Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Julio de la Vega-Hazas (Conoze.com) reflexiona sobre los medios de comunicaci?n y c?mo ?stos contribuyen a la formaci?n de la violencia, la agresividad y las conductas asociales.
?
Violencia real, violencia virtual
Violencia real, violencia virtual
Desde hace unos a?os, la opini?n p?blica est? recibiendo cada vez con m?s frecuencia un mensaje de alarma sobre la violencia visual que est?n recibiendo los ni?os y j?venes. Se ha referido particularmente a la televisi?n, frente a la cual pasan los m?s j?venes un buen n?mero de horas. All?, un n?mero creciente de programas mostraban muertes violentas de alg?n g?nero, y en pa?ses como Estados Unidos, con un fuerte incremento de violencia juvenil, se empez? a estudiar la posible conexi?n entre los dos fen?menos. Los estudios tend?an a concluir que la relaci?n exist?a. Como afirma un manifiesto fechado en 2000 y firmado entre otros por el Director Ejecutivo Adjunto de la Asociaci?n Americana de Psicolog?a (una especie de colegio profesional, aunque con m?s atribuciones), "a estas alturas, m?s de mil estudios, incluyendo informes de la oficina del Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud Mental, y numerosos trabajos realizados por relevantes figuras de las organizaciones de salud m?dica y p?blica -nuestros propios miembros-, apuntan de manera decisiva hacia una conexi?n causal entre la violencia de los medios y el comportamiento agresivo en algunos ni?os". En los ?ltimos a?os, a la televisi?n y el cine hay que a?adir los videojuegos. ?stos, cuando incluyen acciones violentas, se consideran a?n peores: hay mayor densidad de muertes, y, sobre todo, aqu? el ni?o o el joven se convierten en los ejecutores: ya no son meros espectadores, sino protagonistas.

Estos mensajes crean una l?gica inquietud en las familias, donde un creciente n?mero de padres se preguntan si dejando que el chico juegue a videojuegos "de acci?n" no estar?n contribuyendo a que su hijo se convierta en un ser violento, agresivo y asocial.

Los estudios sociales son m?s dif?ciles de lo que puede parecer a primera vista. La complejidad de nuestra sociedad y del ser humano mismo hacen que se pongan en juego muchos factores, de forma que aislar uno solo no es nada f?cil. La coincidencia no puede transformarse en relaci?n causal sin m?s. Los profesionales, cuando son honrados y no est?n dominados por alguna ideolog?a, lo saben, y matizan mucho sus estudios. Un manifiesto extra?do de sus estudios, como el citado arriba, ya tiene un componente de opini?n sobre la conclusi?n cient?fica, aunque conserva algunas reservas -"apuntan"... sobre "algunos ni?os"-. La prensa no especializada ya tiende a simplificar, con una sustancial p?rdida de rigor, y emite el siguiente mensaje: los ni?os tienden a imitar lo que ven, y si ven mucha violencia se debe concluir que se hacen violentos. ?Es as?? Dicho de otro modo: ?la violencia fant?stica o virtual produce violencia real? Y hay que contestar que responder con un s? o un no a secas resulta insatisfactorio, o, si se prefiere, falso. El planteamiento, de puro simple, se ha convertido en equ?voco.

Hagamos memoria. Volvamos atr?s, a los a?os inmediatamente anteriores a la entrada en escena de la televisi?n. Encontramos a un ni?o que, pongamos, a los cinco a?os se divierte en el gui?ol del parque; el argumento era repetitivo, y el final siempre el mismo: el bueno se despachaba a estacazos con la bruja de turno, mientras el coro infantil gritaba con todas sus fuerzas "???bieeennnn!!!". El mismo ni?o, a los diez a?os, ped?a para Reyes un disfraz de guerrero -romano, vikingo, indio, etc.-, armamento incluido. A los doce, devoraba comics del Capit?n Trueno, el Jabato o Haza?as B?licas, con protagonistas nobles pero desde luego nada pac?ficos; si le gustaba leer, es probable que entre sus favoritos figurara Salgari, en cuyas novelas rara vez se llegaba a la quinta p?gina sin que hubiera ya alg?n cad?ver con una muerte nada natural. Si iba al cine, la mayor parte de las pel?culas que ve?a tambi?n abundaban en pu?etazos, tiros -o flechas y espadas, seg?n el caso- y muertos. Su imaginaci?n tambi?n se llenaba de escenas con buenas dosis de violencia. ?Ha creado todo esto una civilizaci?n especialmente violenta? No parece, al menos en lo que a Espa?a se refiere. En cualquier caso, es una constante universal. La misma literatura ?pica, que llenaba la imaginaci?n de los j?venes, ha sido b?lica, desde la Iliada y la Odisea hasta los libros de caballer?as. Y los cuentos de los hermanos Grimm sol?an tener asimismo un final nada pac?fico.

