Lunes, 28 de marzo de 2011
Consideraciones jur?dicas y de doctrina social cristiana acerca de las leyes de reconocimiento normativo de las uniones entre personas
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Reconocimiento legal de las uniones homosexuales
Reconocimiento legal de las uniones homosexuales
Un grave problema en el derecho de familia de varios Estados

I) Introducci?n.

Breve rese?a acerca del reconocimiento legal de las uniones civiles homosexuales en los ordenamientos jur?dicos de varios Estados.

Eficacia extraterritorial de las mismas(1)

Este tipo de uniones han sido ya reguladas jur?dicamente en varios pa?ses de Europa y Am?rica Latina de forma muy similar al de los matrimonios heterosexuales tradicionales (1)

Cuando una uni?n de este tipo se pretende hacer valer en un pa?s que no las ha recogido en su ordenamiento jur?dico, surgen inevitablemente problemas de Derecho Internacional Privado.

2. Las regulaciones de las uniones homosexuales en Europa han tenido lugar en Francia, Alemania y Noruega, pero con la limitante de no poder adoptar ni?os. S? lo pueden hacer los unidos civilmente en Suecia y Holanda(2).

En general, las consecuencias jur?dicas de dichas uniones son:

Que el registro de dicha uni?n constituye un impedimento para celebrar matrimonio, o registrar otra uni?n civil homosexual y que la uni?n se disuelve por fallecimiento de uno de sus miembros o por decisi?n judicial. Asimismo, todo lo que se refiere a obligaciones alimentarias, r?gimen impositivo o patrimonial, derechos de habitaci?n, pensiones, seguros, inmigraci?n, etc, est? regulado de una manera pr?cticamente id?ntica al matrimonio. (3).

3. En Am?rica Latina, las Provincias argentinas de Buenos Aires y R?o Negro han sido las pioneras. As? la primera establece que la ?uni?n civil?, se registrar? en el Registro P?blico de Uniones Civiles, para lo cual la pareja deber? demostrar mediante por lo menos dos testigos, su convivencia anterior, por un per?odo no inferior de dos a?os, domicilio legal en la capital as? como una residencia de por lo menos dos a?os de antig?edad a la fecha en que se solicita la formalizaci?n de la pareja. Se trata de un acto a celebrarse ante un oficial p?blico, formal y solemne, aunque no igual al de los matrimonios heterosexuales. La ley legaliza la uni?n conformada libremente por dos personas con independencia de su sexo u orientaci?n sexual.

Es decir, que se trata de una figura jur?dica distinta al matrimonio y al concubinato. Aunque la ley otorga a la pareja un tratamiento similar que a los c?nyuges, produciendo los mismos efectos con relaci?n a algunas cuestiones como la cobertura de asistencia m?dica, derechos laborales,etc. No se les reconoce, en cambio, la posibilidad de adoptar ni?os ni vocaci?n sucesoria. Asimismo las leyes de esas provincias argentinas prev?n causales de disoluci?n de la uni?n civil como el mutua acuerdo, la voluntad unilateral de uno de los miembros de la uni?n civil y el fallecimiento de uno de ellos. Los impedimentos previstos para la uni?n son: edad y parentesco en tanto no pueden ser menores de edad, si uno o ambos estaban casados deber?n primero divorciarse, si hab?an celebrado antes otra uni?n civil deber?n previamente disolverla, etc.

4. En cuanto a la posible eficacia extraterritorial de estas uniones civiles homosexuales en el extranjero, como equiparadas al matrimonio, entendemos con relaci?n a nuestro pa?s, que ellas deber?n de ser desconocidas por nuestra judicatura pero no por razones de orden p?blico internacional uruguayo, (como sostiene Fresnedo de Aguirre) (4) que concebido como conjunto de principios y normas, seg?n lo previsto por el art.5?. de la Convenci?n Interamericana sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado (y la Declaraci?n uruguaya sobre el alcance de la excepci?n), desplazan el derecho nacional extranjero aplicable en virtud de la conexi?n de la norma de conflicto, sea ?ste de fuente convencional o nacional en ausencia de tratado, sino por estar fuera del alcance extensivo de la categor?a matrimonio.

En caso hipot?tico que la mayor?a de los Derechos del orbe reconocieran legalmente a las uniones civiles homosexuales, entendemos que deber?n en ese caso ser desconocidos mediante la excepci?n de orden p?blico internacional. Para el derecho uruguayo, como para muchos otros, el matrimonio es concebido como la uni?n estable, voluntaria, de dos personas capaces de distinto sexo, celebrada ante la autoridad correspondiente del lugar del Estado de celebraci?n. Por tanto, cuando la uni?n, con el alcance variable que pueda tener, sea celebrada por personas del mismo sexo, tal instituci?n est? fuera del alcance extensivo de la categor?a matrimonio del Derecho uruguayo. Ahora bien, esas uniones civiles en cuanto a sus efectos patrimoniales, podr?an ser reconocidas por nuestro ordenamiento jur?dico en lo estrictamente relacionado con dicho r?gimen buscando su similar con formas societarias, por lo establecido en el art.3 de la Convenci?n Interamericana de Normas Generales de Derecho Internacional Privado que regula la excepci?n de instituci?n desconocida.

II) Consideraciones formuladas por la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede el 3 de junio de 2003 siendo su Prefecto el Card. Joseph Ratzinger. Por su enorme relevancia las transcribimos seguidamente.1. Recientemente, el Santo Padre Juan Pablo II y los Dicasterios competentes de la Santa Sede (5) han tratado en distintas ocasiones cuestiones concernientes a la homosexualidad. Se trata, en efecto, de un fen?meno moral y social inquietante, incluso en aquellos Pa?ses donde no es relevante desde el punto de vista del ordenamiento jur?dico. Pero se hace m?s preocupante en los Pa?ses en los que ya se ha concedido o se tiene la intenci?n de conceder reconocimiento legal a las uniones homosexuales, que, en algunos casos, incluye tambi?n la habilitaci?n para la adopci?n de hijos. Las presentes Consideraciones no contienen nuevos elementos doctrinales, sino que pretenden recordar los puntos esenciales inherentes al problema y presentar algunas argumentaciones de car?cter racional, ?tiles para la elaboraci?n de pronunciamientos m?s espec?ficos por parte de los Obispos, seg?n las situaciones particulares en las diferentes regiones del mundo, para proteger y promover la dignidad del matrimonio, fundamento de la familia, y la solidez de la sociedad, de la cual esta instituci?n es parte constitutiva. Las presentes Consideraciones tienen tambi?n como fin iluminar la actividad de los pol?ticos cat?licos, a quienes se indican las l?neas de conducta coherentes con la conciencia cristiana para cuando se encuentren ante proyectos de ley concernientes a este problema. (6) Puesto que es una materia que ata?e a la ley moral natural, las siguientes Consideraciones se proponen no solamente a los creyentes sino tambi?n a todas las personas comprometidas en la promoci?n y la defensa del bien com?n de la sociedad.

A) Naturaleza y caracter?sticas irrenunciables del matrimonio

2. La ense?anza de la Iglesia sobre el matrimonio y la complementariedad de los sexos repropone una verdad puesta en evidencia por la recta raz?n y reconocida como tal por todas las grandes culturas del mundo. El matrimonio no es una uni?n cualquiera entre personas humanas. Ha sido fundado por el Creador, que lo ha dotado de una naturaleza propia, propiedades esenciales y finalidades. (7) Ninguna ideolog?a puede cancelar del esp?ritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe ?nicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la rec?proca donaci?n personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comuni?n de sus personas. As? se perfeccionan mutuamente para colaborar con Dios en la generaci?n y educaci?n de nuevas vidas.3. La verdad natural sobre el matrimonio ha sido confirmada por la Revelaci?n contenida en las narraciones b?blicas de la creaci?n, expresi?n tambi?n de la sabidur?a humana originaria, en la que se deja escuchar la voz de la naturaleza misma. Seg?n el libro del G?nesis, tres son los datos fundamentales del designo del Creador sobre el matrimonio.En primer lugar, el hombre, imagen de Dios, ha sido creado ? var?n y hembra ? (Gn 1, 27).

El hombre y la mujer son iguales en cuanto personas y complementarios en cuanto var?n y hembra. Por un lado, la sexualidad forma parte de la esfera biol?gica y, por el otro, ha sido elevada en la criatura humana a un nuevo nivel, personal, donde se unen cuerpo y esp?ritu.El matrimonio, adem?s, ha sido instituido por el Creador como una forma de vida en la que se realiza aquella comuni?n de personas que implica el ejercicio de la facultad sexual. ? Por eso dejar? el hombre a su padre y a su madre y se unir? a su mujer, y se har?n una sola carne ? (Gn 2, 24).En fin, Dios ha querido donar a la uni?n del hombre y la mujer una participaci?n especial en su obra creadora. Por eso ha bendecido al hombre y la mujer con las palabras: ? Sed fecundos y multiplicaos ? (Gn 1, 28).

En el designio del Creador complementariedad de los sexos y fecundidad pertenecen, por lo tanto, a la naturaleza misma de la instituci?n del matrimonio.Adem?s, la uni?n matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. La Iglesia ense?a que el matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Este significado cristiano del matrimonio, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la uni?n matrimonial entre el hombre la mujer, lo confirma y refuerza (cf. Mt 19, 3-12; Mc 10, 6-9).4. No existe ning?n fundamento para asimilar o establecer analog?as, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, ? cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobaci?n en ning?n caso ?. (8)

En la Sagrada Escritura las relaciones homosexuales ? est?n condenadas como graves depravaciones... (cf. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10). Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomal?a sean personalmente responsables de ella; pero atestigua que los actos homosexuales son intr?nsecamente desordenados ?. (9) El mismo juicio moral se encuentra en muchos escritores eclesi?sticos de los primeros siglos, (10) y ha sido un?nimemente aceptado por la Tradici?n cat?lica.Sin embargo, seg?n la ense?anza de la Iglesia, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales ? deben ser acogidos con respeto, compasi?n y delicadeza. Se evitar?, respecto a ellos, todo signo de discriminaci?n injusta ?. (11) Tales personas est?n llamadas, como los dem?s cristianos, a vivir la castidad.(12) Pero la inclinaci?n homosexual es ? objetivamente desordenada ?, (13) y las pr?cticas homosexuales ? son pecados gravemente contrarios a la castidad ?.(14)

B. Actitudes ante el problema de las uniones homosexuales

5. Con respecto al fen?meno actual de las uniones homosexuales, las autoridades civiles asumen actitudes diferentes: A veces se limitan a la tolerancia del fen?meno; en otras ocasiones promueven el reconocimiento legal de tales uniones, con el pretexto de evitar, en relaci?n a algunos derechos, la discriminaci?n de quien convive con una persona del mismo sexo; en algunos casos favorecen incluso la equivalencia legal de las uniones homosexuales al matrimonio propiamente dicho, sin excluir el reconocimiento de la capacidad jur?dica a la adopci?n de hijos.All? donde el Estado asume una actitud de tolerancia de hecho, sin implicar la existencia de una ley que expl?citamente conceda un reconocimiento legal a tales formas de vida, es necesario discernir correctamente los diversos aspectos del problema. La conciencia moral exige ser testigo, en toda ocasi?n, de la verdad moral integral, a la cual se oponen tanto la aprobaci?n de las relaciones homosexuales como la injusta discriminaci?n de las personas homosexuales. Por eso, es ?til hacer intervenciones discretas y prudentes, cuyo contenido podr?a ser, por ejemplo, el siguiente: Desenmascarar el uso instrumental o ideol?gico que se puede hacer de esa tolerancia; afirmar claramente el car?cter inmoral de este tipo de uniones; recordar al Estado la necesidad de contener el fen?meno dentro de l?mites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad p?blica y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepci?n err?nea de la sexualidad y del matrimonio, que las dejar?a indefensas y contribuir?a, adem?s, a la difusi?n del fen?meno mismo. A quienes, a partir de esta tolerancia, quieren proceder a la legitimaci?n de derechos espec?ficos para las personas homosexuales conviventes, es necesario recordar que la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobaci?n o legalizaci?n.Ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales, o la equiparaci?n legal de ?stas al matrimonio con acceso a los derechos propios del mismo, es necesario oponerse en forma clara e incisiva. Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperaci?n formal a la promulgaci?n o aplicaci?n de leyes tan gravemente injustas, y asimismo, en cuanto sea posible, de la cooperaci?n material en el plano aplicativo. En esta materia cada cual puede reivindicar el derecho a la objeci?n de conciencia.

C. Argumentaciones racionales contra el reconocimiento legal de las uniones homosexuales

6. La comprensi?n de los motivos que inspiran la necesidad de oponerse a las instancias que buscan la legalizaci?n de las uniones homosexuales requiere algunas consideraciones ?ticas espec?ficas, que son de diferentes ?rdenes.De orden racional.La funci?n de la ley civil es ciertamente m?s limitada que la de la ley moral, (15) pero aqu?lla no puede entrar en contradicci?n con la recta raz?n sin perder la fuerza de obligar en conciencia. (16) Toda ley propuesta por los hombres tiene raz?n de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta raz?n, y respeta los derechos inalienables de cada persona. (17)Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta raz?n porque confieren garant?as jur?dicas an?logas a las de la instituci?n matrimonial a la uni?n entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una instituci?n esencial para el bien com?n como es el matrimonio.Se podr?a preguntar c?mo puede contrariar al bien com?n una ley que no impone ning?n comportamiento en particular, sino que se limita a hacer legal una realidad de hecho que no implica, aparentemente, una injusticia hacia nadie. En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fen?meno privado y el mismo como comportamiento p?blico, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jur?dico. El segundo fen?meno no s?lo es m?s grave sino tambi?n de alcance m?s vasto y profundo, pues podr?a comportar modificaciones contrarias al bien com?n de toda la organizaci?n social. Las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas ? desempe?an un papel muy importante y a veces determinante en la promoci?n de una mentalidad y de unas costumbres ?. (18) Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a modificar en las nuevas generaciones la comprensi?n y la valoraci?n de los comportamientos. La legalizaci?n de las uniones homosexuales estar?a destinada por lo tanto a causar el obscurecimiento de la percepci?n de algunos valores morales fundamentales y la desvalorizaci?n de la instituci?n matrimonial.De orden biol?gico y antropol?gico.7. En las uniones homosexuales est?n completamente ausentes los elementos biol?gicos y antropol?gicos del matrimonio y de la familia que podr?an fundar razonablemente el reconocimiento legal de tales uniones. ?stas no est?n en condiciones de asegurar adecuadamente la procreaci?n y la supervivencia de la especie humana. El recurrir eventualmente a los medios puestos a disposici?n por los recientes descubrimientos en el campo de la fecundaci?n artificial, adem?s de implicar graves faltas de respeto a la dignidad humana, (19) no cambiar?a en absoluto su car?cter inadecuado.En las uniones homosexuales est? adem?s completamente ausente la dimensi?n conyugal, que representa la forma humana y ordenada de las relaciones sexuales. ?stas, en efecto, son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisi?n de la vida.Como demuestra la experiencia, la ausencia de la bipolaridad sexual crea obst?culos al desarrollo normal de los ni?os eventualmente integrados en estas uniones. A ?stos les falta la experiencia de la maternidad o de la paternidad. La integraci?n de ni?os en las uniones homosexuales a trav?s de la adopci?n significa someterlos de hecho a violencias de distintos ?rdenes, aprovech?ndose de la d?bil condici?n de los peque?os, para introducirlos en ambientes que no favorecen su pleno desarrollo humano.Ciertamente tal pr?ctica ser?a gravemente inmoral y se pondr?a en abierta contradicci?n con el principio, reconocido tambi?n por la Convenci?n Internacional de la ONU sobre los Derechos del Ni?o, seg?n el cual el inter?s superior que en todo caso hay que proteger es el del infante, la parte m?s d?bil e indefensa.De orden social.8. La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinici?n del matrimonio, que se convierte en una instituci?n que, en su esencia legalmente reconocida, pierde la referencia esencial a los factores ligados a la heterosexualidad, tales como la tarea procreativa y educativa. Si desde el punto de vista legal, el casamiento entre dos personas de sexo diferente fuese s?lo considerado como uno de los matrimonios posibles, el concepto de matrimonio sufrir?a un cambio radical, con grave detrimento del bien com?n. Poniendo la uni?n homosexual en un plano jur?dico an?logo al del matrimonio o la familia, el Estado act?a arbitrariamente y entra en contradicci?n con sus propios deberes.Para sostener la legalizaci?n de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminaci?n de las personas. Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable s?lo si se opone a la justicia. (20) No atribuir el estatus social y jur?dico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ?sta.

