Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Gloria M? Tom?s y Garrido, Profesora de Bio?tica, Universidad Cat?lica San Antonio (Murcia) nos dice: El cine, como todo arte, como la literatura es fuente para ampliar, profundizar y enriquecer la experiencia f?ctica del hombre.
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El cine transmisor de valores
El cine transmisor de valores
1. UNA RELACI?N ENRIQUECEDORA: CINE Y BIO?TICA

Desde hace varias d?cadas el valor de la vida humana est? sufriendo una especie de eclipse. "Nuestras tinieblas son las luces del diablo", explicitar? C.S. Lewis[1], en tanto que la ofuscaci?n nos viene no s?lo desde nosotros mismos, sino tambi?n desde fuera. Encontrar nuevos modos de respetar y defender nuestra propia vida y la de los dem?s es un reto importante.

La persona humana, junto con su excedencia de ser y sus posibilidades de infinito, de autorrealizaci?n, est? atravesada de indigencia, lleva en s? su autodestrucci?n. Los deberes del hombre, en cuanto hombre, para lograr los bienes a los que aspira y luchar contra los males que le acechan son parte del descubrimiento de su propia e irrenunciable realidad y conducen necesariamente a la primac?a del orden moral sobre todos los dem?s. Las acciones se juzgan como un todo, y no como consecuci?n de fines particulares, cuyos objetivos, libremente elegidos son en cierta medida relativos.

Frente a los fines particulares el fin propio del hombre se halla de antemano en nosotros como aquella suprema aspiraci?n constitutiva que tradicionalmente se ha traducido como felicidad[2]. Por ello, la aportaci?n decisiva que el hombre hace a la historia es la realizaci?n del bien moral[3], que es la b?squeda y el hallazgo del aut?ntico y verdadero gozo humano.

El modelo de perfecta felicidad que cada uno lleva dentro de s? nos impulsar a un "estar buscando", un continuo "estar anticip?ndose". Existencialmente la persona se dirige hacia ese camino infinito bajo condiciones de finitud: en la vida humana indefectiblemente aparece el dolor, la insatisfacci?n. Es en este clima donde la ?tica, como ciencia de los fines y de los medios, orienta el caminar humano.

La naturaleza humana es una instancia moral ??tica- de apelaci?n. Pensar que no podemos hacer m?s que una descripci?n del lenguaje moral es antinatural. No es la ?tica una elaboraci?n de la raz?n en el vac?o, sino una elaboraci?n de la raz?n con datos, muchos de los cuales son independientes de nuestro pensar y de nuestro querer, otros los vamos conociendo, pero comprobamos que nunca los conocemos del todo. Por eso, para actuar, necesitamos, adem?s de nuestro razonamiento independiente, contar con modelos humanos. Algunos, como paradigmas del actuar humano, pueden encontrarse en el cine.

Una ?tica realista es la que admite normas practicables. Las normas no se realizan, lo que se realizan son actos del cumplimiento de las normas; es imposible realizar todas las normas. Las normas cumplibles, no ut?picas, son las que tienen en cuenta la naturaleza del hombre[4].

Cuando la ?tica incide en la corporalidad humana, se concreta en el ?mbito bio?tico. La formaci?n bio?tica traspasa la posibilidad de actuar honestamente cumpliendo unas normas y se asienta en un horizonte de significado m?s completo, antropol?gico. Desde este supuesto, la Bio?tica crea puentes entre tradici?n y progreso, teor?a y pr?ctica, ley y vida, t?cnica y humanidad, ciencia y ?tica.

Tal como se viene desarrollando el cine, aunque no de modo continuo ni lineal, s? que se vislumbra como un instrumento para preguntarse sobre los porqu?s del vivir e incluso sobre las respuestas a estos eternos interrogantes. Se exige, por parte del espectador, elegir cine que transmita lo perenne del ser humano. Por ello, interesa centrarse en pel?culas en las que se aprehende el pensamiento po?tico, que une lo que parece que no se puede unir ?lo parad?jico- y que convierte el arte cinematogr?fico en una forma adecuada de expresar las ideas y los sentimientos. Obras en las que el espectador experimenta una conmoci?n profunda, purificadora; como si al contemplarla, se tomase conciencia de los mejores aspectos de nuestro ser, que se explayan, tal como he explicado en trabajos anteriores (cfr. ?Un an?lisis de la vida humana a trav?s del cine?, 2001)

En 1907 Edmond Ben?it-evy, con el pseud?nimo de Francis Moir, public? un sorprendente art?culo en Phono-Cin?-Gazette al que corresponde el siguiente fragmento: ??Qu? es una pel?cula? ?Es s?lo una mercanc?a corriente que se puede comprar y usar como uno quiera? No, y a causa de creerlo as? la industria del cine ha llegado a su crisis actual. Una pel?cula es un ??nico bien art?stico y literario?. Quiz?s podr?amos a?adir ?y ?tico?.