Ahora bien, se trataba en todos estos casos de una violencia que se ajustaba a unos patrones: no era gratuita, respond?a a alg?n tipo de necesidad -o sea, no se buscaba por s? misma- y, sobre todo, estaba asociada a la justicia. Lo primero significa que lo que esencialmente se ofrec?a no era la violencia, sino la haza?a, la gesta heroica, siendo la violencia un medio que, a la vista de la situaci?n, resultaba necesario, y serv?a para realzar el m?rito de los protagonistas. Lo segundo rompe un cierto t?pico contempor?neo, que ve a la violencia como un mal intr?nseco -por tanto, mala sin excepci?n-, al poner de relieve que la restauraci?n de un orden social violentamente roto exige emplear la violencia. Una violencia que debe ser proporcionada y no ir m?s all? de lo estrictamente requerido para ello, pero violencia al fin y al cabo. Pensar lo contrario entra en el terreno de lo ut?pico, de una visi?n roussoniana que desconoce la realidad humana, pecado original incluido. Es cierto que en buena parte de las historias que se ofrec?an se iba m?s all? de esa justicia y se entraba en el terreno de la venganza -aqu? se notaba bastante si la historia proced?a de ambientes cat?licos o ten?a otros or?genes-, sin espacio para el perd?n; aunque tambi?n es cierto que en bastantes ocasiones, por el deber de proteger a terceros o a la sociedad en su conjunto, el perd?n s?lo puede otorgarse despu?s de la victoria, lo que tambi?n quedaba reflejado en unos cuantos relatos. Para los ni?os, adem?s, hab?a alguna ventaja en todo este entorno, ya que estimulaba una cierta dosis de agresividad que temperamentalmente es necesaria para vencer las dificultades; o, dicho en t?rminos m?s convencionales, de alguna manera ense?aba que la vida requiere luchar. Ciertamente, no a bofetadas, salvo casos muy extraordinarios, lo que significa que esa agresividad necesitaba ser educada, pero hab?a quien se encargaba de ello, y los resultados eran casi siempre satisfactorios. En Espa?a concretamente, la violencia no lleg? a las calles -incluso los delitos sol?an ser de "guante blanco"- por la profusi?n de escenas o relatos violentos. Lleg? sobre todo por la droga.

En los a?os 70 empez? a cambiar la situaci?n. Entraron en escena historias que difuminaban la clara distinci?n entre buenos y malos. En ellas, el malo segu?a siendo malo, pero el "bueno" a veces era igual de malo, o casi, o de una rara bondad mezclada con cinismo, o por lo menos de un talante desalmado. Por otra parte, comenz? a verse en m?s de una pel?cula una recreaci?n en la violencia misma -escenas particularmente crueles, muertes a c?mara lenta, etc.-, que pas? as? a convertirse en espect?culo ella misma. Junto con historias a la vieja usanza, entr?, en otras, no ya la violencia, sino el sadismo. Y no es lo mismo. El mensaje es distinto, y as? lo percib?a el p?blico, el infantil incluido. Aqu? hay que deshacer un segundo t?pico. Pensar que el hecho de ver violencia provoca una especie de m?mesis en el ni?o, que tiende a imitar lo que ve, parece una afirmaci?n muy razonable, pero en realidad tiene bastante de conductista, que no diferencia el aprendizaje humano del animal. El ni?o lo que percibe no son unos hechos f?sicos, sino unas conductas con significado, y entiende claramente la diferencia entre el vengador justiciero y el s?dico, aunque en una escena determinada lo que hagan los dos sea lo mismo.

