S?bado, 16 de abril de 2011
Carlos Llano Cifuentes y H?ctor Zagal Arregu?n (Yoinfluyo.com) nos ofrecen un profundo an?lisis sobre la necesidad de rescatar a la personas como eje de la ?tica corporativa.
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El rescate ?tico de la empresa y el mercado
El rescate ?tico de la empresa y el mercado
La econom?a como eje en torno al cual giran Estado y sociedad est? en entredicho. La realidad se impone y ante los fallos del capitalismo y socialismo surgen posturas antag?nicas. Muchos contin?an buscando soluciones a nivel macro y apuestan por la bondad de los modelos te?ricos ?neoliberalismo o estatismo.

Llano y Zagal analizan el panorama y buscan la reforma que permitir?a construir sociedades justas y arm?nicas. Desde su punto de vista, no debemos apostar exclusivamente por lo econ?mico a nivel de los grandes actores ?mercado, Estado y sociedad?; centran su atenci?n en el coraz?n de la problem?tica: los individuos. Las personas con nombre y apellido son las que dan vida a las instituciones ?empresa, gobierno y familia? y con su comportamiento, creencias y valores marcan su rumbo.

La situaci?n global de injusticia, corrupci?n y falta de equidad refleja el actuar de los individuos. El criterio econ?mico es parcial y s?lo conduce a soluciones parciales, seg?n Philipe B?n?ton, ?el fracaso de las pol?ticas de lucha contra la pobreza se debe a haber menospreciado la dimensi?n moral de las personas?.

Para los autores el problema tiene un fuerte componente ?tico, hasta el punto de que puede considerarse la ra?z, por lo que no debe atacarse exclusivamente bajo un ?ngulo pol?tico o econ?mico. Su propuesta es rescatar la empresa y el mercado desde la ?tica, tanto o m?s importante que el modelo econ?mico. Es decir, es necesario un ?cambio de estructuras y cambio de estilos personales de vida?.


A favor del cambio.

La opini?n p?blica en los distintos pa?ses coincide en la necesidad de una reestructuraci?n econ?mica-estatal. Sin embargo, aunque el modelo ha cambiado a lo largo de los a?os, la realidad no: la brecha entre empleados y desempleados, pobres y ricos es demasiado ancha.

Bajo el principio de intervenci?n para remediar las fallas del mercado, el Estado comenz? a introducirse en el campo econ?mico. El remedio caus? peores males que la enfermedad. La falla no est? s?lo en el sistema, sino en las personas que lo hacen realidad.


Ning?n sistema econ?mico ha conseguido aminorar m?gicamente el ego?smo de los hombres, pues se trata de un problema antropol?gico, no econ?mico. Funcionarios, gobernantes y bur?cratas son tan humanos como los dem?s.


Al lado de cualquier modelo econ?mico debe subrayarse un concepto pleno del ser humano, al que por paralelismo los autores denominan modelo antropol?gico.

Insisten que el remedio a las penurias sociales no se logra instaurando un modelo econ?mico desde la macroestructura estatal; el cambio debe originarse primero desde abajo, suscitando en los individuos, familias, escuelas, empresas, c?maras, colegios profesionales, etc?tera, los valores sociales que har?n efectivo el corregir o perfeccionar el modelo econ?mico.


La propuesta es incentivar la moral de los ciudadanos. Tarea que no puede asumir un Estado neutro y aconfesional que, a fuerza de querer parecer as?ptico, tolerante y libre, termina siendo inmoral, contagiando a los ciudadanos. Tampoco la puede asumir el mercado, que propicia la privatizaci?n pero no la personificaci?n verdadera.

Porque la columna vertebral de la vida no es ni el Estado, ni la ciencia, ni el mercado, su reforma debe partir de la modificaci?n de actitudes, h?bitos y creencias individuales; es decir, desde la ?tica sustentada en un concepto del hombre que, en vez de apostar por el ego?smo, permita desarrollar las capacidades de compromiso, renuncia y don de s?.


Los autores presentan tres condicionantes como eje en su discurso:

1. La ley de la oferta y la demanda no es absoluta; hay bienes que no pueden comprarse. Es necesario dar relevancia a los valores espirituales y culturales que trascienden toda mercantilidad.

2. La democracia demanda un mayor coeficiente de eticidad, sin la cual se da un deterioro o degeneraci?n que lleva a reg?menes totalitarios y autoritarios. Hay que realzar el valor social de la ?tica, cuya fuente insustituible es un concepto v?lido del hombre.

3. El mercado no es el ?nico h?bitat del ser humano. Proponen estimular la solidaridad, propia de la familia, las relaciones de amistad, las iglesias, porque en ellas se aprende el oficio de ser hombre.

Empezar por los cimientos.



El primer paso de los autores es situar la ?tica en el contexto actual y explicar las visiones que compiten por dar un sentido al mundo que vivimos. El antecedente lo encontramos en el ?escepticismo ?tico posmoderno? ?consecuencia inmediata del modernismo? caracterizado por una ruptura de la vida humana. Por un lado se encuentra el mundo vital y por otro la tecnoestructura.


El mundo vital, creado en torno a la comunidad, corresponde a la familia, las amistades, la religi?n, y se rige por la l?gica del desinter?s, la solidaridad, compasi?n y dependencia. Tambi?n se gu?a por el mito de la espontaneidad y tiende a ser irracionalista y subjetivo. Como resultado, se torna escuela de sentimentalismo, no hay compromiso, se desprestigian las reglas, se pierde el sentido del deber y la autoridad se deval?a.
La tecnoestructura, creada alrededor del individuo, corresponde al Estado, la ciencia, el mercado, y se rige por la l?gica de la eficacia, el ?xito, la competencia e independencia. Tambi?n se gu?a por el mito de los hechos y tiende a ser racionalista y objetiva. Deviene un mundo inh?spito donde prevalece un legalismo contractualista, se da un fetichismo de los procedimientos, el deber se cumple por amor al deber (o al dinero) y la autoridad se afirma arbitrariamente.


Bajo esta perspectiva, la ?tica tambi?n se divide en emotivista y utilitarista. La primera se fundamenta en el subjetivismo y emotivismo, y su finalidad es un estado de satisfacci?n subjetivo. La segunda se basa en la eficacia y utilidad, y su fin es optimizar el funcionamiento del sistema.


A juicio de los autores, existen tres visiones de la ?tica:

?tica del capitalismo salvaje. Es la m?s popular. Se trata de un doble discurso: aplicar la ?tica utilitarista a la empresa y la pol?tica, y la emotivista al mundo vital. Parte del agnosticismo y se legitima como condicionante de la convivencia social. Lo ?bueno? es lo conveniente para que funcione el libre mercado. La propia libertad se limita por la libertad de los dem?s.

El posmodernismo esc?ptico. Las normas ?ticas son asunto est?tico, no filos?fico, cient?fico, econ?mico o pol?tico. No promueve la ?tica porque ser?a imponer puntos de vista. El bien es un artificio racionalista. Su ideal es comportarse, vivir y pensar como uno quiera; disfrutar la vida sin plantearse si las acciones son buenas o malas.

Si acaso reconoce como l?mite de la propia libertad el derecho de los otros a ser diferentes.
Neoaristotelismo cristiano. Parte de la racionalidad del ser humano, creado con un orden natural. La raz?n descubre las finalidades naturales del cosmos y del ser humano mismo; respetarlas (papel de la ?tica) es la manera de ser aut?nticamente persona. La ?tica se justifica por la plenitud que logra en nosotros y se construye por virtudes flexibles y concretas.

Promueve la autoposesi?n del hombre a trav?s de las virtudes. El individuo virtuoso logra reunir en cierta medida el placer y el cumplimiento del deber y, al unirlos, se recobra la unidad del hombre. Lo bueno es lo que est? de acuerdo con el orden creado y racional. El l?mite de la libertad es la naturaleza, que a su vez es poliforme.


Dado que la ?tica responde a un modo de ver la vida, toda persona asume ciertas premisas ?ticas, consciente o inconscientemente. En concreto, quienes sostienen en la vida pr?ctica la versi?n del ?capitalismo salvaje? o la esc?ptica no suelen ser conscientes de ello; asumen las convicciones que se respiran en el ambiente sin saber que han tomado ya una postura ?tica y sin poder dar raz?n de ella.

Es necesario darse cuenta que asumir unas premisas ?ticas no es optativo, de modo que toda persona deber?a hacerlo racionalmente, no por azar.


El continuo aprendizaje de ser hombre.
La posibilidad de realizar el cambio que proponen Llano y Zagal radica en lo que consideran el nervio del libro: ?la importancia de la libertad humana ?y de la responsabilidad? en la mejora del individuo y las personas. (?) Las personas no son bloques est?ticos? sino n?cleos en perpetua mejora o detrimento?. Como reza el dicho, ?el que no avanza, retrocede?. De aqu? la necesidad de la educaci?n y formaci?n permanentes.

Al respecto, ponen el dedo en la llaga: existe un divorcio entre la escuela y el mercado real de trabajo, entre la educaci?n (desarrollo de la inteligencia) y la formaci?n (desarrollo del car?cter), que se traduce en la creaci?n de puestos cada vez m?s especializados para los que la preparaci?n escolar es insuficiente, adem?s de una ense?anza polarizada en los conocimientos y la racionalidad que descuida el car?cter de los alumnos, cuando la eficacia en el trabajo reside m?s en los trazos del car?cter personal que en la preparaci?n t?cnica.

Para sanar esta incoherencia proponen una coordinaci?n entre empresa y universidad, a la par de una preparaci?n continua, inaplazable frente a los cambios laborales.


Los autores ahondan en los cambios entre trabajo formal o estructurado y trabajo informal o no estructurado, y en ambos enfatizan el papel de la persona. Dado que las empresas no pueden ofrecer empleo para toda la vida, se requiere un nuevo trato entre empresa y empleado, basado en el binomio confianza-seguridad, no lealtad-seguridad. La seguridad que antes otorgaba la organizaci?n descansa ahora en la preparaci?n del trabajador.


As?, la educaci?n permanente no s?lo resulta imprescindible por la variabilidad de las circunstancias del entorno y la competitividad de los trabajos profesionales, sino que ?constituye la verdadera y radical "privatizaci?n" de la econom?a?: el ?nico modo para que cada persona pueda generar su propio valor agregado. ?La inteligencia y la voluntad rectamente formadas son "medios de producci?n"... y si hay algo "privado" son las aptitudes espirituales?.


La empresa debe apoyar la continua formaci?n de los trabajadores: ?la renovaci?n de los activos materiales se hace por sustituci?n; la del personal por perfeccionamiento?. Perfeccionamiento imprescindible en las tareas directivas (implicadas en todo trabajo), pues requieren un mayor grado de ?estructura interior?, condicionada por el modo de ser del sujeto.


Mejorar la empresa requiere mejorar el car?cter de quienes la dirigen, m?s que su saber t?cnico. Esto, como tantas veces se ha repetido, no es imposible.

El car?cter se adquiere por contagio y para ello los autores recomiendan, entre otras cosas, buscar un asesor o tutor ejemplar de quien aprender las cualidades necesarias para la direcci?n ?objetividad, humildad, magnanimidad, audacia, confianza, fortaleza, constancia...?, adem?s de la formaci?n permanente, que ayuda a aplicar los nuevos conocimientos a las condiciones concretas del empleo y a compensar el deterioro de las notas caracterol?gicas en el tiempo.


Ya que el h?bitat natural del empresario es la crisis, es necesario resaltar dos notas caracterol?gicas: capacidad de riesgo para enfrentar la incertidumbre ?se identifica con el af?n de logro? y capacidad de resistencia, con la que uno ?se gana a s? mismo?, se hace due?o de su sensibilidad, afectividad? y hace la diferencia entre un emprendedor y un aventurero.

Para los autores, esta capacidad es de suma importancia y se mide por la menor posici?n de vulnerabilidad de la persona ?c?mo se relaciona con lo fundamental: orienta el tener para hacer, el hacer para ser y el ser como fin (resistencia) o al rev?s (vulnerabilidad)? y por la dimensi?n ?tica de su actividad, el enfoque ?ltimo de su trabajo ?s?lo busca resultados o guarda principios.


Esta vulnerabilidad se refleja en dos enfoques ?ticos: ?tica de resultados (tambi?n teleol?gica o consecuencialista) y ?tica de principios (o deontol?gica).

No recomiendan vivir exclusivamente bajo una ?tica de resultados, en tiempo de crisis la persona se hunde, contrario a cuando se gu?a por principios. La ?tica bien entendida es una ?tica de deberes, aunque preste cuidadosa atenci?n a los resultados. Si nos basamos en principios seremos m?s resistentes.


?tica empresarial, ?moda pasajera?
Contrario a lo que podr?a pensarse, por lo mucho que hoy se habla de ?tica y el ?nfasis en la formaci?n de la personalidad tanto como en las habilidades, la mayor sensibilidad ?tica que existe en el entorno empresarial no es tan s?lida como ingenuamente suponen algunos. Y es que hablar del tema no implica un aumento de moralidad empresarial.

Los autores temen que la business ethic sea una moda de los negocios, al igual que otros temas, y para evitarlo insisten en la formaci?n permanente de la personalidad. La moda no es mala de suyo, pero est? destinada a desaparecer. El riesgo es que la cultura y filosof?a de una empresa obedezcan al capricho de la moda y desaparezcan con ella.


Peor a?n, en algunas empresas mexicanas la ?tica ni siquiera est? de moda. Muchos extranjeros se resisten a invertir en M?xico porque la ?tica no es una de nuestras caracter?sticas competitivas. La falta de transparencia en tantos procedimientos pol?ticos y econ?micos inciden en la eficacia de la empresa mexicana.

El primer paso para propiciar el cambio org?nico es reconocer que el libre mercado presupone un m?nimo de ?tica. La sociedad de libre mercado es una sociedad de contratos cuya premisa es la buena fe. Ning?n documento recoge expl?citamente todas las condiciones supuestas por la buena fe de los contratantes. Es decir, la ?tica no es un obst?culo para la libre empresa, sino su condici?n de posibilidad. No hay libertad aut?ntica sin eticidad.

La existencia de organizaciones que puedan funcionar sin ?tica es relativa y cuestionable. La eticidad interfiere en el sistema de oferta y demanda, hasta el punto de que el libre mercado no existe en un estado puro. Confianza, lealtad, veracidad, son condiciones de posibilidad para el mercado, incluso en formas viles como el narcotr?fico y la pornograf?a.

El segundo paso es evitar el error de cimentar la ?tica s?lo en la rentabilidad y la utilidad. La utilidad que no pocas veces genera no es garant?a suficiente; transgredir una regla puede reportar utilidades aunque da?e a la sociedad. El cimiento duradero son las convicciones y compromisos personales. Ni altos sueldos ni un r?gimen de terror convierten a un ego?sta y murmurador en un empleado leal y esforzado.

La ?tica deber?a ser cultura viva, incorporada a la estructura y operaci?n de la empresa, para esto hay que considerar al menos cinco principios:

1. Principio de totalidad. No pueden existir dos morales. Es imposible ser ?tico en los negocios y rufi?n en la vida privada o viceversa. La vida tiende a la unidad no a la segmentaci?n.

2. Principio de consistencia. Coherencia entre principios y conclusiones, entre el ideario corporativo y las acciones concretas de la direcci?n.

3. Principio de gradualidad. Todo ser humano est? obligado a comportarse ?ticamente, pero a m?s educaci?n corresponde m?s responsabilidad. A mejor sueldo o mayor cargo, m?s exigencia ?tica. En cuanto a la gradualidad para adquirir o cambiar h?bitos ?no se adquieren de un d?a a otro?, no se pide con ciertas acciones, como el homicidio o el robo, las decisiones al respecto deben ser tajantes.

4. Principio de ejemplaridad. El ejemplo arrastra para bien y para mal, y los cargos directivos est?n a la vista de todo el mundo. De ah? la importancia del comportamiento de los altos ejecutivos como instrumento para formar la personalidad de los empleados; su ejemplo incide m?s en el comportamiento de otros.

5. Principio de cascada. El cambio cultural de una organizaci?n debe derramarse desde la direcci?n, no s?lo por el ejemplo, sino por la implantaci?n de procedimientos.

La dificultad de insertar la ?tica en la empresa radica en que no es destreza t?cnica, sino aspecto del car?cter. La ?tica es un saber pol?tico-prudencial que transforma al sujeto que act?a y permite ?dirigirse a uno mismo hacia un fin correcto?, es se?or?o sobre las propias pasiones y apetitos desordenados que modifica y desarrolla el temperamento natural para obtener un car?cter maduro, una personalidad plena.

S?lo sabe ?tica quien es ?tico y vive de acuerdo a sus convicciones. Ser ?tico equivale a ser prudente. La prudencia permite resolver problemas nunca antes vistos. Es un conocimiento de principios generales que presupone un concepto del hombre, una escala de valores, una visi?n del mundo, pero tambi?n es un conocimiento del caso concreto.

La prudencia, como todo h?bito, es falible ?necesita continuo perfeccionamiento? e implica otras virtudes ?justicia, fortaleza, lealtad?? con las que forma el entramado indisoluble de virtudes que componen un car?cter, una personalidad recta. Una cualidad ?tica reclama otras y les da consistencia.

La ?tica de los negocios no es un conjunto de reglas generales que pueden aplicarse a casos singulares sin mayores cavilaciones. Debe articularse a partir de principios objetivos y universales, que se aplican con prudencia a cada caso particular, tomando en cuenta la singularidad ?circunstancias, intenciones, acci?n objetiva? de cada caso.

?ste es uno de los 12 mitos que los autores aclaran. Dedican un cap?tulo al tema y lo retoman tangencialmente a lo largo del libro.
Para quienes comulguen con la idea de los autores, vale la pena mencionar los factores que, a su juicio, dificultan inculturizar la ?tica en la empresa mexicana: crisis econ?micas recurrentes ?la falta de liquidez adormece la conciencia?; que algunos cuadros del sector empresarial al modernizarse soslayan la dimensi?n cultural; ausencia de Estado de derecho; poca combatividad de los medios de comunicaci?n, por los pactos de no agresi?n con ciertas empresas; debilidad de instituciones medias o ausencia de un proyecto ?tico en ellas; mito liberal de que las convicciones personales no impactan en la vida p?blica; resentimiento social que se larva y manifiesta, ocasionalmente, en forma de transgresiones ?ticas contra la corporaci?n.
C?digo ?tico: Las reglas del juego.

Concretan el tema de la ?tica en un cap?tulo dedicado a los c?digos de ?tica en la empresa. Aunque la globalizaci?n del mercado incrementa la exigencia formal de una business ethic, M?xico presenta un grave atraso al respecto, debido a tres dificultades propias de la geograf?a empresarial mexicana y latinoamericana:
 Las empresas transnacionales no adaptan sus c?digos al entorno sociocultural.

 La empresa familiar tradicional es renuente a un c?digo de ?tica por considerarse una irrupci?n en la privacidad de la familia y porque frecuentemente ha crecido sin acta fundacional, desarrollo cultural program?tico y es dif?cil que los directivos acepten una refundaci?n.

 La microempresa, escasa de recursos humanos y atareada por la realidad inmediata, no encuentra tiempo para redactarlo. La operaci?n cotidiana devora la estrategia.

Los autores recomiendan elaborar un c?digo de ?tica, ya que es la m?xima expresi?n cultural de una empresa: describe los valores aceptados y por tanto el compromiso de la corporaci?n con los accionistas, empleados, proveedores, clientes, sociedad civil y gobierno. Sin embargo, recuerdan que no es una soluci?n m?gica ni debe medirse por sus resultados econ?micos.

Es un autoexamen al que no son ajenos los niveles ejecutivos superiores. El proceso de elaboraci?n es tan importante como el resultado, no es un producto que se compra ?hecho?. La direcci?n debe estar dispuesta a invertir tiempo para pensar y discutir los compromisos que va a adquirir y los valores que reconocer? la corporaci?n, considerando que no respetarlo lo convierte en pura ret?rica, deteriora la imagen de la empresa, fomenta la desconfianza y cuesta dinero.

Un c?digo debe establecer est?ndares precisos y claros de conducta, y explicar espec?ficamente las consecuencias de su violaci?n. Los autores recomiendan, adem?s, dise?ar planes de divulgaci?n para que las reglas sean completamente entendidas por los empleados; establecer canales adecuados para informar sobre la infracci?n de los lineamientos; promover un ambiente donde esos reportes sean esperados, aceptados y elogiados, y revisar con regularidad el cumplimiento, aceptaci?n y problemas del c?digo, tomando en cuenta que promover valores tambi?n requiere de una planeaci?n.

El decisivo matiz social.

El tema de la corrupci?n nos remite de nuevo al cambio de estructuras y mentalidad. Llano y Zagal dedican un cap?tulo a analizar el caso y proponer algunas soluciones y, para finalizar, retoman la discusi?n sobre el neoliberalismo y el estatismo, matizando los conceptos.

Denominan estatistas, por un lado, a quienes conf?an en un Estado providencia capaz de asegurar el bienestar generalizado de la poblaci?n y, por otro, a quienes sostienen la oportunidad de un Estado social complementario de las fuerzas del mercado.

Llaman neoliberales, en un sentido, a quienes querr?an dejar al mercado como fuerza ?nica natural de la sociedad, arrinconando al Estado y, en otro, a quienes consideran que el mercado es la fuerza principal de la econom?a y el Estado hace mal en intervenir en un terreno que no le corresponde, pero la vida ciudadana no se desarrolla s?lo en el mercado. Corresponden, respectivamente, al capitalismo salvaje y a la econom?a social de mercado, que var?an seg?n las circunstancias de lugar y tiempo.

El reto no es combatir a ultranza una econom?a de mercado acertada o un estatismo prudente, sino hacer compatibles, arm?nicamente, un Estado social y una econom?a social de mercado.

Por social entienden lo m?s valioso de la existencia que no puede quedar subsumido plenamente por las reglamentaciones estatales ni por la ley de la oferta y la demanda.

En ese ?mbito se encuentran las comunidades de amistad ?en palabras de Gabriel Chalmeta? o las comunidades de car?cter o de tradici?n ?seg?n MacIntyre?, ?mbitos para mejorar los estilos personales de vida, donde se gesta y progresa la vida ?tica.

De estas comunidades destaca la familia. El Estado ser? social si no invade el campo de las iniciativas privadas econ?micas, pero siempre y cuando respete, fomente y salvaguarde el terreno de esa iniciativa primera y original que es la familia. Igualmente, la econom?a de mercado ser? social en la medida ?y s?lo en la medida? en que no invada ni degrade, sino respete y ayude, a la familia.

Un Estado que sacrifica la familia a favor del mercado atenta contra la dignidad de la persona humana.

[1] Cfr. Alejandro LLANO. Humanismo c?vico. Ariel. Barcelona, 1999.

Publicado por mario.web @ 9:16
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