Se ha dicho que el cine es un producto s?ntesis: recoge en sus im?genes la tradici?n pict?rica, pl?stica y teatral del pasado; integra los logros sonoros de la radio, los luminosos de la fotograf?a, los verbales de la literatura y del teatro, y el encanto de la m?sica. Desde esta visi?n, en lugar del s?ptimo arte se podr?a afirmar que es el compendio de todas ellas. Ha sido el arte del siglo XX t?cnicamente m?s complejo, m?s elaborado. El cine puede pretender la profundidad de la poes?a, lograr la imagen est?tica de la pintura, simular las tres dimensiones de la escultura, establecer el h?bitat de la arquitectura a trav?s de la recreaci?n de escenarios materiales y humanos, mostrar el di?logo de la novela y el movimiento del teatro. Estamos ante una de las modalidades art?sticas m?s influyentes. Por todo ello, el cine tambi?n parece un veh?culo adecuado y actualizado para el perfeccionamiento del conocimiento bio?tico, puede ser un reproductor fiel y fascinante de la vida humana en todas sus facetas.

2. EL CINE DESDE EL ESPECTADOR

El arte cinematogr?fico se dirige a todos, con la esperanza de despertar una impresi?n que sea sentida, de desencadenar una conmoci?n emocional que sea aceptada. Puede transmitir una energ?a espiritual de la que tan hambrientos estamos; el arte surge y se desarrolla all? donde existe el ansia incansable de lo espiritual.

El cine nunca nos podr? contar la verdad completa sobre nosotros mismos, sin embargo, s? que le podemos exigir que no nos oculte nada sobre nosotros mismos y por ese trecho se ha metido el ?ltimo cine europeo[5].

?Estoy seguro de que mucha gente se mete en los cines con el fin de explorar un poco la Humanidad?, explica Harvey Keitel, protagonista de La zona gris (2001), tercer largometraje de Tim Blake Nelson, pel?cula que analiza la pr?ctica del mal en estado puro. El inter?s profesional del actor por su personaje coincidi? con el inter?s de la persona y del jud?o que es Harvey Keitel por las tinieblas de Auschwitz.

El mismo planteamiento se hace el veterano Christopher Lee con respecto El se?or de los anillos (2001), la pel?cula de Peter Jackson basada en el cl?sico de J. R. Tolkien. Dieciocho meses de rodaje, trescientos cuarenta y tres millones de pesetas de presupuesto y un secretismo sin precedentes han convertido la saga (dividida, como el libro, en tres) en un acontecimiento cinematogr?fico: ?La pel?cula es algo m?s que la lucha entre el bien y el mal. Es una fantas?a sobre el amor, la amistad, la lealtad, la fortaleza, la debilidad y la corrupci?n. Un amplio abanico de cualidades humanas e inhumanas?.

3. EL CINE VEH?CULO DE VALORES

Quiz?s desde los a?os treinta, la normativa del cine se significaba en defenderlo como entretenimiento, lo que aparentemente aparece como un arte menor. Sin embargo, la importancia humana de pasar un cierto tiempo distendido ?sin otro fin! Es algo universalmente reconocido como v?lido, incluso como necesario. Se podr?a afirmar que facilita obtener una visi?n adecuada de la personalidad de alguien al ponderar y analizar el tipo de distracciones con las que disfruta y a las que se dedica en su tiempo libre, incluso con las que sue?a.

Junto a la sencillez de pasar un buen rato, puede ser tambi?n el encuentro con las personas, con uno mismo, con las cosas, con el arte; ocasi?n de admirar, de contrastar, de convivir con ideales y modelos de vida que esculpen el tiempo y a nosotros mismos, por impregnarnos la complejidad de argumentos, de interpretaciones, de la puesta en escena, de tantos aspectos que reflejan la realidad viva que nos ata?e.