Lo verdaderamente decisivo es por tanto lo moral, no tanto lo material. No es tanto "ver muertos", sino qu? sentido tienen esas muertes. Se tratar? de dilucidar primariamente si lo que se ofrece es una ?pica con buen fin y buenos personajes que tienen que acabar con el mal para conseguir un noble prop?sito, o si son el reflejo de un desprecio por el ser humano. Las mismas escenas muestran si el producto ofrecido es la aventura o el morbo que se estimula al recrearse en lo desagradable y lo violento. Si se trata de lo primero, la incidencia en la posible violencia de la vida real es verdaderamente escasa; si es lo segundo, la cosa empieza a ser m?s preocupante, pues s? produce efectos negativos; al menos, de una imaginaci?n malsana, y en algunos casos de comportamientos antisociales y violentos. De ah? que en estas distinciones deben buscar los padres y educadores el criterio a la hora de elegir lo que los hijos puedan ver sin que sea contraproducente para ellos.

Lo mismo vale para los videojuegos. Es evidente que hay una gran diferencia entre un juego consistente en conquistar un espacio eliminando a todos los monstruos gal?cticos que salen al paso con actitud muy poco amistosa; y otro en el que el jugador se convierte en un conductor que se dedica a atropellar a todo el que puede, obteniendo desde un punto por anciana arrollada -la presa m?s f?cil- hasta cien por un motorista de la polic?a, todo ello en medio de un ba?o de sangre (los ejemplos son reales). El primero puede ser una soberana p?rdida de tiempo, y conllevar el peligro generalizado de los videojuegos que es la adicci?n a los mismos, pero en cuanto a generar conductas violentas resulta bastante intrascendente. El segundo, en cambio, no lo es. En cualquier caso, si no llega a producir una agresividad f?sica, por lo menos invita a adoptar una actitud despectiva hacia el pr?jimo y potencia uno de los m?s bajos instintos del ser humano: la crueldad hacia el d?bil.

?Cu?l es por tanto la actitud correcta ante todo este mundo virtual violento? En primer lugar, hay que intentar suprimir lo inmoral: protagonistas s?dicos, crueldad gratuita, cinismo violento, complacencia en el sufrimiento, modelos de conducta que hacen el mal. Y en segundo lugar, se trata de poner los medios para evitar lo que le sucedi? al Quijote: dejarse absorber por un mundo fant?stico de acci?n -en su caso, movido por las llamadas "libros de caballer?a"-, que desvincule al joven del mundo real, para lo cual hay que medir cuidadosamente lo que dedica a actividades que puedan desembocar en esa situaci?n.

Ahora bien, al mismo tiempo hay que poner cada cosa en su sitio. Una cosa es evitar lo que pueda resultar perjudicial, y otra muy distinta es echarle la culpa a todo ese mundo virtual o fant?stico de lo que sucede en el mundo real. Incidir en ello como factor primordial de la violencia juvenil es una ingenuidad, o un bote de humo que lanzan quienes no quieren enfrentarse a las causas reales de ese mal. ?Cu?les son? Se?alamos a continuaci?n unas cuantas, al lado de las cuales los videojuegos o pel?culas no pasan de ser un factor muy secundario (se debe tener en cuenta que suelen ser factores ambivalentes: en unos casos disparan la agresividad, en otros la anulan casi por completo, lo cual tambi?n es un da?o a la personalidad):

1. Sufrir la violencia. No hace falta vivir en un pa?s en guerra: basta con un padre desquiciado o un colegio sin disciplina.

2. La droga. Es m?s que evidente que all? donde entra la droga se dispara la violencia.

3. La proliferaci?n del alcohol y el mercado del sexo. Cuando se vive dej?ndose arrastrar por lo que apasiona o apetece, la voluntad se debilita y no sujeta a las pasiones. Una de ?stas es la ira. Adem?s, en particular, el sexo convertido en mercanc?a hace ver al pr?jimo s?lo como objeto y dispara el af?n de dominarlo, con lo que est?n servidas unas condiciones para que se prodiguen comportamientos violentos, que pueden llegar a lo patol?gico.

4. Las rupturas familiares. Ya de por s? generan con frecuencia actitudes violentas como reacci?n a la desprotecci?n que suponen para los hijos. A lo que hay que a?adir que, a falta de un ambiente acogedor en casa, el chico puede buscar refugio en pandillas callejeras donde imperan comportamientos violentos.

5. La construcci?n de la sociedad sobre la competitividad sin el contrapeso de la solidaridad. La competitividad es necesaria, porque estimula. Pero tan necesaria como ella es la integraci?n que proporciona aceptaci?n, confianza y seguridad. Si ?sta falla, por una parte la agresividad se convierte en norma para salir adelante. Por otra parte, ese g?nero de vida provoca no pocos resentimientos, cuya v?lvula de escape suele encontrarse en la violencia.

Publicado por mario.web @ 9:10
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios