S?bado, 16 de abril de 2011
Documento realizado por la Uni?n Cat?lica Internacional de la Prensa (UCIP) en el que ofrece los puntos de referencia para una vida espiritual en estrecha relaci?n con la profesi?n period?stica.
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Para una espiritualidad de la comunicaci?n
Para una espiritualidad de la comunicaci?n
Son numerosos los cristianos de los cinco continentes que ejercen la profesi?n de periodistas o que ocupan diferentes puestos en el mundo de la comunicaci?n y que desean disponer de puntos de referencia para una vida espiritual y en relaci?n m?s estrecha con su profesi?n. Hasta el momento, la Uni?n Cat?lica Internaci?n de la Prensa (UCIP) no ha tratado nunca esta cuesti?n directamente.

El presente documento no pretende constituir una doctrina, ni estudiar de manera exhaustiva el asunto. S?lo desea facilitar algunos criterios y sugerir medidas concretas para ayudar a los comunicadores cristianos a ver y a profundizar en lo que podr?a llamarse una espiritualidad de la comunicaci?n.

I- ?Por qu? una espiritualidad de la comunicaci?n?

1. Hoy en d?a existe una demanda creciente de espiritualidad entre nuestros contempor?neos, sin embargo, esta demanda se corresponde a menudo con una espiritualidad desconectada de la vida del mundo y de la experiencia concreta personal. Por el contrario, una espiritualidad cristiana, digna de este nombre, se define como una vida a la escucha del Esp?ritu Santo, atenta a todas las se?ales de los tiempos y al servicio de la llamada del mundo y de la Iglesia.

2. Las profesiones de la comunicaci?n son un espacio privilegiado para esta espiritualidad. Permiten a los que las ejercen vivir en contacto exclusivo con la actualidad profana y religiosa, y por lo tanto, ser m?s receptivos a todas las llamadas. Proporcionan un abundante material para la vida espiritual de las personas y grupos receptores de los medios de comunicaci?n, pero tambi?n y sobre todo, para la de los profesionales de la comunicaci?n creyentes.

3. Entre las se?ales de nuestro tiempo, apreciamos c?mo aumenta una demanda de mejor armonizaci?n entre las convicciones y las pr?cticas, entre la fe y la vida. Evidentemente, esta demanda afecta en primer lugar a los comunicadores.

Ellos, que son los buscadores de verdad, est?n llamados, m?s que los dem?s, a hacer la verdad en sus vidas.

Ellos, que ya est?n acostumbrados a reflexionar sobre el ejercicio de su profesi?n en la dimensi?n t?cnica, econ?mica y ?tica, si son cristianos, deben escuchar la llamada e ir siempre m?s lejos para adentrarse a?n m?s en la b?squeda de lo verdadero y lo justo en su propia existencia.

Ellos, que est?n entregados por vocaci?n al conocimiento de lo real en toda su complejidad, est?n llamados a descubrir, sin cesar, la realidad del Dios que se hace hombre.

II- Fundamentos posibles de una espiritualidad de la comunicaci?n

1. Doble arraigo

Para nosotros los comunicadores, la espiritualidad es la manera de conciliar nuestra profesi?n y nuestras convicciones. Proponemos esta definici?n porque es la m?s amplia y nos permite incluir un gran n?mero de aspectos de la fe y de la vida, que pretendemos interrelacionar de manera fecunda. No es, por lo tanto, una tradici?n de vida espiritual, tan com?n, afortunadamente, en el cristianismo, sino una escuela de vida interior. En esta escuela aprendemos a escuchar y a conjugar lo real de la vida de los hombres, que constituye la materia prima de nuestra profesi?n, con la luz de la Palabra de Dios que ilumina nuestra fe. En otras palabras, una espiritualidad de la comunicaci?n, tal como nosotros la entendemos, tiene un doble fundamento. Encuentra su origen en la llamada de Jes?s a sus amigos, para que escuchen al Esp?ritu y reciban de ?l la fuerza para ser testigos del Evangelio en el mundo. Al mismo tiempo, est? estrechamente ligada a nuestra experiencia humana en todas sus dimensiones.

2. Expresiones variadas

La espiritualidad de la comunicaci?n se expresa a partir de bases b?blicas y teol?gicas variadas. En funci?n de las personas y las sensibilidades, podremos referirnos a:

- La vida de la Trinidad: Dios vivo no es un monolito, sino una relaci?n entre tres personas que reciben su identidad unas de otras. La comunicaci?n es aqu? total y perfecta, es decir, comuni?n entre el Padre, el Hijo y el Esp?ritu. Se lleva a cabo sin confusi?n ni separaci?n entre ellos, gracias a las diferencias dentro de una misma naturaleza divina. La unidad pasa por la alteridad asumida. Cada persona es ella misma en su totalidad y, al mismo tiempo, completamente transparente para el otro. El modelo trinitario puede inspirar una manera cristiana de practicar nuestra profesi?n. 3La uni?n entre los hombres como fin principal de toda comunicaci?n, halla su origen y su prefiguraci?n en el misterio fundamental de la eterna uni?n de Dios, Padre, Hijo e Esp?ritu Santo2 (Communio et progressio, n?8).

As?, en la vida de la Trinidad divina, podemos hallar el origen, nosotros los comunicadores, de una espiritualidad del Intercambio.

- La persona de Jes?s, el Cristo. Jes?s es 3el Verbo, la luz verdadera, la Palabra que se hace carne2, tal y como lo define el Evangelio de San Juan. Es un 3comunicador perfecto2 (Communio et progressio n? 11), un modelo permanente y una fuente inagotable para nuestra espiritualidad. Primero, en el misterio de su Encarnaci?n por el que se produjo la 3autocomunicaci?n2 de Dios a la humanidad. Posteriormente, a trav?s de toda una vida dedicada a transmitir a los dem?s su mensaje y su ser. Y por ?ltimo, en su relaci?n ?ntimamente filial con Dios, al que nos presenta como Padre y al que ?l remite toda su vida, en una comunicaci?n total.

Se exprese su palabra mediante la ternura exigente de su mirada, en la vitalidad cari?osa de sus gestos, o en la fuerza luminosa de sus palabras, Jes?s siempre revela al otro en s? mismo. ?l tiene y ?l es la Palabra que da vida, como se manifiesta en todos los relatos evang?licos. De este modo, en el mensaje de Cristo y en su manera de vivirlo y de transmitirlo, hallamos el origen, nosotros los comunicadores, de una espiritualidad de la Palabra.

- La Iglesia. El concilio Vaticano II presenta a la Iglesia como el 3 sacramento de la uni?n ?ntima con Dios y de la unidad de todo el g?nero humano2 (Lumen gentium n?1). Pueblo de Dios en marcha. Es la luz para las naciones, su misi?n es realizar la comuni?n entre sus miembros y el Se?or que la conduce. La fraternidad entre todos los disc?pulos de Jes?s, as? como la vocaci?n de la Iglesia de manifestar al mundo entero la Verdad que le ha sido revelada, constituyen los dos pilares eclesi?sticos de una aut?ntica espiritualidad de la comunicaci?n.

As?, en el misterio de la Iglesia, sacramento de la comuni?n de Dios con el pueblo que ?l ama tanto como para entregarle a su propio Hijo y comunicarle su Esp?ritu, los comunicadores encontramos el origen de la espiritualidad del Encuentro.

III- Consecuencias de esta espiritualidad

Independientemente de la referencia fundadora que cada uno escoge, la relaci?n entre la fe cristiana y el ejercicio de la profesi?n de comunicaci?n, se ejerce necesariamente en dos direcciones. Por un lado, nuestra fe ilumina y da sentido a nuestro trabajo; nuestra vida espiritual consiste en escuchar lo que Dios nos dice a trav?s de su Palabra, la ense?anza de la Iglesia y de los hechos de la vida de los hombres. Por otro lado, nuestra experiencia profesional da consistencia a nuestra fe, que no es un contenido invariable e impermeable. Se puede reforzar porque nuestra profesi?n nos permite vivir. Tambi?n podemos ponerla a prueba, a veces, incluso llegar a cuestionar algunas formulaciones.

Se trata de cierta inculturizaci?n que est? en juego en la elaboraci?n de esta espiritualidad de la comunicaci?n. Debemos conjugar el Evangelio con una cultura contempor?nea fuertemente influenciada por los medios de comunicaci?n. Esto invita a cada profesional cristiano a estar siempre preocupado por esta comuni?n. Lo har?, por un lado, cuestion?ndose la manera en que realiza su trabajo, y por otro lado, compartiendo la preocupaci?n con sus colegas creyentes y con los responsables de las comunidades cristianas de todos los estamentos.

Este trabajo se llevar? a cabo de forma individual y colectiva simult?neamente: entre profesionales que comparten la misma fe (de ah? el papel irremplazable de la UCIP), pero tambi?n, en el caso de los medios de comunicaci?n cristianos, dentro de la redacciones, escuchando la Tradici?n y la ense?anza de la Iglesia.

Para ello, es deseable que existan, en medida de lo posible, momentos y lugares para compartir la espiritualidad. En estos encuentros, podremos formarnos y poner en com?n la experiencia y las cuestiones de los que lo eseen. Algunos comunicadores cristianos, por razones de discreci?n, sienten cierto recelo hacia este tipo de experiencias en el contexto de trabajo diario. En ese caso, deber?n poder hacerlo en otro momento o lugar (grupos de amigos o parroquiales, intercambios de movimientos cristianos o de comunidades,...).

IV- Oportunidades y dificultades para una espiritualidad de la comunicaci?n en el mundo actual


El contexto en el que la profesi?n de la comunicaci?n se realiza hoy en d?a condiciona necesariamente la manera de alimentar la aut?ntica espiritualidad, pero al mismo tiempo, constituye una raz?n adicional que defiende la necesidad de que exista. Este ambiente se muestra a menudo ambivalente, marcado por las tensiones entre los polos opuestos. Es conveniente que los comunicadores cristianos lo aprehendan en toda su complejidad y le saquen provecho para su vida espiritual. Destacaremos cuatro grandes polos opuestos:

1. El doble polo global/local. El deseo de proximidad y de inmersi?n en la globalidad son dos indicadores de la condici?n humana de hoy. La espiritualidad de la comunicaci?n respeta esta bipolaridad, pero ayudar? tambi?n a ir m?s all?, partiendo de lo que cada persona o comunidad vive para ampliarlo a lo universal. Procurar? que lo global no oprima a ninguno de sus componentes.

2. El doble polo individual/colectivo. Una tensi?n an?loga existe entre la singularidad de la persona, que la comunicaci?n debe preservar siempre, y la comunidad, en la que todo individuo tiende a inscribirse. Esta tensi?n es exacerbada por los excesos del individualismo moderno, por un lado, y por el anonimato en el que viven numerosos grupos humanos, por otro lado. Una espiritualidad de comunicaci?n permitir? articular los dos polos luchando contra estos excesos deshumanizadores.

3. El doble polo inmediatez/discernimiento. El ritmo de vida acelerado puede favorecer tanto lo mejor (una toma de conciencia r?pida de lo que pasa en el mundo), como lo peor(cuando, por ejemplo, afrontamos las noticias sin tener tiempo de tomar cierta perspectiva). La vida espiritual nos da la distancia necesaria y nos ayudar? a concederle a cada acontecimiento el lugar justo bajo la mirada de Dios.

4. El doble polo ?dolo/icono. La mentalidad contempor?nea, preconizada por los medios de comunicaci?n, erige, cada vez con mayor frecuencia, a ciertas figuras de nuestro mundo en 3iconos2. Una de las funciones de la vida espiritual es conducir a los comunicadores cristianos a cuestionar a estas figuras de referencia, tanto su existencia como los mensajes que ?stas emiten.

V- Caminos posibles para una espiritualidad de la comunicaci?n

No existe una ?nica espiritualidad que valga para todos los cristianos que trabajan en los medios de comunicaci?n. Como ha quedado claro hasta ahora, cada uno debe poder encontrar el camino y el sustento que necesita, solo o en compa??a de otros, en funci?n de su sensibilidad espiritual personal, del tipo de responsabilidad y compromiso, y de su contexto. Sirvan de ejemplo algunos caminos posibles.

1. Intentaremos, por ejemplo, establecer un v?nculo entre la Buena Nueva de Jes?s, el Cristo, que funda nuestra fe y las nuevas del mundo que transmitimos y comentamos, evitando caer en un paralelismo demasiado f?cil. A diferencia de los periodistas, Dios escribe derecho con renglones torcidos.

2. Nos esforzaremos, individualmente o en grupo, para lograr un equilibrio entre la libertad editorial (criterio indispensable de credibilidad profesional) y la fidelidad doctrinal (condici?n sine qua non de nuestra pertenencia a la Iglesia). No se trata de encerrarse en una oposici?n est?ril entre estas dos exigencias, sino de preguntarse c?mo podr?a desembocar esta dial?ctica entre la libertad y la fidelidad en el servicio a la verdad: la verdad de los hechos, la de las personas y la Verdad que es Cristo.

3. Trabajaremos para mantener una relaci?n estrecha y permanente entre la vida de la oraci?n, la vida sacramental y la vida profesional. Una v?a: rezar, solo o en compa??a de otras personas, a partir de acontecimientos y elementos que forman la parte esencial de nuestra vida profesional. Un criterio de vitalidad espiritual: la manera en la que las oraciones se convierten en intercesi?n, petici?n de perd?n, alabanza o acci?n de gracias.. En el sentido inverso, nuestra vida espiritual se enriquecer? considerablemente si nuestro trabajo profesional se deja alimentar por la Palabra de Dios, y en especial, por todas las acciones prof?ticas, casos de compasi?n y de curaci?n, de discernimiento de se?ales de los tiempos,... que contiene la Sagrada Escritura.

4. No debemos dudar en hacernos preguntas fuertes. Una vida espiritual est? hecha de convicciones, de hitos, pero tambi?n de preguntas. A veces deben quedarse sin respuesta para que cada uno pueda aportar la respuesta conveniente en cada situaci?n. Por ejemplo, ?hasta qu? punto es posible practicar cristianamente nuestra profesi?n sin hacer concesiones ni comprometimientos sobre lo esencial? O bien, ?c?mo unir ciertas pr?cticas de informaci?n con la vocaci?n de un cristiano en la Iglesia y en la sociedad?

Conclusi?n

Se podr?an a?adir, sin duda, muchos m?s ejemplos en cada etapa de esta reflexi?n; es un ejercicio individual completarla. Todos necesitamos la ayuda de los dem?s para encontrar la mejor respuesta (o, a veces, la menos mala) a los desaf?os que debemos afrontar. Por este motivo, la reflexi?n de la UCIP sobre la espiritualidad de la comunicaci?n s?lo puede llevarse a la pr?ctica con una amplia participaci?n de todos los miembros, desde la gran diversidad de situaciones profesionales y culturales. Todos ellos tendr?n la ocasi?n de demostrarlo mediante la elaboraci?n de un compendio de oraciones y textos (planificamos ahora utilizar estas fuentes).

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Bibliograf?a


- Communication, m?dia and spirituality, " The Way " suplemento n? 57 (Autumn 1986): art?culos de Robert A. White, James Mc Donnell, Pierre Babin, Paul A. Soukup, etc.
- Chiesa e communicazione, metodi, valori, professionalit?, dirigido por Diego Contreras, con contribuciones de Mgr Foley, L. Accatoli, K. Zanussi, etc. (Libreria editrice vaticana, Roma 1998).
- Communication et spiritualit?, del cardenal Martini, Marcel L?gaut, Henk Hoekstra y Pierre Babin (Chalet, Par?s 1991).
- M?dias, chance pour l1Evangile, de Pierre Babin y Angela Ann Zukowski (Lethielleux, Par?s 2000).
- M?dia et foi chr?tienne. L1image ? l1?preuve de l1idol?trie, de Guy Marchessault (Novalis, Ottaxa 1998).
- Eloge de la fragilit?. L1actualit? ? fleur d1Evangile, de Gabriel Ringlet (Racine Descl?e de Brouwer, Bruselas-Par?s 1996).
- " Pr?suppos?s th?ologiques et principes ?thiques d1une communication sociale solidaire et partag?e " (Intervenci?n en el congreso de Dubl?n en 1983) de Pinto de Oliveira.

Sin olvidar los documentos oficiales del Magisterio:

- Instrucciones pastorales Aetatis novae (1992) y Communio et progressio (1971) del Consejo pontifical para los medios de comunicaci?n social.
- Les m?dias. Textos de las Iglesias, editado por el grupo M?diathec (Centurion, Par?s, 1990).
- ?tica en las comunicaciones sociales (mayo 2000) del Consejo pontifical para los medios de comunicaci?n social.
- Discurso de Juan Pablo II y homil?a del cardenal Roger Etchergaray en el Jubileo de los periodistas, 4 junio de 2000.

19 abril 2002, Porto Alegre, Brasil

Publicado por mario.web @ 19:25
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