Tampoco el principio de la justa autonom?a personal puede ser razonablemente invocado. Una cosa es que cada ciudadano pueda desarrollar libremente actividades de su inter?s y que tales actividades entren gen?ricamente en los derechos civiles comunes de libertad, y otra muy diferente es que actividades que no representan una contribuci?n significativa o positiva para el desarrollo de la persona y de la sociedad puedan recibir del estado un reconocimiento legal espec?fico y cualificado. Las uniones homosexuales no cumplen ni siquiera en sentido anal?gico remoto las tareas por las cuales el matrimonio y la familia merecen un reconocimiento espec?fico y cualificado. Por el contrario, hay suficientes razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentase su incidencia efectiva en el tejido social.De orden jur?dico.9. Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreaci?n y son por lo tanto de eminente inter?s p?blico, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una espec?fica atenci?n por parte del ordenamiento jur?dico, porque no cumplen dicho papel para el bien com?n.Es falso el argumento seg?n el cual la legalizaci?n de las uniones homosexuales ser?a necesaria para evitar que los convivientes, por el simple hecho de su convivencia homosexual, pierdan el efectivo reconocimiento de los derechos comunes que tienen en cuanto personas y ciudadanos. En realidad, como todos los ciudadanos, tambi?n ellos, gracias a su autonom?a privada, pueden siempre recurrir al derecho com?n para obtener la tutela de situaciones jur?dicas de inter?s rec?proco. Por el contrario, constituye una grave injusticia sacrificar el bien com?n y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por v?as que no da?en a la generalidad del cuerpo social. (21).

D. Comportamiento de los pol?ticos cat?licos ante legislaciones favorables a las uniones homosexuales.

10. Si todos los fieles est?n obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los pol?ticos cat?licos lo est?n en modo especial, seg?n la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes indicaciones ?ticas.En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalizaci?n de las uniones homosexuales, el parlamentario cat?lico tiene el deber moral de expresar clara y p?blicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien com?n de la sociedad es un acto gravemente inmoral.En caso de que el parlamentario cat?lico se encuentre en presencia de una ley ya en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando p?blica constancia de su desacuerdo; se trata de cumplir con el deber de dar testimonio de la verdad. Si no fuese posible abrogar completamente una ley de este tipo, el parlamentario cat?lico, recordando las indicaciones dadas en la Enc?clica Evangelium Vit?, ? puede l?citamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los da?os de esa ley y disminuir as? los efectos negativos en el ?mbito de la cultura y de la moralidad p?blica ?, con la condici?n de que sea ? clara y notoria a todos ? su ? personal absoluta oposici?n ? a leyes semejantes y se haya evitado el peligro de esc?ndalo. (22) Eso no significa que en esta materia una ley m?s restrictiva pueda ser considerada como una ley justa o siquiera aceptable; se trata de una tentativa leg?tima, impulsada por el deber moral, de abrogar al menos parcialmente una ley injusta cuando la abrogaci?n total no es por el momento posible.E. Conclusi?n.11. La Iglesia ense?a que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobaci?n del comportamiento homosexual ni a la legalizaci?n de las uniones homosexuales. El bien com?n exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la uni?n matrimonial como base de la familia, c?lula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significar?a no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino tambi?n ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio com?n de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.El Siervo de Dios Juan Pablo II, en la audiencia concedida al Prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, el 28 de marzo de 2003, aprob? las presentes Consideraciones, decididas en la Sesi?n Ordinaria de la misma, y orden? su publicaci?n.

III) Conclusiones finales

De lo expuesto, tanto desde el punto de vista del orden jur?dico positivo como desde el ?ngulo de la doctrina social cristiana surge clara la inconveniencia de reconocer legalmente, por parte de los Estados, a las uniones civiles homosexuales, -est?n equiparadas plenamente al matrimonio o no-, por ir contra el derecho natural y encontrarse fuera del alcance extensivo de la categor?a matrimonio claramente en la gran mayor?a de los Derechos, como en Uruguay.

