S?bado, 16 de abril de 2011
Manuel Mar?a Bru Alonso, Delegado diocesano de Medios de Comunicaci?n Social del Arzobispado de Madrid, nos ofrece un an?lisis sobre la televisi?n y el tipo de "ecolog?a humana" que proponen los discursos y narrativas de ese medio de comunicaci?n.
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?Qu? modelo de televisi?n queremos?
?Qu? modelo de televisi?n queremos?
El programa Tombola, que el nuevo director general de Telemadrid acaba de suprimir de la programaci?n de la cadena auton?mica, merece un examen que no se quede s?lo en la aprobaci?n demag?gica de grandes sectores de consumidores televisivos, ni en un juicio ?tico basado ?nicamente en la descripci?n, por otra parte elemental, de su zafiedad, cutrez y falta de buen gusto. Su altas cuotas de audiencia, lejos de mitigar un juicio serio del programa, nos permite cerciorarnos de que se trata de una de tantas expresiones de un fen?meno en el mundo de la comunicaci?n social que revela algunos de los aspectos m?s d?biles y alienantes de nuestra cultura contempor?nea. A mi modo de ver, este y otros programas televisivos nos descubren al menos tres aspectos cr?ticos del actual desarrollo de la sociedad de la informaci?n que denuncia el Magisterio de la Iglesia: el florecimiento de modelos ef?meros de referencia social, la desprotecci?n de la m?s elemental ecolog?a humana, y la crisis de la comunicaci?n como servicio p?blico:

En cuanto a los modelos, es perfectamente constatable como en lugar de l?deres de la opini?n plural de las sociedades, las empresas medi?ticas, tanto de iniciativa estatal como social, sobre todo las audiovisuales con penetraci?n social masiva, prefieren generar modelos de usar y tirar seg?n el tiempo y la intensidad convenientes. De este modo, en un contexto de fragmentaci?n cultural, tratan de proporcionar status social de referencia a personajes cuya aportaci?n a la sociedad sea nula, m?xima garant?a de ausencia de proposiciones, ideas u opciones que fragmenten las audiencias. Juan Pablo II habla de m?todos estereotipados de proposici?n de modelos de conducta social, junto a otros cuya fama sea reflejo de ideas y comportamientos dignos de cr?dito social, con personajes de lo m?s variopinto, que secundan las tendencias de frivolidad, despersonalizaci?n y consumo de sus promotores. Un comunic?logo como Casseti inscribe este fen?meno en la gramaticalizaci?n de la cotidianidad propia de la neotelevisi?n, por la cual "un comportamiento, aunque extra?do de la realidad en sus l?neas esenciales, se transforma en etiqueta". Con gran sencillez el Papa advierte esta realidad cuando comenta que "las personas frecuentemente son incitadas a imitar o, al menos, a aceptar la conducta de los famosos; y la fama conseguida por los medios de comunicaci?n puede ser empleada para inspirar bondad y generosidad o para conseguir la aprobaci?n de lo que es ego?sta".

En cuanto a que "la ra?z misma de toda actividad period?stica es el respeto a la dignidad humana", el Papa propone reconocer de ello todas y cada una de sus consecuencias, retando a los comunicadores sociales "a respetar lo que es humano" y que "los seres humanos jam?s deben ser despreciados". Si este desprecio adem?s es organizado y comprado, si se convierte en moneda de cambio por la cual las personas pueden vender su dignidad, no s?lo ellos sino tambi?n los miembros de la administraci?n o de la empresa propietaria del medio, los guionistas y realizadores, los conductores del programa, y todos y cada uno de los receptores envelesados en semejante espect?culo, est?n poniendo en entredicho su propia dignidad. Todos deber?n siempre "resistir al se?uelo siempre presente de la ganancia f?cil, y rechazar firmemente la participaci?n en producciones que exploten las debilidades humanas, ofendan las conciencias, o hieran la dignidad humana". Especialmente los comunicadores tendr?n que vencer las tentaciones que tienen a diario para rebajar este compromiso, que son, adem?s de "la ganancia f?cil", la "tentaci?n de ceder a la preocupaci?n exclusiva de aumentar la audiencia y el ?xito".

