Lunes, 18 de abril de 2011
Biograf?a de la religiosa que dedicara su vida a trabajar en grandes causas sociales dignificando el trabajo y creando fraternidad entre los obreros que estuvieron alejados de la Iglesia y no hab?an podido recibir instrucci?n cultural, moral ni religiosa
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Mar?a Dolores Rodr?guez Sope?a (1848-1918)
Mar?a Dolores Rodr?guez Sope?a (1848-1918)
Dolores Rodr?guez Sope?a nace en V?lez Rubio (Almer?a), el 30 de diciembre de 1848, cuarta entre siete hermanos. Sus padres, Tom?s Rodr?guez Sope?a y Nicolasa Ortega Salom?n, castellanos, se hab?an trasladado desde Madrid a esa localidad por motivos de trabajo. Don Tom?s hab?a terminado su carrera judicial demasiado joven, por lo que no pod?a ejercer y consigue un empleo como administrador de las fincas de los marqueses de V?lez.

Su infancia y adolescencia transcurren en distintos pueblos de las Alpujarras pues, cuando su padre empieza a ejercer como magistrado sufre a lo largo de su carrera diversos traslados. Con todo, ella define esta etapa de su vida como un ?lago de tranquilidad?. En 1866, su padre es nombrado Fiscal de la Audiencia de Almer?a. Dolores tiene 17 a?os. All? empieza a frecuentar la sociedad, pero a ella no le llamaban la atenci?n las fiestas ni la vida social; su inter?s es hacer bien a los dem?s. En Almer?a tiene sus primeras experiencias apost?licas: atiende, material y espiritualmente, a dos hermanas enfermas de tifus y a un leproso, todo ello a escondidas por miedo a que se lo prohibiesen sus padres. Tambi?n visita a los pobres de las Conferencia de San Vicente de Pa?l con su madre. Tres a?os m?s tarde, su padre es trasladado a la Audiencia de Puerto Rico, donde viaja con uno de sus hijos mientras el resto de la familia se instala en Madrid. En la capital Dolores ordena mejor su vida: elige un director espiritual y colabora ense?ando la doctrina en la c?rcel de mujeres, en el hospital de la Princesa y en las Escuelas Dominicales.

En 1872, la familia se re?ne en Puerto Rico. Dolores tiene 23 a?os y permanecer? en Am?rica hasta los 28. Empieza su contacto con los jesu?tas. El P. Goicoechea fue su primer director espiritual. All? funda la Asociaci?n de Hijas de Mar?a y Escuelas para las personas de color donde se alfabetiza y ense?a el catecismo.

En 1873, su padre es nombrado Fiscal de la Audiencia de Santiago de Cuba. Son tiempos dif?ciles, pues estalla un cisma religioso en la isla. Por este motivo, su acci?n se reduce a visitar a los enfermos del hospital militar. Pide la admisi?n en las Hermanas de la Caridad, pero no lo consigue por su falta de vista. A la edad de 8 a?os hab?a sido operada de los ojos y esta dolencia la acompa?ar? toda la vida.

Al terminar el cisma empieza a trabajar en los barrios marginales y funda lo que ella denomina ?Centros de Instrucci?n?, pues en ellos no s?lo se ense?aba el catecismo sino cultura general e incluso se prestaba asistencia m?dica. Para esta obra consigue muchas colaboradoras y la establece en tres barrios distintos.

En Cuba muere su madre, su padre pide el retiro y vuelven a Madrid en 1877. En Madrid organiza su vida en tres frentes: el cuidado de la casa y de su padre, el apostolado, el mismo que hac?a antes de dejar la Pen?nsula, y su vida espiritual: elige director espiritual y empieza a hacer anualmente los Ejercicios Espirituales de san Ignacio. En 1883 muere su padre y se reavivan sus luchas vocacionales.

Por indicaci?n de su director, el P. L?pez Soldado sj, ingresa en el convento de las Salesas, pese a que nunca se hab?a planteado una vida enteramente contemplativa. A los diez d?as deja el convento pues comprob? no ser su vocaci?n. Al salir se dedica con m?s intensidad al apostolado.

Abre una ?Casa Social? donde se tramitan los diversos asuntos que salen en sus visitas al hospital y a la c?rcel. En una de sus visitas a una de las presas que acababa de quedar en libertad, conoce el Barrio de las Injurias. Corre el a?o 1885. Dolores tiene 36 a?os.

Al ver la situaci?n moral, material y espiritual de la gente, empieza a visitar el barrio todas las semanas e invita a muchas de sus amigas. Ah? empezar? la que luego se denominar? ?Obra de las Doctrinas?, antecedente de sus ?Centros Obreros?.

A sugerencia del obispo de Madrid, D. Cir?aco Sancha, en 1892 funda una Asociaci?n de Apostolado Seglar hoy denominado ?Movimiento de Laicos Sope?a?. Al a?o siguiente recibe la aprobaci?n civil. La Obra se extiende en 8 barrios de la capital.

En 1896 empieza su actividad fuera de Madrid. Pese a la oposici?n de la Asociaci?n, acepta fundar la Obra en Sevilla. Fruto de muchos malos entendidos, dimite como Presidenta en Madrid al a?o siguiente y se establece en Sevilla. En s?lo cuatro a?os realiza 199 viajes por toda Espa?a para establecer y consolidar la Obra de las Doctrinas. A su vez, acompa?a al P. Tar?n, sj, en algunas misiones por Andaluc?a.

En el a?o 1900 participa en una peregrinaci?n a Roma por el A?o Santo. Hace un d?a de retiro en el sepulcro de San Pedro y all? recibe la confirmaci?n de fundar un Instituto Religioso que diera continuidad a la Obra de las Doctrinas y que ayudara a sostener espiritualmente a la Asociaci?n laical. El Card. Sancha, entonces ya arzobispo de Toledo, le propone fundar all?.

El 24 de septiembre de 1901, en Loyola, despu?s de unos Ejercicios Espirituales realizados junto con 8 compa?eras, se levanta acta de fundaci?n del ?Instituto de Damas Catequistas? (hoy ?Instituto Catequista Dolores Sope?a?), aunque la fundaci?n oficial fue el 31 de octubre en Toledo.

Una de sus grandes intuiciones fue fundar, al mismo tiempo, una Asociaci?n civil, hoy llamada ?Obra Social y Cultural Sope?a - OSCUS?, que, en 1902, consigue el reconocimiento del gobierno. En 1905 recibe de la Santa Sede el Decretum laudis y, dos a?os m?s tarde, el 21 de noviembre de 1907, la aprobaci?n de las Constituciones concedida directamente por S.S. P?o X.

Durante estos a?os, sus ?Doctrinas? se fueron transformando en ?Centros Obreros de Instrucci?n?, pues a ellos asist?an obreros fuertemente influenciados por el anticlericalismo y no pod?a pretenderse la ense?anza de la religi?n directamente. Esto tambi?n determina que las religiosas de este Instituto no lleven h?bito y ni siquiera un signo religioso externo. Cambia sus medios y sus m?todos para poder conseguir el fin: acercarse a los obreros ?alejados de la Iglesia?, que no hab?an podido recibir instrucci?n cultural, moral ni religiosa y unir a los ?distanciados socialmente?, entonces, ?la clase obrera y del pueblo? con la ?alta y acomodada?. Esto lo resume en dos l?neas de acci?n: dignificar al trabajador y crear fraternidad.

Detr?s de su entrega al servicio de los dem?s est? una fe profunda y aut?ntica, una rica espiritualidad. Su compromiso por la dignidad de la persona brota de su experiencia de un Dios Padre de todos, que nos ama con una ternura infinita y desea que vivamos como hijos y hermanos. De all? su gran deseo de ?Hacer de todos una sola familia en Cristo Jes?s.? Su gran uni?n con Dios le permite descubrirlo presente en todo y en todos, especialmente en los m?s necesitados de dignidad y afecto.

Salir al encuentro de cada persona en su situaci?n, introducirse en los barrios marginales de la ?poca, era inconcebible para una mujer a finales del siglo XIX. El secreto de su audacia es su fe, esa confianza sin l?mites, que ella reconoce como su mayor tesoro y que la hace sentirse instrumento en manos de Dios, instrumento al servicio de la fraternidad, del amor, de la misericordia, de la igualdad, de la dignidad, de la justicia, de la paz...

En pocos a?os, establece comunidades y Centros en las ciudades m?s industrializadas de entonces. En 1910 se celebra el primer Cap?tulo General y es reelegida Superiora General. En 1914 funda en Roma y en 1917 viajan las primeras Catequistas para abrir la primera casa en Am?rica, concretamente en Chile.

Al a?o siguiente, el 10 de enero de 1918, Dolores Sope?a muere en Madrid con fama de santidad.

El d?a 11 de julio de 1992, Juan Pablo II declara heroicas sus virtudes y el 23 de abril de 2002 se promulg? el Decreto de Aprobaci?n del milagro que ha dado paso a su Beatificaci?n.

Actualmente la Familia Sope?a, formada por las tres instituciones que dej? fundadas, es decir, el Instituto Catequistas Dolores Sope?a, el Movimiento de la Laicos Sope?a y la Obra Social y Cultural Sope?a, est? presente en Espa?a, Italia, Argentina, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, M?xico y Rep?blica Dominicana.

Rasgos de su espiritualidad

La espiritualidad de Dolores Sope?a tiene cuatro rasgos especialmente relevantes: es una espiritualidad cristoc?ntrica, eucar?stica, mariana e ignaciana.

Su experiencia cristol?gica destaca en Jes?s dos rasgos fundamentales: Jes?s como Dios encarnado y Jes?s redentor. Dios ha asumido la condici?n humana y sale al encuentro de cada persona en sus penas y alegr?as, necesidades y b?squedas, ofreci?ndole de manera gratuita su amor incondicional y su propia vida. ?l es el centro de su vida y de su coraz?n.

Dialoga con Jes?s a lo largo de toda la jornada, pero reconoce una presencia especial en la forma consagrada. Entre sus pr?cticas habituales sobresalen: las visitas al Sant?simo, la Hora Santa, el Manifiesto diario. Llama al Jueves Santo el d?a del Instituto, porque ese d?a es la fiesta del Amor y en ?l se instituy? la Eucarist?a. Ante el sagrario toma las grandes decisiones; ante ?l cada ma?ana al levantarse ?arregla los asuntos del d?a?, recibe consuelo, fortaleza, inspiraci?n.

Su relaci?n con Dios se expresa en una actitud filial llena de confianza.

Reconoce la presencia de la Virgen en su camino, en su coraz?n, en los grandes acontecimientos personales y del Instituto.

El contacto con la espiritualidad ignaciana desde muy joven, sea a trav?s de sus directores espirituales como por la pr?ctica anual de los Ejercicios Espirituales, dan a toda su espiritualidad y a la de la Familia Sope?a una impronta claramente ignaciana, en la que destaca:

Una fuerte espiritualidad apost?lica. Toda su vida est? animada por el deseo de recorrer el mundo entero para dar a conocer a Dios.

Una s?ntesis dial?ctica entre acci?n y contemplaci?n, alcanzando la gracia de ver a Dios presente en todo y en todos, especialmente en el rostro del hombre y la mujer del trabajo, necesitados de promoci?n y a quienes nadie les hab?a hecho descubrir el rostro amable de Dios que los ama con infinita ternura.

Una b?squeda continua de la voluntad de Dios. Y, una vez que la conoc?a, ten?a un gran tes?n, voluntad y capacidad de entrega y sacrificio para cumplirla, costase lo que costase.

Su vida es un ?hacer constante?, pero es un hacer de quien tiene viva la conciencia de ser un instrumento en manos de Dios. Esta experiencia desarrolla en ella una confianza tal que la hace ser muy audaz, capaz de allanar obst?culos y desarrollar un apostolado sumamente arriesgado para una mujer de su tiempo.

Publicado por mario.web @ 18:25
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