Lunes, 28 de marzo de 2011
Palabras del Papa Benedicto XVI sobre la globalizaci?n, la solidaridad, la caridad y la justicia.
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Benedicto XVI: Los tres desaf?os del mundo globalizado
Benedicto XVI: Los tres desaf?os del mundo globalizado
A su excelencia
Profesora Mary Ann GLENDON
Presidenta de la Academia pontificia
de ciencias sociales



Con ocasi?n de la reuni?n de la Academia pontificia de ciencias sociales para su XIII sesi?n plenaria, me alegra saludarla a usted y a sus distinguidos colegas, expres?ndoles mis mejores deseos para sus deliberaciones, acompa?ados de mi oraci?n.

Este a?o, el encuentro de la Academia est? dedicado al estudio del tema: "Caridad y justicia en las relaciones entre pueblos y naciones". La Iglesia no puede menos de interesarse por ese tema, dado que la b?squeda de la justicia y la promoci?n de la civilizaci?n del amor son aspectos esenciales de su misi?n al servicio del anuncio del Evangelio de Jesucristo.

No cabe duda de que la construcci?n de una sociedad justa corresponde en primer lugar al orden pol?tico, tanto dentro de los diversos Estados como en la comunidad internacional. Como tal, en todos los niveles requiere un ejercicio disciplinado de la raz?n pr?ctica y un entrenamiento de la voluntad para poder discernir y satisfacer las exigencias espec?ficas de la justicia, respetando plenamente el bien com?n y la dignidad inalienable de toda persona.

En mi enc?clica "Deus caritas est" reafirm?, al inicio de mi pontificado, el deseo de la Iglesia de contribuir a esta necesaria purificaci?n de la raz?n, para ayudar a formar las conciencias y para estimular una respuesta m?s amplia a las exigencias genuinas de la justicia. Al mismo tiempo, subray? que, incluso en la m?s justa de las sociedades, habr? siempre espacio para la caridad: "No hay ning?n orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor" (n. 28).

La convicci?n de la Iglesia de que la justicia y la caridad son inseparables nace, en definitiva, de su experiencia de la infinita justicia y misericordia de Dios reveladas en Jesucristo, y lo manifiesta insistiendo en que el hombre mismo y su irreductible dignidad deben ocupar el centro de la vida pol?tica y social.

Por tanto, el magisterio de la Iglesia, que no s?lo se dirige a los creyentes sino tambi?n a todos los hombres de buena voluntad, apela a la recta raz?n y a una sana comprensi?n de la naturaleza humana al proponer principios capaces de guiar a los individuos y a las comunidades hacia la b?squeda de un orden social marcado por la justicia, la libertad, la solidaridad fraterna y la paz.

En el centro de esa ense?anza, como sab?is muy bien, est? el principio del destino universal de todos los bienes de la creaci?n. Seg?n ese principio fundamental, todo lo que produce la tierra y todo lo que el hombre transforma y confecciona, todo su conocimiento y toda su tecnolog?a, todo est? destinado a servir al desarrollo material y espiritual de la familia humana y de todos sus miembros.

Desde esta perspectiva ?ntegramente humana podemos comprender m?s plenamente el papel esencial que desempe?a la caridad en la b?squeda de la justicia. Mi predecesor el Papa Juan Pablo II estaba convencido de que la justicia por s? sola era insuficiente para entablar relaciones realmente humanas y fraternas dentro de la sociedad. "En todas las esferas de las relaciones interhumanas ?afirm?, la justicia debe experimentar, por decirlo as?, una notable "correcci?n" por parte del amor que ?como proclama san Pablo? es "paciente" y "benigno", o dicho en otras palabras, lleva en s? los caracteres del amor misericordioso tan esenciales al Evangelio y al cristianismo" ("Dives in misericordia", 14). Es decir, la caridad no s?lo permite a la justicia ser m?s creativa y afrontar nuevos desaf?os, sino que tambi?n inspira y purifica los esfuerzos de la humanidad encaminados a alcanzar la aut?ntica justicia para construir as? una sociedad digna del hombre.

En un contexto en que, "la solicitud por el pr?jimo, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a extender su horizonte al mundo entero" ("Deus caritas est", 30), se debe comprender y subrayar m?s claramente la relaci?n intr?nseca que existe entre caridad y justicia. A la vez que manifiesto mi confianza en que vuestros debates de estos d?as resulten fructuosos a este respecto, deseo atraer brevemente vuestra atenci?n hacia tres desaf?os espec?ficos que el mundo afronta, desaf?os que ?nicamente pueden afrontarse con un compromiso convencido al servicio de la mayor justicia, que est? inspirada por la caridad.

El primer desaf?o ata?e al medio ambiente y a un desarrollo sostenible. La comunidad internacional reconoce que los recursos del mundo son limitados y que todo pueblo tiene el deber de poner en pr?ctica pol?ticas encaminadas a la protecci?n del medio ambiente, con el fin de prevenir la destrucci?n del patrimonio natural cuyos frutos son necesarios para el bienestar de la humanidad.

