Domingo, 17 de abril de 2011
Darse a otra persona para toda la vida es un acto de libertad, probablemente el m?s sublime y soberano que pueda realizar una persona. Es ser LIBRE con may?sculas
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?Por qu? el matrimonio es para siempre?
?Por qu? el matrimonio es para siempre?
La propia identidad

?Somos libres de volar? No, porque la naturaleza no nos ha dotado de esa capacidad que, en cambio, tienen la mayor?a de las aves. ?Un m?dico puede dejar de serlo? Puede decidir no ejercer esa profesi?n, pero sus conocimientos de Medicina le acompa?ar?n el resto de su vida. La realidad de lo que somos, y de c?mo vamos forjando nuestra propia identidad con nuestra actuaci?n libre, nos impone sus l?mites. Es bueno que sea as?. Y es de sabios aceptarlo.

Lo mismo ocurre con el matrimonio. ?Somos acaso libres de dejar de ser hijos de nuestros padres? No, porque se es hijo, y ?sa es una identidad imborrable, que es para siempre. Nadie lo duda. Pero ?y ser c?nyuges? ?Se puede dejar de ser marido o mujer? Seg?n una visi?n hoy bastante difundida, la respuesta ser?a afirmativa: todos los d?as o?mos hablar de ex-maridos o ex-mujeres, o simplemente, de los "ex". ?Es esto realmente as?? ?O es m?s bien una forma de interpretar una realidad que puede resultar inc?moda? Tratar? de explicarme.

Lo que no es matrimonio

Para muchos el matrimonio no pasa de ser una relaci?n creada por el Derecho o por la autoridad p?blica, un v?nculo o lazo meramente "legal". El matrimonio ser?a una realidad creada por las leyes. En el matrimonio no ser?an las personas las que se vinculan entre ellas, sino que es la ley quien "crea" el lazo matrimonial entre los c?nyuges, como algo externo y distinto de ellos, que no las implica personalmente.

Vistas as? las cosas, ser?a l?gico pensar que, en virtud de la misma autoridad, quien puede "casar" a dos personas, las puede tambi?n "descasar", es decir, puede deshacer esa relaci?n creada por la ley.

Por otro lado, muy a menudo se identifica el matrimonio con una relaci?n sentimental. ?Y qu? son los sentimientos? Movimientos de la afectividad humana, por naturaleza volubles, que hoy son y ma?ana pueden dejar de ser. Cuando las relaciones humanas se basan exclusivamente en los sentimientos, son relaciones d?biles, fr?giles, caducas. Surgen con facilidad, pero se rompen con la misma rapidez con que nacen.

No hay m?s que echar una ojeada a las revistas del coraz?n para comprobar el fluctuar de lo que son simplemente "compa?eros sentimentales". Lo que no dicen esas publicaciones es que detr?s de esos continuos cambios de pareja hay una profunda, aunque a veces inconsciente, frustraci?n. Lo que busca el coraz?n humano es amar y ser amado, y el anhelo del coraz?n es que ese amor sea estable y duradero. Pero esa estabilidad es imposible que se d? en una relaci?n basada solamente en los sentimientos.

?Qu? es entonces casarse?

En primer lugar, la relaci?n matrimonial no la ha inventado nadie; es una realidad originaria, natural, que la persona ?hombre y mujer?"descubre" en s? misma. En el descubrimiento de lo que es el matrimonio, entra en juego el modo de ser de la persona, su modo de relacionarse, su modo de buscar y encontrar la felicidad; en definitiva, su naturaleza.

El matrimonio es una clase espec?fica de relaci?n ?de comunicaci?n? humana, basada en la diversa estructura sexual del ser humano. Esta relaci?n o comunicaci?n, que es propia del matrimonio, tiene como fundamento el amor, que es la fuerza que une. Si hablamos de comunicaci?n, hablamos de dar y recibir. Por eso el amor matrimonial es un amor de donaci?n y de aceptaci?n, espec?fico entre personas sexualmente complementarias: mujer y var?n.

El amor que construye el matrimonio es el amor de donaci?n, un amor que comporta darse y acoger al otro. Este amor es totalmente distinto del amor posesivo, que es un amor ego?sta y perverso, porque quiere al otro exclusivamente por la satisfacci?n que proporciona. El ser humano debe ser querido por s? mismo y se rebela a ser convertido en objeto de placer; por eso, el amor posesivo no puede durar, porque no es amor genuino y termina siempre en conflicto y en ruptura.

En el matrimonio se produce la entrega y la aceptaci?n de las personas: no es una especie de acuerdo o contrato que nos toca externamente, como algo que sucede fuera de nosotros y no influye en la configuraci?n de nuestra personalidad. Si compramos un coche o vendemos un piso, no se ve afectado nuestro ser, nuestra identidad personal. La entrega matrimonial, en cambio, nos afecta ?ntimamente. Veamos por qu?.

Por una parte, entregarse es ejercitar nuestra libertad: s?lo puede entregarse quien es libre y tiene dominio sobre su propio ser presente y futuro. Darse a otra persona para toda la vida es un acto de libertad, probablemente el m?s sublime y soberano que pueda realizar una persona. Es ser LIBRE con may?sculas.

Darse a otro y aceptarlo como marido o mujer afecta adem?s a nuestra identidad personal. Cuando hay donaci?n y hay aceptaci?n de lo dado, se produce como efecto la pertenencia: lo dado pasa a ser de otro. Cuando se da algo a un amigo, y ?ste lo acepta, deja de pertenecernos para pasar a ser propiedad del otro. Pues bien, en el matrimonio, la mutua donaci?n y aceptaci?n producen como resultado l?gico, la mutua pertenencia entre los esposos.

El matrimonio es el paso del "t? y yo" del noviazgo al "nosotros": esa identidad com?n de los que se pertenecen y que no es mera convivencia, estar "junto a"; es mucho m?s que "estar con", colaborando para hacer algo juntos. Es un nuevo modo de ser y de estar en el mundo, porque cada uno de los esposos ha decidido libremente ser del otro y aceptar al otro como parte del propio ser.

La verdadera entrega

Como ven?amos diciendo, lo que se entrega en el matrimonio son las personas, no algo externo a ellas. Hablar de entre a de las personas es algo muy distinto que hablar de entrega de cosas. La donaci?n de personas, si es verdadera, exige la totalidad, porque si fuera parcial ?a prueba, por un tiempo? supondr?a tratar a la persona como objeto, como mercanc?a. Las personas no se prueban, se quieren y se aceptan tal como son; una prueba colocar?a a la persona al mismo nivel que un electrodom?stico o que un animal.

?Y qu? significa darse totalmente a otro? Para los seres que estamos sometidos al tiempo, dar la totalidad del ser implica entregarse con proyecci?n de futuro: entregar la persona es entregar toda la biograf?a, toda la vida futura. Es hacerse del otro para siempre, mientras ambos vivan.

Hemos dicho hace un momento que la mutua pertenencia crea una nueva identidad personal: "ser marido de", "ser mujer de". Ser c?nyuge no es algo pasajero, transitorio, que se hace y se deshace. No es un rol que atribuye la ley o la sociedad. No "se hace de" marido o de mujer, como no "se hace de" hijo o de padre, sino que "se es" padre, madre, hijo, hermano...

Ser marido y ser mujer son identidades familiares, como lo son las que tienen su origen en la sangre: filiaci?n, fraternidad; es, incluso, m?s fuerte, puesto que entre c?nyuges hay mutua pertenencia, mientras no la hay entre padres e hijos.

La identidad, lo que cada uno somos, no se pierde, es para siempre. Si se perdiera, dejar?amos de ser lo que somos. Quien intenta ignorar la realidad o encubrirla intentando que la ley "disuelva" lo que es indisoluble, no s?lo se enga?a, sino que se est? haciendo da?o a s? mismo, negando lo que es su propia identidad.

Aceptar la realidad

Que el matrimonio entendido como entrega total de las personas es para siempre, puede ser algo relativamente f?cil de entender, a nivel te?rico. Otra cosa es que esta realidad resulte dif?cil de aceptar: pero aqu? nos situamos en otro plano. Es la dureza del coraz?n lo que ha hecho que el hombre intente negar ese modo de ser del matrimonio, o busque "v?as de salida" que, sin negar la teor?a, la rechazan en el plano de los hechos.

Y la dureza de coraz?n se traducir?a hoy en la incapacidad de amar de acuerdo con lo que la persona es y se merece. Y es que para que haya matrimonio hace falta que haya amor conyugal: un amor verdaderamente humano, que comprende la dimensi?n sensible y la afectiva -el amor sentimental- y tambi?n la inteligencia y la voluntad, la libertad; al casarse se dice no s?lo "te quiero", sino "te quiero y quiero quererte porque eres para siempre parte de mi ser".

Hay parejas que acuden a contraer matrimonio con un amor inmaduro, un amor sentimental y, en el fondo, ego?sta; que no quieren comprometerse, no quieren entregarse, y por eso piensan en romper si hay problemas; o no quieren tener hijos porque son una "atadura"; o pretenden seguir manteniendo otras relaciones, etc. Se confunde casarse con el simple "vivir con" mientras ese "con-vivir" satisfaga a ambas partes. No hay en estos casos amor conyugal y no hay, por tanto, matrimonio.

Hay parejas que se casan realmente y, a pesar de los esfuerzos ?de uno o de los dos?, surgen problemas sin soluci?n; hay situaciones ante las que no se puede hacer nada m?s que aceptar la cruz: la cruz de la enfermedad, del abandono...

Pero hay muchas m?s parejas que se casan de verdad, pero dejan que su amor se apague. No basta casarse y dejar que pase el tiempo. El amor hay que cultivarlo con miles de detalles. Y a la vez hay que conocer las etapas de la vida y del amor. El amor debe manifestarse de muchas maneras, tambi?n en forma de perd?n, de olvido. El amor debe reinventarse a lo largo de la vida matrimonial: muchas veces habr? que recomenzar, volviendo al amor inteligente de la primera etapa del matrimonio, aqu?l que no desaprovechaba ninguna ocasi?n para la conquista. No hay que ver el matrimonio como un punto de llegada; al contrario, el matrimonio es un punto de partida. El "s?" del matrimonio se proyecta al futuro.

Amar es importante, pero es m?s importante querer amar Querer amar como decisi?n de la voluntad libre, que se proyecta hacia el futuro. Y quiere amar as? quien se entrega totalmente al otro en el matrimonio. ?se es el amor duradero al que aspira ?ntimamente el coraz?n humano. S?lo ese amor tiene voz para decir para siempre.

Publicado por mario.web @ 14:07
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