Lunes, 28 de marzo de 2011

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA JORNADA MUNDIAL
DEL EMIGRANTE Y EL REFUGIADO
(13 de enero de 2008)

Los j?venes migrantes




Queridos hermanos y hermanas:

El tema de la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado invita este a?o a reflexionar en particular sobre los j?venes migrantes. En efecto, las cr?nicas diarias hablan con frecuencia de ellos. El amplio proceso de globalizaci?n del mundo lleva consigo una necesidad de movilidad que impulsa tambi?n a muchos j?venes a emigrar y a vivir lejos de sus familias y de sus propios pa?ses. Como consecuencia de esto, la juventud dotada de los mejores recursos intelectuales abandona a menudo los pa?ses de origen, mientras en los pa?ses que reciben a los migrantes rigen normas que dificultan su efectiva integraci?n. De hecho, el fen?meno de la emigraci?n va aumentando siempre m?s y abarca un gran n?mero de personas de todas las condiciones sociales. Por consiguiente, con raz?n, las instituciones p?blicas, las organizaciones humanitarias y tambi?n la Iglesia cat?lica dedican muchos de sus recursos para atender a estas personas en dificultad.

Los j?venes migrantes son particularmente sensibles a la problem?tica constituida por la denominada ?dificultad de la doble pertenencia?: por un lado, sienten vivamente la necesidad de no perder la cultura de origen, mientras, por el otro, surge en ellos el comprensible deseo de insertarse org?nicamente en la sociedad que los acoge, sin que esto, no obstante, implique una completa asimilaci?n y la consiguiente p?rdida de las tradiciones ancestrales. Entre esa juventud est?n las j?venes, m?s f?cilmente v?ctimas de la explotaci?n, de chantajes morales e incluso de toda clase de abusos. ?Qu? decir de los adolescentes, de los menores no acompa?ados, que constituyen una categor?a en peligro entre los que solicitan asilo? Estos chicos y chicas terminan con frecuencia en la calle, abandonados a s? mismos y v?ctimas de explotadores sin escr?pulos que, m?s de una vez, los transforman en objeto de violencia f?sica, moral y sexual.

Si observamos m?s de cerca el sector de los migrantes forzosos, de los refugiados, de los pr?fugos y de las v?ctimas del tr?fico de seres humanos, encontramos, desafortunadamente, muchos ni?os y adolescentes. A este respecto, es imposible callar ante las im?genes desgarradoras de los grandes campos de pr?fugos y de refugiados, presentes en distintas partes del mundo. ?C?mo no pensar que esos peque?os seres han llegado al mundo con las mismas, leg?timas esperanzas de felicidad que los otros? Y, al mismo tiempo, ?c?mo no recordar que la infancia y la adolescencia son fases de fundamental importancia para el desarrollo del hombre y de la mujer, y requieren estabilidad, serenidad y seguridad? Estos ni?os y adolescentes han tenido como ?nica experiencia de vida los ?campos? de permanencia obligatoria, donde se hallan segregados, lejos de los centros habitados y sin la posibilidad de ir normalmente a la escuela. ?C?mo pueden mirar con confianza hacia su propio futuro? Es cierto que se est? haciendo mucho por ellos, pero es verdad tambi?n que es necesario dedicarse a?n m?s a ayudarles, mediante la creaci?n de estructuras id?neas de acogida y de formaci?n.

Desde esta perspectiva, precisamente, se plantea la siguiente pregunta: ?c?mo responder a las expectativas de los j?venes migrantes? ?Qu? hacer para satisfacerlas? Desde luego, hay que contar, en primer lugar, con el apoyo de la familia y de la escuela. Pero, ?cu?n complejas son las situaciones, y numerosas las dificultades que encuentran estos j?venes en sus contextos familiares y escolares! En las familias se han olvidado los papeles tradicionales que exist?an en los pa?ses de origen y se asiste con frecuencia a un choque entre los padres, que han permanecido anclados a la propia cultura, y los hijos, aculturados con gran rapidez en los nuevos contextos sociales. No hay que descuidar, sin embargo, el esfuerzo que los j?venes deben realizar para insertarse en los itinerarios educativos vigentes en los pa?ses que los acogen. El mismo sistema escolar, por tanto, deber?a tener en cuenta su situaci?n y prever, para los j?venes inmigrados, caminos espec?ficos formativos de integraci?n, apropiados a sus necesidades. Ser? muy importante, tambi?n, tratar de crear en las aulas un clima de respeto rec?proco y di?logo entre todos los alumnos, sobre la base de los principios y valores universales que son comunes a todas la culturas. El empe?o de todos ─docentes, familias y estudiantes─ contribuir?, ciertamente, a ayudar a los j?venes migrantes a afrontar del mejor modo posible el desaf?o de la integraci?n y les dar? la posibilidad de adquirir todo aquello que puede ser provechoso para su formaci?n humana, cultural y profesional. Esto vale a?n m?s para los j?venes refugiados, para los que habr? que preparar programas adecuados, tanto en el ?mbito escolar como en el del trabajo, con el objeto de garantizarles una preparaci?n, proporcion?ndoles las bases necesarias para una correcta integraci?n en el nuevo mundo social, cultural y profesional.

