S?bado, 16 de abril de 2011

Fuente: www.vatican.va
Autor: S.S. Benedicto XVI

VIAJE APOST?LICO
DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A SYDNEY (AUSTRALIA) CON OCASI?N DE LA
XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
(13 - 21 DE JULIO DE 2008)

CELEBRACI?N EUCAR?STICA
PARA LA XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

HOMIL?A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


Hip?dromo de Randwick
Domingo 20 de julio de 2008



Queridos amigos

?Cuando el Esp?ritu Santo descienda sobre vosotros, recibir?is fuerza? (Hch 1,8). Hemos visto cumplida esta promesa. En el d?a de Pentecost?s, como hemos escuchado en la primera lectura, el Se?or resucitado, sentado a la derecha del Padre, envi? el Esp?ritu Santo a sus disc?pulos reunidos en el cen?culo. Por la fuerza de este Esp?ritu, Pedro y los Ap?stoles fueron a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En cada ?poca y en cada lengua, la Iglesia contin?a proclamando en todo el mundo las maravillas de Dios e invita a todas las naciones y pueblos a la fe, a la esperanza y a la vida nueva en Cristo.

En estos d?as, tambi?n yo he venido, como Sucesor de san Pedro, a esta estupenda tierra de Australia. He venido a confirmaros en vuestra fe, j?venes hermanas y hermanos m?os, y a abrir vuestros corazones al poder del Esp?ritu de Cristo y a la riqueza de sus dones. Oro para que esta gran asamblea, que congrega a j?venes de ?todas las naciones de la tierra? (Hch 2,5), se transforme en un nuevo cen?culo. Que el fuego del amor de Dios descienda y llene vuestros corazones para uniros cada vez m?s al Se?or y a su Iglesia y enviaros, como nueva generaci?n de Ap?stoles, a llevar a Cristo al mundo.

?Cuando el Esp?ritu Santo descienda sobre vosotros, recibir?is fuerza?. Estas palabras del Se?or resucitado tienen un significado especial para los j?venes que ser?n confirmados, sellados con el don del Esp?ritu Santo, durante esta Santa Misa. Pero estas palabras est?n dirigidas tambi?n a cada uno de nosotros, es decir, a todos los que han recibido el don del Esp?ritu de reconciliaci?n y de la vida nueva en el Bautismo, que lo han acogido en sus corazones como su ayuda y gu?a en la Confirmaci?n, y que crecen cotidianamente en sus dones de gracia mediante la Santa Eucarist?a. En efecto el Esp?ritu Santo desciende nuevamente en cada Misa, invocado en la plegaria solemne de la Iglesia, no s?lo para transformar nuestros dones del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Se?or, sino tambi?n para transformar nuestras vidas, para hacer de nosotros, con su fuerza, ?un solo cuerpo y un solo esp?ritu en Cristo?.

Pero, ?qu? es este ?poder? del Esp?ritu Santo? Es el poder de la vida de Dios. Es el poder del mismo Esp?ritu que se cern?a sobre las aguas en el alba de la creaci?n y que, en la plenitud de los tiempos, levant? a Jes?s de la muerte. Es el poder que nos conduce, a nosotros y a nuestro mundo, hacia la llegada del Reino de Dios. En el Evangelio de hoy, Jes?s anuncia que ha comenzado una nueva era, en la cual el Esp?ritu Santo ser? derramado sobre toda la humanidad (cf. Lc 4,21). ?l mismo, concebido por obra del Esp?ritu Santo y nacido de la Virgen Mar?a, vino entre nosotros para traernos este Esp?ritu. Como fuente de nuestra vida nueva en Cristo, el Esp?ritu Santo es tambi?n, de un modo muy verdadero, el alma de la Iglesia, el amor que nos une al Se?or y entre nosotros y la luz que abre nuestros ojos para ver las maravillas de la gracia de Dios que nos rodean.

