Domingo, 17 de abril de 2011
Jos? Luis Mart?n Descalzo

Introducci?n

?

Me pregunto si la ma?ana de hoy es, precisamente, la ideal para escribir el pr?logo de un libro que se titula Razones para la alegr?a. Anteayer me llam? el editor para meterme prisas, dici?ndome que, si quiero llegar con ?l a la Feria del Libro, tendr? que enviarle los originales esta misma semana. ?Tranquilo, tranquilo, le he dicho. El libro est? listo, s?lo me falta el pr?logo y ma?ana mismo lo remato.?

Pero esta ma?ana ha ocurrido ?algo?. En la rutinaria revisi?n que cada dos meses hacen a mi coraz?n y mis ri?ones se los han encontrado m?s pachuchos de lo que yo me imaginaba. Y me han anunciado que ma?ana o pasado entro en di?lisis.

Al llegar a casa me he encontrado de pronto como vac?o. ?Me pon?a a llorar? ?Me dedicaba a compadecerme? Me ha parecido m?s l?gico intentar hacer algo. Pero ?c?mo escribir un pr?logo sobre la alegr?a cuando acaba de derrumb?rsete un trozo de alma, cuando a?n est?s intentando tragarte la noticia de que en lo que te resta de vida permanecer?s cinco horas, un d?a s? y otro no, atado a una m?quina?

Me detengo. Y pienso que hoy es el d?a EXACTO para hablar de la alegr?a. Porque el gozo que van a pregonar estas p?ginas que siguen no es el que se experimenta porque las cosas vayan bien, sino el que no cesa de brotar ?a pesar de que? las cosas vayan cuesta arriba. (No quiero decir mal.) Este es, me parece, el sentido de la bienaventuranza cristiana: no se promete en ella la felicidad a los pobres porque vayan a dejar de serlo, ni a los que tienen hambre porque ya est? llegando alguien con un bocadillo. El gozo que all? se promete es aquel en el que las razones para la alegr?a son m?s fuertes que las razones para la tristeza, no el gozo que proporcionan la morfina o la siesta.

A esa alegr?a -os lo juro- no estoy dispuesto a renunciar. Bastar?a la acogida que estas cosillas m?as est?n teniendo para sostenerme. ?Sab?is? Es asombroso cu?nto amor gira sobre el mundo sin que los tontos lo percibamos, cu?nta gente nos quiere sin que lo descubramos, en qu? misteriosos lugares puede germinar nuestra palabra sin que lleguemos a enterarnos.

Hace tres a?os ya empec? este ?cuaderno de apuntes? en A B C, y desde entonces no he cesado de sentirme acompa?ado en mi aventura. Razones para la esperanza, que recogi? la primera parte de estas notas, tuvo un ?xito -para m? asombroso- que le hace andar ya por su tercera edici?n en pocos meses. Este segundo hermano prolonga mi testimonio de fe en la vida. En la vida con min?scula y en la gran Vida con may?scula. Ojala sea ?til para alguien. Ojala caliente alg?n coraz?n. Ojala ayude a alguno a recuperar la le en su propia alegr?a.

P. S.-Una nueva raz?n para la alegr?a: cuarenta y ocho horas despu?s de escrito este prologuillo -en el que yo aprovechaba mi enfermedad para pavonearme un poco de h?roe- el m?dico me concede un mes m?s de ?amnist?a?. Me alegra, claro. Y -despu?s de re?rme un poquito de mi melodram?tica introducci?n- me dispongo a robarle a la enfermedad un mes. 0 dos. 0 todos los que se deje. Y a?ado esta posdata para tranquilidad de mis amigos.

?

Fuente y enlace para descargar el libro completo: http://www.mercaba.org/Libros/Raz%20Alegria.doc


Publicado por mario.web @ 0:32
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios