Domingo, 17 de abril de 2011
Dios obra produciendo siempre lo inimaginable. All?, en el misterio de una metodolog?a y de unos recursos siempre imperfectos, Dios logra, una vez m?s, como aquel d?a junto al pozo de Zicar, que los disc?pulos sean testigos.
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Tiempo de reflexi?n para el catequista
Tiempo de reflexi?n para el catequista
El Esp?ritu Santo est? entre nosotros, y esa es la gran noticia para todos los catequistas, porque significa un nuevo nacimiento, un nuevo inicio, un renacer en la Trinidad Sant?sima que nos fortalecer? en nuestra misi?n de transmisores de la palabra de Dios. El S?mbolo, profesi?n de fe formulada por la Iglesia, nos remite a las fuentes b?blicas, donde la verdad sobre el Esp?ritu Santo se presenta en el contexto de la revelaci?n de Dios Uno y Trinitario.

Jes?s nos env?a el Esp?ritu prometido, para que comprendamos mejor su grandeza y bondad. Es una se?al del amor que nos tiene, pero al mismo tiempo es compromiso y tarea, ya que como cristianos y catequistas, debemos tomar de fuerza de este Esp?ritu enviado, renacer en El y transmitir la buena noticia a todos los hombres. Es un tiempo de reflexi?n, pero tambi?n de crecimiento profundo en nuestra fe, lo que redundar? en la misi?n que tenemos encomendada para con nuestra comunidad.

..La catequesis en el mundo contempor?neo

Jesucristo hoy, presente en la Iglesia por medio de su Esp?ritu, sigue regando con la Palabra del Padre el campo del mundo. La Iglesia contin?a sembrando el Evangelio de Jes?s en el gran campo de Dios. Ella, por medio de una catequesis, en la que la ense?anza social de la Iglesia ocupe su puesto, desea suscitar en el coraz?n de los cristianos "el compromiso por la justicia" y la "opci?n o amor preferencial por los pobres".
Desde ese plano, hoy queremos remarcar la importancia de la ense?anza y el compromiso que deben tener los que ense?an; en este caso, los catequistas.

Hay cosas, que aunque parezcan obvias, nunca est?n dem?s remarcarlas. En el plano de la oraci?n, debe haber una relaci?n profunda entre Jes?s y el que ense?a su palabra. En el plano de la formaci?n, el catequista debe esmerarse en cuidar todos los detalles, para que la palabra llegue limpia, con fuerzas y con la claridad necesaria para que todos comprendan. Y en el plano testimonial, el responsable de transmitir la buena nueva, debe ser un testimonio vivo de esa palabra, para que los que reciban la misma, vean una coherencia cristiana en el actuar del mismo.


.."La catequesis del catequista"

Dios hace a todos los hombres y mujeres el llamado personal e intransferible de una vida, que se recibe como don y que se realiza en libertad. En esta afirmaci?n queda encerrada la clave para una aut?ntica ?tica de la persona. No existe vida alguna que no merezca ser vivida. Con este llamado, Dios ofrece generosamente el llamado a la realizaci?n personal. M?s all? de los condicionamientos m?s d?biles o m?s contundentes ofrecidos por los diversos contextos, cada vida trae consigo el ineludible compromiso de ser y de hacer esto o aquello. Y en la aceptaci?n incondicional de este compromiso quedan comprometidas, no s?lo la felicidad de la persona, sino fundamentalmente su misma ?tica, en tanto ?sta es el modo de obrar, profundamente humano, por el cual el hombre se vuelve con toda la fuerza y la coherencia de su fe, de su inteligencia y de su voluntad a lo que Dios lo invita a vivir. Desde esta perspectiva, el catequista est? llamado a ser entra?ablemente ?l mismo... En la verdad y en la hondura de su identidad resuena el llamado de Dios que lo convoca a ser eco de Cristo, para que muchos hombres y mujeres se encuentren con ?l. ?Cu?nta sinton?a y cu?nta fidelidad! ?C?mo hacerse eco aut?ntico? ?C?mo no ser una caja de resonancia de otras voces y de otros ruidos capaces de distorsionar la verdadera identidad?. En esta disyuntiva existencial: ser o no ser lo que Dios lo invita a ser, queda implicada la naturaleza humana del catequista. Ca?da y redimida. D?bil y fuerte. Imperfecta y llamada a la plenitud. Ser?a impensable un catequista desprovisto de la gracia de Dios. Ser?a impensable un catequista errante, n?ufrago de procesos educativos incapaces de albergarlo.

La naturaleza humana, abierta al auxilio divino de la gracia y al auxilio humano de la educaci?n, se perfecciona y se hace m?s imagen y semejanza de Dios. Se hace tierra f?rtil en la cual Cristo crece, configurando en la personalidad del catequista todas las virtudes que lo hacen capaz de ser lo que Dios lo invita a ser. En este proceso educativo, la catequesis ocupa un lugar propio e inconfundible. A ella le corresponde la educaci?n de la fe. Y el catequista, como hombre de fe, necesita ser permanentemente educado en la fe. Para ser entra?ablemente ?l mismo, el catequista necesita hacerse destinatario de la catequesis. Destinatario de itinerarios formativos dise?ados para ?l, en los cuales la educaci?n en la fe sea intencional y sistem?ticamente favorecida. En el integral entramado de dimensiones diversas asumidas por la formaci?n de los catequistas, tendr? un lugar privilegiado la educaci?n de la fe, en tanto virtud teologal que ha de ser sostenida, fortalecida, animada, informada y testimoniada a lo largo de toda la vida.

Pero, para ser entra?ablemente ?l mismo, el catequista necesita hacerse destinatario, tambi?n, de los procesos catequ?sticos dise?ados para sus catequizandos y catec?menos. All?, en la siempre nueva din?mica del encuentro y del proceso catequ?stico, all? Dios obra produciendo siempre lo inimaginable. All?, en el misterio de una metodolog?a y de unos recursos siempre imperfectos, Dios logra, una vez m?s, como aquel d?a junto al pozo de Zicar, que los disc?pulos sean testigos. Y el catequista se hace destinatario de lo que los catequizandos y catec?menos dicen.
Ana Mar?a Cincunegui

Publicado por mario.web @ 13:56
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