S?bado, 16 de abril de 2011
Reflexi?n del fil?logo Don Jos? Mar?a Marco sobre la dignidad de la pol?tica, su responsabilidad y acci?n hacia el servicio.
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La pol?tica como servicio p?blico
La pol?tica como servicio p?blico
Don Jos? Mar?a Marco es doctor en Filolog?a Espa?ola y profesor de Literatura y de Lengua y Cultura Espa?olas en la Universidad Pontificia Comillas, de Madrid

En nuestros tiempos, la consideraci?n de la pol?tica como servicio p?blico est? desprestigiada. Maquiavelo inaugur? la modernidad, identificando el ejercicio de la pol?tica como el arte de mantenerse en el poder, una t?cnica ajena a cualquier valoraci?n moral de los objetivos perseguidos por la acci?n pol?tica. Despu?s, algunos grandes pensadores de la Ilustraci?n escindieron al ser humano de la naturaleza. Con ese gesto, dieron un paso m?s all? del que hab?a dado Maquiavelo: el bien no existe fuera de la voluntad del hombre, es el hombre mismo quien tiene capacidad de decidir lo que es el bien, en funci?n de la raz?n, que guiar? ?confiaban? sus intereses y su juicio. El siglo XX llev? hasta el final la premisa moderna: el hombre decidir? por su cuenta lo que es el bien y el mal; nada le impedir? afirmar que su acci?n puede dar por terminada tan molesta distinci?n.

El relativismo, templado por la raz?n, acab? con la raz?n puesta al servicio del nihilismo absoluto. Sabemos el resultado: los centenares de millones de muertos, la destrucci?n, el sufrimiento y la abolici?n, que a punto estuvo de ser definitiva, de la civilizaci?n a cargo del totalitarismo.

Todo esto parecer? un poco exagerado, por no decir apocal?ptico, a la luz del t?tulo de este art?culo. Efectivamente, hoy en d?a la pol?tica ha ca?do muy bajo en nuestra consideraci?n, y otro tanto ha ocurrido con quienes la ejercen. La enorme proyecci?n p?blica de la que gozan los pol?ticos parece desacreditarlos a?n m?s. Suelen aparecer en los ?ltimos puestos en cuanto a la confianza que suscitan entre la gente.

La profesionalizaci?n de la pol?tica ha llevado a considerar al pol?tico un hombre que antepone sus intereses personales para mantenerse en el poder a cualquier otra idea o proyecto. En el mejor de los casos, los pol?ticos representan intereses de sectores sociales m?s o menos amplios, articulados en partidos que se parecen a las antiguas facciones, enfrentadas en funci?n de objetivos que todo el mundo juzgaba ?con raz?n? ajenos al inter?s p?blico.

No hay gesto ni movimiento pol?tico que no sea interpretado exclusivamente en funci?n del inter?s del pol?tico o de sus representados. Cuanto m?s altos sean los fines que invoque el pol?tico, m?s desconfiamos de ?l. Si habla de sacrificio, de moral o se atreve a invocar a Dios, suscitar? el esc?ndalo o la burla.

Llegados a este punto, en el que reina el m?s puro maquiavelismo, es decir, la consideraci?n exclusiva de los medios sin referencia a ning?n bien de ?ndole superior y objetivo, ?es posible restaurar la dignidad de la pol?tica, devolvi?ndole su naturaleza de acci?n al servicio del bien p?blico? Creo que s?, aunque, como la degradaci?n ha llegado tan lejos, deber?amos plantearnos objetivos concretos y relativamente sencillos.

La democracia, que tan corruptora pareci? a muchos de quienes describieron los or?genes de la actual situaci?n, nos proporciona instrumentos valiosos para exigir de los pol?ticos algunas cosas: primero, que elaboren un programa claro e inteligible basado en una visi?n articulada de lo que consideran el bien p?blico; segundo, que sean leales a ese programa en su acci?n pol?tica; tercero, que en su conducta personal se atengan a los presupuestos morales en los que necesariamente ha de basarse su propuesta pol?tica; cuarto, que no mientan en el ejercicio de su cargo.

Se dir? que exigencias como ?stas suponen la existencia de un consenso previo sobre el bien p?blico, que reposa a su vez sobre un consenso moral inexistente en nuestro tiempo. Es cierto, pero eso no debe llevar a la par?lisis. Es necesario actuar como si ese consenso existiera, o al menos como si fuera posible. Si pensamos que el bien y la verdad existen objetivamente, fuera de nosotros mismos, debemos actuar en consecuencia, sin miedo a lo que una parte tal vez mayoritaria de la sociedad en la que vivimos piense al respecto.

En buena l?gica, hemos de proponer al conjunto de la sociedad que asuma nuestros presupuestos mediante los medios que tenemos a nuestro alcance: el razonamiento, la pedagog?a, el ejemplo. Incluso si de alg?n modo comulgamos con el cinismo general, s?lo conseguiremos que se restaure la consideraci?n de la pol?tica como servicio p?blico si demostramos a los pol?ticos, con palabras y con hechos ?con votos, pero no s?lo?, que estamos dispuestos a exig?rselo. Es la responsabilidad que nos ha tocado. No nos queda otro camino si no queremos repetir, en una forma que ser? a?n m?s atroz, la barbarie del siglo XX.

Publicado por mario.web @ 18:10
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