Desde esta concepci?n del periodismo al servicio de la dignidad humana, y s?lo desde ella, tiene sentido para Juan Pablo II la reivindicaci?n del derecho a la intimidad y el deber de los periodistas a respetar este derecho. El criterio para ?l no es tanto la separaci?n entre vida p?blica y vida privada, ni tampoco la soluci?n equilibrada en cada situaci?n a un conflicto de valores, el del inter?s p?blico y el del derecho a la intimidad, sino que el criterio, radical y definitivo, consiste en si se respeta o no se respeta la dignidad humana que comporta el respeto inviolable a su intimidad: "todas las personas son creadas iguales en su dignidad humana y est?n dotadas por su Creador de inalienables derechos a la vida, a la libertad y a la dignidad humana, comprendido el derecho de conservar la propia intimidad y de no ser explotado en la intimidad de la propia familia". Y una fundamentaci?n de este tipo hace que no se trate s?lo de un derecho, sino tambi?n de un deber irrenunciable. De este modo, junto a la reivindicaci?n social de la protecci?n de la naturaleza, el Papa reclama una "descontaminaci?n de los medios de comunicaci?n" que no siempre est?n atentos a "salvaguardar las condiciones morales de una aut?ntica ecolog?a humana", ese conjunto de condiciones morales -familiares, ambientales, educativas y sociales- determinadas que permiten y favorecen la estructura natural y moral de la que el hombre ha sido dotado, tal y como la describe la enc?clica Centesimus Annus.

En cuanto a la crisis de la comunicaci?n como servicio p?blico, ya dec?a el decreto conciliar Inter Mirifica que "la autoridad p?blica, que leg?timamente se ocupa de la salud de los ciudadanos, est? obligada a procurar justa y celosamente, mediante la promulgaci?n de la leyes, que no se sigan graves da?os a la moralidad p?blica y la progreso de la sociedad por el uso depravado de estos medios de comunicaci?n". Juan Pablo II desarrollar? esta idea diciendo que "un sector tan decisivo de la sociedad no debe ser, en efecto, abandonado a los juegos de mercado, sino que debe ser oportunamente tutelado". Despu?s del paso que Communio et progressio da sobre Inter Mirifica respecto a la funci?n m?s bien promocional que de censura de la autoridad civil respecto a la comunicaci?n social, explica concretamente lo que supone este tutelaje la instrucci?n pastoral Aetatis Novae al constatar que la excesiva censura termina por da?ar antes lo inocente que lo da?oso, cuando en muchos casos esta claro que un "mal uso del servicio p?blico puede llevar a la manipulaci?n ideol?gica y pol?tica". La experiencia avala la cl?sica raz?n de que dat veniam corvis, vexat censura columbas.

Pero esto no desdice, tal y como se expone en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, que "La autoridad civil tiene en esta materia deberes peculiares en raz?n del bien com?n, al que se ordenan estos medios" para "defender y asegurar la verdadera y justa libertad", y para "sancionar la violaci?n de los derechos de cada uno a la reputaci?n y al secreto de la vida privada". Y es que la comunicaci?n social es siempre, independientemente de su titularidad privada o estatal, servicio p?blico. En este sentido, el Papa no s?lo reconoce que "incluso los programas orientados principalmente al ocio y al entretenimiento, tienen siempre un impacto sobre los valores morales y espirituales", sino que adem?s asigna a este tipo de programas una funci?n social de gran valor humano: "Los as? llamados medios de entretenimiento ofrecen especiales posibilidades de transmitir la esperanza con la narraci?n de vicisitudes que estimulan, a trav?s de modelos que inspiran y de experiencias compartidas que consuelan y confortan".

A t?tulo meramente personal, y consciente del riesgo que supone siempre juzgar una actuaci?n concreta y adem?s pol?mica, creo que, a la luz de este magisterio, la decisi?n tomada por el se?or Gim?nez-Alem?n es muy oportuna, en raz?n de la dimensi?n antieducativa del programa Tombola, en raz?n de la defensa de la "ecolog?a humana", y en raz?n del car?cter p?blico de la televisi?n, de toda televisi?n. Y es oportuna no s?lo por el bien que redunda en beneficio de los madrile?os, sino tambi?n en cuanto suscita en la opini?n p?blica un debate tan importante como urgente, el del modelo de comunicaci?n social que tenemos derecho de configurar entre todos.

Manuel Mar?a Bru Alonso
Delegado diocesano de Medios de Comunicaci?n Social del Arzobispado de Madrid.

Publicado por mario.web @ 21:38
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