Aqu? en Australia, esta ?gran tierra meridional del Esp?ritu Santo?, todos nosotros hemos tenido una experiencia inolvidable de la presencia y del poder del Esp?ritu en la belleza de la naturaleza. Nuestros ojos se han abierto para ver el mundo que nos rodea como es verdaderamente: ?colmado?, como dice el poeta, ?de la grandeza de Dios?, repleto de la gloria de su amor creativo. Tambi?n aqu?, en esta gran asamblea de j?venes cristianos provenientes de todo el mundo, hemos tenido una experiencia elocuente de la presencia y de la fuerza del Esp?ritu en la vida de la Iglesia. Hemos visto la Iglesia como es verdaderamente: Cuerpo de Cristo, comunidad viva de amor, en la que hay gente de toda raza, naci?n y lengua, de cualquier edad y lugar, en la unidad nacida de nuestra fe en el Se?or resucitado.

La fuerza del Esp?ritu Santo jam?s cesa de llenar de vida a la Iglesia. A trav?s de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye tambi?n en nuestro interior, como un r?o subterr?neo que nutre el esp?ritu y nos atrae cada vez m?s cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioqu?a, que muri? m?rtir en Roma al comienzo del siglo segundo, nos ha dejado una descripci?n espl?ndida de la fuerza del Esp?ritu que habita en nosotros. ?l ha hablado del Esp?ritu como de una fuente de agua viva que surge en su coraz?n y susurra: ?Ven, ven al Padre? (cf. A los Romanos, 6,1-9).

Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Esp?ritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos s?lo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza s?lo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el esp?ritu de nuestro tiempo. S?lo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginaci?n y modelar nuestros deseos m?s profundos. Por esto es tan importante la oraci?n: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Sant?simo Sacramento, y la oraci?n lit?rgica en el coraz?n de la Iglesia. ?sta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acci?n, comuni?n con el Esp?ritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jes?s y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Esp?ritu, Jes?s est? siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a ?l para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir ?la fuerza que proviene de lo alto?, una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo.

En su Ascensi?n, el Se?or resucitado dijo a sus disc?pulos: ?Ser?is mis testigos? hasta los confines del mundo? (Hch 1,8). Aqu?, en Australia, damos gracias al Se?or por el don de la fe, que ha llegado hasta nosotros como un tesoro transmitido de generaci?n en generaci?n en la comuni?n de la Iglesia. Aqu?, en Ocean?a, damos gracias de un modo especial a todos aquellos misioneros, sacerdotes y religiosos comprometidos, padres y abuelos cristianos, maestros y catequistas, que han edificado la Iglesia en estas tierras. Testigos como la Beata Mary Mackillop, San Peter Chanel, el Beato Peter To Rot y muchos otros. La fuerza del Esp?ritu, manifestada en sus vidas, est? todav?a activa en las iniciativas beneficiosas que han dejado en la sociedad que han plasmado y que ahora se os conf?a a vosotros.

Queridos j?venes, permitidme que os haga una pregunta. ?Qu? dejar?is vosotros a la pr?xima generaci?n? ?Est?is construyendo vuestras vidas sobre bases s?lidas? ?Est?is construyendo algo que durar?? ?Est?is viviendo vuestras vidas de modo que dej?is espacio al Esp?ritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? ?C?mo est?is usando los dones que se os han dado, la ?fuerza? que el Esp?ritu Santo est? ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ?Qu? herencia dejar?is a los j?venes que os suceder?n? ?Qu? os distinguir??

La fuerza del Esp?ritu Santo no s?lo nos ilumina y nos consuela. Nos encamina hacia el futuro, hacia la venida del Reino de Dios. ?Qu? visi?n magn?fica de una humanidad redimida y renovada descubrimos en la nueva era prometida por el Evangelio de hoy! San Lucas nos dice que Jesucristo es el cumplimiento de todas las promesas de Dios, el Mes?as que posee en plenitud el Esp?ritu Santo para comunicarlo a la humanidad entera. La efusi?n del Esp?ritu de Cristo sobre la humanidad es prenda de esperanza y de liberaci?n contra todo aquello que nos empobrece. Dicha efusi?n ofrece de nuevo la vista al ciego, libera a los oprimidos y genera unidad en y con la diversidad (cf. Lc 4,18-19; Is 61,1-2). Esta fuerza puede crear un mundo nuevo: puede ?renovar la faz de la tierra? (cf. Sal 104,30).

Fortalecida por el Esp?ritu y provista de una rica visi?n de fe, una nueva generaci?n de cristianos est? invitada a contribuir a la edificaci?n de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada amorosamente, no rechazada o temida como una amenaza y por ello destruida. Una nueva era en la que el amor no sea ambicioso ni ego?sta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie gozo y belleza. Una nueva era en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apat?a y el ego?smo que degrada nuestras almas y envenena las relaciones humanas. Queridos j?venes amigos, el Se?or os est? pidiendo ser profetas de esta nueva era, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente hacia el Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad.

El mundo tiene necesidad de esta renovaci?n. En muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se est? expandiendo el desierto espiritual: un vac?o interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperaci?n. ?Cu?ntos de nuestros semejantes han cavado aljibes agrietados y vac?os (cf. Jr 2,13) en una b?squeda desesperada de significado, de ese significado ?ltimo que s?lo puede ofrecer el amor? ?ste es el don grande y liberador que el Evangelio lleva consigo: ?l revela nuestra dignidad de hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios. Revela la llamada sublime de la humanidad, que es la de encontrar la propia plenitud en el amor. ?l revela la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la vida.

Tambi?n la Iglesia tiene necesidad de renovaci?n. Tiene necesidad de vuestra fe, vuestro idealismo y vuestra generosidad, para poder ser siempre joven en el Esp?ritu (cf. Lumen gentium, 4). En la segunda lectura de hoy, el ap?stol Pablo nos recuerda que cada cristiano ha recibido un don que debe ser usado para edificar el Cuerpo de Cristo. La Iglesia tiene especialmente necesidad del don de los j?venes, de todos los j?venes. Tiene necesidad de crecer en la fuerza del Esp?ritu que tambi?n ahora os infunde gozo a vosotros, j?venes, y os anima a servir al Se?or con alegr?a. Abrid vuestro coraz?n a esta fuerza. Dirijo esta invitaci?n de modo especial a los que el Se?or llama a la vida sacerdotal y consagrada. No teng?is miedo de decir vuestro ?s?? a Jes?s, de encontrar vuestra alegr?a en hacer su voluntad, entreg?ndoos completamente para llegar a la santidad y haciendo uso de vuestros talentos al servicio de los otros.

Dentro de poco celebraremos el sacramento de la Confirmaci?n. El Esp?ritu Santo descender? sobre los candidatos; ellos ser?n ?sellados? con el don del Esp?ritu y enviados para ser testigos de Cristo. ?Qu? significa recibir la ?sello? del Esp?ritu Santo? Significa ser marcados indeleblemente, inalterablemente cambiados, significa ser nuevas criaturas. Para los que han recibido este don, ya nada puede ser lo mismo. Estar ?bautizados? en el Esp?ritu significa estar enardecidos por el amor de Dios. Haber ?bebido? del Esp?ritu (cf. 1 Co 12,13) significa haber sido refrescados por la belleza del designio de Dios para nosotros y para el mundo, y llegar a ser nosotros mismos una fuente de frescor para los otros. Ser ?sellados con el Esp?ritu? significa adem?s no tener miedo de defender a Cristo, dejando que la verdad del Evangelio impregne nuestro modo de ver, pensar y actuar, mientras trabajamos por el triunfo de la civilizaci?n del amor.

Al elevar nuestra oraci?n por los confirmandos, pedimos tambi?n que la fuerza del Esp?ritu Santo reavive la gracia de la Confirmaci?n de cada uno de nosotros. Que el Esp?ritu derrame sus dones abundantemente sobre todos los presentes, sobre la ciudad de Sydney, sobre esta tierra de Australia y sobre todas sus gentes. Que cada uno de nosotros sea renovado en el esp?ritu de sabidur?a e inteligencia, el esp?ritu de consejo y fortaleza, esp?ritu de ciencia y piedad, esp?ritu de admiraci?n y santo temor de Dios.

Que por la amorosa intercesi?n de Mar?a, Madre de la Iglesia, esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud sea vivida como un nuevo cen?culo, de forma que todos nosotros, enardecidos con el fuego del amor del Esp?ritu Santo, continuemos proclamando al Se?or resucitado y atrayendo a cada coraz?n hacia ?l. Am?n.


Publicado por mario.web @ 21:30
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