Incluso puede ocurrir, que supere la realidad que nos impregna, pues si una pel?cula tiene valor est?tico, nos atraer? mejor por las interconexiones po?ticas que se salen de la realidad; si, adem?s, entra?a un modelo ?tico, nos mostrar? unos significados para que en lo ordinario descubramos tantos peque?os extraordinarios que son los que nos humanizan y hermanan. Cine como escuela complementaria de la bondad y de la belleza que anhela toda persona.

Esta afirmaci?n es ratificada por el cineasta Tarkoswki cuando apunta que en el buen cine, se conjugan el arte y la ciencia, como dos de las formas de apropiarse del mundo, en tanto que formas del conocimiento del hombre en camino hacia la verdad absoluta.

En 1997, Abbas Kiarostami (Teher?n, 1940) conquistaba la Palma de Oro del Festival de Cannes con El sabor de las cerezas. Fue el primer cineasta iran? galardonado con este premio.

La dificultad para recibir a Kiarostami en Occidente es la dificultad para captar que el cine pueda ser un veh?culo para la poes?a y la reflexi?n sobre lo transcendente. En su obra el sonido sustituye a la imagen siempre que es posible, porque el sonido es m?s evocador que la imagen y aumenta la libertad de espectador.

Kiarostami pretende que el p?blico haga el esfuerzo de encontrar en la repetici?n de escenas la misma emoci?n que encuentra en la coordinaci?n o estribillo de un poema. Y utiliza la elipsis, esa dolorosa ausencia narrativa, para que el espectador rellene los huecos con sus deseos. Globalmente trata de llamar la atenci?n sobre dos cuestiones de fondo: la sacralidad del hombre y la poes?a de lo cotidiano[6]. ?No est? en ese meollo la esencia genuina de muchos valores humanos?
Volviendo otra vez a El Se?or de los Anillos, Joseph Pearce, convertido al catolicismo y autor de Tolkien: el mito ha hecho un estudio detallado de los valores evang?licos que surgen en esta pel?cula. En la caracterizaci?n del hobbit, el m?s improbable de los h?roes, muestra la exaltaci?n de la humildad. En la figura de Gandalf, encuentra el arquetipo de un patriarca del Antiguo Testamento, su bast?n es similar al poder de la vara de Mois?s; en su aparente ?muerte? y ?resurrecci?n?, equivale a una figura semejante a Cristo. Su ?resurrecci?n? se convierte en su transfiguraci?n. Antes de entregar su vida por su amigos era Gandalf el Gris; despu?s, se convierte en Gandalf el Blanco. El personaje de Gollum es degradado por su apego al Anillo, el s?mbolo del pecado de orgullo. El poseedor del Anillo es pose?do por su posesi?n y, en consecuencia, es despose?do de su alma. El portador del Anillo siempre se hace invisible a aquellos que son buenos, pero al mismo tiempo se hace m?s visible a los ojos del mal. Por ?ltimo, el hecho de llevar el anillo por parte de Frodo, y su heroica lucha por resistir a la tentaci?n de sucumbir a sus poderes mal?ficos, es semejante al llevar la Cruz, el supremo acto de olvido de s?.

3. LA PERSONA A TRAV?S DEL CINE: ALGUNOS EJEMPLOS

Pel?culas de siempre y cine futurista; narraci?n lineal, efectos especiales o esperp?nticos; arte y t?cnica. Los soportes cinematogr?ficos facilitan ?dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas?, tal como ve?a Arist?teles el significado del arte. A continuaci?n, a trav?s de una selecci?n aleatoria de buenas pel?culas se confirman las argumentaciones de este estudio, que abren un camino de reflexi?n.

A) LA INFANCIA[7]

A finales de 1999 brillaron con luz propia tres obras excepcionales en las pantallas espa?olas: Los ni?os del Para?so, del iran? Majid Majidi, que compiti? con La vida es bella por el Oscar a la Mejor Pel?cula Extranjera; Hoy empieza todo, del famoso cineasta Bertrand Tavernier; y La vendedora de rosas, de Victor Gaviria. Las tres giran en torno al fascinante pero tremendo mundo de los ni?os, concretamente indagando en su dolor.

Sin duda los ni?os son las grandes v?ctimas de la historia. Sufren las guerras, el desamor y el hambre como nadie. Y no tienen voz. Su ?nica arma es la mirada, clara y profunda, de la inocencia inteligente, de la pregunta sin fondo, la mirada genuina del coraz?n humano. Por eso algunos de los mejores planos de la historia del cine son los que est?n invadidos por esos ojos que llevan dentro todo el dolor y toda la esperanza del mundo.

?C?mo olvidar el rostro luminoso de Marcelino Pan y Vino (Ladislao Vadja 1954), testimonio de un agradecimiento libre y lleno de afecto, pero tambi?n de la nostalgia amorosa de una madre? ?Y las pupilas mendigas y humildes de El Chico, (Chaplin, 1921) o la mirada melanc?lica e ilusionada de Giosu?, de La vida es bella (Roberto Benigni, 1998)? ?Y qu? decir de la decepci?n que experimenta Javi, el protagonista de Secretos del coraz?n (Montxo Armend?riz, 1997), ante el adulto mundo de la mentira? ?O del nacimiento de la rabia en Moncho, el alumno t?mido de La lengua de las mariposas (Jos? Luis Cuerda, 1999)? El rigor del moralismo amarga el rostro de Alexander, en Fanny y Alexander (Ingmar Bergman, 1982); y la orfandad urge el gesto de Josu?, el chico brutalmente despose?do de su madre y de todo en la Estaci?n Central de Brasil (Walter Salles, 1998). Tambi?n nos conmueven los ojillos vivos y apasionados de los paup?rrimos Ni?os del Para?so, y la mirada solidaria y humillada de Bruno, v?ctima indirecta de El ladr?n de bicicletas (Victorio de Sica, 1948), aut?ntico h?roe tr?gico, de altura ?tica incontestable. Y el misterio del dolor y de la cruz, que atraviesan sin misericordia las entra?as del ni?o berlin?s de Alemania a?o cero (Roberto Rosellini, 1947), o la infancia truncada de Antonie Doinel, en Los cuatrocientos golpes (Fran?ois Truffaut, 1959).

?ltimamente el "boon" vino de Harry Potter y la piedra filosofal (Chris Columbus, 2001).

Avalada con una recaudaci?n multimillonaria, la aplaudida adaptaci?n de Harry Potter, el fen?meno de literatura infantil y juvenil m?s llamativo de los ?ltimos a?os.

Con m?s de 100 millones de ejemplares vendidos en 46 idiomas, la serie de Harry Potter se ha convertido realmente en un fen?meno literario mundial. Esta pel?cula de embrujos y magia se encuadra en la tradici?n m?s cl?sica de historias para ni?os, un mundo de imaginaci?n en el que se libra la eterna lucha entre el Bien y el Mal. Harry Potter quiere ser un grito de liberaci?n. Obviamente la soluci?n a nuestro mundo no es el refugio en la imaginaci?n, ni so?ar con poderes que no tenemos.

B) LA MADUREZ

- Solas (Benito Zambrano, 1999)

Esta opera prima de Zambrano logra mostrar con hondura una de las realidades m?s dif?ciles de recrear en el cine: el hero?smo de lo cotidiano de tanta gente aparentemente vulgar, casi con m?s defectos que virtudes, donde se asientan los cimientos ?ticos de la sociedad. La pel?cula de un rotundo dramatismo visual ?muy al estilo del nuevo cine europeo- va dando pinceladas y trazos de autenticidad en el que el amor de una esposa, de una madre, de una vecina, de una paciente ?son los distintos prismas de Rosa- superar la sordidez de tantas desgracias aut?nticas y suaviza tanta soledad del coraz?n.

- Cosas que importan (Carl Franklin, 1998)

El s?lido gui?n se basa en el best seller de Anne Quindlen, premio Pulitzer. La narradora Ellen Gulden- es una joven y agresiva periodista de Nueva York-, cuya vida da un vuelco cuando a su madre, a la que cree en general est?pida y provinciana, le diagnostican un c?ncer terminal, y su padre le pide que sea ella quien la cuide; Ellen no est? dispuesta a renunciar a esa prometedora carrera, en la que la ambici?n, el perfeccionismo, y el propio estr?s marcan un ritmo trepidante.

Se resta?an con su vuelta al hogar las heridas abiertas con respecto a su madre, pero aparecen una nuevas, m?s profundas, m?s dolorosas, en relaci?n con su padre, al que admiraba como prestigioso profesor universitario, y en el que descubre unos aspectos oscuros, que le har?n pasar del desencanto a la comprensi?n cuando sabe que su madre los encubre con el aut?ntico amor de esposa fiel.

La incapacidad del marido para afrontar la realidad, la capacidad de la madre para suavizarla, y el descubrimiento de la madurez en la hija nos acercan a una pel?cula que critica las apariencias, y en la que vence, de una vez por todas ?con la excepci?n mencionada del final- el amor humano.

-En La edad de la inocencia (Mart?n Scorsese, 1993), Archer, joven de la alta burgues?a norteamericana del ?ltimo tercio del siglo pasado est? comprometido con May; aparece una condesa, prima de su prometida, que ha vivido largo tiempo en Europa, pero acaba de divorciarse y vuelve a Nueva York, donde no logra adaptarse a los convencionalismos de esta sociedad.

Archer siente una especial atracci?n por la condesa y, a su vez, quiere ser leal a su prometida, que es fruto de esa sociedad que cada vez le va aburriendo m?s. Estos tres personajes crean un juego de amor y de inteligencia. Las dos mujeres son personalidades maduras, prudentes, atractivas y decididas. Mientras que Archer es la duda, la melancol?a?se hace una radiograf?a cr?tica de esta sociedad neoyorquina del final del siglo anterior; lo que hubiera sido una pertinaz critica a la hipocres?a emerge con una segunda lectura, ante la est?tica de los gestos humanos, de los silencios, de las miradas?estamos ante una pel?cula que da lecciones de la educaci?n sentimental.

- El fest?n de Babette (Gabriel Axel, 1987) En una remota aldea de Dinamarca viven dos hermanas, ancianas ya, envueltas en la nostalgia de una lejana juventud, en la que su educaci?n, profundamente puritana, las oblig? a renunciar a toda posibilidad de ser felices. Solteras pues, viven en una digna austeridad, hasta que aparece entre ellas Babette, quien llega huyendo del terror de su natal Par?s. Al poco tiempo tendr? oportunidad de corresponder a la bondad y al calor con que fue acogida. Un buen premio de loter?a le permite organizar una opulenta cena con los platillos y vinos de la mejor gastronom?a francesa. A esta cena son invitados los vecinos, todos fan?ticamente puritanos. Aceptan ir, pero entre s? pactan no dar ninguna muestra de gozo o disfrute de lo que comen y beben, porque ser?a pecaminoso Sin embargo, es tal la fuerza seductora de las viandas que, poco a poco, en un ceremonial intenso y emotivo, van cediendo a la sensualidad que implica gozar de los prodigios de la cocina francesa. La cena termina en medio de contenida pero muy profunda alegr?a. Se ha despertado el calor humano que todos llevaban soterrado. Se da el milagro de hacer brotar la bondad humana a trav?s del goce de los sentidos. Es una fina lecci?n de espiritualidad. Babette no tomar? nada de esa comida, en la que no s?lo ha invertido su dinero, sino tambi?n su esfuerzo, y su imaginaci?n, y su personal impronta; les ha dado todo lo que tiene con un esp?ritu libre y generoso, en una donaci?n que es celebraci?n.

C) LA ENFERMEDAD

Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001): El profesor de la Universidad de Princenton, que en 1994 recibi? el Premio Nobel de Econom?a, John Forbes Nash Jr. es uno de los personajes m?s interesantes del mundo cient?fico del siglo XX.
Se consigue en la pel?cula la ambientaci?n de un periodo y de unos personajes muy interesantes que revolucionaron la ciencia moderna por lo que ocurri? en Princenton, donde se cre? el Instituto de Estudios Avanzados en 1933, una especie de ?hotel intelectual? cuyos miembros fueron reclutados por pensar y crear ciencia puntera. De all? salieron catorce premios Nobel: Niels Bhor, Einstein, Dirac, Pauli, Rsabi, Gella Man, Openheeimer, Nash...;. era gente genial, rara, extravagante, fuera de lo com?n y algunos muy mani?ticos y esquizoides, imbuidos de la ambici?n por el saber total.

Nash, con la atenci?n m?dica, la fuerza de su intelecto y una voluntad f?rrea, conquist? la enfermedad y regres? para recibir el premio Nobel. Pero, como se muestra en la pel?cula es la ayuda de su mujer, con su paciencia y su dedicaci?n heroica, la que lograron la recuperaci?n; la pel?cula nos sugiere un acercamiento al problema de la enfermedad.

Nos da una visi?n certera de la antropolog?a de la compa??a entre las personas, de trato adecuado, algo de lo que estamos tan necesitados, y en donde una dureza curiosa o una blandura torpe rebaja las cotas de felicidad y de autorrealizaci?n que podr?an lograrse.

- La habitaci?n de Marvin ( Jerry Zaks, 1997)

Marvin es un hombre mayor, enfermo; obligado a estar postrado, e incapaz de hablar; respira gracias a la botella de ox?geno. Tiene dos hijas: Bessie, que le dedica su vida y sus cuidados, con todo amor y abnegaci?n; y Lee que se fue de casa, en parte porque le parec?a in?til esa vida dedicada a un enfermo incurable. Las dos hermanas han ido distanci?ndose. Bessie no ha tenido tiempo ni para enamorarse, ni formar su hogar.

Lee no ha llegado a triunfar. Al cabo de veinte a?os de separaci?n de su padre y hermana, a Lee le han detectado leucemia, y la ?nica posibilidad de curaci?n es por un trasplante de m?dula de un pariente pr?ximo. Por ese motivo, decide acudir a su hermana.

Si la habitaci?n de Marvin sirvi? para convocar el amor de una hija, la futura habitaci?n de Bessie debe cumplir la misma funci?n con el resto de la familia.

Bessie en un momento dado, lleno de emoci?n, reconoce agradecidamente: ? ?cuanto amor ha dado!? Lee, tras no pocas crisis, descubrir? tambi?n c?mo se ha dejado atrapar ?por anzuelos, espejeando con la realidad, sin aceptarla, sin enfrentarse a ella, sin interperlarla.?

Cada persona en circunstancias adversas puede y debe encontrar la paz consigo misma y con los dem?s, que puede ser feliz; que estamos dotados -si lo trabajamos, si nos dejamos ayudar- para encontrarnos, a trav?s del dolor, con temple ?tico, con una realidad que el poeta H?derlin llam? las avenidas del esplendor.

El dolor es dolor; el sufrimiento, sufrimiento. Adem?s, el hombre no s?lo sufre en presente; tiene memoria y tiene capacidad de anticipaci?n; es la ?nica criatura que se duele por adelantado; en ese juego del tiempo y del espacio, la libertad del hombre se nos presenta como espada de doble filo: puede cortar con todo, o puede - y ah? est? el ?quid?- convertir el sin-sentido del sufrimiento en algo con sentido; a nivel popular se refleja en la expresi?n de ?no hay mal que por bien no venga?.

D) LA VEJEZ

Una historia verdadera (David Lynch, 1999). La trama se desarrolla en la d?cada de los noventa. Alvin Straigh, un anciano de 73 a?os, vive en Laurens (Iowa), con una hija suya, Rose muy buena, que oculta un doloroso pasado tras un problema de lenguaje y una apariencia fronteriza. Rose ha perdido la custodia de sus hijos tras un incendio dom?stico.

Una ca?da, con ruptura de cadera, y otros males propios de la vejez, retienen a Alvin en casa, haciendo una vida m?s o menos rutinaria.

Tiene un hermano, Lylle, que vive en Wisconsin, con el que no se habla desde hace diez a?os. Recibe la noticia de que est? enfermo, y decide visitarle y hacer las paces antes de que sea demasiado tarde.

Como no tiene dinero, ni tampoco le permiten tener carnet de conducir se anima a realizar el trayecto en un peque?o tractor cortac?sped. As? recorrer? 560 Km, a una velocidad de 10 Km./hora.

La pel?cula es la realizaci?n de este recorrido, en el que Alvin va adentr?ndose en diferentes paisajes naturales y humanos, reconociendo lugares y personas, descubriendo otros, solucionando peque?os problemas, y arregl?ndoselas para solucionar los diversos y peque?os imprevistos de su tractor y de su salud f?sica.

Llegar? a ver a su hermano y, sin necesidad de explicaciones, el uno junto al otro, en la terraza de la casa ponen punto final a esta pel?cula. Nos quedar? la luz y la sensibilidad de una trama, de una historia verdadera.

El protagonista parece olvidar sus a?os, sus achaques, los problemas familiares, las dificultades naturales de un viaje en solitario, los problemas t?cnicos de su medio de transporte, su soledad. Y va esencialmente a d?nde se ha propuesto.

La figura de Alvin nos recuerda a una frase feliz de Azor?n ?tiene la suave melancol?a de los pueblos que han vivido mucho y la habilidad de no dejarse defraudar. Alvin no es viejo, tiene el candor de una total humanidad.

E) EL ROSTRO HUMANO DEL CINE

Al director Kieslowski (fallecido 1996), llamado el retratista ?tico del cine, le preocupaba la falta de comunicaci?n, el distanciamiento entre las personas; se consideraba vinculado al cine ?de la inquietud? moral, y en sus pel?culas, por desgracia para nosotros pocas, apost? por las relaciones humanas, cuajadas de tolerancia, belleza, calma... como susurros est?ticos que despliegan humanidad. Su carisma es que no dec?a grandes cosas, sino lo esencial; investigaba los m?s rec?nditos aspectos del amor, de la muerte, de los valores universales. Su investigaci?n se realiza en la elegancia; a veces la c?mara, como en Rojo (1993) permanece a menudo en el rostro del personaje, porque para el director ese rostro es tan expresivo como una bomba. Hac?a cine no para dar respuesta, sino para hacer preguntas: ?Qu? es lo que se ve? ?qu? pasa con el fr?o, est? m?s cerca de la muerte o de la vida? Respuestas parad?jicamente cercanas y lejanas. ?Rojo? es una pel?cula de afectos, elaborada entre los dedos del cine de su director, como un coleccionista de gui?os y azares y ahogos de la vida humana que, felizmente, pueden llevarse mejor con los otros.

Recordemos por ejemplo a Capra ? Sucedi? una noche (1934), El secreto de vivir (1936), Vive como quieras (1938), Juan Nadie (1941)... ?todas sus pel?culas est?n repletas de humanidad.

O a John Ford capaz de hacer cre?ble cualquier historia. Su po?tica se basaba en el conocimiento de los comportamientos humanos. En la secuencia de Las uvas de la ira (1940) previa la marcha de Tom Joad, ?ste habla con su madre. No hay gestos. El rostro inquieto y embrujado est? encerrado en un plano corto y fijo. Ma Joad escucha emocionada. Es la ?ltima vez que va a estar con su hijo. Los ojos de Tom no se apartan de los de su madre que le acaba de preguntar por el camino que va a seguir: ?Estar? aqu?, en la oscuridad, estar? en todas partes. Adonde mires; donde haya una lucha, para que la gente hambrienta pueda comer, all? estar?. Donde haya un polic?a golpeando a un muchacho, all? estar?. Estar? en el modo en que los ni?os r?en cuando tienen hambre y saben que la cena est? lista, y cuando la gente come lo que ha cultivado y vive en las casas que ha construido; all? tambi?n estar?...? Nadie fue capaz de llenar una pantalla con tanta verdad y con tanta emoci?n.

El cine, como todo arte, como la literatura?son fuentes para ampliar, profundizar y enriquecer la experiencia f?ctica del hombre. Se?alaba el realizador Dreyer que entre la obra de arte y el ser humano existe una semejanza muy estrecha porque ambos tienen alma. Y el alma expresa un estilo. Por el estilo, el creador fusiona los diversos elementos de su obra, obligando al p?blico a que vea el argumento con sus propios ojos, pero a su vez crea un puente con el espectador, y ?ste con los otros espectadores, y con sus amigos. Y pueden establecerse unas relaciones humanas aut?nticas, ordenadas, que nos llevan a conocernos mejor, que nos perfeccionan. Uno de los honestos objetivos de la bio?tica, que tan pl?stica y pedag?gicamente se plasman en el cine.
Notas

[1] C.S. LEWIS, El diablo propone un brindis, RIALP, 1993, 25
[2] R. SPAEMANN, Felicidad y Benevolencia, Rialp, 1991, 37 y 107
[3] CAFFARRA, C. Vivir en Cristo. EUNSA, 1988, 157 y 177
[4] A. MILLAN PUELLES, La libre afirmaci?n de nuestro ser. RIALP, 1994, en el contexto
[5] J. GRENADIER, Calib?n, II-2002
[6] G. VILALLONGA, Aceprensa 93/01
[7] J. ORELLANA, J. (Cr?tico de cine en el Suplemento ABC Alfa y Omega)

Publicado por mario.web @ 9:08
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