Lunes, 28 de marzo de 2011
El profesor Luciano Pere?a, polit?logo y jurista, escribe acerca de la denuncia que hace Benedicto XVI del terrorismo
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?Por qu? el miedo a la paz?
?Por qu? el miedo a la paz?
El lema que escogi? el te?logo Joseph Ratzinger al ser nombrado arzobispo de Munich fue Cooperador de la verdad, m?todo que aplic? el cardenal Ratzinger en los 23 a?os en los que colabor? con Juan Pablo II, y que le valieron tantos insultos, pues en la dictadura del relativismo lo m?s pol?ticamente incorrecto era la verdad

El m?todo Ratzinger se ha convertido ahora en el programa de gobierno de su pontificado. La verdad es el par?metro que el Papa Benedicto XVI ha presentado a los sectores de la Iglesia, tanto conservadores como progresistas, por utilizar dos t?rminos familiares, pero equ?vocos. En esto consiste esa llamada revolucionaria contribuci?n al servicio de la paz que el Papa est? ofreciendo para evitar el anunciado choque de civilizaciones.

En su mensaje de Pascua repet?a: ?Las relaciones entre los Estados y dentro de los Estados son justas en la medida en que respetan la verdad. Pero cuando se ultraja la verdad, la paz queda amenazada, el Derecho comprometido, y entonces, por l?gica consecuencia, se desencadenan las injusticias?.

A partir de 1968, el terrorismo se ha convertido en una forma especial de violencia. Ha multiplicado sus fuentes de agresividad, y sus posibilidades de destrucci?n son infinitas. Se ha puesto en juego la supervivencia misma de la Humanidad. Y ya es hora de que se pase del t?pico y de la propaganda sensacionalista, a opciones m?s claras y definidas, de responsabilidad moral y pol?tica, en la lucha contra el terrorismo. Porque hoy m?s que nunca existe el grave riesgo de que el material fisible caiga en manos de pol?ticos extremistas o de grupos terroristas.

No bastan ya las convenciones o convenios internacionales, ni son suficientes las promesas o simples compromisos t?cnicos, con argumentos tambi?n t?cnicos, que terminan casi siempre en falsas esperanzas de paz. Hay que enfrentarse de una vez con los problemas de fondo.

No pocos espa?oles, los nuevos pacifistas del terrorismo pol?tico, empezaron por cuestionar sus viejas alianzas con el proyecto de transformar antiguos compromisos de guerra en improvisados procesos de paz contra la violencia terrorista. ?Pero es que podemos llegar a convencernos, honesta y sinceramente, de que su proceso de paz puede tambi?n provocar un futuro de paz sin violencia terrorista?

El atentado de Madrid del 11-M provoc? entre nosotros la m?s grave crisis de nuestra democracia y conciencia nacional. El terrorismo pol?tico de ETA ya hab?a abierto una brecha m?s peligrosa todav?a para la convivencia de los espa?oles. El drama de muchos de estos nuevos pacifistas consiste en que se sienten obligados a proseguir el llamado proceso de paz con medios para hacer la guerra, mientras otros, tambi?n nuevos pacifistas, empiezan a convencerse de que el terrorismo pol?tico puede considerarse como un medio l?cito de paz en defensa de ?intereses leg?timos y derechos hist?ricos legalmente reconocidos?.
El proceso de paz, proclamado primero por los terroristas, ha sido calificado de trampa y de chantaje. Acu?ando palabras, los nuevos pacifistas del lenguaje s?lo provocan confusi?n, y sus v?ctimas acaban por rendirse al miedo y al terror de los que matan, dispuestos como est?n siempre a negociar con la libertad ajena, bajo el pretexto de una supuesta reconciliaci?n que haga posible la reintegraci?n nacional.

En tertulias y mensajes paralelos se miente y se escarba en el pasado, con el fin de distraer nuestra atenci?n de los errores del presente. Todos hablan de paz, todos dicen que quieren la paz, pero ?de qu? paz hablan y para qui?nes y cu?ndo y a qu? precio? Porque la paz verdadera, que todos queremos, es pr?ctica y realista, porque es la ?nica posible en estas dif?ciles circunstancias de nuestro pa?s; no queremos ni estamos dispuestos a aceptar una paz que se pierda en la utop?a de principios abstractos y bellas declaraciones.

Son ya muchos los espa?oles que se rebelan contra el cinismo de tantos pol?ticos, que se aprovechan de situaci?n tan an?mala para imponer sus ideolog?as, manipular las conciencias y para hipotecar la libertad; y todo se hace con el reiterado empe?o de aislar al adversario pol?tico hasta romper o provocar nuevas alianzas.

La reconciliaci?n nacional es responsabilidad de todos los espa?oles. Nadie puede quedar legalmente excluido; y la moral nos obliga especialmente como cat?licos, por el grave compromiso de la Iglesia con el problema vasco desde sus or?genes, en el desarrollo, continuidad y resistencia. Porque ellos, en cuanto cristianos y para defender su cristianismo que sent?an amenazado, han sido sus principales responsables.

