S?bado, 16 de abril de 2011
Desde el divorcio hasta el aborto, no son otra cosa que una consecuencia directa del desorden, del rompimiento de las reglas ?ecol?gicas? de la sexualidad humana
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Divorcio, Familia y Sexualidad
Divorcio, Familia y Sexualidad
Introducci?n

Las nuevas leyes de divorcio expr?s si se analizan detenidamente, se descubre con poca dificultad que se contemplan una serie de causales para invocar el divorcio; unas por ?culpa? de una de las partes, y otras, sin embargo, que no s?lo no requieren de dicha culpa, sino que pueden incluso ser ?creadas? por cualquiera de las partes, con lo cual podr?a darse el absurdo de estar aprovech?ndose de su propio dolo.

No otra es la raz?n por la cual se ha hablado a este respecto de ?divorcio repudio?, esto es, de la posibilidad de poner fin al matrimonio no por causales ?objetivas? y que impliquen el incumplimiento de alguna de las obligaciones fundamentales del matrimonio, sino por mera voluntad o capricho de alguna de las partes, sin que la otra pueda hacer nada para impedirlo.

Ahora bien: dado lo anterior, habr?a que preguntarse por qu? se ha llegado a una situaci?n como esta. Si se supone que el matrimonio es la base de la familia, ?qu? ha ocurrido en buena parte de la mentalidad que hoy existe, que ha modificado tanto la naturaleza de lo que se considera
?matrimonio??

Resulta evidente que existen motivos antropol?gicos y ?ticos que marcan este cambio de rumbo tan notorio de actitud, cambio que no puede dejar de afectar al Derecho como instituci?n humana. Este cambio, que ha originado lo que ha venido a llamarse el nuevo ?Derecho de Familia?, tiene al menos parte de su origen en la revoluci?n sexual de fines de los a?os 60.

El Nuevo ?Derecho de Familia?

El llamado Nuevo Derecho de Familia descansa en una concepci?n distinta del matrimonio y de la sexualidad. El amor, de acuerdo a este nuevo enfoque, es entendido como el impulso sexual, considerado adem?s incontrolable, que debe expresarse de la manera m?s espont?nea y libre posible y al cual no se puede poner freno. De ah? que se diga que ?el amor no tiene leyes?, porque el apetito sexual es tenido por irracional y totalmente impulsivo. De este modo, el matrimonio aparece como una sujeci?n absurda y fr?a, una legalidad tosca que pretende reglar una situaci?n que de suyo, no tiene posibilidad de ser normada.

Es esta mentalidad la que ha dado origen al nuevo Derecho de Familia, que viene incub?ndose desde hace unos 30 a?os. Dentro de esta nueva concepci?n, el divorcio no s?lo se ve como una posibilidad absolutamente necesaria, sino como un aut?ntico derecho del individuo, que debe tener la posibilidad de rehacer su vida, cas?ndose cuantas veces sea necesario, en pos de la felicidad; dado que el amor no tiene leyes, la posibilidad de ?entrada f?cil? y ?salida f?cil? del matrimonio debe existir siempre y en todo momento.

De hecho, la mayor?a de las veces en que el matrimonio se rompe y se invoca el divorcio, su causa real es el cese de la atracci?n sexual, o como se dice usualmente, cuando ?se acaba el amor?. Muchas veces, adem?s, por la aparici?n de una tercera persona, que pasa a llenar las expectativas que el c?nyuge no satisface. Por eso se ve como lo m?s natural que baste s?lo la voluntad de cualquiera de las partes para poner fin a un compromiso que ata a las personas y les impide expresarse sexualmente como lo deseen.

En ?ntima relaci?n con esto, y a fin de poder dar la mayor libertad posible al impulso sexual, se ha se?alado por los promotores del divorcio, que no existe un real concepto de ?familia?. Sin embargo, de ser realmente as?, cabr?an muchas clases de ?familia?, algunas que obviamente nadie ser?a tan temerario de defender: uniones pol?gamas, promiscuas, homosexuales, con animales, e incluso situaciones unipersonales. ?Son todas estas situaciones una ?familia?? Evidentemente, no. De hecho, si cualquier regulaci?n o l?mite al concepto de familia se considera discriminatorio, como se dice, no debiera haber ning?n impedimento para casarse con la propia madre o con un hermano, por ejemplo.

La verdad es que si todo es familia, a fin de cuentas, nada lo es. Lo que ocurre en realidad es que s? existe, de manera impl?cita, un concepto de familia. Este concepto de ?familia? es el de ?pareja estable?, unida por razones afectivas y sexuales; y como tal, esta ?familia? subsistir?, y tendr? raz?n de ser, mientras dure este intercambio afectivo y sexual. As? las cosas, cualquier uni?n entre personas de igual o distinto sexo, en que existan estos dos componentes, es considerado ?familia?.

Otra consecuencia importante de este fen?meno, en que de paso se ha cambiado tanto la sem?ntica, es que los hijos dejan de tener importancia en el concepto de familia, lo cual resulta evidente, porque no todas las uniones posibles est?n abiertas, sea biol?gica o an?micamente, a la procreaci?n. De una u otra manera, los hijos dejan de estar presentes en este horizonte. Incluso se llega a verlos como una amenaza al ?derecho a la felicidad del individuo?, porque los hijos s? son ?para siempre?, se quiera o no. De tal forma, para mantener siempre la puerta abierta para una retirada honrosa, los hijos son muchas veces distanciados o abiertamente evitados. Es precisamente en parte por esta mentalidad que los ?ndices de natalidad han decrecido dram?ticamente en los ?ltimos a?os, seg?n muestra nuestro ?ltimo censo.

Pero hay m?s: esta nueva concepci?n de la sexualidad es la que hace que dentro de la misma familia, terminen imponi?ndose las reglas del mercado: debe existir un mejor producto, un mejor precio y una mejor venta. Esto significa que puesto que todo depende de la atracci?n sexual, los sujetos que se casan con esta mentalidad, deber?n estar permanentemente preocupados del grado de satisfacci?n que otorgan a su pareja, para evitar ser ?reemplazados? por otro u otra que s? satisfaga mejor las aspiraciones de quien dice amarlos. De este modo, las relaciones humanas terminan dependiendo m?s de factores accidentales, por lo que se tiene o se es capaz de dar, que por lo que las personas son.

Algo parecido ocurre con la familia tradicional en su conjunto: cada vez se hace m?s com?n la idea de que la familia es una aglutinaci?n de sujetos que busca su propia satisfacci?n personal, de tipo egoc?ntrico, a costa de los otros, incluso us?ndolos como medios para ello. De ah? que en caso de que esta familia no logre satisfacer las expectativas del sujeto, pueda ser desechada y reemplazada por otra que s? lo haga. Por tanto, los esfuerzos por mantener una familia s?lo tendr?n sentido mientras cumpla las expectativas egoc?ntricas del individuo, o si se prefiere, s?lo mientras el balance entre lo que el sujeto entrega y lo que recibe le siga siendo favorable.

Sin embargo, el amor no es s?lo impulso sexual ni se reduce s?lo a lo meramente afectivo o emocional: es algo que engloba al sujeto entero, porque amando, uno no entrega algo de s?, sino que en realidad, a s? mismo. Ahora bien, esta deformaci?n del amor, que antes era entendido como el girar en torno al otro, el sacrificio por el otro, y ahora ha pasado a ser entendido como el hacer girar a los otros en torno de uno para que lo hagan feliz, tiene buena parte de su ra?z en la deformaci?n de la sexualidad que venimos comentando.

La deformaci?n de la sexualidad

En efecto, buena parte del origen de este nuevo derecho de familia radica en la deformaci?n de la sexualidad. De hecho, entre esta ?familia? y la tradicional se muestra el choque entre dos conceptos completamente distintos e incluso opuestos de la sexualidad humana.

Este cambio de la sexualidad fue posible gracias a la llamada ?revoluci?n sexual? de los a?os 60, que a su vez se vio motivada por la introducci?n de los anticonceptivos. De este modo, se rompi? la uni?n entre sexualidad y reproducci?n primero, y entre sexualidad y matrimonio, despu?s. En efecto, puesto que se separ? el acto sexual de su finalidad principal (la procreaci?n), la naturaleza misma del sexo y el modo de comprenderlo cambiaron radicalmente: el sexo pas? a convertirse en un pasatiempo, en un producto de intercambio, una diversi?n, la fuente de nuevas experiencias placenteras. No transcurri? as? mucho tiempo para que cundiera la mentalidad seg?n la cual, el placer aumentar?a exponencialmente gracias a la promiscuidad. Esto resulta bastante l?gico, porque si todo descansa en ?ltimo t?rmino en el placer generado por la sexualidad, parece algo absurdo tener que serle fiel por toda la vida a una misma persona, que adem?s, va ?perdiendo? con el paso del tiempo y el advenimiento de la vejez, sus ?encantos? en esta materia. De ah? pues, que el matrimonio se comenz? a ver cada vez m?s como algo absurdo, al menos tal como se lo conceb?a antes; pero como a?n segu?a ?y sigue si?ndolo hoy? m?s ?prestigioso? socialmente hablando estar ?casado? que s?lo ?convivir? con alguien, se intent?, y con ?xito, deformar la naturaleza misma del matrimonio, a fin de hacerlo rescindible o anulable, primero por causales supuestamente limitadas, y m?s tarde (a lo cual se llegar?a inevitablemente), por voluntad unilateral de cualquiera de las partes. As?, en la pr?ctica, se quit? lo ?nico que diferenciaba a cabalidad y de manera radical, la uni?n matrimonial de una uni?n de hecho: la indisolubilidad, sin pararse a considerar que precisamente la raz?n fundamental del prestigio del matrimonio radica en dicha indisolubilidad. En efecto, no se trata de tener la facultad de ponerle fin y no usarla, como se dice, lo que ha diferenciado al matrimonio de una uni?n de hecho, sino el hecho claro y simple, de no tener esa facultad, a?n queriendo. Es el compromiso irrevocable, por toda la vida, en las buenas y en las malas y no sujeto a anulaci?n por voluntad de una o ambas partes, aunque se quiera, lo que ha dado al matrimonio su prestigio social, que, se insiste, a?n tiene: por algo las personas buscan a toda costa presentarse ante los dem?s como ?matrimonio? que como ?amigos? o ?amantes?.

De esta manera, la sexualidad dej? de ser vista como la entrega de uno hacia su c?nyuge, y fue reemplazada esta moral tradicional por aquella que descansa en la utilidad y en la satisfacci?n: el verdadero criterio que orienta a esta nueva sexualidad es obtener la mayor gratificaci?n posible, lo que afecta no s?lo la orientaci?n propia del impulso sexual ?de ah?, por ejemplo, la cada vez mayor legitimaci?n de la homosexualidad?, sino que la instituci?n misma del matrimonio y a los hijos.

Por desgracia, la sexualidad como aspecto de la vida humana es demasiado importante como para suponer que su trivializaci?n no tendr?a efectos de no poca magnitud en la moralidad no s?lo sexual, sino total del sujeto, y de manera m?s general, en la sociedad toda. De hecho, podr?a asimilarse este proceso de deformaci?n de la sexualidad con el efecto que tiene una droga adictiva: que cuanto m?s se consume, m?s se quiere y as? indefinidamente. Incluso, hasta cierto punto, el sujeto comienza a perder el dominio sobre s? mismo, y la sexualidad se va transformando en un verdadero tirano que impone sus designios a una voluntad cada vez m?s debilitada. Es el efecto propio de los h?bitos, que en caso de ser negativos o malos, reciben el nombre de vicios, si seguimos la filosof?a cl?sica.

De este modo, los efectos reflejos de la deformaci?n de la sexualidad han sido varios: el adulterio, la promiscuidad, el cuestionamiento del concepto y raz?n de ser del matrimonio, el divorcio, el aborto y la propagaci?n de enfermedades de transmisi?n sexual, entre otros. Todo arranca, como se ha dicho en la separaci?n entre sexualidad y procreaci?n. En efecto, si se separa lo que antes estaba unido, ser? mucho m?s tentador el adulterio, porque es posible en principio, evitar las ?consecuencias no deseadas? (el hijo); de ah? no es dif?cil pasar a la promiscuidad, porque se quieren probar nuevas experiencias. Con semejante actitud, el matrimonio, su naturaleza y raz?n de ser se ven cada vez como algo arcaico y absurdo, que coarta la libertad del sujeto; pero como el matrimonio sigue teniendo un prestigio social, se intenta deformarlo, introduciendo el divorcio, que acaba en el divorcio-repudio. De hecho, en un estadio m?s avanzado, el matrimonio tiende a desaparecer, porque los sujetos prefieren simplemente convivir: si uni?n de hecho y matrimonio son ambos igualmente rescindibles, es preferible evitarse el papeleo y los gastos que origina el matrimonio. Por otro lado, las enfermedades de transmisi?n sexual tienen aqu? un estupendo caldo de cultivo, lo cual ha sido ampliamente demostrado con la propagaci?n de enfermedades como el Sida, por ejemplo. Por ?ltimo, el aborto aparece cada vez m?s como una salida de emergencia para estos ?efectos no deseados?, los hijos, que son, se quiera o no, la consecuencia natural de la sexualidad. Esto no se evita con la introducci?n de anticonceptivos, se insiste, porque como ellos fallan, el aborto se ve cada vez m?s como la ?ltima salida al problema del embarazo no deseado, como prueban las estad?sticas de los pa?ses desarrollados.

De manera m?s general, esta deformaci?n de la sexualidad ha tra?do el aumento del individualismo, el debilitamiento de la voluntad de compromiso y una tolerancia mal entendida. Lo que se llama a los cuatro vientos ?amor?, no pasa de ser aut?ntico ego?smo. No por casualidad van surgiendo con estas premisas, los llamados ?derechos sexuales?, que no son otra cosa que la legitimaci?n de un libertinaje sexual sin l?mites, que pasa a llevar incluso la vida de los dem?s, como en el caso del aborto, para lo cual se le quita el car?cter de persona al embri?n.

El proceso se retroalimenta a s? mismo, y genera al mismo tiempo, cada vez m?s permisividad sexual y un uso m?s masivo de los m?todos anticonceptivos. De hecho, la industria farmac?utica ha sacado jugosos dividendos de esto: por algo cada vez se perfeccionan m?s los m?todos anticonceptivos, los dispositivos intrauterinos, se trabaja en abortivos qu?micos, como la llamada ?p?ldora del d?a despu?s? (que puede llegar a impedir la anidaci?n, lo que es un microaborto), o se est? comenzando a experimentar en anticonceptivos masculinos, por ejemplo. Cuento aparte es la industria de los ?excitadores sexuales?, donde el viagra ha resultado ser un negocio fabuloso.

Todo esto es lo que puede llevar a concluir que la revoluci?n sexual fue una aut?ntica revoluci?n cultural, revoluci?n que contin?a hasta el d?a de hoy y cada vez con efectos m?s r?pidos y radicales. Por eso no es raro que hoy se hable por ejemplo, de la ?democracia de las emociones? (Giddens), que desvincula no s?lo la sexualidad de la procreaci?n, sino que plantea la libre elecci?n entre la hetero y la homosexualidad, consideradas ambas como alternativas igualmente leg?timas, propias de una ?sexualidad pl?stica?, o como se dice a veces, una exigencia natural del ?dise?o de la sexualidad?, lo que por lo dem?s, se encuentra estrechamente vinculado a la idea del ?g?nero?. Seg?n esta ideolog?a, el sexo f?sico no coincide necesariamente con el sexo psicol?gico, motivo por el cual el sujeto debe dar la m?xima rienda suelta a su sexualidad hasta encontrar su propia identidad. Mas as? las cosas, en el fondo se termina con la divisi?n hombre-mujer, considerada casi como algo artificial y completamente cultural, no natural. No es de extra?ar, por tanto, que la familia misma tambi?n se vea profundamente afectada por este hecho.

Parte de este problema radica en la llamada ?filosof?a dualista?, que distingue entre cuerpo y mente o esp?ritu, y que es tributaria de la cl?sica divisi?n cartesiana entre la res cogitans y la res extensa, esto es, entre el ?yo? (la ?sustancia pensante?, la res cogitans), que contempla el ?mundo?, incluido el propio cuerpo (la ?sustancia extensa? o res extensa, es decir, lo material, lo medible y cuantificable). De este modo, el sujeto se considera a s? mismo s?lo como mente o ?alma?, que puede hacer con la naturaleza y con su mismo cuerpo, considerado como un elemento m?s de dicha naturaleza, lo que quiera, sin pararse a considerar que lo que haga con su cuerpo tendr? consecuencias muy directas para ?l mismo como persona, al ser, en realidad, cada uno de nosotros, una unidad sustancial entre cuerpo y esp?ritu. Este es el motivo por el cual se puede hacer con el propio cuerpo lo que se desee, al consider?rselo, en realidad, como una posesi?n o propiedad del sujeto (esto es, su mente, la res cogitans), e incluso como una fuente de placer. Al haber un derecho absoluto a usar y abusar del propio cuerpo, ?ste se convierte en una ?cosa?. As?, por poner un ejemplo muy del d?a, la campa?a de esterilizaci?n propugnada por el gobierno hace un a?o y medio, refleja muy n?tidamente esta mentalidad. Incluso, se da la paradoja que la capacidad procreativa dada por la naturaleza al ser humano, es tratada como si fuera algo malo, como una enfermedad o un tumor que debe ser extirpado.

De este modo, el concepto de libertad se hace sin?nimo de independencia de todo: del mundo, de la naturaleza, del propio cuerpo, de las leyes y de Dios mismo.

Incluso, si se mira con atenci?n, se da la paradoja que se pretende llegar a una situaci?n similar a la propugnada por el viejo liberalismo: aquella seg?n la cual si cada uno buscaba la propia felicidad, una ?mano invisible?, siguiendo la famosa alegor?a de Adam Smith, lograr?a la felicidad de todos. Aqu? ocurre otro tanto: se considera que si cada uno lucha por su propia felicidad en materia sexual y se cambia el concepto de ?familia?, se conseguir? la felicidad general por la mera suma de las felicidades subjetivas de cada uno.

Es esto precisamente lo que se pretende con las campa?as que propugnan por un ?sexo responsable? o ?sexo seguro?, que en realidad, se limitan a usar la sexualidad como se desee, auxiliados por los m?todos anticonceptivos y eventualmente, abortivos. Al contrario, usar la sexualidad sin estos admin?culos es considerado ?irresponsable?, incluso insano. ?quiere decir esto que toda la sexualidad que se ha manifestado en las ?pocas anteriores, en que no exist?an estos m?todos, fue ?irresponsable?? Incluso, se da la paradoja que tanto ha calado esta mentalidad anticonceptiva, que para mucha gente es un misterio c?mo se las arreglaban nuestros antepasados sin estas facilidades que da la ciencia moderna.

Sin embargo, al mismo tiempo se da otra paradoja: hoy, como nunca, ha aumentado el uso de anticonceptivos, al mismo tiempo que la promiscuidad sexual; y sin embargo, al mismo tiempo, tambi?n han aumentado como nuca la propagaci?n de enfermedades de transmisi?n sexual y los abortos. Esto en principio no debiera ocurrir: si se usan adecuadamente los m?todos anticonceptivos, se nos insiste que no surgir?n los embarazos no deseados y que se estar? seguro del contagio de enfermedades de transmisi?n sexual, lo que actualmente adquiere mucha importancia, ante la aparici?n y propagaci?n del Sida.

Sin embargo, ambas realidades han aumentado exponencialmente. El aborto se ha extendido fundamentalmente por dos motivos: el primero, es porque los m?todos anticonceptivos fallan a menudo ?un dato que curiosamente casi no se se?ala?; el segundo, porque el aborto se transforma, se quiera o no, en la ?ltima salida, en la soluci?n de emergencia para los embarazos no deseados. En el fondo, existe un problema de actitud: dado que se ha separado la procreaci?n de la sexualidad, la procreaci?n ser? vista casi siempre como un mal, motivo por el cual, en caso de producirse, ser? siempre evitada, no importando el m?todo que se emplee para ello; todo radica, como se ha dicho, en las intenciones del sujeto, en lo que busca.

El aumento persistente y continuado del embarazo adolescente no hace sino confirmar lo que venimos diciendo: si las campa?as de educaci?n sexual que se imparten a los j?venes no hacen sino incentivar la promiscuidad y el inicio temprano de la sexualidad, pero sin la complementaci?n con un compromiso serio ni la educaci?n para asumir las consecuencias de los propios actos de manera responsable, y todo se apoya en la seguridad que supuestamente otorgan los preservativos, no es de extra?ar que el n?mero de colegialas que se convierten en madres a la fuerza que las obliga a abandonar los estudios, sea un fen?meno cada vez m?s com?n. Como resulta obvio, el padre de la criatura no est? por lo general ni en condiciones ni dispuesto a asumir las consecuencias de sus acciones, en parte, porque se le asegur? que dicha consecuencia era t?cnicamente imposible, si segu?a las instrucciones que da esta nueva educaci?n sexual.

Todo esto es lo que ha hecho aumentar tambi?n el n?mero de abortos, por todas las razones que se han dado m?s arriba. De hecho, el embarazo es visto como un mal, como una enfermedad, y el ni?o acaba convirti?ndose en un agresor de la libertad del sujeto, aunque como es obvio, no ha tenido la menor culpa de ello. As? las cosas, no es de extra?ar que se plantee el aborto como un ?derecho? del sujeto, o como se hace hoy, se lo incluya dentro de los llamados ?derechos sexuales?o ?derechos reproductivos?. Por tanto, la mentalidad anticonceptiva no s?lo es la puerta de la mentalidad divorcista, sino tambi?n de la mentalidad abortista.

Se puede comprender as? casi con asombro, c?mo result? absolutamente prof?tica la enc?clica Humanae Vitaede Pablo VI, que advert?a sobre las consecuencias nefastas de la deformaci?n de la sexualidad. En estrecha armon?a con esto, existe un notable escrito del Cardenal Ratzinger que aborda este tema:

?Consumada la separaci?n entre sexualidad y matrimonio, la sexualidad se ha separado tambi?n de la procreaci?n. El movimiento ha terminado por desandar el camino en sendero inverso: es decir, procreaci?n sin sexualidad. De ah? provienen los experimentos m?s impresionantes de la tecnolog?a m?dica ?de los cuales est? llena la actualidad? y en los que precisamente la procreaci?n es independiente de la sexualidad. La manipulaci?n biol?gica lleva camino de desarraigar al hombre de la naturaleza ?cuyo concepto mismo se pone en entredicho?. Se intenta transformar al hombre y manipularlo como se hace con cualquier otra cosa: un simple producto planificado a voluntad.

?Este proceso dirigido a destrozar las condiciones fundamentales, naturales ?y no solo culturales, como dicen?, conduce a consecuencias inimaginables, que se desprenden de la l?gica misma que preside un camino semejante.

?Hoy estamos pagando ya los efectos de una sexualidad sin ligaz?n alguna con el matrimonio y la procreaci?n. La consecuencia l?gica es que toda forma de sexualidad es igualmente v?lida y, por consiguiente, igualmente digna. No se trata ciertamente de atenernos a un moralismo desfasado, sino de sacar l?cidamente las consecuencias de las premisas: es l?gico, puestas as? las cosas, que el placer y la libido del individuo se conviertan en el ?nico punto de referencia posible del sexo. Este, sin una raz?n objetiva que lo justifique busca una raz?n subjetiva en la satisfacci?n del deseo, en una respuesta, lo m?s gratificante posible para el individuo, a los instintos, a los cuales no se puede oponer un freno racional. Cada cual es libre de dar el contenido que se le antoje a su libido personal.

?Resulta entonces natural que se transformen en ?derechos? del individuo todas las formas de satisfacci?n de la sexualidad. As?, por poner un ejemplo muy del d?a, la homosexualidad se presenta como un derecho inalienable ??y c?mo negarlo con semejantes premisas??; m?s a?n, su pleno reconocimiento se transforma en un aspecto de la liberaci?n del hombre.

?Al desgajarse del matrimonio fundado sobre la fidelidad por toda una vida, deja la fecundidad de ser bendici?n ?como ha sido entendida en toda cultura?, para transformarse en lo contrario, es decir, en una amenaza para la libre satisfacci?n del ?derecho a la felicidad del individuo?. He aqu? por qu? el aborto provocado gratuito y socialmente garantizado se transforma en otro ?derecho?, en otra forma de ?liberaci?n??

(Joseph Ratzinger; citado por Jaime Ant?nez Aldunate, ?Educaci?n, sexo e ideolog?a?, en El Mercurio, 10 de mayo de 1992, p?g. E 6. )

Otros problemas relacionados

En atenci?n al espacio, s?lo se dejar? constancia de varios hechos que guardan ?ntima relaci?n con lo que venimos comentando.

1) La educaci?n sexual de los ?ltimos 30 a?os ha intentado desligar a la sexualidad de toda pauta moral. En este nuevo enfoque del problema tuvo especial influencia en ?Informe Kinsey?, que ha sido fuertemente cuestionado y desmitificado por varios estudios posteriores. Nuestras actuales campa?as de educaci?n sexual son tributarias de este fen?meno, y cuyo punto de inicio fueron las llamadas ?Jocas?. La sexualidad se ense?a as?, desde un prisma zool?gico, se mira la abstinencia caso como algo rid?culo, y se desconf?a absolutamente en la capacidad de autocontrol del joven. De hecho, el plan podr?a resumirse as?:

? Tonto + Tonta = embarazo
? Listo + Tonta = aventura
? Tonto + Lista = Boda
? Listo + Lista = Sexo y diversi?n sin complicaci?n

2) Hay varias organizaciones, entre ellas, varias ONG, que propugnan por este enfoque de la sexualidad y en particular, por los ?derechos sexuales?. En esta l?nea es que deben comprenderse diversas cumbres internacionales, como El Cairo o Beijing y sus derivados.

3) Por otro lado, est? tambi?n el problema del aumento de las enfermedades de transmisi?n sexual, como el Sida. Ahora, si se piensa bien, el Sida es una enfermedad de muy dif?cil contagio (no como otras enfermedades, que se transmiten por v?a a?rea, por ejemplo). Los modos de contagiarse son bastante dif?ciles, requieren por lo general, de acciones voluntarias bastante especiales del sujeto (relaciones sexuales, drogadicci?n por jeringas contaminadas); y sin embargo, son miles y miles los hombres y mujeres que se contagian d?a a d?a con esta letal enfermedad, que hoy afecta a unas 40 millones de personas. No es dif?cil ver en el Sida una consecuencia muy directa del desorden introducido en la sexualidad.

4) El preservativo falla, y no poco, seg?n lo demuestran los hechos comentados, lo cual trae aumento de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisi?n sexual. Pero adem?s, se da el problema que el sujeto pierde la capacidad de controlarse, porque debe apoyarse en elementos t?cnicos, a fin de dar rienda suelta a sus deseos. M?s a?n: al creerse seguro, lo ?nico que se suscita, es el aumento de la promiscuidad, y en el caso particular de los j?venes, los mantiene en la inmadurez afectiva.

5) Esto hace que aumenten dr?sticamente los hijos nacidos fuera del matrimonio, lo que no puede dejar de tener efectos nocivos en la formaci?n de parte de las futuras generaciones.

6) Los efectos negativos que se comentan no ocurren s?lo en Chile: en los pa?ses que llevan tiempo con estas mismas pol?ticas, los problemas mencionados no han hecho sino aumentar, pese a que, como se ha dicho, nunca antes en la historia se ha tenido tanto acceso a m?todos anticonceptivos como informaci?n acerca de los mismos.

7) En otro orden de cosas, se est? presentando cada vez con mayor intensidad el problema de las uniones de hecho y de los hijos extramatrimoniales. Adem?s, estas uniones de hecho tienen a legitimarse ante la ley, ampliando al mismo tiempo su esfera de acci?n, al incluir tambi?n uniones homosexuales. Incluso estas ?ltimas han adquirido en algunos pa?ses el ?derecho? de adoptar ni?os, siendo que siempre se ha entendido la instituci?n de la adopci?n en beneficio del menor, no de los adoptantes, lo que adem?s se suma al hecho de que este tipo de parejas resultan ser tremendamente inestables. De este modo, las uniones de hecho, hetero y homosexuales, han ido poco a poco homolog?ndose al matrimonio, lo cual es una consecuencia directa de la introducci?n del divorcio y de la deformaci?n de la sexualidad.

8) Diversas situaciones muy lamentables, como la pedofilia, la trata de blancas, la prostituci?n infantil y varias m?s, se encuentran ?ntimamente relacionadas con el problema antropol?gico que se est? comentando.

9) Tambi?n el descenso de la natalidad y el consecuente envejecimiento de la poblaci?n son aspectos relacionados a la deformaci?n de la sexualidad, seg?n ya se est? viendo en Europa y de manera a?n incipiente, en Chile.

10) De manera curiosa, la separaci?n entre sexualidad y procreaci?n ha dado origen a la procreaci?n sin sexualidad, lo que se manifiesta en la experimentaci?n gen?tica, la fecundaci?n in vitro o la clonaci?n, por ejemplo.

11) Por ?ltimo, fruto del debilitamiento de la familia, han surgido un conjunto de consecuencias econ?micas y afectivas que sienten con particular fuerza los hijos y la mujer, que es por lo general, la encargada de su crianza y educaci?n. Han aumentado los hogares monoparentales, present?ndose adem?s, problemas de todo tipo en los llamados ?hijos del divorcio?.

De manera m?s directa con el tema del matrimonio, esta deformaci?n de la sexualidad que es la antesala del divorcio, ha contribuido a la infidelidad conyugal (?si pruebo con otra persona y me gusta, deshago mi matrimonio y me caso de nuevo?) y una notable inestabilidad conyugal (?o haces lo que quiero, o me separo?). En efecto, el problema radica en que si el matrimonio puede ser desahuciado por cualquiera de las partes sin expresi?n de causa, esta posibilidad se usar? como arma para presionar al otro c?nyuge, en particular al d?bil, para que acate los deseos de la parte fuerte, que no obstante, podr? siempre dejar sin efecto el matrimonio. De ah? que pueda sostenerse con bastante fundamento que el divorcio, m?s que solucionar las crisis matrimoniales, tiende en definitiva a crearlas, al introducir un factor de permanente inestabilidad al interior del matrimonio. El divorcio es la v?a m?s f?cil para abandonar el barco cuando las cosas andan mal. Por el contrario, en caso de no existir esta posibilidad, y ser el matrimonio algo realmente serio y para toda la vida, los sujetos buscar?n sinceramente el modo de salir del atolladero, o como dice el refr?n, ?la necesidad crea el ?rgano?. Mas, el matrimonio se ha convertido en un verdadero ?pacto de conveniencia?, porque el divorcio se transforma en un derecho que puede imponer el sujeto contra todos, sin importar en la situaci?n que quede la parte d?bil, e incluso si es ?l mismo el culpable de que dicho matrimonio se haya ido a pique.

Llama as? profundamente la atenci?n que en esta materia, de suma importancia para toda la sociedad, se deje a los sujetos como se estuvieran contratando en el m?s despiadado y absoluto r?gimen liberal. La familia y el matrimonio tienen, por el contrario, un indudable sesgo de orden p?blico, por lo que se hace imperioso, en aras del bien com?n, propugnar por su fortalecimiento. Es curioso, se insiste, porque existen otras materias menos importantes en que el Estado se inmiscuye, y a fondo, para limitar las libertades subjetivas, como el Derecho laboral, por ejemplo; mas parece que la familia es algo menos importante que el trabajo, dadas as? las cosas. Se da as? la paradoja de ?casarse sin casarse?.

De este modo, se pretende que en cualquier momento, por cualquier motivo y sin mayores trabas ni dilaciones, cualquiera de las partes pueda soberanamente poner fin al matrimonio al que se comprometi?. El problema de esta ?f?cil salida? del matrimonio, es que desvirt?a su esencia, al punto que cabr?a pensar si no ser?a oportuno reformular la teor?a general de los contratos. En efecto: en todo contrato las partes se atan, precisamente por su autonom?a, a dar, hacer o no hacer algo, de tal forma, que ya no pueden, por voluntad unilateral, romper este contrato, y en caso de hacerlo, la contraparte tiene el derecho de pedir, por regla general, el cumplimiento forzado o volver a fojas cero, y en ambos casos, con indemnizaci?n de perjuicios.

Mas, curiosamente, en una materia tan importante como el matrimonio (importante porque compromete no cosas, sino que a las personas mismas, sin perjuicio de los hijos que vendr?n), se pretende actuar como si no se hubiera adquirido compromiso alguno, pudiendo deshacer lo hecho contra viento y marea, y sin que la otra parte ni el juez puedan hacer nada para impedirlo, e incluso si el que pide el divorcio es el ?nico culpable de que la relaci?n no haya funcionado.

Tal vez por esto el autor trasandino Jorge Scala ha hablado a este respecto no del ?divorcio-repudio?, sino del ?divorcio premio?: es el ?premio al infiel, a quien no mantiene la palabra empe?ada, a aqu?l que rehuye de sus obligaciones, al que miente, al inmaduro, etc.; quien, pese a causar injustamente todos estos da?os, puede volver a intentarlo las veces que quiera, con el benepl?cito de la ley y de los tribunales?.

Por eso, pareciera que antes del derecho de algunos de ?rehacer la vida? (sin considerar que por lo general las segundas uniones resultan bastante m?s ef?meras que las primeras), existe el derecho de todos a contraer un verdadero matrimonio. Es as? imposible que una ley de divorcio no cambie la mentalidad de los sujetos y la misma instituci?n matrimonial, lo cual har? que de manera inevitable, el matrimonio se tomare m?s a la ligera. De este modo, el divorcio no es algo accidental que complementa a la instituci?n matrimonial, sino que es un elemento que acaba transform?ndolo por completo, e incluso, destruy?ndolo. Por eso en realidad, pareciera que el objetivo final de una ley de divorcio no es tanto solucionar las crisis matrimoniales, sino permitir al sujeto casarse nuevamente y cuantas veces quiera, para lo cual se ha convertido al matrimonio en un concubinato legalizado.

Indagando en la ra?z del problema

Como se ha dicho, pareciera que la ra?z ?ltima de este problema radica en la deformaci?n de la sexualidad de hace unos 30 a?os, debido a la introducci?n de los anticonceptivos. Con todo, la clave para solucionar este problema no puede limitarse al uso de elementos qu?micos, sino a un cambio de actitud, en el dominio de s? mismo, en templar el car?cter. Sin embargo, las pol?ticas, tanto a nivel nacional como internacional apuntan exactamente en sentido contrario, por lo cual es previsible que los problemas que se comentan seguir?n aumentando. A este respecto, se dice que el gobierno no puede meterse en la vida privada de las personas; sin embargo, existen muchos otros aspectos de la vida privada en que s? ha tenido injerencia, y a fondo, siendo un claro ejemplo las pol?ticas demogr?ficas, que propugnan por el uso de anticonceptivos de todo tipo, o la reciente campa?a de esterilizaci?n. O si se prefieren otros ejemplos, ha ocurrido lo mismo en diversas campa?as antitabaco o antialcohol.