En caso que la mayor?a de los Derechos la admitiera, entonces deber? de ser desconocida recurriendo a la excepci?n del orden p?blico internacional. El matrimonio es un v?nculo constituido por definici?n esencial entre personas de distinto sexo, en tanto ?ste es un instituto del Derecho de Familia, reconocido como preexistente al propio Estado y no puede pretender asimilarse la uni?n entre personas del mismo sexo a la instituci?n matrimonial, con la complementariedad f?sica y s?quica correspondiente y por ello potencialmente abierta a la vida, que adem?s cumple un fin social que la uni?n civil homosexual nunca podr? desempe?ar.

Notas
(1) Cf. Fresnedo de Aguirre, C. ?Curso de Derecho Internacional Privado?, T.II,vol.I, F.C.U., Montevideo, a?o 2003, p?g.172.
(2) Cf. Fern?ndez Arroyo, Diego, ?Nuevos desarrollos del Derecho Internacional Privado de Familia en Europa?, en Temas de Derecho Internacional Privado y de Derecho Comunitario, Universidad Cat?lica del Uruguay, Revista uruguaya de Derecho Constitucional y Pol?tico, 1997.
(3) Idem Fern?ndez Arroyo, D. (2).
(4) Fresnedo de Aguirre, C. ob. cit., p?g.173. (5) Cf. Juan Pablo II, Alocuci?n con ocasi?n del rezo del Angelus, 20 de febrero de 1994 y 19 de junio de 1994; Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, 24 de marzo de 1999; Catecismo de la Iglesia Cat?lica, nn. 2357-2359, 2396; Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Declaraci?n Persona humana, 29 de diciembre de 1975, n. 8; Carta sobre la atenci?n pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986; Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminaci?n de las personas homosexuales, 24 de julio de 1992; Pontificio Consejo para la Familia, Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa sobre la resoluci?n del Parlamento Europeo en relaci?n a las parejas de homosexuales, 25 de marzo de 1994; Familia, matrimonio y ? uniones de hecho ?, 26 de julio de 2000, n. 23.

(6) Cf. Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los cat?licos en la vida pol?tica, 24 de noviembre de 2002, n. 4.

(7) Cf. Concilio Vaticano II, Constituci?n pastoral Gaudium et spes, n. 48.
(8) Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 2357.(9) Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Declaraci?n Persona humana, 29 de diciembre de 1975, n. 8.
(10) Cf. por ejemplo S. Policarpo, Carta a los Filipenses, V, 3; S. Justino, Primera Apolog?a, 27, 1-4; Aten?goras, S?plica por los cristianos, 34.
11) Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 2358; Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atenci?n pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.

(12) Cf. Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 2359; Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atenci?n pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.
(13) Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 23. (14) Cf. Ibid., n. 2396.
(15) Cf. Juan Pablo II, Carta Enc?clica Evangelium vit?, 25 de marzo de 1995, n. 71. (16) Cf. ibid., n. 72.
(17) Cf. Sto. Tom?s de Aquino, Summa Theologi?, I-II, p. 95, a. 2.
(18) Juan Pablo II, Carta Enc?clica Evangelium vit?, 25 de marzo de 1995, n. 90.
(19) Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Instrucci?n Donum vit?, 22 de febrero de 1987, II. A. 1-3.
(20) Cf. Sto. Tom?s de Aquino, Summa Theologi?, II-II, p. 63, a.1, c.
(21) No hay que olvidar que subsiste siempre ? el peligro de que una legislaci?n que haga de la homosexualidad una base para poseer derechos pueda estimular de hecho a una persona con tendencia homosexual a declarar su homosexualidad, o incluso a buscar un partner con el objeto de aprovecharse de las disposiciones de la ley ? (Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminaci?n de las personas homosexuales, 24 de julio de 1992, n. 14).
(22) Juan Pablo II, Carta Enc?clica Evangelium vit?, 25 de marzo de 1995, n. 73.

Publicado por mario.web @ 20:11
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