Porque este clave proceso de paz se interpreta como verdadero testimonio cristiano, cuando tantos dem?cratas acomplejados por el miedo y la amenaza dejen de jugar a democracia, siendo tan f?ciles en transigir y tolerar el olvido de las v?ctimas, cuando tan celosos se muestran en dar pruebas de respeto para con los derechos de los verdugos y c?mplices pol?ticos. Jam?s podr? hacerse de la paz un negocio, sujeto al mercadeo de vergonzosas transacciones por intereses pol?ticos. La paz es un valor moral y nunca podr? ser el precio de la rendici?n ni de la esclavitud. Llegaremos incluso a la generosidad del perd?n y de la reconciliaci?n, pero nunca ser? l?cito hacerlo mercantilizando con la dignidad humana. La esperanza de la paz ?nicamente puede mantenerse a base de renuncias mutuas y mutuas concesiones, siempre que ?stas sean razonables y posibles realmente, aunque no siempre sean las ideales ni las m?s deseadas.

Benedicto XVI, Papa alem?n en Polonia, terminaba su peregrinaci?n por la paz, el pasado 28 de mayo, en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, en la celda de san Maximiliano Kolbe; para despu?s recitar, en alem?n, la oraci?n que empieza: ?Se?or, T? eres el Dios de la paz, T? eres la misma paz?. ?Pero en qu? consist?a este nuevo mensaje de paz? El 1 de enero de 2006, hab?a lanzado ya su primer mensaje de paz a todo el orbe. Pretend?a ?l transmitir la tradicional doctrina de la Iglesia cat?lica sobre la paz en la verdad, pero sin maquillarla ni falsearla.

?Jes?s ha resucitado y nos da la paz. ?l mismo es la paz?. ?ste fue su segundo mensaje de Pascua. Con la esperanza y el amor del Cristo resucitado, seg?n la interpretaci?n del Papa, se da la mayor mutaci?n en la historia de la Humanidad, por la que surge un mundo nuevo de paz y confianza para una ?poca vieja marcada por la inquietud y la incertidumbre.

La convicci?n de que Dios es amor hab?a convertido su mensaje de paz en un verdadero programa de gobierno. No era s?lo el t?tulo de su primera enc?clica. Anunciaba en ella ?el nuevo Evangelio de la paz?, que los m?s sorprendidos tacharon de revolucionario. Porque el cristianismo, a decir del Papa, no es un sistema ?tico o ideol?gico. El cristianismo es un encuentro personal con Jes?s vivo.

Es un programa de paz que empieza por denunciar a los poderosos y se?ores de la tierra que pisotean a los pobres en su dignidad sagrada de persona y hasta ignoran los derechos fundamentales del hombre.

En nombre de la Santa Sede, pide el Papa a los Jefes de Estado respeto para el Derecho Internacional Humanitario. Y conclu?a el d?a de la Jornada Mundial por la Paz con este llamamiento angustioso contra el terrorismo: ?Hoy en d?a, la verdad de la paz sigue estando en peligro y es negada de manera dram?tica por el terrorismo que, con sus amenazas y acciones criminales, es capaz de tener al mundo en estado de ansiedad e inseguridad?.

Denunciaba la terrible responsabilidad de los terroristas, tanto de los verdugos que asesinan, como de sus c?mplices que les apoyan; y condenaba la insensatez de sus planes de muerte, por m?s que se pretenda a veces justificar el terrorismo en nombre del Evangelio, y hasta se amontonen citas de autores cat?licos, con grave esc?ndalo de la conciencia cristiana.

Identifica el Papa dos ra?ces de la actividad terrrorista: el nihilismo, que niega la existencia de cualquier verdad, y el fundamentalismo religioso, que pretende imponerla mediante la violencia. ?Quien mata con atentados terroristas cultiva sentimientos de desprecio hacia la Humanidad, manifestando desesperaci?n ante la vida y el futuro; desde esta perspectiva, se puede odiar y destruir todo?.

Y Benedicto XVI, como antes lo hab?a hecho Juan Pablo II, denunciaba en?rgicamente la aberraci?n de quienes pretenden imponer con violencia la propia convicci?n sobre la verdad, en vez de proponerla a la libre aceptaci?n de los dem?s.

La persona es para el cristiano la cumbre de todo lo creado; su dignidad, como reflejo de la imagen divina que lleva indeleble en su ser, es superior a todas las cosas. Ninguna raz?n de orden cient?fico, econ?mico, pol?tico o social puede justificar un cambio en su funci?n de sujeto a objeto. El amor cristiano implica el reconocimiento de la dignidad y de los derechos del pr?jimo. ?sta es la clave que debe informar nuestro proceso de paz, posible en la verdad, mediante la justicia y por medio del amor.

Publicado por mario.web @ 19:58
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