma de elecci?n can?nica para el superior general, deben estar definidos en las constituciones, de acuerdo con el derecho com?n (cc. 623625).

46. Los superiores deben tener cada cual su propio consejo, que le asista en el cumplimiento de sus obligaciones. Adem?s de los casos prescritos por el derecho com?n, el derecho propio determina los casos en los cuales el superior debe obtener el consentimiento o el parecer del consejo para la validez de la acci?n (c. 627 ?? 1, 2).

47. El cap?tulo general debiera ser un verdadero signo de unidad en la caridad del instituto. Representa a todo el instituto y, mientras dura, ejerce la suprema autoridad de acuerdo con el derecho com?n y las normas de las constituciones (c. 631). El cap?tulo general no es un ?rgano permanente; su composici?n, frecuencia y funciones son establecidas por las constituciones (c. 631 ? 2). Un cap?tulo general no puede modificar su propia composici?n, pero puede proponer modificaciones para la composici?n de los pr?ximos cap?tulos. Tales modificaciones requieren la aprobaci?n de la autoridad eclesi?stica competente. El cap?tulo general puede modificar aquellos elementos del derecho propio que no est?n sujetos a la aprobaci?n de la Iglesia.

48. Los cap?tulos no deben ser convocados tan frecuentemente que interfieran en el buen funcionamiento de la autoridad ordinaria del superior mayor. La naturaleza, autoridad, composici?n, modo de proceder y frecuencia de los cap?tulos o de asambleas similares en el instituto son determinadas con precisi?n por el derecho propio (c. 632). En la pr?ctica, sus elementos principales deben estar en las constituciones.

49. Las normas acerca de los bienes temporales (c. 634-640) y su administraci?n, as? como las normas referentes a la separaci?n de los miembros del instituto, por paso a otro instituto, abandono o dimisi?n (cc. 684-704) se encuentran en el derecho com?n de la Iglesia y deben ser incluidas, aunque no sea m?s que en resumen, en las constituciones.


Publicado por mario.web @ 19:50
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios