Lunes, 18 de abril de 2011
La catequesis inicial de los ni?os y adolescentes es un reto. ?C?mo concebirla en el mundo que se acerca?
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El reto de la iniciaci?n de los j?venes
El reto de la iniciaci?n de los j?venes
La catequesis inicial de los ni?os y adolescentes es un reto. ?C?mo concebirla en el mundo que se acerca? Lo que est? en juego, me parece, es darle una forma verdaderamente inici?tica a la catequesis de las j?venes generaciones.

La catequesis inicial de los ni?os y adolescentes es un reto. Abordo aqu? el ?mbito m?s tradicional de la catequesis, ?se en el que se piensa espont?neamente cuando se habla de catequesis. Esta catequesis de los ni?os y adolescentes sigue siendo, por supuesto, una exigencia esencial. ?Pero c?mo concebirla en el mundo que se acerca? Lo que est? en juego, me parece, es darle una forma verdaderamente inici?tica a la catequesis de las j?venes generaciones. A este respecto, as? como lo destacan los textos de la Iglesia, en particular el par?grafo 90 del nuevo Directorio General para la Catequesis, la catequesis de los j?venes bautizados tomar? el catecumenado como modelo y se dejar? inspirar por sus elementos esenciales.


1. Una catequesis articulada con la catequesis de toda la comunidad.
Es importante que la catequesis de los ni?os y adolescentes se apoye en la vida de la comunidad y en la catequesis de la misma. De esta forma, los ni?os y adolescentes percibir?n que su propia catequesis es parte de la organizaci?n catequ?tica comunitaria y que, con ellos y junto a ellos, tambi?n otras personas integrantes de la comunidad est?n participando de actividades catequ?ticas, que var?an, por supuesto, con las circunstancias propias del caminar en la fe.

2. Una pedagog?a que favorezca la inmersi?n.
La catequesis tendr? siempre un aspecto de instrucci?n y de ense?anza. Pero aunque este aspecto did?ctico logre hacer comprensible la fe, no basta para que ?sta llegue a ser deseable. Adem?s es necesario ver, tocar, sentir..., ya que la percepci?n de la fe pasa tambi?n por los sentidos. Los procesos inici?ticos involucran todo el ser, haci?ndole experimentar una vivencia mediante la inmersi?n en la realidad que se va a vivir: inmersi?n comunitaria, inmersi?n lit?rgica, inmersi?n en el compromiso por un mundo mejor. El texto con las orientaciones de la catequesis de los obispos de Francia habla, a este respecto, de "ba?o eclesial". Esta inmersi?n deriva de la pedagog?a evang?lica del "venid y ved". En esta ?ptica inici?tica, el catequista no es solamente un testigo, un instructor, un animador, un compa?ero; es tambi?n un "mediador", es decir, el que muestra y hace ver, facilita el descubrimiento del medio, pone en relaci?n, establece v?nculos personales y favorece as? la aparici?n de un sentimiento de pertenencia a la comunidad cristiana. El (la) catequista es, hasta cierto punto, quien actualiza las virtualidades catequizantes de toda la comunidad.

3. Una pedagog?a que apuesta a la libertad de avanzar a trav?s de una amplia gama de posibilidades.
Hemos estado acostumbrados a una catequesis que ofrece cursos uniformes, con etapas que deben finalizarse a edades determinadas. Pero cabe aqu? preguntarse si esta programaci?n preestablecida favorece suficientemente el deseo y la libertad de los catequizados. Nos lamentamos cuando muchos adolescentes ejercen su libertad al t?rmino de la iniciaci?n cristiana, abandonando toda pr?ctica. Se les echa en cara su infidelidad o ligereza, mientras que ellos, por su parte, tienen el sentimiento de emanciparse de su condici?n infantil y de crecer. M?s vale, pues, favorecer el ejercicio de la libertad desde el comienzo del proceso catequ?tico.


La propuesta catecumenal es un modelo a este respecto. El proceso catecumenal est? estructurado de tal forma, que existen una serie de etapas con sus respectivas metas. Pero la manera de recorrer cada etapa, el tiempo destinado para ello, va a variar seg?n las personas. Abandonemos, pues, las edades determinadas de antemano para tal o cual etapa de iniciaci?n. Procuremos, por el contrario, que si el ni?o comulga, si el adolescente proclama su fe, no sea porque lleg? a la edad prevista para ello, sino porque su deseo ha madurado, y libremente ha hecho la solicitud para recibir el sacramento. Con todo, no se trata de esperar pasivamente a que el deseo nazca; esto llevar?a, por dem?s, a relegar a los ni?os provenientes de familias culturalmente necesitadas. No. Es necesario estimular el deseo de los infantes y adolescentes, ofreciendo sistem?ticamente catequesis por grupos de edad. A trav?s de lo que se les ofrece, ser? necesario velar para que surja el deseo en cada ni?o, ni?a o adolescente, en relaci?n con sus pares, en una din?mica de grupo, y en contacto con los adultos, de tal forma que sean ellos y ellas, como sujetos de la catequesis, quienes determinen el momento conveniente de avanzar a tal o cual etapa de su proceso de iniciaci?n.

4. Una catequesis presacramental y postsacramental equilibradas.
Cuando se retoma la tradici?n catecumenal, conviene prever en el proceso de iniciaci?n, tanto la catequesis que sigue a los sacramentos como la catequesis de preparaci?n a los mismos. Las catequesis postsacramentales o mistag?gicas, en particular, podr?an ser la ocasi?n de encuentros intergeneracionales. Recordemos que, en la pr?ctica catecumenal de los primeros siglos, toda la comunidad estaba invitada a participar en la catequesis mistag?gica de los ne?fitos. ?sta era la forma como la comunidad acog?a a los nuevos bautizados, y tambi?n la manera de entrar con ellos, y gracias ellos, en una catequesis permanente. A este respecto, ser?a muy oportuno favorecer en la actualidad las catequesis postsacramentales, las cuales se caracterizar?an por abrir espacios para el di?logo entre j?venes y adultos, lo que implicar?a el mutuo testimonio de fe, benefici?ndose as?, tanto los unos como los otros..


5. Catequesis en redes que superen el nivel local.
La catequesis de los ni?os y adolescentes no podr?a circunscribirse ?nicamente al nivel parroquial local. Este nivel, por supuesto, es esencial; all? la comunidad cristiana tiene un rostro concreto y familiar. Recordemos, no obstante que, como en el catecumenado, no es la comunidad local aislada la que engendra la fe, sino la Iglesia diocesana en la que ella se inserta, y a trav?s de la cual entra en comuni?n con la Iglesia universal. De aqu? la importancia de la llamada decisiva por parte del obispo en el proceso catecumenal. Desde este punto de vista, es importante que la catequesis de los ni?os y adolescentes, aunque realiz?ndose localmente, se conecte, a fortiori, con movimientos o redes (Taiz?, Jornada Mundial de la Juventud, Movimiento Eucar?stico Juvenil, etc.) que van m?s all? del nivel local, sobre todo cuando los recursos locales faltan. En estos tiempos de globalizaci?n, la catequesis no puede abstenerse de hacer experimentar a las j?venes generaciones la diversidad y el alcance de la comunidad cristiana, y ha de hacerlo no s?lo te?ricamente, por medio de informaciones, sino tambi?n de manera pr?ctica, mediante la participaci?n en diversas iniciativas, en particular interparroquiales, o en redes que permitan hacer contactos y crear v?nculos m?s all? del nivel local.

6. Nuevos ritmos y derroteros.
Por ?ltimo, me parece que es necesario reconsiderar los ritmos y los derroteros del proceso de iniciaci?n ofrecido a los j?venes. La siguiente hip?tesis plantea una renovaci?n que toca aspectos fundamentales, pero sin pretender revolucionarlos, al tiempo que evita transiciones bruscas. En la actualidad, es un hecho que los j?venes alcanzan generalmente una situaci?n relativamente estable en lo profesional, lo afectivo y lo social, a partir de los 25 a?os. Por lo tanto, desde el punto de vista de la iniciaci?n en la fe cristiana, se debe aprovechar este largo per?odo, para proponer algunas etapas rituales inspiradas en el catecumenado.

Publicado por mario.web @ 18:51
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