S?bado, 16 de abril de 2011
Mensaje de Mons. John Foley en el que propone crear una estrategia eclesial com?n en materia de comunicaci?n.
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Nueva evangelizaci?n y medios de comunicaci?n
Nueva evangelizaci?n y medios de comunicaci?n

NUEVA EVANGELIZACION Y MEDIOS DE COMUNICACION

? S.E.R. Mons. John P. Foley, Presidente del P.C.C.S.
Elementos del discurso en la Reuni?n de la Nea 2000
Santo Domingo
23 al 26 octubre 2000


En esta ocasi?n el encuentro de la ?Nueva Evangelizaci?n 2000? desea centrar su mirada sobre la comunicaci?n social, y m?s precisamente, desea abrir caminos para una estrategia eclesial com?n en materia de comunicaciones que, inspir?ndose en el documento ?Ecclesia in America? tenga un respiro verdaderamente continental.

? No me detendr? en subrayar la importancia que hoy tienen los medios de comunicaci?n social, potenciados y multiplicados por las nuevas tecnolog?as. Esto lo sabemos todos, tanto es as? que nos esforzamos cotidianamente en aprovechar todas las ventajas de esos medios para difundir la Buena Noticia de Jesucristo. Sabemos tambi?n que es el propio Magisterio Pontificio el que, desde hace d?cadas, se esfuerza en sensibilizar a toda la Iglesia para que responda adecuadamente a los desaf?os de este tiempo. Es nuestro deber, pues, caminar hacia adelante con creatividad y fe intr?pida en la acci?n del Esp?ritu Santo, que es el protagonista de la Nueva Evangelizaci?n.

Los Medios, entre luces y sombras

? El primer paso hacia una estrategia realista y eficaz consiste en conocer el contexto en que nos movemos. Sin pretender agotar los rasgos de la cultura medi?tica actual, desear?a se?alar algunas de sus caracter?sticas m?s significativas.

? Creo que no necesito reafirmar que ?la Iglesia asume los medios de comunicaci?n social con una actitud fundamentalmente positiva y estimulante. (...) Considera que estos instrumentos son grandes dones de Dios y verdaderos signos de los tiempos? (Etica en las comunicaciones sociales, 4). Los Medios nos ofrecen un amplio campo de acci?n y son ?tiles auxiliares para llegar m?s lejos y en menor tiempo a m?s personas, llev?ndoles un mensaje de fe, de dignidad personal y de aut?ntica felicidad.

? Pero el panorama a nuestro alrededor es cada vez m?s complejo, de modo que no podemos recurrir a estrategias unilaterales o parciales. La presencia aqu? de todos nosotros demuestra que comprendemos cu?n poco sirven hoy las figuras solitarias que brillan y se extinguen en un fulgurante aislamiento. Deseamos abrir cauces de colaboraci?n, formar redes, actuar en forma coordinada e interdisciplinar. El uso de los medios de comunicaci?n social exige unidad de pensamiento y de esfuerzo en el respeto por la pluralidad de carismas que la Iglesia posee. Nadie puede permitirse el lujo de rechazar la aportaci?n de los otros sin correr el riesgo de ser m?s pobre. La colaboraci?n de todos en este campo es, si cabe, m?s necesaria y m?s urgente que nunca. La eclesiolog?a de comuni?n, impulsada por el Concilio Vaticano II, se anticip? a los tiempos que vivimos abriendo caminos para hablar con acierto a este mundo de la globalizaci?n.

No solo un negocio

? - Por otra parte, los Medios son considerados y usados, cada vez m?s, como un negocio. Si bien el aspecto lucrativo de la comunicaci?n social ha estado presente desde sus or?genes -tanto en la prensa escrita como en la radio y la televisi?n- nunca como ahora la noticia y los contenidos se han considerado pura y llanamente como mercanc?as. Las exigencias del ?rating? se imponen, con frecuencia, sobre la vocaci?n de servicio en los periodistas, sobre la exigencia de fidelidad a la verdad y de respeto a c?digos deontol?gicos m?s o menos expl?citos. Respuestas como ?Esto es un negocio, y tenemos que vender? se usan para justificar la difusi?n de materiales escandalosos, violentos, pornogr?ficos y de mal gusto. Las armas del llamado ?cuarto poder? se inclinan, m?s que al an?lisis serio de las situaciones, al chantaje de pol?ticos y famosos a trav?s de la difusi?n de su vida privada.

? Esta realidad no debe desanimarnos de proclamar la obligaci?n que tienen los Medios de ejercer con responsabilidad, y dentro de un marco ?tico, la comunicaci?n social; pero debemos estar conscientes de las presiones que a veces sufren por parte de sus empresas los periodistas que ven su tarea como un servicio a la verdad y al bien .

Estrategias de protecci?n

? - Otro elemento que se ha acentuado en los ?ltimos a?os es la accesibilidad de los materiales m?s nocivos a ni?os y j?venes de cualquier edad. Se podr?a argumentar que la pornograf?a y otras publicaciones da?inas siempre estuvieron al alcance de las nuevas generaciones, a escondidas de sus padres y profesores. Pero la inform?tica es un mundo mucho m?s inmediato y de m?s f?cil manejo para los menores que para los adultos de hoy. Los formatos son variados: desde videojuegos con alta carga de violencia, hasta los reales peligros presentes en Internet. Ante estos fen?menos la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos se ha dirigido a las familias para aconsejarles estrategias de protecci?n de sus ni?os en el uso de Internet. Este es un cap?tulo sobre el cual la Iglesia debe seguir animando a familias y escuelas a trabajar en diversos niveles: no s?lo a trav?s de programas inform?ticos de protecci?n, sino tambi?n con el di?logo y compa??a a los peque?os, as? como la educaci?n para ser cr?ticos y selectivos por s? mismos. No olvidemos que ?los comunicadores profesionales no son los ?nicos que tienen deberes ?ticos. Tambi?n las audiencias ?los usuarios- tienen obligaciones? (Etica en las comunicaciones sociales, 25).

? Desear?a recordar aqu? que no son las nuevas tecnolog?as ni la comunicaci?n social en s? mismas las responsables de estos fen?menos. Lo es el mal uso que se hace de ellas y la falta de una normativa que se adecue a la nueva fisonom?a del mundo.

Ante la polarizaci?n del continente

? - Otro aspecto a considerar es una gran tendencia, se?alada por el CELAM en diversos estudios socioecon?micos: la polarizaci?n del continente entre los ricos, cada vez menos numerosos, y los empobrecidos que son muchos millones. Esta divisi?n puede ser acentuada tambi?n por el uso, o no, de las nuevas tecnolog?as y el acceso a la informaci?n. La Iglesia en el continente est? emprendiendo la tarea de hacer llegar los beneficios de las nuevas tecnolog?as hasta las comunidades m?s alejadas y desprovistas, a trav?s de proyectos como la Red Inform?tica de la Iglesia en Am?rica Latina (RIIAL). Multiplicar los usuarios del correo electr?nico all? donde no hay bibliotecas ni material evangelizador, para que puedan recibir subsidios para la pastoral, es uno de los compromisos m?s esforzados de la RIIAL y que los Episcopados de Am?rica Latina est?n emprendiendo con ?mpetu en muchos pa?ses. Nos corresponde animar la creatividad y el entusiasmo de muchos j?venes cat?licos que est?n dispuestos a dedicar tiempo, conocimientos y esfuerzos, a esta nueva forma de ser misioneros del Evangelio.

Sentido religioso

? - El mundo de los Medios, incluso el de Internet, lejos de ignorar el sentido religioso que late en toda persona, ha incorporado todo tipo de mensajes que pretenden responder a esa sed de espiritualidad y de sentido que no ha desaparecido en las personas de hoy. S?lo que, como indicaba el Cardenal Razinger durante la presentaci?n del documento ?Dominus I?sus?, nos encontramos en la era del ?pensamiento d?bil?. En este contexto la superstici?n se equipara con la fe y el esoterismo con la liturgia. Es un caldo de cultivo de confusi?n cultural que facilita el proselitismo de sectas y agrupaciones pseudo-religiosas que logran una difusi?n sin precedentes.

Acci?n de la Iglesia en el nuevo milenio

? El panorama descrito arriba pudiera provocar cierta desaz?n. No obstante, para quien sabe ?leer? esos y otros posibles aspectos negativos de la comunicaci?n social, tales sombras definen amplios terrenos libres; se nos ofrece un vasto campo para construir. El Evangelio -nuestra ?nica posible clave de lectura de la realidad-, nos empuja a la acci?n esperanzada y conlleva para la Iglesia ser valiente y, por expresarlo as?, ?mod?lica? en sus iniciativas.

? Uno de los campos libres a los que me refiero es el de los contenidos. Los grandes emporios de la comunicaci?n se plantean la falta de material para llenar los inmensos espacios virtuales que abren las nuevas tecnolog?as, los cientos de canales televisivos disponibles, etc. En este sentido a?n persisten en la Iglesia algunas resistencias a dar el paso de expresarse cuando es interpelada, a ser creativa productora de los contenidos en los que es millonaria, aunque a?n deba perfeccionarse en los nuevos lenguajes del mundo actual.. Conviene romper esa inercia de silencio que s?lo nos aleja del ciudadano de a pie.

Debemos estar presentes

Pero, al menos en las intenciones, en este momento podemos ya hablar de un consenso eclesial respecto al hecho de que debemos estar presentes en m?ltiples formas dentro del panorama medi?tico. Una de ellas es la de contar con medios propios. Son muchos los que la Iglesia tiene ya y que trabajan con creatividad y buen nivel profesional. En esto debemos insistir: la buena voluntad no basta. Nuestro desempe?o debe ser de tal calidad que pueda competir ?al menos en inteligencia- con los medios comerciales. Si nuestros medios viven su propia originalidad y los par?metros que su identidad les fija, ello les har? visibles en el conjunto de la comunicaci?n social. Entre estos medios eclesiales existir?n siempre, claro est?, diversos estilos, modelos y carismas, garant?a de que alcancen a los distintos p?blicos que forman la sociedad.

Con mayor calidad

Pero no es suficiente esa forma de presencia para hacer escuchar la voz de la Iglesia ante la opini?n p?blica. A?n tenemos que lograr m?s espacios, y de mayor calidad, en los medios masivos. Esto puede lograrse no s?lo cuando la Iglesia sabe ser noticia y fuente de noticias, sino tambi?n cuando act?a como referencia para comprender la realidad, como fuente de valores para dar prioridad a unos aspectos y desechar lo que no sirve. Dicho de otro modo, la Iglesia puede actuar como agencia de sentido para transformar el bombardeo de informaciones en verdadero conocimiento o sabidur?a que sirva para vivir plenamente. Si la Iglesia, por ejemplo, es capaz de ofrecer colaboraciones editoriales, an?lisis de la realidad o comentarios de fondo a los medios comerciales, estar? haciendo un gran favor a la sociedad. En cambio, la ausencia de los criterios de Cristo en los grandes medios har? que grandes sectores sociales sigan viviendo en una gran confusi?n, ignorando tantos contenidos que podemos ofrecerles y que sin duda ayudar?an a saciar su sed de sentido.

Relaciones p?blicas

Tampoco hemos de descuidar las relaciones p?blicas y la atenci?n a los periodistas, en particular aqu?llos que cubren las noticias religiosas. Con frecuencia un trato humano y acogedor hacia estos profesionales, as? como el conocimiento y la valoraci?n de su trabajo, pueden ser mucho m?s eficaces para la difusi?n del mensaje eclesial que la sola expedici?n de noticias en forma impersonal.

Sin estereotipos

? A manera de pinceladas mencionar? algunos estereotipos que solemos tener por verdaderos y que esconden aspectos fundamentales de la realidad.

? - Existe, por ejemplo, un t?pico seg?n el cual la Iglesia ?llega tarde? a los adelantos de la ciencia y la tecnolog?a. Esta convicci?n provoca una constante sensaci?n de prisa y hasta casi complejos de inferioridad en creyentes desprevenidos. Es cierto que en cada momento hist?rico la Iglesia ha tomado ciertas precauciones antes de aceptar ciegamente algunas innovaciones que proven?an del mundo cient?fico y tecnol?gico. Pero en los aspectos m?s hondos de la vida humana la Iglesia no ?responde? a los desaf?os de la cultura, es ella quien los plantea. O lo que es lo mismo: la Iglesia no va a remolque de las invenciones del mundo. No debe verse a s? misma como quien responde constantemente a provocaciones. La Iglesia contiene en s? misma una tal carga de novedad y de futuro, que es una aut?ntica locomotora del desarrollo humano, e interpela al hombre de todos los tiempos. Ha sido y es pionera en numerosos aspectos de la convivencia humana, del arte, de la propia ciencia, de la educaci?n. ?Tambi?n en el de las comunicaciones sociales! Recordemos que el primer libro impreso por Gutemberg fue la Biblia; y la primera radio p?blica del mundo fue la Radio Vaticana, instalada por el propio Marconi. La Santa Sede fue asimismo uno de los firmantes del acuerdo que dio inicio al consorcio internacional Intelsat, la primera red intercontinental para la comunicaci?n v?a sat?lite.

Pero la Iglesia es pionera, sobre todo, porque es depositaria del Misterio de Aqu?l que vino para renovar al ser humano en su integridad. Esta convicci?n no debe llevarnos al orgullo o una especie de petulante lucha por el prestigio o el poder. La Iglesia desea seguir los pasos de su Maestro que vino a servir, e invitaba al abnegado amor al pr?jimo hasta entregar la propia vida si es el caso. Sabemos que ?llevamos este tesoro en vasijas de barro? (2Cor 4,7). Pero esto no significa vivir en clave de eterna ?reacci?n? a los est?mulos, tantas veces contradictorios e inconexos, que la sociedad genera. Nos corresponde construir el mundo nuevo, a?n en peque?o, modestamente, como el grano de mostaza o como la levadura en la masa, pero que guarda en s? toda la potencia de la acci?n de Dios en el mundo.

- Otro lugar com?n en el que suele caerse, es pensar que la era tecnol?gica lo m?s importante es tener lo ?ltimo en tecnolog?a . Es obvio que debemos procurar estar al d?a en el ?know how? y conocer las tendencias innovativas en ese campo. Pero demos a la tecnolog?a su justo valor y no m?s del que tiene. Ya no somos aprendices. ?Hemos visto c?mo algunas iniciativas de comunicaci?n, dotadas de lo ?ltimo en tecnolog?a, han muerto por falta de personal capacitado y por falta de contenidos!. As? pues, el ?xito de un proyecto no est? garantizado por la sofisticaci?n tecnol?gica en s? misma. La Iglesia est? desarrollando una acertada ?cultura de uso? de las herramientas t?cnicas, sin dejarse ?encantar? por ellas, sino utiliz?ndolas bien, seleccionando s?lo aquello que responde a unas verdaderas necesidades pastorales. La Iglesia no desprecia ni teme a la tecnolog?a, pues ?sta no est? re?ida con la pobreza; la conoce, y elige la adecuada sin tampoco abandonarse a la fascinaci?n por lo nuevo en una carrera sin fin.

? - Nos queda, por otra parte, una tarea pendiente: usar los nuevos lenguajes de la cultura multimedi?tica. No basta con que pongamos la riqueza de los textos eclesiales en Internet, incluso en muchos idiomas: a?n tenemos que ?traducirlos? al lenguaje de la imagen, de la m?sica, del videojuego. El temor a ?reducir? los contenidos de la fe podr?a darse en un grupo que tuviera otra Historia; pero no en la Iglesia, que se ha expresado pl?sticamente durante muchos siglos, animando a los artistas de todo tipo para que manifiesten los misterios del Dios hecho Hombre en mil formas diversas. Tales antecedentes no pueden sino animarnos a seguir adelante en ese camino de comunicaci?n con nuestros contempor?neos.

- Insistamos, finalmente, en la necesidad de formar humana y profesionalmente a nuestros comunicadores. La calidad profesional incluye conocimientos, habilidades, ejercicio responsable y esp?ritu de entrega. Un gran periodista, creador de una de las agencias de noticias m?s relevantes del panorama actual, repite con frecuencia que la clave del triunfo de su agencia son las personas que la componen. ?Las personas!, tan despreciadas por una sociedad que pone su esperanza en las cosas y en el dinero, son la fuerza de la Iglesia, que no cesa de proclamar la dignidad de cada ser humano. As?, ofreciendo espacios de crecimiento y valoraci?n a las personas, ?stas dar?n de s? mucho m?s y con mayor amor en el vasto campo de los medios de comunicaci?n social.


Publicado por mario.web @ 18:52
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