S?bado, 16 de abril de 2011
Radiomensaje del Santo Padre P?o XII a los trabajadores de Espa?a, 11 de marzo de 1951. En ?l habla del derecho a la propiedad privada, de la distribuci?n justa de la propiedad y la dignidad laboral.
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Radiomensaje a los Trabajadores de Espa?a
Radiomensaje a los Trabajadores de Espa?a
RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE P?O XII
A LOS TRABAJADORES DE ESPA?A*

Domingo 11 de marzo de 1951




Amad?simos hijos, empresarios, t?cnicos y trabajadores espa?oles, reunidos en Madrid y provincias para consagraros a Cristo Redentor y rendir vuestro ferviente homenaje de filial devoci?n a su Vicario en la tierra:

?Qu? hermoso espect?culo ?dejadnos comenzar as? el de una masa imponente de obreros, como la vuestra, aclamando a Jesucristo como a su verdadero Redentor!

Porque al trabajador, al obrero, al hombre de una vida ?spera y dif?cil, donde los problemas de hoy no alcanzan a hacer olvidar las preocupaciones del ma?ana, son muchos los que se le han presentado, y se le presentan, especialmente en estos ?ltimos tiempos, enarbolando la bandera de la redenci?n. Vosotros, sin embrago, segu?s aferrados a la bandera de Cristo. Y confes?is abierta y solemnemente con el primer Papa San Pedro : ?No hay que buscar la salvaci?n en ning?n otro. Pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual debamos salvarnos? (Act. 4,12). A El, a su Iglesia, al sucesor de Pedro vosotros quer?is permanecer fieles, cueste lo que cueste.

Pero lealtad con lealtad se paga. Y como seguramente vosotros esper?is de Nos, en estos momentos, una palabra sobre lo que la Iglesia puede ofreceros para la seguridad de vuestra existencia y la satisfacci?n de vuestras justas aspiraciones, esa palabra, con todo Nuestro afecto paternal, os la queremos decir. H?la aqu?, pues, en tres puntos:

1. Nadie puede acusar a la Iglesia de haberse desinteresado de la cuesti?n obrera y de la cuesti?n social, o de no haberles concedido la importancia debida. Pocas cuestiones habr?n preocupado tanto a la Iglesia como esas dos, desde que, hace sesenta a?os, Nuestro gran Predecesor Le?n XIII, con su Enc?clica Rerum Novarum, puso en las manos de los trabajadores la Carta Magna de sus derechos.

La Iglesia ha tenido y tiene conciencia plena de su responsabilidad. Sin la Iglesia la cuesti?n social es insoluble; pero tampoco ella sola la puede resolver. Le hace falta la colaboraci?n de las fuerzas intelectuales, econ?micas y t?cnicas de los poderes p?blicos.

Ella, por su parte, ha ofrecido, para la fundamentaci?n religioso-moral de todo orden social, programas amplios y bien pensados. Las legislaciones sociales de los diversos pa?ses no son m?s que aplicaciones, en gran parte, de los principios establecidos por la Iglesia. No olvid?is tampoco que todo lo bueno y justo que hall?is en los dem?s sistemas, se encuentra ya en la doctrina social cat?lica. Y cuando ellos asignan metas al movimiento obrero, que la Iglesia rechaza, se trata siempre de bienes ilusorios que sacrifican la verdad, la dignidad humana, la justicia social o el verdadero bienestar de todos los ciudadanos.

2. En su historia, dos veces milenaria, la Iglesia ha tenido que vivir en medio de las m?s diversas estructuras sociales, desde aquella antigua con su esclavitud, hasta el moderno sistema econ?mico, caracterizado por las palabras capitalismo y proletariado. La Iglesia nunca ha predicado la revoluci?n social; pero siempre y en todas partes, desde la Ep?stola de S. Pablo a Filem?n hasta las ense?anzas sociales de los Papas en los siglos diez y nueve y veinte, se ha esforzado tenazmente por conseguir que se tenga m?s cuenta del hombre que de las ventajas econ?micas y t?cnicas, y para que cuantos hacen de su parte lo que pueden, vivan una vida cristiana y digna de un ser humano.

Por eso la Iglesia defiende el derecho a la propiedad privada, derecho que ella considera fundamentalmente intangible. Pero tambi?n insiste en la necesidad de una distribuci?n m?s justa de la propiedad y denuncia lo que hay de contrario a la naturaleza en una situaci?n social donde, frente a un peque?o grupo de privilegiados y riqu?simos, hay una enorme masa popular empobrecida. Siempre habr? desigualdades econ?micas. Pero, todos los que de alg?n modo pueden influir en la marcha de la sociedad deben tender siempre a conseguir una situaci?n tal, que permita a cuantos hacen lo que est? en su mano, no s?lo el vivir, sino aun el ahorrar.

