S?bado, 16 de abril de 2011
Virgen espa?ola, religiosa del instituto de Hijas de Mar?a Auxiliadora
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Eusebia Palomino Yenes
Eusebia Palomino Yenes

Virgen espa?ola, religiosa del instituto de Hijas de Mar?a Auxiliadora

Naci? el 15 de diciembre de 1899 en Cantalpino, peque?o pueblo de la provincia de Salamanca (Espa?a), en una familia tan rica de fe como escasa de medios econ?micos. Agust?n, el padre, hombre de gran bondad y dulzura, trabajaba como bracero temporal al servicio de los terratenientes de los alrededores, y su madre Juana Yenes atend?a la casa con los cuatro hijos.

Cuando en el invierno el campo reposaba y el trabajo faltaba, el pan escaseaba. Entonces el padre se ve?a obligado a pedir la caridad de otros pobres en los pueblos de la zona. Algunas veces lo acompa?aba la peque?a Eusebia, de apenas siete a?os, que, ignorante de lo que costaban esas humillaciones, disfrutaba con las caminatas por los senderos del campo y alegremente correteaba y saltaba junto a su padre, el cual le hac?a admirar la belleza de la creaci?n y la luminosidad del paisaje de Castilla, d?ndole catequesis.

Su primer encuentro con Jes?s Eucarist?a, a la edad de ocho a?os, le dio una sorprendente percepci?n del significado de pertenecer y de ofrecerse totalmente al Se?or como don.

Muy pronto tuvo que dejar la escuela para ayudar a la familia y dio prueba de una madurez precoz al cuidar, a pesar de su poca edad, a ni?os de algunas familias del pueblo mientras sus padres iban a trabajar. A los doce a?os se traslad? a Salamanca, con su hermana mayor, y se puso a servir como ni?era.

Los domingos por la tarde iba al oratorio festivo de las Hijas de Mar?a Auxiliadora; las religiosas la invitaron a ayudar a la comunidad. Eusebia acept? con mucho gusto y enseguida puso manos a la obra: ayudaba en la cocina, acarreaba la le?a, colaboraba en la limpieza de la casa, tend?a la ropa en el patio grande, iba a acompa?ar al grupo de las estudiantes a la escuela estatal y hac?a los mandados en la ciudad.

En su interior fue creciendo el deseo secreto de consagrarse totalmente al Se?or. Pensaba: ?Si cumplo con diligencia mis deberes, tendr? contenta a la Virgen Mar?a y podr? un d?a ser su hija en el Instituto?. No se atrev?a a pedirlo, por su pobreza y falta de instrucci?n; no se cre?a digna de tal gracia, pues pensaba: ??Es una congregaci?n tan grande!?.

La superiora visitadora, a la que revel? su anhelo, la acogi? con bondad materna y decidi? admitirla en nombre de la madre general.

El 5 de agosto de 1922 empez? el noviciado. Se alternaban horas de estudio, de oraci?n y de trabajo, en unas jornadas que la llenaban de felicidad. Despu?s de dos a?os, se consagr? totalmente al Se?or con los votos religiosos.

Fue destinada a la casa de Valverde del Camino, peque?a ciudad de nueve mil habitantes, situada en el extremo suroeste de Espa?a, en la zona minera de Andaluc?a, al conf?n con Portugal. Las ni?as del colegio y del oratorio, en el primer encuentro, quedaron desilusionadas. La nueva hermana ten?a un aspecto insignificante, peque?a y p?lida, con manos gruesas y adem?s un nombre feo.

A la ma?ana siguiente, la hermana Eusebia ya estaba en su lugar de trabajo, un trabajo variado: cocina, porter?a, roper?a, cuidado del peque?o huerto y asistencia a las ni?as del oratorio festivo. Era feliz de ?estar en la casa del Se?or por todos los d?as de su vida?.

Pronto las ni?as se fueron sintiendo atra?das por las narraciones de hechos misioneros, vidas de santos, episodios de la devoci?n mariana, o an?cdotas de don Bosco, que la hermana Eusebia recordaba gracias a su gran memoria; adem?s, sab?a hacerlas atractivas por su convencimiento y su fe sencilla.

Todo en ella reflejaba el amor de Dios y el fuerte deseo de hacerlo amar. Sus jornadas de trabajo eran una transparencia continua, como lo confirman sus temas predilectos de conversaci?n: el amor de Jes?s a todos los hombres, que nos ha salvado con su pasi?n. Las llagas santas de Jes?s son el libro que sor Eusebia le?a todos los d?as; se hac?a ap?stol de la devoci?n al Amor misericordioso, seg?n las revelaciones de Jes?s a santa Faustina Kowalska.

El otro ?polo? de la piedad y de la catequesis de sor Eusebia fue la ?verdadera devoci?n mariana? de san Luis Mar?a Grignion de Montfort. Esa fue el alma y el arma de su apostolado durante su breve existencia: los destinatarios eran las ni?as, las j?venes, las madres de familia, los seminaristas y los sacerdotes. ?Quiz? no haya p?rroco en toda Espa?a ?se dice en los procesos? que no haya recibido una carta de sor Eusebia a prop?sito de la esclavitud mariana?.

Cuando, a principios de la d?cada de 1930, se vislumbraba en Espa?a la persecuci?n religiosa, sor Eusebia no dud? en llevar hasta el extremo su ?disponibilidad?. Se ofreci? al Se?or como v?ctima para la salvaci?n de Espa?a, para la libertad de la religi?n. Y Dios la acept? como v?ctima. En agosto de 1932 una enfermedad repentina fue el primer aviso. Despu?s, el asma, que en diversos momentos ya la hab?a molestado, alcanz? niveles alt?simos, agravada con otros males que iban apareciendo y atentaban contra su vida.

En este tiempo, algunas visiones de sangre afligen a sor Eusebia a?n m?s que los dolores f?sicos. El 4 de octubre de 1934, mientras algunas hermanas rezaban con ella, palideci? y dijo: ?Rezad mucho por Catalu?a?. Era el principio de la sublevaci?n obrera de Asturias y Catalu?a. Visi?n de sangre tambi?n para su querida directora sor Carmen Moreno Ben?tez, que ser?a fusilada, con otra hermana, el 6 de septiembre de 1936: recientemente ha sido declarada beata, despu?s del reconocimiento del martirio.

En tanto se agrav? su enfermedad, que, unida al asma, le acartonaba todos los miembros, convirti?ndola en un ovillo. Quien la visitaba sent?a la fuerza moral y la luz de santidad que irradiaban aquellos pobres miembros doloridos, dejando absolutamente intacta la lucidez del pensamiento, la delicadeza de los sentimientos y la amabilidad del trato. A las hermanas que la asist?an les prometi?: ?Dar? mis vueltecitas?.

Muri? serenamente en el coraz?n de la noche entre el 9 y el 10 de febrero de 1935. Sus restos mortales fueron visitados durante todo el d?a por la poblaci?n de Valverde, que repet?a: ?Ha muerto una santa?.


Publicado por mario.web @ 20:17
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