Para afrontar este desaf?o, se requiere un enfoque interdisciplinar semejante al que vosotros hab?is empleado. Adem?s, hace falta una capacidad de valorar y prever, de vigilar la din?mica del cambio ambiental y del desarrollo sostenible, de elaborar y aplicar soluciones a nivel internacional. Es preciso prestar atenci?n particular al hecho de que los pa?ses m?s pobres son los que suelen pagar el precio m?s alto por el deterioro ecol?gico.

En el Mensaje para la Jornada mundial de la paz de 2007, puse de relieve que "la destrucci?n del medio ambiente, su uso impropio o ego?sta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo. En efecto, un desarrollo que se limitara al aspecto t?cnico y econ?mico, descuidando la dimensi?n moral y religiosa, no ser?a un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminar?a fomentando la capacidad destructiva del hombre" (n. 9: L?Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 15 de diciembre de 2006, p. 6).

Al afrontar los desaf?os de la protecci?n del medio ambiente y del desarrollo sostenible, estamos llamados a promover y a ?salvaguardar las condiciones morales de una aut?ntica "ecolog?a humana"? (?Centesimus annus ?, 38). Por otra parte, esto exige una relaci?n responsable no s?lo con la creaci?n sino tambi?n con nuestro pr?jimo, cercano o lejano, en el espacio y en el tiempo, y con el Creador.

Esto nos lleva a un segundo desaf?o, que implica nuestro concepto de persona humana y, en consecuencia, nuestras relaciones rec?procas. Si a los seres humanos no se les ve como personas, varones y mujeres, creados a imagen de Dios (cf. Gn 1, 26), dotados de una dignidad inviolable, ser? muy dif?cil lograr una plena justicia en el mundo. A pesar del reconocimiento de los derechos de la persona en declaraciones internacionales y en instrumentos legales, es necesario progresar mucho para que ese reconocimiento tenga consecuencias sobre los problemas globales, como los siguientes: la brecha cada vez mayor entre pa?ses ricos y pa?ses pobres; la desigual distribuci?n y asignaci?n de los recursos naturales y de la riqueza producida por la actividad humana; la tragedia del hambre, de la sed y de la pobreza en un planeta donde hay abundancia de alimento, de agua y de prosperidad; los sufrimientos humanos de los refugiados y de los pr?fugos; las continuas hostilidades en muchas partes del mundo; la falta de una protecci?n legal suficiente para los ni?os por nacer; la explotaci?n de los ni?os; el tr?fico internacional de seres humanos, armas y drogas; y otras muchas injusticias graves.

El tercer desaf?o concierne a los valores del esp?ritu. Urgidos por preocupaciones econ?micas, tendemos a olvidar que, al contrario de los bienes materiales, los bienes espirituales, que son t?picos del hombre, se extienden y se multiplican cuando se comunican. A diferencia de los bienes divisibles, los bienes espirituales, como el conocimiento y la educaci?n, son indivisibles, y cuanto m?s se comparten, m?s se poseen.

La globalizaci?n ha aumentado la interdependencia de los pueblos, con sus diferentes tradiciones, religiones y sistemas de educaci?n. Eso significa que los pueblos del mundo, precisamente en virtud de sus diferencias, est?n aprendiendo continuamente unos de otros y entablando contactos cada vez mayores. Por eso, resulta cada vez m?s importante la necesidad de un di?logo que pueda ayudar a las personas a comprender sus propias tradiciones cuando entran en contacto con las de los dem?s, para desarrollar una mayor autoconciencia ante los desaf?os planteados a su propia identidad, promoviendo as? la comprensi?n y el reconocimiento de los verdaderos valores humanos dentro de una perspectiva intercultural.

Para afrontar positivamente estos desaf?os es urgentemente necesaria una justa igualdad de oportunidades, especialmente en el campo de la educaci?n y de la transmisi?n del conocimiento. Por desgracia, en muchas partes del mundo la educaci?n, especialmente en el nivel primario, sigue siendo dram?ticamente insuficiente.

Para afrontar estos desaf?os s?lo el amor al pr?jimo puede inspirar en nosotros la justicia al servicio de la vida y de la promoci?n de la dignidad humana. S?lo el amor dentro de la familia, fundada en un hombre y una mujer, creados a imagen de Dios, puede asegurar la solidaridad inter-generacional que transmite amor y justicia a las generaciones futuras. S?lo la caridad puede estimularnos a poner una vez m?s a la persona humana en el centro de la vida de la sociedad y en el centro de un mundo globalizado, gobernado por la justicia.

Con estas consideraciones, queridos miembros de la Academia, os aliento en vuestro esfuerzo por seguir realizando vuestro importante trabajo. Sobre vosotros y sobre vuestros seres queridos invoco de coraz?n las bendiciones divinas de sabidur?a, alegr?a y paz.

Publicado por mario.web @ 19:54
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