En todo caso, lo que se ha intentado demostrar aqu? son las nefastas consecuencias que la deformaci?n de la sexualidad ha tenido no s?lo en el modo de vivir la propia sexualidad, sino en la concepci?n de la familia, del matrimonio y de los hijos, entre otras realidades fundamentales. Esto indica que la conducta humana no es algo que nos deje indiferentes. A decir verdad, ocurre exactamente lo contrario: que lo que hacemos, termina repercutiendo en nosotros mismos, deja una huella en nuestra vida. Es esto lo que permite concluir que no todo uso de la libertad es indiferente, y que en cierta medida, nuestro destino est? en nuestras manos: cada uno cosecha lo que siembra. De este modo, resulta evidente que una deformaci?n de la sexualidad es un aspecto demasiado importante en la antropolog?a general del ser humano para que sus efectos no se hagan sentir por doquier. Prueba de ello es que la revoluci?n sexual termin? convirti?ndose, como se ha dicho, en una aut?ntica revoluci?n cultural, cuyos efectos vivimos hasta el d?a de hoy.

Esto pareciera demostrar, adem?s, que la ?tica humana constituye una unidad sistem?tica, esto es, que lo bueno o malo de algunas acciones del sujeto, acabar?n repercutiendo en otras. O lo que es igual, que resulta imposible pretender que la forma de ver el mundo y de actuar del propio ser humano, siga igual o sin variaciones, si se altera alguna de sus partes de manera radical. Esto parece l?gico, toda vez que el hombre es una unidad en s? mismo, y tal como ocurre con un ecosistema, si se afecta una de sus partes, esto termina repercutiendo en el todo. Por eso parece iluso querer alterar completamente la moral sexual, y pretender al mismo tiempo, que el resto de la moralidad humana siga igual, como si nada hubiera pasado. Dicho de otro modo: parece imposible seguir manteniendo el resto de la estructura ?tica si se sacan piezas fundamentales de la misma.

Incluso, se da la paradoja que la ?poca actual, que propugna cada vez por un mayor acercamiento a lo natural, respetando sus reglas y llamando por eso al respeto ecol?gico (e incluso considerando al hombre como una pieza m?s de este ecosistema, un simple animal m?s evolucionado), no descubra en el propio hombre una forma correcta de proceder, una moralidad o, si se prefiere, una ?ecolog?a humana?. Es decir, resulta curioso, dado el ecologismo que no s invade, que no se perciba (o se quiera percibir) que el hombre, como ser finito, tiene l?mites que le conviene no traspasar, porque tal como ocurre con un ecosistema, los efectos de esta trasgresi?n, se har?n sentir por doquier tarde o temprano.

De manera m?s general, tal como ocurre con un sujeto de manera aislada, una sociedad se retroalimenta a s? misma: sus acciones no le son indiferentes y sus efectos se har?n sentir tarde o temprano. Es lo que ha ocurrido con los cambios tecnol?gicos, que han terminado cambi?ndonos a nosotros mismos.

Por eso, los grandes problemas morales no se solucionan s?lo con la t?cnica, como ocurre hoy, en que puede hablarse de la ?qu?mica de la irresponsabilidad?, con la cual se pretende seguir actuando igual que antes, pero contrarrestando los efectos nocivos de dicha actuaci?n por medio de la t?cnica (como las pastillas para adelgazar, que permiten comer como antes y sin hacer ejercicio, o los preservativos o las p?ldoras anticonceptivas, que permiten dar rienda suelta a la sexualidad sin los riesgos de un ?sexo inseguro?). Por el contrario, los problemas ?ticos requieren de un cambio de actitud, un cambio de conducta: la soluci?n es que cada uno, en su propia vida, modifique sus h?bitos. No basta s?lo con artefactos t?cnicos o qu?micos, ni tampoco, como se cree, con cambiar las leyes: antes tenemos que cambiar nosotros. S?lo as? se cambiar?n las cosas.

Por eso, la naturaleza del hombre, su forma de ser, le impone l?mites, se quiera reconocer esto o no, tal como ocurre con un ecosistema. Como se ha dicho m?s de una vez, ?la naturaleza no perdona nunca?, y parece evidente que el c?mulo de problemas que se han comentado, desde el divorcio hasta el aborto, no son otra cosa que una consecuencia directa del desorden, del rompimiento de las reglas ?ecol?gicas? de la sexualidad humana. Como dice el pasaje evang?lico: ?por sus frutos los conocer?is?. As? las cosas, habr?a que plantearse seriamente si vale la pena seguir por este camino, viendo los cada vez m?s amargos frutos que surgen a su paso.
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Publicado por mario.web @ 18:43
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