La Iglesia considera con especial atenci?n el mundo de los migrantes y pide a los que han recibido en sus pa?ses de origen una formaci?n cristiana que hagan fructificar ese patrimonio de fe y de valores evang?licos para que se pueda dar un testimonio coherente en los distintos contextos existenciales. Por esto, precisamente, invito a las comunidades eclesiales de llegada a que acojan cordialmente a los j?venes y a los peque?os con sus padres, tratando de comprender sus vicisitudes y de favorecer su integraci?n.

Existe, adem?s, entre los migrantes, como ya lo escrib? en el Mensaje del a?o pasado, una categor?a que se ha de tener especialmente en cuenta, a saber, la de los estudiantes de otros pa?ses que, por motivos de estudio se encuentran lejos de casa. Su n?mero aumenta continuamente; son j?venes que necesitan una pastoral espec?fica porque no s?lo son estudiantes, como todos, sino tambi?n migrantes temporales. A menudo se sienten solos, bajo la presi?n del estudio, y a veces oprimidos por las dificultades econ?micas. La Iglesia, con materna solicitud, los mira con afecto y procura realizar intervenciones espec?ficas, pastorales y sociales, que tengan en cuenta los grandes recursos de su juventud. Es preciso, igualmente, ayudarles a abrirse al dinamismo de la dimensi?n intercultural, enriqueci?ndose al estar en contacto con otros estudiantes de culturas y religiones distintas. Para los j?venes cristianos, esta experiencia de estudio y de formaci?n puede ser un campo ?til para madurar su fe, estimulada a abrirse a ese universalismo que es elemento constitutivo de la Iglesia cat?lica.

Queridos j?venes migrantes: preparaos a construir, con vuestros coet?neos, una sociedad m?s justa y fraterna, cumpliendo escrupulosamente y con seriedad vuestros deberes con vuestras familias y con el Estado. Respetad las leyes y no os dej?is llevar nunca por el odio y la violencia. Procurad, m?s bien, ser protagonistas, desde ahora, de un mundo donde reinen la comprensi?n y la solidaridad, la justicia y la paz. En particular a vosotros, j?venes creyentes, os pido que aprovech?is el tiempo de vuestros estudios para crecer en el conocimiento y en el amor a Cristo. Jes?s quiere que se?is verdaderos amigos suyos y por esto es necesario que cultiv?is constantemente una ?ntima relaci?n con ?l en la oraci?n y en la d?cil escucha de su Palabra. ?l quiere que se?is sus testigos y por eso es preciso que os compromet?is a vivir con valor el Evangelio, traduci?ndolo en gestos concretos de amor a Dios y de servicio generoso a los hermanos. La Iglesia tambi?n os necesita y cuenta con vuestra aportaci?n. Pod?is desarrollar una funci?n providencial en el actual contexto de la evangelizaci?n. Originarios de culturas distintas, pero unidos todos por la pertenencia a la ?nica Iglesia de Cristo, pod?is mostrar que el Evangelio est? vivo y es apropiado para cada situaci?n; es un mensaje antiguo y siempre nuevo; Palabra de esperanza y de salvaci?n para los hombres de todas las razas y culturas, de todas las edades y de todas las ?pocas.

A Mar?a, Madre de toda la humanidad, y a Jos?, su cast?simo esposo, ambos pr?fugos con Jes?s en Egipto, les encomiendo cada uno de vosotros, vuestras familias, los que trabajan, de distintos modos, en vuestro amplio mundo de j?venes migrantes, los voluntarios y los agentes de pastoral que os acompa?an con su disponibilidad y su apoyo de amigos.

Que el Se?or est? siempre cerca de vosotros y de vuestras familias, para que, juntos, pod?is superar los obst?culos y las dificultades materiales y espirituales que encontr?is en vuestro camino. Acompa?o estos votos con una especial Bendici?n Apost?lica para cada uno de vosotros y para las personas que os rodean.

Vaticano, 18 de octubre, 2007

BENEDICTUS PP. XVI


Publicado por mario.web @ 19:53
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