Son muchos los factores que deben contribuir a una mayor difusi?n de la propiedad. Pero el principal ser? siempre el justo salario. Vosotros sab?is muy bien, queridos hijos, que el justo salario y una mejor distribuci?n de los bienes naturales constituyen dos de las exigencias m?s apremiantes en el programa social de la Iglesia.

Ella ve con buenos ojos y aun fomenta todo aquello que, dentro de lo que permiten las circunstancias, tiende a introducir elementos del contrato de sociedad en el contrato de trabajo y mejora la condici?n general del trabajador. La Iglesia exhorta igualmente a todo que contribuye a que las relaciones entre patronos y obreros sean m?s humanas, m?s cristianas y est?n animadas de mutua confianza. La lucha de clases nunca puede ser un fin social. Las discusiones entre patronos y obreros deben tener como fin principal la concordia y la colaboraci?n.

3. Pero esta obra la pueden llevar a cabo solamente hombres que viven de la fe y cumplen su deber en el esp?ritu de Cristo. Nunca fue f?cil la soluci?n de la cuesti?n social. Pero las indecibles cat?strofes de este siglo la han hecho angustiosamente dif?cil. La reconciliaci?n de las clases, la disposici?n al sacrificio y al respeto mutuo, la sencillez de la vida, la renuncia al lujo exigida imperiosamente por la actual situaci?n econ?mica: todo eso, y tantas otras cosas, s?lo se podr?n obtener con la ayuda de la Providencia y de la gracia de Dios. Sed, pues, hombres de oraci?n. Elevad vuestras manos a Dios, para que, por su misericordia, y a pesar de todas las dificultades, se realice esa gran labor.

Con esta ocasi?n no podemos menos de dirigir algunas palabras de elogio paternal a esas Instituciones que hab?is creado y continu?is creando en gran n?mero con el fin de educar a los j?venes trabajadores, haciendo de ellos excelentes obreros especializados y al mismo tiempo cristianos convencidos. No podr?ais hacer cosa mejor. En el auge y florecimiento de esa obra vemos un signo prometedor para el porvenir.

Se suele acusar a la fe cristiana de consolar al mortal, que lucha por la vida, con la esperanza del m?s all?. La Iglesia, se dice, no sabe ayudar al hombre en su vida terrena. Nada m?s falso. Os basta mirar al gran pasado de vuestra querida Espa?a; ?qui?n ha hecho m?s que la Iglesia para que la vida familiar y social fuera ah? feliz y tranquila? Por lo que hace a la soluci?n de la actual cuesti?n social, nadie ha presentado un programa que supere la doctrina de la Iglesia en seguridad, consistencia y realismo.

Por eso es tanto mayor su derecho a exhortar y consolar a todos, record?ndoles que el sentido de la vida terrena est? en el m?s all?, en la vida eterna. Cuanto m?s vivamente os penetr?is de esta verdad, tanto m?s os sentir?is impulsados a colaborar para una soluci?n aceptable de la cuesti?n social. Siempre ser? verdad que lo m?s precioso que para ese fin puede dar la Iglesia es un hombre que, firmemente anclado en la fe de Cristo y de la vida eterna, cumpla, impulsado por ella, las tareas de esta. vida.

Esto era lo que os quer?amos decir.

Una palabra todav?a, amad?simos trabajadores espa?oles, para aceptar y agradecer el homenaje a Nuestra humilde persona. Y en cuanto a Nuestra correspondencia, ?qu? os hemos de decir? Durante todo el Gran Jubileo, que acaba de terminar, hemos visto con Nuestros propios ojos, hemos tocado con Nuestras propias manas el fervor entusiasta del pueblo espa?ol por el Papa. Pero los peregrinos espa?oles ?entre los que os recordamos, queridos trabajadores, especialmente a los que estuvisteis en la clausura de la Puerta Santa? han podido ver, han podido tambi?n experimentar el amor que el Papa les reserva. ??Espa?a por el Papa!? era su grito apasionado e incontenible ; al que Nos hemos contestado con paternal amor : ??Y el Papa por Espa?a!?.

Que Dios os bendiga, hijos querid?simos, y bendiga igualmente a vuestra patria y a vuestros dirigentes, como Nos, con plena efusi?n de afecto paternal, a todos os bendecimos.

* AAS 43 (1951) 213-216

Publicado por mario.web @ 9:15
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