S?bado, 16 de abril de 2011
La ternura es sobreabundancia del amor compartido, es el amor que abraza, envuelve, protege y salva
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Hacia una Pastoral de la ternura en el camino del  seguimiento del Se?or
Hacia una Pastoral de la ternura en el camino del seguimiento del Se?or
Desde el punto de vista antropol?gico, la ternura forma parte fundamental del ser humano como oferta y como demanda, es decir, por un lado, est? inscrita en lo m?s profundo de cada ser humano, capaz de ofrecer ternura, pero por otro lado, es una necesidad b?sica, de la cual la persona no puede prescindir porque no llegar?a a vivir su humanidad en toda su plenitud. La ternura es sobreabundancia del amor compartido, por el puro placer-gusto de compartirlo, pero tambi?n como respuesta que ofrece cuando se ve desafiado por la fragilidad o el peligro del otro, es el amor que abraza, envuelve, protege y salva. Esta ternura abrazadora, envolvente, protectora y salv?fica es la quintaesencia del Dios creador, liberador y salvador, que se ha revelado eternamente a la humanidad, de la cual, los escritos b?blicos dan testimonio. As? pues, sabiendo que Jes?s es la plenitud de la revelaci?n que Dios hace de s? mismo al ser humano, es l?gico deducir que en ?l, la ternura divina se manifiesta en toda su plenitud, y adem?s, que hered? este legado humano-divino de salvaci?n a la comunidad de creyentes, a la Iglesia.


Jes?s de Nazareth: Sacramento de la ternura entra?able de Dios
Cuando uno se acerca al Nuevo Testamento puede descubrir que los evangelios son la revelaci?n de a ternura entra?able de Dios para con ser humano. La ternura que se hace epifan?a en el coraz?n palpitante y acogedor de Jes?s; un coraz?n sensible, capaz de ternura solidaria, de compasi?n, de benevolencia y de amistad gratuita para con todos los seres humanos, pero de manera preferencia) para con los excluidos, Como bien afirma Carlo Rocchetta: ?La ternura de Jes?s revela cuanto m?s de humano existe en Dios y cuanto m?s de divino existe en el hombre?.

A partir del Evangelio de Lucas. Gonz?lez de Cardedal expresa que la encarnaci?n de Jes?s en la historia humana es fruto de las entra?as de ternura de Dios. Es ah? en sus entra?as, en su seno -lugar donde el amor hace surgir la vida-, donde se gest? la encarnaci?n de su Hijo: "Jes?s es reto?o de las entra?as de nuestro Dios", es el v?stago de David que visitar? al ser humano para iluminar sus tinieblas, tray?ndole la ternura de Dios y con ella la misericordia y el perd?n (Lc 1,78). En Jes?s, Dios ha visitado a su pueblo; toda su vida compartida a trav?s de su mensaje y de los milagros es un signo de la llegada de su Reino, es decir, de la entra?able misericordia que restituye la plenitud humana a los excluidos. Dios se manifiesta en Jes?s devolviendo su rostro humano a la sociedad, y la sociedad se transforma y humaniza en la medida en que se acerca al Dios de la ternura que es el mismo Dios del Reino.

As? pues, la ternura representa la pr?ctica amorosa y entra?able de Jes?s, su empat?a y simpat?a con por y para el otro. Ella es la envoltura del amor, el clima de atenci?n y efusi?n afectiva indispensable para que el amor pueda manifestarse, realizarse y experienciarse en toda su profundidad. De ah? que, la entra?able opci?n por los excluidos de su tiempo -publicanos, prostitutas, endemoniados, enfermos, ciegos, leprosos, pecadores, paganos, extranjeros, mujeres, viudas, ni?os, pobres, ricos, enemigos, malhechores, traidores, criminales- sea una de las experiencias m?s significativas y uno de los datos m?s verificados del actuar hist?rico de Jes?s. Todos ellos son interlocutores de su ternura entra?able.

Siendo fiel a su experiencia de Hijo amado, es decir, entra?ado, querido, abrazado acariciado por su Abb?, Jes?s hace de la ternura entra?able la raz?n de su existencia; vive del amor, en el amor y para el amor. No es pues casual que uno de los rasgos m?s t?picos de su actuaci?n sea la compasi?n: una compasi?n que se convierte en desvelamiento visible de la ternura divina que es, adem?s, uno de los contenidos fundamentales de su mensaje y la fuerza constitutiva de su misi?n (DM 3). Un Mes?as que asume toda su humanidad para darla y compartirla con todas las gentes. En este sentido Sanders observa que entre los elementos m?s ciertos de la tradici?n, destaca la provocativa simpat?a de Jes?s hacia los pecadores y su solidaridad hacia los excluidos. Todos encontraban en ?l sin duda, un horizonte de futuro. Jes?s llamaba a los pecadores y, al parecer, frecuentaba sus hogares y su compa??a para ofrecerles su amistad mientras eran todav?a pecadores?. Refiri?ndose a este actuar hist?rico de Jes?s, Rocchetta se?ala:

La plena humanidad de Jes?s lleva hist?ricamente consigo una plena asunci?n de los sentimientos humanos, en particular de la ternura como acto afectuoso, como vivencia orientada a la ?benevolencia? y a la piedad... Cada vez que los evangelios se refieren a la ?compasi?n? de Jes?s remiten a un sentimiento, a un modo de sentir experimentado realmente por ?l, encarnado en primera persona, a una aproximaci?n suya a los necesitados, con todo lo que esto implica en el plano de la participaci?n y de la disponibilidad al servicio hasta la entrega de la misma vida?.


En efecto, la manifestaci?n de la ternura entra?able de Jes?s puede descubrirse en la relaci?n con toda esa categor?a de excluidos, quienes son interlocutores de su ilimitada ternura. Hay en ?l una disponibilidad y una predilecci?n para acogerlos y dejarse acoger, para estar con ellos y ofrecerles la salvaci?n. Su ternura es as? compasi?n, es decir,?pasi?n compartida?, participaci?n profunda no ap?tica sino emp?tica y simp?tica. Antonio Pago la observa que la dignidad de los ?ltimos es la meta de Jes?s, lo que entendi? como "Reino de Dios" era la irrupci?n de su compasi?n en el mundo, la cual hab?a de dirigir e impulsar todo hacia una vida m?s digna y m?s dichosa para todos, empezando por los ?ltimos".

Seg?n algunos autores, en Lucas -el ?Evangelio de la misericordia? se percibe a un Jes?s muy humano, lleno de "ternura solidaria" y "defensor de los derechos humanos". Se descubre en este Evangelio que son muchos los signos con los que Jes?s proclama la gratuidad del amor y la fuerza de entra?able ternura; ?l se muestra siempre sensible con un trato amistoso, cercano, abierto y comprensible con los grupos social y religiosamente excluidos, principales destinatarios de la salvaci?n. Este trato humano de Jes?s se deja ver en la ternura y el dolor compartido con una pobre viuda que va a enterrar a su ?nico hijo (7,11-17); en la acogida cari?osa a la pecadora conocida de todos pero que llora sus pecados (7,3649); al aceptar dialogar con diez leprosos y ofrecerles la seguridad de la curaci?n (17, 11-19); al hospedarse en casa de un jefe de publicanos con la convicci?n de que tambi?n este pecador es hijo de Dios (19,1-10); y hasta en el di?logo esperanzador con el ladr?n, compa?ero de suplicio, para abrirle las puertas del para?so (23,39-43).

De hecho, todos quer?an tocarlo porque emanaba de ?l una fuerza sanativa, su sola presencia transmit?a confianza; hac?a que las personas se sintieran a gusto, acogidas. En efecto, Jes?s fue capaz de manifestar su ternura haciendo el bien y curando toda clase de enfermedades y dolencias, curando a los oprimidos por los demonios precisamente porque el Padre estaba con ?l ?."Su misi?n no era tanto una misi?n `religiosa? o ?moral?, cuanto una `misi?n terap?utica? encaminada a aliviar el sufrimiento de quienes se ven agobiados por el mal y excluidos de una vida sana".

El Seguimiento de Jes?s
La vida del aut?ntico disc?pulo es presentada a partir de la par?bola del tesoro en el campo (Mt 13, 44) y de la perla (Mt 13,45s), en las cuales Dios es el gran tesoro, la perla preciosa. La expresi?n "lleno de alegr?a" manifiesta esa total disponibilidad que embarga a la persona ante el brillo de lo encontrado. Por eso, seguir a Jes?s es participar de ese tesoro. La buena nueva de la llegada del Reino proporciona una inmensa alegr?a, orienta toda la vida a la plenitud de la comuni?n con Dios y efect?a la entrega mas apasionada a los dem?s por gratitud a la gratuidad de su amor.

Un amor entra?able e ilimitado como lo describe la par?bola del buen samaritano (Lc 10, 25-37), quien act?a de una manera concreta con una ternura rebosante, hasta al exceso, la cu?l va m?s all? del simple deber. No s?lo cura al herido y lo conduce al albergue, sino que su amor se desborda frente al pr?jimo herido encarg?ndose de su situaci?n: l? se acerca, lleg? junto a ?l; 2? lo ve, lo mira; 3? se compadece -se le conmueven las entra?as-; 4? lo cura con sus propias manos al vendar sus heridas con aceite y vino; 5? lo echa sobre sus hombros y lo monta en su propia cabalgadura; 6? lo lleva a la posada caminando a su lado varios kil?metros; 7? cuida de ?l; 8? paga dos d?as m?s de hotel (los dos denarios); 9? lo encarga al posadero para que lo cuide; 10? ofrece pagar lo que sea de m?s por ayudarlo. En esta gama de gestos se percibe una com-participaci?n, una personal atenci?n que manifiesta la originalidad de la ternura evang?lica. Su ternura es realmente completa, aut?ntica, sin intereses o medias tintas: es ternura de don puro, de benevolencia gratuita"?.

As? pues, querer ser disc?pulo de Jes?s, implica reconocerlo en los dem?s, en los m?s peque?os: ?... cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m?os m?s peque?os, a m? me lo hicisteis? (Mt 25,40), significa esforzarse en favor de una sociedad nueva y diferente. En el samaritano -como destaca Rocchetta- Jes?s no presenta ?nicamente un buen ejemplo de vida sino un modo nuevo de ser y de organizar las relaciones humanas y la vida social; no son s?lo los gestos de ayuda peque?a o limosna, sino la expresi?n de una elecci?n de vida en favor del pr?jimo y ocupada en la construcci?n de una convivencia social en la que predomina la ternura y no la dureza de coraz?n, el respeto de la vida y el amor y no el abuso y el ego?smo. De ah? que no sea exagerado decir que en esta imagen del samaritano se tiene la carta magna de la ternura como respuesta para los disc?pulos y como forma de actuaci?n concreta del amor evang?lico.

Publicado por mario.web @ 9:20
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